June 28, 2017

Ex asesor de Shimon Peres: “Peres decía: ‘no tengo tiempo para ofenderme’ y seguía adelante por Israel”

AJN.- (Por Roxana Levinson, desde Israel) Durante su primer mandato como primer ministro, trabajó junto a Shimon Peres un equipo de asesores jóvenes, universitarios, que lo acompañaron en los tormentosos años 80. Su asesor político durante 8 años, Baruch Askarov, dialogó con AJN y recordó cómo era el trabajo cotidiano con Peres, y algunas de las tantas anécdotas e historias del tiempo común.

  • por Lais
  • 5 Octubre, 2016
  • Israel
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Ex asesor de Shimon Peres: “Peres decía: ‘no tengo tiempo para ofenderme’ y seguía adelante por Israel”

Baruch Askarov formaba parte de un grupo de asesores, que eran conocidos como los “blazers”, todos ellos jóvenes, universitarios, trabajadores, pero al mismo tiempo discípulos, casi hijos adoptivos de Shimon Peres.

Askarov habla de Peres en tiempo presente. De pronto se da cuenta, se corrige. Trabajó – convivió – con él durante 8 años. Fueron años de gobierno de rotación, de batallas ideológicas y políticas, de hiperinflación, de grandes éxitos e inmensas dificultades.

¿Cómo llegaste a trabajar con Shimon Peres, cómo te conectaste con él?
Yo tenía un profesor, en la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Tel Aviv, Yossi Beilin, que era portavoz del partido Avodá y jefe de gabinete de Peres. El preparó el plan de trabajo para los primeros cien días de gobierno, a partir del momento en que se logró la primera magistratura, junto a un grupo de profesores y expertos en distintas materias. Del mismo modo, también preparó una propuesta de equipo de trabajo que acompañaría a Peres, que debía decidir finalmente respecto de cada uno. Yo no tenía ninguna vinculación política partidaria, más allá del activismo social de la juventud. Era una época de crisis profunda, en lo exterior y lo interno. El ejército israelí llevaba ya dos años en el Líbano, comenzaba el tercero y no se sabía cómo salir. El segundo frente era el económico, la inflación, que tenía fuerte impacto a nivel económico, nacional, social e incluso familiar. El país estaba al borde del colapso económico, la inflación había llegado al 400% y las perspectivas indicaban que en el lapso de un mes llegaría al 800% anual.
Beilin formó un excelente equipo de trabajo, de jóvenes que pasaron a la historia de Israel como los “blazerim”.
El equipo de asesores, asistentes y de trabajo que Peres elegía era de personas jóvenes, preparadas, que podían ser sus hijos. Eso es algo que aprendió de David Ben Gurión. En primer lugar, a Peres le gusta la apertura, la predisposición y energía de la gente joven. Pero en su elección también había un elemento de mucha inteligencia: cuando hay una diferencia de más de una generación política, entre los asesores y asistentes y el “jefe”, ninguno de ellos desea ponerse en su contra o reemplazarlo y él no tiene esa preocupación.

¿Cómo era el trabajo, el contacto cotidiano con Shimon Peres?

Básicamente, trabajar con Peres era trabajar sin descanso. Para nosotros era un buen tiempo, con toda la energía y las hormonas de la juventud. Y él, era más energético que nosotros, mucho más. Cuando le preguntaban si todas las discusiones, y los enfrentamientos, las ofensas y las peleas no lograban quebrarlo, él respondía: “No tengo tiempo para ofenderme”. O sea, no tengo tiempo para detenerme en esto y quedarme pensando qué me hicieron, y cómo, en ocasiones en que realmente lo ofendieron o le hicieron algo. Dicho esto, tampoco tenía tiempo para ocuparse de los demás. Porque siempre había frente a él algo mucho más grande de que ocuparse: el Estado de Israel.
Para Shimon Peres el manejo con su equipo de trabajo era muy simple: o vas al ritmo o no, yo no voy a frenar, no voy a detenerme. Esto no es algo que él nos dijera, sino que lo comprendimos a partir de su comportamiento y sólo podía trabajar con él quien pudiera sostener su ritmo maratónico. Él tampoco se tomaba demasiado tiempo para explicarte en qué consistía tu trabajo, había que comprenderlo haciéndolo y aprender sobre la marcha. No había explicaciones, pero su comportamiento, sus acciones, eran una gran escuela. En los momentos relativamente pasivos de un asistente, lo observas en una reunión con un presidente, un senador y aprendes. Los ocho años que trabajé junto a Peres fueron para mí, en términos de aprendizaje, fueron como 27, y recibí un bagaje para toda la vida. Comprensión de micro y macro, pasado, futuro. Shimon Peres estuvo vinculado a todo lo importante que sucedió en Israel, pero como protagonista o uno de los protagonistas, no como observador: desarrollo nuclear, industria aeronáutica, industria militar.

No había grandes gestos, uno aprendía a entender y captar su aprobación o desaprobación. Y la mayor muestra de confianza fue, que me permitió seguir trabajando junto a él en los cuatro roles diferentes que desempeñó en esos años de gobierno de unidad nacional. Y a partir de la renovación de la confianza, volvía a comenzar el trabajo. Para mí era el privilegio de poder ayudarlo a ayudar a nuestro país. Ése era mi objetivo. Y trabajábamos 20 horas por día, 22 horas por día, y no exagero ni en un minuto. Y esto a diario, así era la rutina. Había también ocasiones en que el trabajo seguía hasta el día siguiente. Y Peres estaba allí. El trabajo era inmenso y él daba todo de sí, especialmente porque era un gobierno de unidad, con rotación, y sólo tenía dos años.

Y finalmente logró cumplir los dos objetivos que declaró y por los cuales entró en el gobierno de unidad: retirar al ejército israelí del Líbano y bajar la inflación, estabilizar la economía.

Cuando Peres abrió una peluquería en Dimona

Shimon Peres era granjero, del kibutz, pero al mismo tiempo hombre de mundo. ¿Cómo funcionaba esto en sus primeros años, cuando no era tan común?
En los años 50, fue enviado a Estados Unidos como jefe de la representación del Ministerio de Defensa de Israel en Washington. Era un momento crítico, realmente en los primeros tiempos de vida del Estado de Israel. En esa época, Peres comenzó a estudiar en la universidad. Le gustó muchísimo Estados Unidos, se sintió muy atraído por la creatividad, la imaginación, el desarrollo, la fe, el optimismo. Estados Unidos de entonces. Pero en el año 1952, Ben Gurión le ordenó que regresara al país, para realizar otro trabajo. Y entonces, Shimon Peres – el kibutznik, el granjero, líder de un movimiento juvenil – vuelve al país sin ningún título universitario y va a discutir con académicos y físicos para convencerlos de que Israel necesita una central nuclear. Los académicos reaccionaron diciendo: “¿Quién es éste, qué autoridad tiene para decirnos algo?

Pero él tenía – además de los conocimientos – la suficiente seguridad y el respaldo de David Ben Gurión frente a la comunidad científica. Ben Gurión confió en Peres y él logró esto que, a mi entender, fue un milagro. Y no sólo eso, la recaudación de los fondos, reunir a los científicos, convencerlos y entusiasmarlos para que se mudaran a Dimona. Por aquellos días ni siquiera Tel Aviv era una ciudad donde había de todo, y en Dimona…

Por ejemplo, Peres abrió una peluquería para mujeres en Dimona. Uno de los científicos contratados avisó a último momento que no se trasladaba a Dimona porque su esposa no quería, porque “ahí no hay nada para hacer, ni siquiera hay una peluquería”. Esa es la grandeza de alguien que no sólo se queda con la idea, sino que no pasa por alto ninguna pieza del engranaje para poder hacer que el gran mecanismo funcione.

Shimon Peres, a lo largo de su vida política, vivió momentos y etapas difíciles. ¿Alguna vez lo viste desesperado, vencido, derrotado, deprimido?
Shimon Peres solía decir: “No hay situaciones desesperantes, hay personas desesperadas”. De todos modos, una vez, sus sentimientos afloraron. Fue durante una reunión de la coalición. En el año 1989, en el marco de lo que se conoció en la historia política israelí como “Hatarguil hamasríaj”, el truco sucio o la trampa sucia.

Durante el segundo gobierno de unidad nacional, había diferencias entre Shimon Peres e Itzjak Rabin sobre un gobierno de unidad, encabezado por Itzjak Shamir y sin rotación entre los partidos. Peres no creía que ese gobierno avanzaría hacia un proceso de paz, y Rabin creía que sí lo haría.

Peres, en su sabiduría, le propuso a Rabin lo siguiente: “Mira Itzjak, no estoy de acuerdo con tu idea de que este gobierno va a lograr la paz, y creo que el tiempo que se va a perder es perjudicial. Hagamos un trato: yo voy contigo, le damos una oportunidad a este gobierno durante un año. Si en el curso de un año no muestra que va en dirección hacia un acuerdo de paz, que busca un proceso de negociaciones. Pero si esto no sucede, entonces vienes conmigo y terminamos este gobierno. Así fue. Pasó un año, no había perspectivas de paz y entonces Peres comenzó el proceso, junto con Rabin y todo el partido.

Hicieron acuerdos con otros partidos, para crear una coalición alternativa, y el legislador Abraham Verdiguer – del partido ortodoxo Agudat Israel – hizo como que firmó, pero en realidad no apoyó la lapicera sobre el papel del acuerdo coalicionario.

En el momento nadie se dio cuenta. Pero cuando eso se supo, y Peres recibió la noticia, eso lo quebró y superó su capacidad de contener las emociones y no mostrar sus sentimientos personales. Fue en una reunión con miembros del partido Meretz, en la que estábamos presentes algunos de sus asesores. Cuando le dijeron lo que había sucedido, y por qué su coalición de gobierno había fracasado, sencillamente estalló en llanto. No lloraba por las diferencias ideológicas, sino por el engaño, la trampa, toda esa situación lo derribó.

Lo derribó por un lapso de media hora, quizás una hora. Pero es un hecho excepcional, que quedó grabado en la memoria de todos los que estábamos allí. Al mismo tiempo puedo decir que en otras situaciones, difíciles, arduas, no sucedía. Nunca hubo lágrimas.

Ex asesor de Shimon Peres: “Peres decía: ‘no tengo tiempo para ofenderme’ y seguía adelante por Israel”

El día en que Peres casi muere por un virus agresivo

En el año 1989, unos meses antes de la anécdota anterior, Peres era primer ministro en ejercicio y una vez por semana – los martes – visitaba alguna localidad de la periferia. Aquella vez fue a la Galilea. De pronto, se enfermó, tuvo una muy fuerte infección. Fue internado de urgencia en el hospital más cercano, el Hospital Haemek en Afula. Yo estaba fuera del país, y cuando llegué fui directamente al hospital. Su vida corría peligro y había que conseguir unos medicamentos especiales. Entonces, todos los responsables y las personas que estaban preocupadas por él – con su mejor intención – comenzaron los trámites para trasladarlo en helicóptero al hospital Sheba en Tel Hashomer, en el centro del país.

Peres, cuya vida corría peligro, rechazó el traslado. No estaba dispuesto a cambiarse de hospital, de ninguna manera y dijo que era una actitud equivalente a un voto de desconfianza en los médicos que lo atendían y de desprecio al lugar. Y estuvo internado allí hasta el final, hasta que salió del hospital caminando.

¿Qué tenía, qué lo hacía alguien tan especial?
Un inmenso talento. Como en el caso de todos los héroes históricos, está la base personal, y las circunstancias históricas, externas. Con su talento, si Peres hubiera dedicado los esfuerzos que dedicó a la economía israelí, a la industria, al desarrollo, si todo eso lo hubiera hecho como emprendedor privado, hoy en día sería multimillonario. No cabe la más mínima duda de ello. Pero él quería enfocar todas esos talentos y habilidades en beneficio del Estado de Israel y, en ese terreno, él no era el “dueño de casa”, no era el único que tomaba decisiones. Y la suerte – que tuvo él y tuvimos todos, el país – que él nació en esa época, que se había esperado durante dos mil años, la de un Estado independiente, soberano. Y la mayor de las suertes, fue su encuentro con David Ben Gurión, del tipo de personas que sabe mostrarle a los otros que siempre se puede más, que sabe encontrar y sacar de cada uno lo mejor, sus máximas capacidades.

Por tanto, lo que lo hacía tan especial era su personalidad, su talento, era autodidacta, original, con imaginación pero con sentido de la realidad y capacidad de analizar las situaciones antes de planificar y de comprometer recursos y esfuerzos. Peres también tiene una notable capacidad para comprender a las personas. Se suele decir que se destacaba en los discursos de funerales, que decía la palabra justa en esas ocasiones. Y eso no tiene que ver con que esas personas murieron, sino con que vivieron. Y Shimon Peres se tomaba el tiempo y el interés para conocer a las personas en profundidad. También tenía el talento de saber rodearse de las personas adecuadas, y eso es algo indispensable para un líder, ya que no puede hacer todo por sí mismo. Y todo esto se sumó a la situación histórica, porque de lo contrario pudo haber elegido una carrera privada y un maestro y mentor como Ben Gurión.

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