August 23, 2017

Opinión. ¿Queremos la paz?. Por Julio María Sanguinetti

La paz sólo podrá surgir de una negociación directa entre Israel y la Autoridad Palestina. Es absurdo, por tanto, que de antemano se le acepte a una de las partes todas sus demandas. Y Uruguay no debió nunca quedar en esa posición.

  • por AJN
  • 3 Enero, 2017
  • Uruguay
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En octubre, el Consejo de Unesco dictó una resolución que desconocía el derecho de Israel sobre una zona de Jerusalem que incluye nada menos que el Muro de los Lamentos, el último resto del templo del rey Salomón y lugar sagrado para el mundo judío. Ahora es el Consejo de Seguridad el que toma una resolución imponiendo a Israel que se retire a los territorios anteriores a la guerra de 1967, lo que significa devolver el Este de Jerusalem y de ese modo abandonar lugares tradicionales del mundo judío, así como las alturas del Golán, decisivas para el mantenimiento de sus fronteras seguras.

La gran novedad es que esta vez los EE.UU. no votaron en contra y, al no ejercer su veto —ya tradicional—, permitieron salir esta resolución, ya cuestionada por su presidente electo, que ha marcado una posición mucho más favorable a Israel que la de Obama.

En todo caso, el tema fundamental es: ¿esto ayuda a la paz? El problema, ¿son los asentamientos israelíes y no el desconocimiento de Israel que sostiene el gobierno de Gaza a manos de Hamas? ¿El camino mejor hacia la paz es reconocerle al futuro Estado Palestino todas sus reclamaciones y en consecuencia impedir la posibilidad de un acuerdo negociado?

 

Julio María Sanguinetti, Ex Presidente de Uruguay

Julio María Sanguinetti, Ex Presidente de Uruguay

 

Este es el nudo de la cuestión. No habrá paz mientras no haya una negociación formal entre la Autoridad Palestina, conducida en Cisjordania por el Presidente Mahmud Abas y el gobierno de Gaza, hoy bajo la orientación del grupo terrorista Hamas, que ha mantenido una constante agresión del territorio israelí.

Israel hizo acuerdos de paz con Egipto y Jordania. Devolvió territorios conquistados, como la península de Sinaí que se restituyó a Egipto y la propia franja de Gaza, que antes estaba en manos de Egipto y ahora se le entregó a la Autoridad Palestina. Esta última concesión no significó nada en el camino de la paz, porque desde ese territorio continúan las agresiones.

Hoy por hoy todos admiten que habrá dos Estados. Lo mismo que se resolvió en 1947, cuando Naciones Unidas dividió la Palestina bajo mandato británico en un estado judío y otro árabe, frustrado este último por el desconocimiento de los países árabes, que no acataban la resolución para no aceptar la creación de Israel. Sangre y dolores se hubieran evitado si en aquel lejano tiempo los árabes hubieran aceptado la creación de ese Estado. Pero hoy, ante esta realidad, está claro que solo podrá haber dos Estados formalmente reconocibles si ambos pueden establecer fronteras seguras y un recíproco reconocimiento.

¿Cómo es posible llegar a ese deseado final si Hamas no acepta la existencia de Israel y es apoyado en esa locura por algunos socios poderosos del mundo islámico, en el contexto —además— de una tremenda agresión a Occidente de los grupos terroristas radicales?

Las colonias judías, unas doscientas, podrán considerarse legales o ilegales según el momento y las circunstancias. Muchas de ellas son discutibles, como lo ha reconocido en alguna ocasión nuestro país, pero esa —justamente— es parte de la negociación que algún día —si se desea realmente la paz— pueda arreglar toda la situación. No se puede ignorar un hecho demográfico que pese: en el Este de Jerusalem, en 1972 había 8.500 habitantes, hoy más de 200.000; en el resto, en 1990 había 112 mil personas en asentamientos, hoy son 350.000. O sea que la presión por territorio se le ha hecho muy difícil a Israel, al punto que inclusos sus propios gobiernos no han sido siempre capaces de poder detener su expansión.

Hace muy mal la comunidad internacional en seguir esta línea de reconocerle a Palestina todo lo que reclama y así hacer ilusoria cualquier negociación. ¿Cómo se puede invocar el derecho internacional si hay una parte que ni siquiera reconoce la existencia del otro Estado? Por eso fue un error el reconocimiento del presunto Estado Palestino que hicieron organismos como Unesco y algunos Estados nacionales.

Israel entregó Gaza y a cambio obtuvo más agresión, porque la lectura de los grupos extremistas es que cualquier concesión que se haga es prueba de la debilidad israelí.

Por todo lo cual es muy infeliz la resolución del Consejo de Seguridad y triste que Uruguay quede en ese lado del debate. Fieles a nuestra tradición, no podemos acompañar resoluciones que nos alejan la paz y, mientras reconocen los reclamos palestinos, ignoran paladinamente las postulaciones de Israel, único estado de la región que se gobierna democráticamente y respeta los derechos humanos. El tema no es sencillo, por cierto, y está además impregnado de hipocresía, porque los intereses petroleros y aun el temor al radicalismo islámico llevan a muchos países a alejarse de un Israel que piensan que no les ofrece nada, cuando en rigor es el bastión del mundo occidental, que si en un remoto día cayera, dejaría a toda Europa inerme ante la avalancha dogmática.

 

J. M. S.

 

 

Fuente: Correo de los Viernes

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