noviembre 19, 2017

Nina Ben-Ami, embajadora de Israel en Uruguay y de la lucha por la igualdad de género

AJN.- Keiko Tanaka (Japón), Joanne Frappier (Canadá), Nina Ben-Ami (Israel) y Kelly Keiderling (Estado Unidos) son mujeres, embajadoras de países poderosos en Uruguay y comparten grupo de whatsapp activo desde el 8 de marzo, cuando decidieron participar de la multitudinaria marcha por el Día de la Mujer.

Se reúnen a comer cada vez que pueden y no se olvidan de dejar la evidencia de ese momento en las redes sociales. Tienen un grupo de Whatsapp que está activo desde el 8 de marzo, cuando decidieron participar de la multitudinaria marcha por el Día de la Mujer. Son cuatro de las ocho mujeres que en la actualidad encabezan representaciones extranjeras permanentes en Uruguay. Son Keiko Tanaka (Japón), Joanne Frappier (Canadá), Nina Ben-Ami (Israel) y Kelly Keiderling (Estados Unidos). Son embajadoras de sus países y de la lucha por la igualdad de género.

Ben Ami afirmó que el gobierno israelí busca sacar lo mejor de su población y, en este sentido, no puede prescindir del aporte de las mujeres. La diplomática habla de las ventajas comparativas que una mujer puede ofrecer en el cargo. Cuando fue portavoz de la embajada israelí en París le tocó ser la cara visible durante dos operaciones militares en un momento en el que estaba embarazada.

“Una mujer joven embarazada que habla sobre una situación de conflicto, le da una cara humana y una perspectiva diferente de lo que le daría un hombre”, señaló. De hecho, la embajadora israelí compara mucho su trabajo con el de sus colegas hombres como una forma de superación personal. “Me pongo objetivos muy altos porque debo ser igual de buena que mis colegas hombres”, agregó.

“Cuando llegué a Uruguay hace un año se hablaba mucho de violencia doméstica y quedé impactada por los números. En su momento pensé que como éramos ocho mujeres embajadoras teníamos que unir fuerzas y apoyar de cualquier forma posible. Entonces nos empezamos a reunir para hablar sobre temas de género y ver de qué manera podíamos contribuir a la discusión”, recordó Frappier sobre el inicio de las reuniones.

Naturalmente, en sus encuentros también se habla de política y de los posibles puntos de interés que las pueden acercar con el gobierno uruguayo. “Siempre es una mezcla de lo que está en la agenda diplomática de nuestros países”, dijo Keiderling. “Y además hablamos de cómo hacer mejor nuestro trabajo en Uruguay y cómo hacerlo como mujeres. Las mujeres tienen varios desafíos”, completó la embajadora de Estados Unidos.

Vienen de contextos diferentes y representan intereses específicos. Las une una admiración por los hombres y mujeres que valoran tanto el desarrollo profesional como el cuidado de la familia. También las une una experiencia común: ser mujer en una actividad que tradicionalmente estuvo en manos de hombres.

Mundo de hombres

“¿Cómo es ser mujer en la cultura diplomática masculina?”, y las miradas se dan paso en silencio. Tanaka rompe el hielo y confiesa que en el servicio exterior japonés son minoría. De hecho, la embajadora japonesa en Montevideo es apenas una de las nueve de su país que andan por el mundo. “Comparado con otros países todavía estamos atrás”, confesó Tanaka, aunque es optimista de que en el futuro las mujeres irán ganando lugar en el gobierno japonés. De hecho, la designación de Tanaka –quien viene del mundo privado– es el ejemplo que muestra que el primer ministro Shinzo Abe está haciendo esfuerzos por promover a mujeres en puestos ejecutivo.

Frappier, quien viene de las ciencias, también fue designada directamente por su primer ministro Justin Trudeau para que hubiera más mujeres en cargos de toma de decisiones. “He trabajado en sistemas dominados por hombres toda mi vida. En esto no hay diferencia. Nunca me escondí detrás del hecho de que soy mujer para expresar mi punto de vista o para tomar decisiones”, dijo la canadiense.

Canadá acaba de publicar su nueva política de ayuda internacional que, según la embajadora, es una política feminista. “Cada cosa que haremos para la ayuda internacional será a través de los lentes de la equidad de género”, explicó.

 

Keiderling señala que la diplomacia estadounidense tiene en sus filas a una gran cantidad de embajadoras y que el ingreso al servicio exterior se da en igualdad de condiciones, pero reconoce que la posibilidad de ascenso a los rangos más altos está limitada para las mujeres. “Nuestro sistema, nuestra cultura todavía está dominada por el género masculino”, señaló.

La embajadora estadounidense cree que el ejercicio de la actividad diplomática está muy influenciada por la estructura de género y que en las reglas de juego de esa “cultura dominante” las mujeres deben competir y demostrar que pueden hacerlo mejor que sus colegas hombres. Eso significa, antes que nada, explotar el valor propio que, según Keiderling, el género femenino le agrega a la actividad diplomática: generar empatía y consensos a partir de la comunicación.

“Estoy convencida de que las mujeres, en general, tenemos la habilidad de encontrar el punto de contacto en las relaciones interpersonales mejor y más rápido.Tenemos, en general, la habilidad de comunicar y de escuchar atentamente. No es suficiente con imponer autoridad o respeto. A los diplomáticos nos tienen que escuchar lo que decimos, más allá de poder transmitir bien los mensajes de los gobiernos que representamos. Tenemos que generar impacto y esa habilidad comunciacional requiere empatía”, dijo Keiderling.

Género y conflicto

Los atributos que la embajadora estadounidense le reconoce a las mujeres llevaron al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas a recomendar la incorporación de más mujeres para la resolución de conflictos y también llevó a teóricas feministas de las Relaciones Internacionales a hipotetizar que un mundo liderado políticamente por mujeres sería más pacífico y cooperativo (y menos inseguro).

Esa visión teórica resulta naif para Ben Ami que, fiel al pensamiento estratégico de todos los gobiernos israelíes, cree que “paz y seguridad van de la mano”.

Keiderling, en tanto, entiende que hay diferencias sensibles en la forma que hombres y mujeres gestionan el conflicto. “En general cuando las mujeres se comunican tratan de construir comunidad y encontrar puntos de encuentro, mientras que los hombres cuando hablan tratan de establecer jerarquías: quién es más fuerte y quién puede mandar más”, señaló.

Para la diplomática estadounidense, la gestión de un conflicto entre contrapartes femeninas no está necesariamente libre de ego, pero le reconoce a las mujeres una mayor capacidad para lograr un balance entre la exigencia de “ser respetado” y la necesidad de llegar al centro del debate. “Las mujeres estamos dispuestas a ir más allá de nuestro estatus personal y el de nuestros país para llegar al fondo de los temas que crean conflictos”, argumentó.

Por su parte, la embajadora canadiense afirmó que los compromisos que logran las mujeres son “más perdurables” en el largo plazo y por eso se les debe dar un mayor rol en las conversaciones de paz.

En ningún caso estas imágenes se corresponden con el personaje de ficción político femenino del momento: Claire Underwood. El personaje del drama político House of Cards representa, en el mejor de los casos, a la primera generación de mujeres que tuvo que abrirse cancha para ingresar en la mesa de los hombres y que se siguen guiando por patrones de conducta masculinos, opinó Keiderling. Pero, aún así, la imagen que reproduce Claire Underwood está exagerada. “Es un personaje de contornos puntiagudos. Para mi generación no hay tanto de eso. No he visto que funcione muy bien esa aproximación maquiavélica”, dijo.

La debilidad como estereotipo

El nombre de April Catherine Glaspie será recordado en el Departamento de Estado de EEUU, entre otras cosas, por ser la embajadora estadounidense que no pudo impedir que Saddam Hussein invadiera Kuwait en 1990. El trabajo de Glaspie generó polémica en Washington durante años. Hubo quienes argumentaron que la diplomática había sido incapaz de mostrar fortaleza ante el líder iraquí. Entre ellos hubo quienes explicaron “la debilidad” de Glaspie por su condición de mujer.

En ocasiones los embajadores deben ponerse firmes. Parte de su trabajo puede incluir pasar un mensaje antipático de su gobierno o intentar persuadir a otro estado sobre la conveniencia de tomar determinado curso de acción. ¿Resulta esto más difícil cuando la embajadora es una mujer y su contraparte es un hombre?

En su trato con la cancillería uruguaya, Tanaka jamás tuvo problemas. “No me ven como una mujer embajadora sino como alguien que representa a mi país”, afirmó. La diplomática japonesa contó que estuvo varias veces en contacto con la cancillería uruguaya ya que ambos países están en el Consejo de Seguridad de ONU como miembros no permanentes. Tanaka le solicitó a Uruguay que sea esponsor de una resolución contra Corea del Norte y el gobierno accedió.

Ben Ami también contó que tuvo varias conversaciones sobre temas muy diferentes con el gobierno uruguayo y subrayó que esos intercambios siempre se desarrollaron en un clima de respeto mutuo. El resto de las embajadoras concuerdan con sus colegas, aunque en sus treinta años de experiencia, Keiderling se enfrentó varias veces con ese estereotipo de debilidad en otros países.

La seguridad de las embajadoras empiezan a dar indicaciones a los autos blindados que se mueven por las calles Guatemala y Cuareim. Las diplomáticas se saludan en la puerta de El Observador como viejas conocidas y ya planifican su próximo encuentro.

Cuatro de las mujeres del cuerpo diplomático en Uruguay

Nina Ben- Ami, embajadora de Israel
Nació en Nueva Delhi, India. Ingresó al servicio exterior israelí en 1998. Está casada y tiene tres hijos. Su libro de cabecera es “Sapiens” del israelí Yuval Harari. Le gusta el risotto más que cualquier otra comida y su lugar preferido en Uruguay es la playa de José Ignacio. Recuerda con admiración como un colega de la cancillería israelí salía antes de la oficina, dos veces por semana, para buscar a sus hijos del colegio. “Yo lo reemplacé y él dijo que eso se debía mantener”.

Joanne Frappier, embajadora de Canadá
Cabo Polonio y la pascualina es lo que Frappier no podrá olvidar de Uruguay. Llegó al país hace un año para cumplir con su primer destino en el servicio exterior canadiense. Mujer de ciencias, nació en Montreal, Quebec, hace 56 años. Tiene un hijo de 23 años y una hija de 25. Sus hobbies son los vitrales y la pesca. Su libro preferido es Papillon y su película favorita es Seducing Dr. Lewis.

Keiko Tanaka, embajadora de Japón
De la larga fila de embajadores que asistieron al acto del pasado 19 de junio, Tanaka fue la única en entonar el himno uruguayo. De Uruguay también se llevará el amor por tocar el tambor que quiso aprender luego de asistir al desfile de llamadas. Es lectora de su compatriota Haruki Murakami, le gusta el asado, el pan de carne y el sushi, y su lugar predilecto en Uruguay son las termas de Salto.

Kelly Keiderling, embajadora de Estados Unidos
Originaria de República Dominicana, ingresó al Departamento de Estado en 1988. Está casada y tiene un hijo y una hija. En su tiempo libre le gusta hacer crossfit, la joyería y leer sobre democracia y políticas públicas. “El hombre que amaba a los perros” de Leonardo Padura es su libro preferido. En Uruguay se enamoró del “baby beef”, de los helados “del Abuelo” y de la playa de José Ignacio.

FUENTE: El Observador

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