September 19, 2017

Llega a México la obra del israelí Ariel Schlesinger

AJN (Por Isaac Ajzen, corresponsal de la Agencia AJN en México).- La Sala de Arte Público Siqueiros exhibe desde el pasado miércoles el arte objeto del creador israelí que busca alterar el orden establecido en una galería.

  • por Victoria
  • 6 junio, 2017
  • México

Como una exposición que tiene que ser vista primero con ánimo de conocer la vanguardia del quehacer artístico internacional, luego con el de entenderla y finalmente el de disfrutarla, calificó Taiyana Pimentel, directora de la Sala de Arte Público Siqueiros (SAPS) a la muestra “Las estructuras son inconscientes”, del artista israelí Ariel Schlesinger (1980).

La promotora cultural recordó que el recinto que encabeza se ha vuelto como un recipiente al que llega del extranjero, para ser servido en la Ciudad de México, lo que acontece en el resto mundo en materia de arte actual, y en ese marco se inscribe la muestra con la que por primera vez llega Schlensinger a esta ciudad con una propuesta individual.

Se trata de una serie de piezas “que comisionamos de una manera especial al artista, quien vive y trabaja entre las ciudades de México y Berlín”. Además, explicó que Schlesinger emplea elementos “ready-made” que cargan consigo valores intrínsecos de corte económico, social, histórico y utilitario; los ensambla o los altera de modo que pone en tensión dichos conceptos preestablecidos.

La obra del israelí, de contenido anárquico, otorga nuevos usos a objetos cotidianos, lejos de sus propósitos iniciales y abriendo potencialidades para nuevas economías callejeras, así como para el desastre o el colapso.

Así, la instalación es un conjunto de máquinas que desde el punto más alto de columnas de tanques de gas de uso casero, crean y después sueltan delicadamente una densa burbuja de jabón que cae sobre una parrilla electrizada. En el momento en que se encuentran la burbuja y la parrilla, se enciende un corto pero vistoso, fuego que desaparece en un segundo.

La coreografía de siniestros que se repite cíclicamente da paso a otros elementos en la exposición dónde tanto el fuego, elemento central de la muestra, y la fragilidad, hacen pensar en un posible desastre súbito donde el balance que mantiene cada elemento en su lugar, puede desaparecer e iniciar el siniestro. “Mediante la integración de la ingeniería en su práctica, el artista confeccionó aparatos clandestinos que actúan como objetos performáticos, siempre a la orden de su creador, sin conciencia propia.

“Por ejemplo, entre las piezas de la exposición se encuentra una pareja de enseres electrodomésticos que han sido alterados para llevar a cabo una nueva misión como máquinas dispensadoras de refrescos”, explicó Pimentel. Estas recuerdan mecánicas callejeras en las que se reciclan aparatos cotidianos para llevar a cabo una nueva función. Las máquinas, un refrigerador y una estufa con horno, ofrecen Coca-Colas a temperaturas consecuentes: frías y calientes.

A primera vista, parecería un comentario humorístico o broma por lo absurdo de la situación. “Pero con este acto, el artista tolera la forma en la que se ha publicitado históricamente ese producto”, abundó. El doble (o el doppelgänger) acto de espejar y de la repetición, son fenómenos que se manifiestan en distintas ocasiones a través de la exposición, tanto en piezas como en pequeños gestos visibles en la museografía ideada por el mismo artista.

Así, se observa una colección de nidos que sirven como ceniceros, y dos bastidores vestidos con lienzos quemados entretejidos a través de los orificios resultantes de su reciente quemazón. También, una serie fotográfica/escultórica que muestra la imagen de un vidrio de ventana quebrado, enmarcada bajo el mismo vidrio roto, y la instalación del proyecto fachada en colaboración con el artista británico Jonathan Monk en la que apropian y reinterpretan una pieza icónica en la historia del arte conceptual mexicano de los 90, misma que a su vez se trata de la experiencia de encontrarse con un doble, como explicó más adelante la directora.

Como si se tratara de un carro que ha sido empleado a manera de bomba terrorista, un avión utilizado como arma para estrellar contra otra estructura habitada, o un edificio que colapsa luego de un temblor, la declaración artística que lleva consigo el título de la muestra “Las estructuras son inconscientes” puede ser vista como un comentario directo a la total inhabilidad de los objetos de controlar los usos para los que son empleados, explicó.

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