July 26, 2017

El mal, banalizado. Por Eduardo Kohn

AJN.- La aberrante comparación de agresores con víctimas no tiene ni discernimiento ni juicio, y aumenta la interrogante de cómo es posible que en América Latina estemos sufriendo tanto dolor en el siglo XXI, y cómo algunos la justifican abiertamente y otros lo hacen a través del silencio, o lo que es peor, la indiferencia.

  • por Ezequiel Karp
  • 17 Mayo, 2017
  • Opinión
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Todos los medios periodísticos del mundo anunciaron el 17 de mayo que el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, dijo que los chavistas son los “judíos del siglo XXI”, al denunciar una “escalada fascista” contra partidarios y familiares de funcionarios gubernamentales.

“Somos los nuevos judíos del siglo XXI. No llevamos la estrella de David amarilla, llevamos el corazón rojo de ganas de luchar y pelear por la dignidad humana y vamos a derrotar a los nazis del siglo XXI”, dijo Maduro, en un consejo de ministros transmitido por la televisora estatal VTV.

Es tan burdo e indignante que se quiera convertir a quienes reprimen civiles en forma que creíamos no se iba a volver a repetir en América Latina, con las víctimas de la Shoá, que se hace difícil mantener la racionalidad para calificar en palabras tanta ignominia y tanto desprecio por el ser humano.

El Consejo Permanente de la OEA, y no sólo OEA, sino otros organismos internacionales y países de todos los continentes han señalado con contundencia jurídica que “En Venezuela hay una alteración del orden constitucional”. “Definitivamente, señala OEA, es un concepto de dictadura en el cual todos los parámetros garantistas y de principios y valores que contienen los sistemas constitucionales de democracias representativas han sido completamente eliminados y destruidos por un régimen que no respeta la separación de poderes ni las garantías individuales, que tiene presos políticos, que es indiferente a una crisis humanitaria y social sin precedentes en el país”.

Podrá continuarse con la retórica o podrá el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas estudiar que dicen las leyes internacionales sobre poblaciones civiles víctimas de crisis humanitaria por carencia de medicinas y alimentos, además de violencia física, pero es imposible ocultar la realidad de cómo un gobierno ejecuta el mal, lo banaliza y además se sube a la mayor tragedia del siglo XX para asesinar a seis millones de víctimas otra vez.

Desde que Hannah Arendt explicó la banalidad del mal, se han hecho interpretaciones diversas de dicho concepto. Una de las definiciones señala que la banalidad del mal es lo que realizamos cuando rehusamos comportarnos como seres humanos, con inteligencia, discernimiento, juicio.

La aberrante comparación de agresores con víctimas no tiene ni discernimiento ni juicio, y aumenta la interrogante de cómo es posible que en América Latina estemos sufriendo tanto dolor en el siglo XXI, y cómo algunos la justifican abiertamente y otros lo hacen a través del silencio, o lo que es peor, la indiferencia.

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