Medio Oriente

Irán lleva a cabo un “transfer” de población sunita en Siria que preocupa al mundo árabe y a Israel

AJN.- Por Roxana Levinson, corresponsal en Israel. Con la excusa de la guerra contra el terrorismo, Irán, Hezbollah y el régimen de Bashar al Assad están realizando una “limpieza” de las zonas de población sunita y la reemplazan por familias chiitas. Irán busca ampliar su poder y un corredor seguro para Hezbollah hacia Israel.

Mientras el incesante flujo de refugiados de la guerra civil en Siria es considerado una tragedia por el mundo musulmán sunita, del lado chiita hay quienes ven esta situación como una oportunidad única para cambiar la realidad. Se trata de un fenómeno que ha ido en aumento en los últimos años y al que en algunos sectores del mundo árabe ya apodan: “los asentamientos chiitas”. En medios árabes ha vuelto a surgir en estos días la intranquilidad por lo que califican de “transfer” premeditado de población sunita.

Se trata de un plan para repoblar el territorio sirio – principalmente entre Homs y Damasco – con familias chiitas provenientes de otras zonas de Siria, de Líbano e Irak, convirtiéndolas así en “zonas de influencia” que Irán puede controlar con facilidad y utilizar en beneficio de sus propios intereses, una continuidad geográfica y demográfica del Líbano.

Algunos refugiados que regresaron a sus hogares cerca de la frontera con el Líbano y en Damasco aseguran que el cambio demográfico es notorio y que a los terrenos que solían pertenecer a familias sunitas trajeron incluso población chiita proveniente de Afganistán y Pakistán. Testigos también indican que los hombres de las milicias que apoyan al ejército de Assad traen a sus propias familias y las instalan en las zonas de donde huyeron los sunitas.

Un destacado miembro de la oposición siria, que representó a la agrupación islamista Ahrar al-Sham en las conversaciones de paz, Labib al-Nahas, declaró al diario británico The Guardian que Irán estaba “completamente dispuesto a hacer un intercambio de población entre el norte y el sur”.

“La segregación sectaria está en el centro del proyecto iraní y ello no sólo está alterando el equilibrio demográfico sino de influencias. Esto tendrá repercusiones en toda la región. Irán quiere en Siria un país formado a su semejanza, sirviendo a sus intereses y eso es algo que Medio Oriente no puede tolerar”, advirtió al Nahas.

Todo por la lucha contra el terrorismo

Expertos en la región aseguran que, cuando el gobierno sirio condicionó evacuaciones de población sunita de Zabadani y Madaya a cambio de la evacuación de las ciudades chiitas de Fua y Kefraya, se trató de una “prueba decisiva” para futuros intercambios de población, incluyendo del noroeste de Siria y los alrededores de Damasco, donde se concentra la población alauita, la minoría a la que pertenece Bashar al Assad. Resulta evidente que el régimen está comprometido a ayudar a Teherán en su programa de rediseño demográfico de Siria.

Los diferentes estudios del fenómeno mencionan una y otra vez, a modo de paradigma del plan iraní, el ejemplo de la ciudad de Daraya, donde los residentes estuvieron sitiados durante 4 años, sometidos a constantes bombardeos del régimen y en terribles condiciones humanitarias.

En los informes de las distintas localidades sunitas se repite el mismo proceso, casi en forma idéntica: en la primera etapa el ejército del régimen y sus aliados de Irán y Hezbollah llevan a cabo bombardeos aéreos, sitio de la ciudad y hambruna. Le sigue la entrada de las fuerzas por tierra y “limpieza de factores terroristas”. Después vienen las matanzas masivas y la expulsión de quienes sobreviven. La última etapa consiste en poblar el lugar con familias chiitas.

El diario árabe Asharq al Awsat informó hace unos meses que familias iraquíes, “particularmente de las provincias chiítas del sur”, se trasladan a Siria para repoblar los recién evacuados suburbios de Damasco. Según este informe, Harakat Hezbollah al-Nujaba, una fuerza paramilitar chiíta iraquí cercana a Irán, supervisó el reasentamiento de 300 de estas familias, a las que les entregaron viviendas y 2.000 dólares a cada una.

Misteriosamente se suceden en Siria incendios de las oficinas de registro inmobiliario, de modo que cuando los refugiados sunitas logran – en algunos casos – regresar a sus hogares, no tienen ninguna forma de demostrar la propiedad de la vivienda, ahora habitada por extraños, chiitas.

Algunos también denuncian que, incluso en las ciudades y los barrios que no son evacuados, millonarios chiitas y alauitas compran casas de los sunitas que no huyen a fuerza de amenazas y a precios extremadamente bajos y las ocupan con familias chiitas.

Un corredor seguro para Hezbollah hacia Israel

Mientras la estrategia demográfica es para Assad un intento por mantener el dominio del área de Damasco, Irán espera obtener el control de un corredor que una la región de la costa siria con la zona de los bastiones de Hezbollah en el Líbano.

Como la principal fuerza chií de Irán, Hezbollah ya ha llevado a cabo una limpieza étnica propia en ciertas áreas a lo largo de la frontera. Un ejemplo de ello fueron sus campañas de 2013 en al-Qusayr y la región de Qalamoun, donde expulsó a los sunitas, instaló población chiita y hasta estableció una base de entrenamiento para sus efectivos.

Además, cientos de miles de sunitas fueron evacuados de Homs entre 2011 y 2014, cuando finalmente se llegó a un acuerdo con las fuerzas del régimen después de que la hambruna alcanzara niveles estremecedores.

Como resultado de estos esfuerzos, el corredor que une Qalamoun a Damasco, Homs y el enclave alauita pronto podría quedar completamente libre de sunitas. Además de proteger a la capital de las fuerzas suníes que luchan contra Assad, este cambio daría a Hezbollah un acceso seguro a los Altos del Golán y le permitiría abrir otro frente contra Israel.

Irán también podría usar su control reforzado sobre Siria y Líbano para proyectar más poder contra Israel, ya sea apoyando a Hezbollah en el Golán o aumentando su asistencia a grupos palestinos como Hamás y la Jihad Islámica.

Aunque no exista ningún vínculo territorial entre esta parte de Siria e Irak, la preservación de los gobiernos respaldados por Irán en Bagdad, Damasco y Beirut permitiría a la República Islámica crear una contigüidad política suficiente para cumplir sus objetivos.

Irán ha invertido una significativa cantidad de sangre, dinero y capital político en Siria, y no cambiará este plan fácilmente, sin importar lo que acuerden Estados Unidos y Rusia o las conversaciones que patrocine Naciones Unidas. Quizás deba conformarse con este corredor, pero, como sea, ya no retirará sus bases de influencia de territorio sirio, sino que intentará ampliarlas. Cada una de esas posiciones significa nueva infraestructura para Hezbollah, y un nuevo motivo de preocupación para Israel.

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