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70 Aniversario

Entrevista. Musicólogo que recibirá el Premio Israel: “Hacer música es una ‘cosa judía’”

Agencia AJN.– “Hacer música es una ‘cosa judía’, como se ve en su desproporcionada presencia mundial, y la producción de su Estado es como la del hi tech (alta tecnología): tiene directores en la Scala de Milán o la Filarmónica de Berlín…”, destacó Edwin Seroussi al recibir a la Agencia AJN en la Universidad Hebrea de Jerusalem y agregó que “hacer música judía en espacios donde los judíos vivieron hace cientos de millones de años y ya no están más, es en forma simbólica hacer retornar parte de las voces que ya no existen”.

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Agencia AJN.– Todos los años, en ocasión del aniversario de la independencia del Estado de Israel, el Ministerio de Educación del Estado judío entrega el Premio Israel a personalidades destacadas en distintas ramas, y en esta particular oportunidad del 70º aniversario, el elegido para el galardón a la cultura, el arte y la musicología fue Edwin Seroussi (foto), nacido en Montevideo, Uruguay, hace 65 años, quien recibió a la Agencia AJN en su oficina de la Universidad Hebrea de Jerusalem donde es profesor de Musicología y dirige el Centro de Investigación de la Música Judía.

Edwin es un hombre muy humilde y querido entre sus pares, con enorme cariño y generosidad profesores y alumnos se hacen un momento para estrecharle un abrazo y felicitarlo por el “Premio Israel” que recibirá en los próximos días. Ama la música y su trabajo, disfruta y siente que los años dedicados a su especialidad ayudaron a dejar registro de la música judía para las futuras generaciones. Tal vez todo su conocimiento se sintetiza cuando con gran rigurosidad asegura “quizá la canción más israelí en sentido histórico es Harreút, de Jaím Guri” y respecto a la música más contemporánea asegura que “ningún israelí va a negar que una figura como Arik Einstein es, por encima de las divisiones, una voz con la cual todos crecimos durante 40 años”. El conocimiento, el amor por Israel y por su música nos regala una personalidad única y una entrevista que justifica nuestro viaje para encontrar todas aquellas piezas que conforman el pasado, presente y futuro del Estado de Israel.

– ¿Cómo está viviendo este momento de su vida?
– Decir que no es un momento emocionante sería no decir la verdad, a pesar de que siempre trato de tomar las cosas en su proporción. Cuando me llamó el ministro de Educación (Naftali Bennett), que es quien se lo anuncia a cada uno, fue una sorpresa total porque es rarísimo que se dé este premio en el campo de la investigación musical, porque todo el proceso es muy trasparente e incluso una semana antes tuve una reunión con una de las personas del comité que me eligió y no pude notar algo que insinuara que iba a ser elegido, y porque soy una persona relativamente joven para el promedio (de los ganadores) y desde mi punto de vista -no es por modestia- las cosas más importantes todavía no las he hecho. Entonces, en cierta forma, lo tomo como un reconocimiento al campo en el cual trabajo y a toda la gente involucrada en los últimos 40 años.

“Quizá la canción más israelí en sentido histórico es Harreút, de Jaím Guri y el que conoce esa canción es israelí, y el que no, no lo es.”

– ¿Por qué cree que pasó eso justo cuando se cumplen 70 años del Estado de Israel?
– Generalmente, el premio es para la música artística occidental, pero Israel es un caleidoscopio de culturas, memorias musicales y estilos, y esta multiculturalidad también crea muchas tensiones. Entonces, lo importante no es el reconocimiento a la música como tal, porque se han dado premios a importantísimos compositores, sino a la polifonía de la sociedad israelí. Creo que a la edad de 70 uno ya tiene suficiente experiencia como para conocer la riqueza de su campo artístico y también, por medio de nuestro trabajo, comprender aspectos de la sociedad israelí por su música, mejor que por sus textos.

– La música se encuentra en cada esquina de Israel y tiene un lugar importantísimo en esta sociedad, ¿por qué sucede esto en el pueblo judío?
– La música tiene un lugar importante en cualquier sociedad. Especialmente en la modernidad, cuando la humanidad se organiza -para bien o para mal- en Estados-nación, la manipulación de la música como un capital cultural por medio del cual se puede crear una sociedad más cohesiva es una verdad que se aplica a todo el mundo. El aspecto único de Israel son dos, y uno ya lo mencionamos: la cantidad de tradiciones musicales practicadas en su población es la número uno en el mundo desde el punto de vista de la variedad. El segundo es que hacer música es una “cosa judía”, no por algo racista, de predisposición genética, sino que hay que saber que ello no siempre fue de clase alta. Hay una división ontológica importante entre el canto y la parte instrumental. En la Edad Media, la mayoría de la música instrumental acompañaba algo, como al cantante o danzas. También sucedía en el apogeo de la sociedad islámica, del siglo VIII al XI. La música instrumental independiente es moderna, so: desde el Renacimiento comienza a recibir sentido semántico. Hacer música era, en muchos casos, para sirvientes de la nobleza o mendigos que tocaban en los mercados. El desarrollo del músico profesional de alta calidad es moderno. El músico era una persona que entretenía, y justamente porque los judíos no tenían acceso a la alta nobleza en el mundo islámico, ni en el cristiano, desarrollaban su actividad como músicos, que les permitía ganar algo para vivir. La profesión se pasaba de generación en generación y familias enteras de músicos judíos sirvieron en Europa del Este o el norte de África durante muchísimos años. Al llegar la modernidad, con el acceso de los judíos a los medios de difusión, su sabiduría musical inmediatamente conquistó el campo con autoridad en Argelia, Bagdad u Odesa. Es increíble que el mundo musical del siglo XX tenga una representación judía totalmente desproporcionada para el número de judíos en la población mundial, tanto en la composición como en la interpretación. Hay cantantes judíos que conquistaron cualquier campo, e incluso en las últimas tres décadas también se habla del tango como cosa de judíos. Quien era klezmer o músico profesional en Europa oriental, llegó a la Argentina e hizo una transformación al campo de la música popular. Quienes llegaron a Nueva York, empezaron a tocar jazz. Entonces, como parte de esa tradición de siglos, tenemos judíos que tocan jazz, tango, música árabe moderna… El mundo islámico tiene dinastías de músicos judío, y uno de los ejemplos más impresionantes es el de Bagdad, donde a principios del siglo XX existían dos orquestas que brindaban servicios a toda la sociedad. Cuando se creó el Servicio de Radiodifusión iraquí, la mayoría de los músicos eran judíos, y cuando lo judíos dejaron Bagdad, entre 1942 y 1951, la ciudad se quedó sin música, así que el Gobierno arrestó a dos músicos importantes y no los dejó salir hasta que les enseñaron a tocar los instrumentos a musulmanes. Entonces, creo que la riqueza musical en Israel se debe a que los compositores que llegaron aquí -en su gran mayoría, refugiados de los mundos árabe, persa y de Asia central, pero también los que llegaron de Varsovia y Viena- crearon un lenguaje que es local, pero habla lenguas internacionales…

“Ningún israelí va a negar que una figura como Arik Einstein es, por encima de las divisiones, una voz con la cual todos crecimos durante 40 años.”

– ¿Lo conmueve y disfruta de escuchar todo tipo de música en Israel?
– Hoy, la creación en Israel es simplemente increíble. Si se ve la cantidad de músicos que actúan y han tenido éxito en el exterior… ¿cómo se puede explicar que chicos israelíes, como toda la familia Cohen, sean la vanguardia del jazz en Nueva York? Creo que tienen esa predisposición musical de sus antepasados… Soy uno de los miembros fundadores de la Orquesta Barroca de Jerusalem. Chicos que pasaron por ella recibieron trabajos en Inglaterra y Holanda tocando instrumentos originales, que es la cosa más lejana al ethos (idiosincracia) del sionismo. La producción musical de Israel es como la del hi tech (alta tecnología): tiene directores en la Scala de Milán o la Filarmónica de Berlín… En un país de ocho millones de habitantes, me parece que es un tema que da para pensar… Como músico, hay cosas que me gustan más y otras menos -eso ya es una apreciación estética-, pero generalmente me agrada todo lo que la gente hace porque es de gran nivel y por la inventiva que se crea por el encuentro de tradiciones. Por ejemplo, hace un mes estuve en un concierto de encuentro entre músicos iraquíes y etíopes que en ninguna otra parte del mundo puede ocurrir, solo en Jerusalem…

– La música nuclea al mundo judío fuera de Israel en cualquier tiempo…
– Sí, pero también hay fenómenos que son únicos de nuestra época; por ejemplo, el gran desarrollo de esa música donde no hay judíos. En Europa se puede ir a Polonia, donde hay una escena de música judía muy interesante, pero quienes la hacen no lo son. En cierta forma, eso crea una presencia espiritual donde los cuerpos ya no están… Hacer música en espacios donde vivieron judíos hace cientos de años es hacer retornar en forma simbólica a parte de esas voces que ya no existen. Lo más impresionante en Polonia es el Festival de Cultura Judía de Cracovia, que se celebra desde hace 30 años. Es ver al gueto volviendo a la vida por dos semanas, con músicos -muchos, de Israel- que tocan en todos los espacios donde entreguerras había una fantástica vida musical y teatral judía. Creo que es un milagro y una contrapartida de lo político. Hay intelectuales y activistas artísticos polacos que se empecinan en traer de nuevo el judaísmo a Polonia por medio del sonido.

– ¿Cuál fue la tarea por la cual recibirá tan importante premio?
– Me ocupo de la música judía en su sentido más amplio. Como en su gran mayoría es de tradición oral, me dediqué a grabar memoria musical desde edad muy temprana. Está el tema de combinar la memoria oral con la evidencia escrita y también el haber estado en el momento indicado en el lugar indicado, que es la Biblioteca Nacional, que en su primer piso tiene la bibliografía musical más grande del mundo en términos de manuscritos, partituras y libros y en el segundo está el Archivo Sonoro Nacional. Es el único lugar del mundo donde puedo pasar de la documentación viva y oral a los documentos escritos trasladándome un solo piso. Mi doctorado en la Universidad de California, en los años de 1980, fue sobre la tradición musical de los judíos turcos en la Viena del siglo XIX. Se basó en unos manuscritos que encontramos en Cincinnati, en una colección fabulosa de música judía. Hacia 1880 existía en Viena una comunidad judeootomana que todavía se vestía de manera oriental, con turbantes, y también los había de Grecia. Eran reconocidos como sujetos del imperio otomano, como una “embajada turca”. Y crece una nueva generación, ya nacida en Viena. Le gustaba la música de (Johann) Strauss y cuando iba a la sinagoga, estaban los viejos turcos que cantaban música oriental; por eso decidieron modernizarse. Entonces invitaron a un jazán, un cantante (litúrgico) profesional húngaro, y le pidieron mantener las melodías, anotándolas musicalmente y arreglándolas para un coro de cuatro voces, como “la gente civilizada y moderna”. Lo que el húngaro hizo es lo que hoy llamamos etnomusicología. Son los manuscritos de música sefaradí más antiguos que tenemos. Estudié los documentos y el trasfondo histórico de ese episodio, pero también entrevisté a jazanim turcos en Israel. Les cantaba de los manuscritos para ver si reconocían la melodía y si la anotación musical guardaba suficientes elementos que pudieran reconocer, y por supuesto, identificaron todos, a pesar de que les sonaban un poco raro. Eso quiere decir que si una melodía se conservó desde 1880 hasta 1980, en los cien años más turbulentos y con cambios y desplazamientos más grandes de judíos, podemos pensar hipotéticamente que también 200 años antes de 1880 las melodías existían más o menos como las conocemos hoy. Esa profundidad del conocimiento de la historia de la música judía tiene que ver con el reconocimiento. Otro aspecto que para mí es importante es que nunca me quedé en “la torre de marfil” de la universidad: muchos de mis trabajos los traduje a labor artística. He hecho cientos de programas de conciertos en los cuales explico y escribo notas para que el público entienda el contenido y para darle la oportunidad a esa música de ser escuchada en las salas de espectáculos. Y la tercera cosa es la educación musical y su diversificación en Israel: creamos marcos de música de todo tipo -árabe, persa…- para que llegue a las escuelas. En ciertas épocas en las que el gobierno israelí estaba dispuesto a invertir en la diversificación cultural, eso nos llevó a tener presupuesto para comprar cientos de instrumentos en Turquía, que trajimos a Israel para ser usados en las escuelas. Uno trabaja intuitivamente y no se da cuenta de lo que va haciendo…

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Seroussi junto a Daniel Berliner, director de la Agencia AJN, y la Dr. Gila Flam, directora del Departamento de Música en la Biblioteca Nacional en Jerusalem.

– ¿Qué artistas representan mejor esta época en Israel?
– Como en toda cultura nacional, la práctica de la música crea un cierto canon. Preliminarmente, ningún israelí va a negar que una figura como Arik Einstein es, por encima de las divisiones, una voz con la cual todos crecimos durante 40 años. Más o menos fue escuchada por judíos que llegaron a Israel desde todas las diásporas y habla el lenguaje del rock popular, que es prácticamente la lengua franca de la juventud de todo el mundo, sin importar su origen étnico o religioso. Pero hay tantas cosas que pueden representar a Israel… En general, estoy en contra de elegir íconos. Quizá la canción más israelí en sentido histórico es Harreút, de Jaím Guri (NdR: es un homenaje a los caídos en la Guerra de la Independencia). En el libro que escribí con mi colega Moti Regev, Música popular y cultura nacional de Israel, el capítulo que habla sobre las canciones de la Tierra de Israel, que es el código representativo del canon sionista, empieza con una frase de la ex ministra de Educación (de Ehud Olmert) Iuli Tamir, que dice: “El que conoce esa canción es israelí, y el que no, no lo es”. Eso da la pauta de que hasta hace poco existía un centro de poder que trataba de definir qué es israelí y qué no. Creo que ahora no debe pensar lo mismo… Pero cuando llegan Iom Haatzmaút y Iom Hazicarón (Día de Recordación, la jornada previa), la presencia de esa canción es un tema del nacionalismo que vive en la dicotomía “das la vida por la patria o mueres”. Al escuchar (el verso que habla de) “amistad forjada por sangre” estamos hablando de la narrativa central del Estado de Israel y no la podemos sacar del efecto emocional que tiene en la gente. Hay canciones que también se “santificaron por sangre”, como Shir lashalom, la última que cantó Itzjak Rabin y cuyo texto se encontraba en su bolsillo, manchado con sangre… En resumen, en mi forma de ver, el audio del Estado de Israel a 70 años es una de las creaciones más fascinantes de esta empresa nacional judía y refleja una experiencia musical de siglos, el dolor, el antagonismo y la problemática de una sociedad que está muy dividida y, al mismo tiempo, toda la esperanza y la comunidad que la música puede crear. Ésta funciona como un arma de doble filo: unifica y divide. Esperemos que unifique más de lo que divida…

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70 Aniversario

Israel. Desierto de la Aravá, donde “hacer lo máximo con recursos naturales limitados es crucial”

Agencia AJN.- Samantha Levy, una joven colombiana que se desempeña como funcionaria del Consejo Regional, recibió a la Agencia AJN en el marco del 70º aniversario de la independencia del Estado judío. “Es la zona más periférica y aislada del país, con mano de obra costosa, pero la responsable de más del 50 por ciento de las exportaciones de vegetales frescos”, se enorgullece. Todos los desarrollos de la Aravá cuentan con el importante apoyo del KKL.

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Una colombiana a cargo del área de Desarrollo de Recursos de Aravá en Israel

Agencia AJN.- Samantha Levy [foto], una joven colombiana que se desempeña como funcionaria del Consejo Regional de la Aravá, recibió a la Agencia AJN en el marco del 70º aniversario de la independencia del Estado de Israel.

– ¿Cómo evalúas tu decisión de quedarte a vivir en Israel?

– Fue la mejor decisión que tomé en mi vida, y la más radical… Vengo de una familia privilegiada de Bogotá y lo tenía todo -mi auto, una persona que me cocinaba…-, pero faltaba algo. En un primer punto llegué a Israel por una historia de amor: hace 16 años conocí a mi esposo en una playa de Colombia. Fue amor a primera vista: él es israelí y estaba viajando después del Ejército y yo estaba de vacaciones de la universidad. Tres años a larga distancia y decidimos terminar, pero tras dos más aún en contacto pasé por Israel antes de ir a hacer un posgrado a España y cuando llegué me quedé y lo postergué. Vivimos en Tel Aviv y llegamos a la Aravá. Es el desierto y la zona más periférica y aislada de Israel. No era fácil pasar de 8 millones a 80 familias, una comunidad donde decidimos tener a nuestros hijos, pero es un lugar autosuficiente. Él vivió ahí desde los 4 años y yo quería que mis hijos crecieran con esos valores. No fue fácil llegar después de vivir en ciudades grandes, pero aproveché el tiempo e hice un MBA [sigla en inglés de Maestría en Administración de Empresas] en línea de la Universidad de Londres. Quedé embarazada y ya tengo 2 hijos. Empecé a trabajar en el consejo municipal y entendí que acá, lo imposible es posible. Esta región, la más árida del país, donde caen 25 mililitros de agua de lluvia, con mano de obra costosa, mucho sol y tierra poco fértil, es la responsable de más del 50 por ciento de las exportaciones de vegetales frescos de Israel. Una comunidad tan pequeña es una potencia agrícola en el mundo y ésta es una de las razones por las que me siento más orgullosa. La Aravá es un ejemplo actual de que en toda su historia Israel se enfrentó a obstáculos y problemas y los solucionó y los convirtió en ventajas. Nadie ponía un peso ni podía imaginar que acá se hiciera agricultura… Y no solo para Israel: además, se exporta y al menos 16 países de África y Asia vienen a aprender y es un cambio de vida, más allá de que nacieron con muchos recursos hídricos y tierra fértil. Hay que pensar “fuera de la caja”, con nuevas ideas y bajo la capacidad humana. “Lo que deseas no será un sueño”, dijo [el ideólogo del sionismo político moderno, Theodor] Herzl.

Diferentes estudiantes del mundo participan de la Aravá

Diferentes estudiantes del mundo participan de la Aravá

– ¿Cuáles son los logros de la Aravá?

– En un contexto en el cual perdemos contra el desierto 12 millones de hectáreas de tierra fértil, junto con una población mundial que crece exponencialmente, cómo hacer lo máximo con recursos naturales limitados es crucial y vital para todo el mundo, no solo Israel. El conocimiento está puesto en la tecnología y la Aravá no busca crear una cara, ni productos genéticamente modificados, sino hacer las preguntas adecuadas: la planta necesita sol, agua y humedad, ¿cómo se los damos?

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Diferentes estudiantes del mundo participan de la Aravá

– ¿Cómo se logra que todo crezca acá?

– Está el Centro de Investigación y Desarrollo, que busca adaptar las plantas a las condiciones extremas y lo financia un 50 por ciento el Keren Kayemet Leisrael [KKL] y otro el Gobierno. Las personas de todo el mundo pueden sentirse parte de este proyecto, ya que las investigaciones sirven para todos los que vienen a aprender acá sobre agricultura. Es un trabajo grande, que se realiza hace 50 años, cuando llegaron los pioneros. Los agricultores reciben apoyo para la preparación de tierras y reservorios de agua, con un sistema de reciclaje para reutilizar el agua que cae y que si no se retiene, se gasta y no se usa. El KKL está involucrado en cualquier aspecto, desde la infraestructura hasta la calidad de vida de los 3.700 residentes oficiales, que tenemos centros médicos, educación para los hijos y programas de música. Empleo y calidad de vida…

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Diferentes estudiantes del mundo participan de la Aravá

– El líder sionista y primer ministro fundacional del Estado de Israel, David Ben Gurión, soñó esto y ahora se cumplen 70 años…

– Fue un visionario increíble. Y es un ejemplo para el mundo entero: ver en las dificultades soluciones, enfrentándolas…

DB-GP-CGG

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70 Aniversario

Experto argentino: Israel es potencia internacional sobre conocimiento de pobreza y trabajo social

Agencia AJN.- En el marco del 70º aniversario de la independencia del Estado judío, la Agencia AJN visitó al fundador y director del Centro Interdisciplinario para el Estudio de la Pobreza y Exclusión Social de la Universidad de Haifa, Roni Strier, quien también se refirió a la realidad oculta de ese país, su experiencia e iniciativas y los aportes y cooperación con su nación de origen.

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Strier Roni

Agencia AJN.- En el marco del 70º aniversario de la independencia del Estado de Israel, la Agencia AJN visitó al fundador y director del Centro Interdisciplinario para el Estudio de la Pobreza y Exclusión Social de la Universidad de Haifa, el argentino Roni Strier [foto], para conversar sobre el tema que lo apasiona y su contribución para combatirlo.

La entrevista versó sobre la realidad oculta de ese país, su experiencia e iniciativas y hacia el final de la misma se refirió a los aportes y cooperación con su nación de origen.

– Según los datos oficiales del Instituto de la Seguridad Social, un 19 por ciento de la población israelí vive en la pobreza, y en algunos sectores estamos hablando de niveles muy altos: uno de cada tres chicos árabes o jaredim [ortodoxos], ya que el índice de participación en el mercado laboral es muy bajo, y familias de padres o madres solas, o en las cuales solo uno de sus integrantes trabaja. No podemos bajar el índice de pobreza… Hace varios años que se reduce muy poco. Tenemos un sistema que la mayor parte de los países del mundo nos envidia: en la Argentina, si no tenés plata, te mata; acá, la red social -salud, tercera edad, discapacidad- está desarrollada. También los trabajos, pero no son generosos para ayudar a salir de la pobreza. Lo que hace Israel está muy bien: administración de la pobreza para que la gente no se muera de hambre. Tiene la base social de un Estado de Bienestar, pero se va desgastando con políticas neoliberales y una fuerte tensión entre el ministro de Economía [e Industria, Eli Cohen] y [el jefe de gobierno, Benjamín] Netanyahu. Es que el primero está dedicado al tema porque viene de una familia pobre y mantiene los servicios sociales. Los transportes están parcialmente privatizados. Fuera de los tradicionales roles académicos que tiene la universidad, más allá de instrucción investigación, hacemos un trabajo con servicios sociales.

– ¿Cuándo empezó el proyecto?

– El programa empieza en 2005 y el Consejo Nacional de Educación Universitaria decide presentarles esta metodología a todas las universidades y dar plata para “programas emblema” que nacen a partir de este proyecto. Hacen cosas divinas, como cursos de activismo en la tercera edad, trabajan con profesores y alumnos en la comunidad… Son activistas que trabajan con el tema de la exclusión… La gente vieja queda excluida en el mundo… Han conseguido que el recorrido de los ómnibus se modifique para que llegue adonde hay gente de la tercera edad. El 1º de mayo, estudiantes les dieron cursos sobre derechos laborales a trabajadores tercerizados…

– ¿Hay otras universidades que tengan el mismo rol?

– Existen proyectos que trabajan haciendo tutorías, pero el Haifa Partnership for Poverty Eradication, para la eliminación de la pobreza, tiene doce años y proyección nacional, con el municipio y las comunidades. Desarrollamos un modelo documentado y publicado, y los estudiantes hacen desarrollo social comunitario y la parte política. Mis alumnos van a la Knesset [Parlamento israelí] un día, el 20 de febrero, y se ocupan de la legislación contra la pobreza. Los mismos beneficiarios pasan de objetos a sujetos y se convierten en investigadores. Se los rescata y son voceros del tema: muestran cómo salir de la pobreza en charlas para universidades.

– ¿Se habla de esto en Israel?

– Afuera nadie habla, están el conflicto y la Start up nation [Nación innovadora] para taparlo… En Israel, los números de la macroeconomía dan, pero no los de la microeconomía, los que trabajan acá… Hoy en día, Israel es una potencia internacional sobre el conocimiento de la pobreza y el trabajo social, y mucha gente viene a ver cómo tratar el tema. Las universidades compiten con las mejores del mundo y nos exigen muchísimo más. Como argentino, veo el abandono del Estado a ciertas obras, lo que demuestra que la base socialista de asistencialismo se fue con bestias como Netanyahu. En los años ’80, el Gobierno ponía un montón de plata, como iniciativa de Estado; ahora, deja que las fuerzas del mercado hagan lo que tengan que hacer. Es increíble la plata que hay en Tel Aviv, con gente que gana fortunas, y la diferencia con los barrios necesitados es abismal. Hay casas que están en terrenos caros, no se renuevan y se están cayendo abajo, y nuestra acción pasa por un proceso de renovación urbana: hay inversores dispuestos a comprar los edificios viejos de los años ’50 y construir. Hicimos cursos con la gente que vive ahí para que conozca sus derechos de renovación. Los dan profesores de la universidad, de manera gratuita y fuera del trabajo. El intendente [Ron Huldai] no me quiere ver. Le pregunté por qué no ponía plata ahí; “para que se vayan y venga gente nueva”, me dijo de manera altanera.

– ¿Qué países tienen resulto el salir de la pobreza?

– Se hicieron grandes logros, pero que han dejado miserias terribles, en China y el Brasil de “Lula” [Luis Inácio da Silva]. Grandes cantidades salieron de la clase pobre y pasaron a la media. Es cierto que dejaron al país endeudado, pero hay formas de hacerlo, con un balance entre el crecimiento y los sectores. Tanto en Israel como en otros países, como la Argentina, hay mucha gente que gana muchísima plata. Lo más interesante es que lo que estamos haciendo acá pasa a Buenos Aires. La Asociación de Amigos de la Universidad de Haifa me conectó con la ministra de Desarrollo Social, al principio de la ciudad y de ahí pasó a la Nación [Carolina Stanley], buscando dar una charla a distintas secretarías. Así empezó una corriente de cooperación que llevó a una serie de charlas en las universidades de El Salvador y otras y terminó en la Casa Rosada, donde todos los subsecretarios y más de 100 personas hablaron sobre los paradigmas de la pobreza a partir del trabajo que estamos haciendo aquí. En septiembre se va a organizar un megacongreso sobre el tema del empoderamiento y pobreza, donde participarán 6 o 7 ministerios y está involucrada la Embajada de Israel. Pero la primera charla que di fue en un congreso de responsabilidad social en La Rural, invitado por el otro Gobierno.

DB-CGG

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