July 27, 2017

Una colombiana a cargo del área de Desarrollo de Recursos de Aravá en Israel

AJN.-Samantha Levy, en diálogo con AJN, habló del desafío que implica vivir y cultivar en el valle de Arava. “Aquí tenemos solo 25 mililitros de agua lluvia al año, condiciones climáticas extremas, tierra infértil y, a pesar de esto, de estar en un área tan árida y desértica, con recursos hídricos tan limitados, se logra una agricultura a gran escala, agricultura sostenible, agricultura a otro nivel”, afirmó.

  • por L.V.
  • 3 Enero, 2017
  • Colombia
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Una colombiana a cargo del área de Desarrollo de Recursos de Aravá en Israel

Samantha Levy, una colombiana que se desempeña como funcionaria del Consejo Regional de Arava, llegó a Israel en 2006 y se fue a vivir a la Arava en 2009.

El desierto de Arava es una zona árida de Israel en donde caen unos 25 milímetros de agua al año y posee un clima extremo, con casi 50 grados en verano, a la sombra. A pesar de ello, representa el 60 por ciento de las exportaciones de vegetales frescos de Israel.

Levy, en diálogo con AJN, habló de como fue el paso de un país a otro, de una cultura a la otra. También detalló cómo funciona el Centro AICAT, que tiene convenios con diferentes universidades de países en desarrollo para que estudiantes pre-seleccionados vayan a capacitarse al Arava. “personas que vienen de lugares rurales, generalmente lugares ricos en recursos naturales, y cuyas familias se han dedicado por generaciones a hacer agricultura, con métodos de cultivo tradicionales que desafortunadamente ante cualquier desafío climático generalmente pierden todo su trabajo. Los estudiantes de AICAT vienen a la Arava no solo a aprender a hacer agricultura de avanzada con recursos limitados, aprenden sobretodo la importancia de la capacidad humana, si de verdad se quiere, se puede, aprenden a ver las dificultades como un reto que tiene siempre una solución”

¿Hace cuánto tiempo vive en Israel?
Llegué a Israel en 2006, vivimos con mi esposo tres años en Tel Aviv y en el 2009 decidimos empezar nuestro hogar en la Arava. Él es segunda generación de agricultores, es decir, su papá y su mamá llegaron a la Arava hace casi 40 años, cuando no había absolutamente nada, ni siquiera aire acondicionado. Estamos hablando de un lugar que tiene 48° de temperatura en verano, a la sombra. Nosotros llegamos en otro momento, en el 2009, hace ya siete años. También hacemos agricultura, cultivamos berenjenas, dátiles, melones y, de vez en cuando, mangos.

¿Cómo logra hacer crecer estos cultivos en el medio del desierto?

Pues, esa es la parte interesante. Este lugar es bien especial. Te puedo contar que en los desiertos de Colombia hay 500 mililitros de agua lluvia cada año, mientras que aquí tenemos solo 25 mililitros de agua lluvia, y a pesar de esto, de estar en un área tan árida y desértica, con recursos de agua tan limitados, se logra una agricultura a gran escala, agricultura sostenible, agricultura a otro nivel.

Yo creo que se ha logrado gracias a dos elementos: primero, a la fe, dedicación, y perseverancia de los primeros que llegaron a la Arava; y segundo a la visión y a apoyo que se ha dado a lo largo de los años por parte de las comunidades judías alrededor del mundo, que por medio del KKL en Israel han apoyado este tipo de iniciativas.

El resultado lo podemos ver hoy en día al ver el desierto florecer lleno de árboles, pimentones, berenjenas, tomates, cebollas, papayas, mangos, melones, patillas (sandia), uvas, calabazas, dátiles, lechugas, guayabas etc etc.! Es que nadie sin haberlo visto en persona puede creer que en la mitad del desierto puedas comerte una patilla acabada de recoger; y no estamos hablando de cualquier patilla, las plantas al crecer en condiciones extremas pero controladas deben esforzarse más en su producción, por lo tanto las frutas y vegetales aquí son más dulces que los frutos de una planta que crecen en un ambiente rico en recursos hídricos y tierra fértil.

En general se desarrollaron mecanismos muy creativos de manejo de recursos hídricos, sistemas de irrigación, manejo de suelos y protección de plantas. Gracias a todo esto esta área es responsable del 60% de exportaciones de vegetales frescos de Israel al mundo.

Tengo entendido que realizan un intercambio con otros países, con personas que estudian sobre el tema y que van a capacitarse al Aravá. ¿De qué manera se da este intercambio?

En el corazón del desierto de la Arava se encuentra AICAT, el Centro Internacional de Estudios de la Agricultura. El objetivo de AICAT es educar estudiantes de países, cuya fuente de ingreso principal es la agricultura, dándoles las herramientas necesarias para que puedan formar empresas agrícolas exitosas en sus países de origen. Más de 10,000 estudiantes provenientes de Asia y África han venido a estudiar el programa en agricultura que dura 10 meses.

Diferentes estudiantes de Nepal, Vietnam, Myanmar, Cambodia, Laos, Etiopia, Sur de Sudan, Timor Este, Tailandia e Indonesia llegan al Arava cada año en Agosto. Es importante resaltar que a lo largo de los años AICAT ha recibido estudiantes de países con los cuales Israel no tenía relaciones diplomáticas y gracias a este intercambio de conocimientos nuevas relaciones entre países han nacido, como es el ejemplo de Vietnam y ahora Indonesia; este último siendo el país con mayor población musulmana del mundo y que esperamos poder ser un motor en el futuro acercamiento de los dos países.

El programa de estudios está basado en la experiencia práctica, teóricamente estudian sobre todo lo concerniente a agricultura, administración de negocios, mercadeo, finanzas, informática y emprendimiento. Pero además hacen trabajo de práctica y un proyecto de investigación en las fincas locales bajo la dirección de los agricultores y los científicos del Centro de Investigación y Desarrollo de la Arava.

Aquí está el valor más importante, los estudiantes aprenden que no es solamente esparcir semillas y rezar para que crezcan como lo han venido haciendo sus padres; aquí aprenden la importancia de la investigación, la planeación y el uso de métodos adecuados.

Una de las cosas especiales que tiene el programa es que además del gran conocimiento y experiencia que obtienen durante sus estudios, al final gracias a su trabajo en las fincas locales, vuelven a casa con un monto significativo de dinero que en muchísimos casos ha sido la semilla de proyectos agrícolas importantes en sus países de origen, como es el caso de Wirin Anthakhaek de Tailandia, que después de graduarse del programa y llegar a Tailandia establece una compañía agrícola “Arava Farm Company” en Tailandia que produce mazorcas a gran escala usando métodos de cultivo aprendidos en la Arava.

Muy bien lo dice la Directora de AICAT Hanni Arnon “llegan como estudiantes y vuelven como emprendedores sabiendo que sí es posible hacer agricultura en la mitad del desierto, es posible establecer una empresa agrícola exitosa en cualquier parte, solo se necesita quererlo de verdad y usar los métodos adecuados”. Los estudiantes vuelven a casa orgullosos de su profesión y vuelven generalmente a establecer fincas productoras, a ocupar cargos importantes en el gobierno o entran al sector de la academia.

El valor judío de reparación del mundo “tikun olam” es impartido por los profesores del Centro. Por lo tanto vemos proyectos hermosos y trabajos pos-programa con un gran impacto en las comunidades de los estudiantes. La educación le brinda a una persona las herramientas para cambiar su vida y así mismo sirve como un puente entre personas diferentes, diferentes nacionalidades, religiones. Por eso AICAT es Agricultura Sin Fronteras. Estudiantes católicos, musulmanes, hindús, todos reunidos en un mismo techo comprenden que Israel es más de lo que se oye en los medios.

¿Existe la participación de países latinoamericanos dentro del Aravá?
En este momento no, pero el objetivo es convertirse en un centro de investigación internacional, donde puedan venir estudiantes de todo el mundo. En este momento estamos trabajando con Asia y África, pero la idea es incrementar la capacidad del centro, porque estamos a tope. Felizmente podemos contar que los trabajos de infraestructura inicial ya comenzaron y según el plan en dos años se terminan las instalaciones que incrementarán el tamaño del centro, para poder recibir personas de otros países.

¿Cómo es ser colombiana y mudarse a un país donde la cultura es completamente diferente? ¿Cómo vivió ese cambio?

Yo estudie finanzas y relaciones internacionales en Bogotá, y el tema de Medio Oriente era algo que me atraía mucho, por alguna razón. Después conocí a mi esposo que es Israelí y tuvimos una relación intermitente a larga distancia por muchos años. Venía a menudo a visitarlo en vacaciones entonces cuando llegue a vivir del todo, ya tenía una idea del idioma y de la cultura. Sin embargo al principio la asertividad de los Israelís me chocaba un poco. Los Israelíes en general no tienen mucho tiempo para las arandelas que les ponemos nosotros los suramericanos a las conversaciones, creo que en Latinoamérica el 70% de nuestra conversación se va en saludar, preguntar cómo estamos y en despedirse, y el 30% es la razón de la conversación. En Israel solo tienes el 30%, es decir al grano.

Por otro lado creo que nosotros los suramericanos nos tomamos un “no”, “no me interesa”, “no estoy de acuerdo en absoluto” de forma un poco personal y nos sentimos fácilmente. Los Israelíes no tienen problema en decir no, son muy asertivos y valoran las conversaciones que van al punto, si no les gusta tu idea lo dicen tal como lo piensan sin intención de herirte. Una vez entendí el idioma y la mentalidad deje de tomarme personal su forma de expresión e inclusive la adopte un poco. Lo cual es chistoso porque cada vez que voy a Colombia me preguntan por qué estoy tan agresiva. Ahora valoro inmensamente esa forma de comunicación porque sabes definitivamente a qué atenerte y las cosas se hacen más rápido porque no pierdes tiempo en lo menos esencial. Claro que siempre me harán falta las arandelas, es decir, la calidez y simpatía latinoamericana.

¿Cuáles son los aportes más significativos de Aravá a los países centrales del mundo?
Actualmente la desertificación es un problema mundial con serias implicaciones a nivel de seguridad alimentaria, biodiversidad, erradicación de la pobreza, estabilidad socio económica y desarrollo sostenible. Cada año 12 millones de hectáreas de tierra fértil se convierten en desierto. Las causas según la ONU son el uso inapropiado del agua y sistemas de energía, la agricultura no responsable, el calentamiento global y los cambios climáticos.

El Centro de Investigación y Desarrollo de la Arava junto con la comunidad han logrado combatir con éxito la degradación adicional de la tierra en la región, al convertirse en una franja verde que sirve como una barrera física contra los procesos de desertificación. Además el desarrollo de prácticas agrícolas sostenibles basadas en técnicas avanzadas de riego y cultivos tolerantes a la sal; junto con una gestión del agua basado en la desalinización y técnicas de recolección y reciclado de agua, tienen un impacto directo en la minimización de la erosión del suelo y la salinización natural. La Arava se ha convertido en un líder mundial en los campos de la agricultura sostenible, manejos de suelo y de agua en zonas áridas, así como un modelo global en la lucha contra los procesos de desertificación.

La producción agrícola con recursos limitados es primordial en el contexto actual, donde además de los procesos de desertificación tenemos una población mundial que crece exponencialmente cada año. AICAT y el Centro de Investigación & Desarrollo de la Arava junto con la Universidad de Tel Aviv han desarrollado un Máster en Biología de las Plantas con énfasis en Seguridad Alimentaria. El programa funciona bajo la supervisión académica de la Universidad dentro del marco académico de AICAT en la Arava. Inicialmente el programa está dirigido a estudiantes de países en desarrollo, principalmente de Asia Oriental y África pero como dicen “the sky is the limit”.

Imagínate, que una comunidad tan pequeña como ésta en la mitad del desierto pueda aportarle tanto a la sociedad, para mi es increíble y completamente inspirador. A mí me ensenó a ver las dificultades no como problemas sino como retos que siempre se pueden sobrellevar, es que sí es posible hacer agricultura en la mitad del desierto todo se puede hacer. Este es el valor que quiero transmitirles a mis hijos y por eso vivo aquí y me siento completamente orgullosa de ser parte de este proyecto.

¿Qué desafíos se plantea ahora y en el futuro?

El principal desafío de la Arava se refiere a la vulnerabilidad de la agricultura tradicional mundialmente, por lo tanto la región debe invertir grandes esfuerzos en dos cosas.

La primera en encontrar la segunda generación de cultivos. En este punto estamos hablando del trabajo que realiza el Centro de Investigación & Desarrollo con las plantas nativas del desierto. Los científicos del centro buscan los componentes activos de estas plantas, que son capaces de sobrevivir las condiciones más extremas en el desierto, con el objetivo de usarlos en la cura de diferentes enfermedades como el Cáncer, ALS, Alzheimer y Diabetes entre otras. Estamos hablando de descubrimiento de medicinas basados en diferentes plantas que crecen naturalmente en el desierto y que traería consigo la segunda generación de cultivos que nos permitiría entrar en la industria farmacéutica e incluso cosmética. Aumentando el valor agregado de nuestra cadena productiva.

La segunda es la necesidad de diversificar las fuentes de ingreso de la región para que más familias puedan venir a vivir en esta región, con solo 2500 habitantes y una generación de pioneros que están ya en la tercera edad, es importante que nuevas familias lleguen a la región y se unan a nuestra misión de florecer el desierto. Por lo tanto el turismo, la academia, la investigación y otros proyectos de emprendimiento que se puedan realizar desde aquí son las prioridades del Consejo Municipal.

Yo creo que actualmente gracias a la tecnología el rango de trabajos que nos permiten trabajar desde la distancia ha aumentado considerablemente. Imagínate poder dedicarle a tu familia y a tus cosas el tiempo que en la ciudad pierdes en el tráfico de la mañana y de la tarde cuando vuelves a casa. En mi opinión vivir en un lugar sin polución, tráfico o peligros de la ciudad; rodeado de la tranquilidad y calma del desierto, donde tus hijos son libres para salir a jugar cuando quieran por donde quieran no tiene precio.

 

Para más información sobre Aravá: http://www.aicat-arava.com/

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