July 24, 2017

No se esperan grandes sorpresas, en un día que puede cambiar la historia de Turquía

AJN.- Por Roxana Levinson, corresponsal en Israel. 55 millones de ciudadanos turcos están convocados hoy a participar en el referéndum con el que Recep Tayyip Erdogan intenta instaurar el sistema presidencialista con amplios poderes. Erdogan pidió a la votación que le dé el sí “para enfadar a Occidente y al terrorismo”.

A las 7 de la mañana de hoy se abrieron en Turquía los más de 160 centros de sufragio, en los que la población deberá decidir su respuesta al referéndum convocado por el presidente Recep Tayyip Erdogan.

Se trata de un referéndum crucial que podría dar al presidente Erdogan amplios poderes, que -según sus críticos – lo convertirían en una especie de emperador. Como parte de la reforma, la Oficina del Primer Ministro será disuelta y se transferirán todos sus poderes al presidente. Estos incluyen la planificación del Presupuesto Nacional, la declaración del estado de emergencia y emitir órdenes a los ministerios del gobierno sin la aprobación del Parlamento.

Las modificaciones que plantea Erdogan le permitirán también nombrar y remover a los ministros, y con ello también se anula la posibilidad de que un ministro pueda ser destituido del cargo mediante una moción de censura, y sólo dependerá de la decisión unilateral del presidente.

El presidente podrá emitir decretos vinculantes, o sea, leyes no aprobadas por el Parlamento, pero que éste puede, posteriormente, reemplazar o anular. También conservará el derecho a veto de las leyes que emite el Parlamento, pero a partir de ahora hará falta la mayoría simple de toda la Cámara y no de los diputados presentes para anular dicho veto.

Si se aprueba el referéndum, el nombrará a cuatro de los trece miembros del Consejo Supremo de Jueces y Fiscales, al ministro de Justicia y a su secretario de Estado, que forman también parte de ese organismo encargado de nombrar a los jueces y fiscales. También será encargado de nombrar a los rectores de universidades.

A diferencia de lo que sucede ahora, el jefe de Estado podrá pertenecer a un partido político e incluso presidirlo. Erdogan debió renunciar al partido que él mismo fundó, el AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo).

El presidente tiene la potestad de disolver el Parlamento en cualquier momento y tanto uno como otro pueden convocar elecciones anticipadas, aunque la Asamblea General requiere para ello tres quintos de los votos. En cualquier caso, si se adelantan las elecciones también se vuelve a elegir un nuevo presidente y una nueva Asamblea General.

La gestión del presidente está limitada a dos mandatos de cinco años cada uno. Sin embargo, si el Parlamento convoca elecciones anticipadas durante el segundo mandato, el presidente puede volver a presentarse y, si gana, comienza un nuevo cómputo de los cinco años del mandato. Esta disposición implica que, si el AKP gana en noviembre de 2019 y logra la mayoría necesaria para convocar elecciones anticipadas, Erdogan podría permanecer en el poder hasta 2034.

“Evet” o “hayır”, sí o no a Erdogan

De acuerdo con el enfoque de Erdogan, su reforma ayudará a que Turquía pueda hacer frente a los nuevos retos políticos y de seguridad. Entre otras medidas, la respuesta positiva dar luz verde al presidente para instituir la pena de muerte – según él mismo lo anunció – incluso si para ello tiene que convocar un nuevo referéndum.

Para la oposición, la reforma política convertirá a Turquía en una dictadura y exacerbará aún más la reacción de Erdogan al fallido golpe de estado del año pasado, tras el cual al menos 40 mil personas fueron arrestadas y 120 mil despedidas de sus puestos de trabajo. Europa al unísono criticó con dureza las medidas de Erdogan y su referéndum, y prohibió los actos proselitistas en su territorio. Pero también esto fue aprovechado por Recep Tayyip Erdogan en su propio beneficio. Analistas locales aseguran que el abierto y virulento enfrentamiento del presidente turco con algunos líderes europeos – a quienes no dudó en llamar “nazis” – le dio el rédito político que sólo el sentimiento de patriotismo y su manipulación pueden dar.

“Hagamos mañana una reforma tal que Occidente y los terroristas se enfaden, pero los nobles hijos de esta nación la celebrarán juntos. En este preciso instante siento esa celebración en mi corazón”, dijo ayer el presidente, ante una multitud en uno de los tantos actos políticos de la jornada.

Erdogan ha dedicado las últimas horas a participar en cuanta manifestación, reunión o mitin político le fue posible, asegurando que “el sistema presidencial es indispensable para el desarrollo de nuestra nación, su prosperidad y estabilidad”.

En la oposición critican – entre otras cosas – el hecho de que Erdogan puso todos los recursos del Estado al servicio de su campaña y no le tembló el pulso para firmar órdenes de detención, censura y lo que considerara oportuno y necesario. El autoritarismo del presidente – aseguran – y su obsesión por los medios de comunicación y la crítica, han convertido a Turquía en el país con la mayor cantidad de periodistas en prisión y medios clausurados, más allá de la censura y la autocensura.

Las encuestas previas le dan al sí a la reforma un estrecho margen de ventaja, aunque en los últimos tiempos ha quedado demostrado – en varios países del mundo – que no es muy recomendable confiar en sondeos de opinión previos.

Si todo sale hoy como Recep Tayyip Erdogan espera, logrará el cambio más drástico y el mayor acaparamiento de poder desde la caída del Imperio Otomano y la fundación de la República por Mustafa Kemal Atatürk.  “Evet” o “hayır”, sí o no, el pueblo turco tiene la respuesta.

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