Opinión

La presión une a Kim y Al-Assad

(Por Adam Taylor – The Washington Post).- Tal vez Siria y Corea del Norte sean actualmente los países más asediados del mundo, pero frente a la creciente presión de Estados Unidos, ambas naciones ratificaron su amistad.

El martes pasado, la agencia estatal de noticias de Corea del Norte (KCNA) informó que el líder de ese país, Kim Jong-un , había recibido un mensaje del presidente sirio Bashar al-Assad , en ocasión del aniversario del natalicio del abuelo del líder norcoreano, Kim Il-sung, fundador del régimen y fallecido en 1994.

Según informó la agencia KCNA, el mensaje nombraba a la República Popular Democrática de Corea por las iniciales de su nombre oficial (DPRK) y señalaba que ambas naciones “llevan adelante una guerra contra la ambición salvaje de las grandes potencias de someter a todos los países a su política expansionista y dominacionista, y de negarles el derecho de autodeterminación. Ahora más que nunca, los pueblos de Siria y de la DPRK están luchando contra la dominación y defendiendo su derecho a la autodeterminación y a la soberanía nacional, en pos de la seguridad y prosperidad de sus países”.

Las señales de cortesía fueron recíprocas. Según el diario norcoreano estatal Rodong Sinmun, la semana pasada Kim envió un mensaje a Al-Assad recordando el septuagésimo aniversario del partido sirio Baath, y otro esta semana en conmemoración del aniversario de la revolución siria de 1963.

Los estrechos vínculos entre Siria y Corea del Norte no son novedad. Al principio, el hermético régimen de Pyongyang sólo proporcionaba entrenamiento militar al ejército sirio, pero luego la relación se extendió a la venta de armas, incluso de armas químicas y misiles balísticos.

Apoyo técnico

En 1967 y 1973, tras las guerras de Siria con Israel, Corea del Norte apoyó a los sirios con asesores en militares y tropas especializadas en defensa aérea.

Se cree también que Pyongyang suministró más tarde parte de la tecnología necesaria para la construcción de la central nuclear secreta Kibar, en Siria, destruida por un ataque aéreo israelí en 2007.

Informes no confirmados indican que las fuerzas de Bashar al-Assad, aliadas a Rusia y a Irán, recibieron asistencia de asesores militares norcoreanos durante la actual guerra civil siria, que estalló en 2011 después de meses de protestas.

En la era Trump, ambos países enfrentan una escalada de tensión con Estados Unidos.

Si bien anteriormente el flamante presidente norteamericano había hablado de la esperanza de alcanzar acuerdos pacíficos tanto con Siria como con Corea del Norte, ahora parece cada vez más inclinado a optar por el uso de la fuerza.

La semana pasada, en un drástico cambio de política, el ejército estadounidense lanzó 59 misiles crucero Tomahawks contra una base aérea siria en represalia por un presunto bombardeo con gas sarín de la fuerza aérea siria contra la población civil de la localidad de Khan Sheikhoun, en la provincia de Idlib, controlada por los rebeldes.

En esa acción militar murieron por lo menos 80 personas, 26 de ellas menores de edad, y las imágenes de sus consecuencias desataron la condena internacional.

Mientras, anteayer Trump tuiteó que Estados Unidos “resolverá el problema” de Corea del Norte con o sin el apoyo de China, aliado del régimen norcoreano.

La amenaza de pasar a la acción militar parece haber fortalecido el vínculo entre Kim y Al-Assad, dos líderes que recibieron educación occidental y que descienden de dinastías políticas que quedaron aisladas.

Los medios de prensa de ambos países no sólo recalcan su intercambio de mensajes, sino también la forma en que ambos condenan la presión internacional que reciben. El mes pasado, el ministro de Relaciones Exteriores sirio manifestó su repudio por los ejercicios militares conjuntos de Corea del Sur y Estados Unidos, y reiteró el apoyo de Siria “a todo el pueblo de Corea Democrática y a sus valientes líderes”.

Traducción de Jaime Arrambide – La Nación

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