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Israel

Egipto/Crisis. Opinión: Paz al proceso

AJN.- Los acontecimientos en Egipto han vuelto mucho más cauteloso al primer ministro Netanyahu. O sea: las negociaciones políticas entraron en un profundo congelamiento.

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Por Shalom Yerushalmi/Maariv.- Benjamín Netanyahu mira hoy Egipto y ve Turquía A y Turquía B. La primera es la Turquía de la revolución de Ataturk y sus continuadores, que llevaron una vida relativamente moderna y un liberalismo que dejaron de lado al islam. La segunda lugar Turquía es la de Tayyip Erdogan y el gobernante partido islamista. La primera siempre cultivó las relaciones con Israel. La segunda fue arrastrada a un estado de relaciones difícil, pero no rompió completamente los platos. Israel estaba dispuesto a firmar hoy un modelo egipcio como éstos, tres días después de la renuncia del presidente Mubarak.
Hay también una Turquía C, a la cual aún no hemos llegado, y es -de hecho- Irán. Lo que comenzó en Teherán como una revolución de intelectuales, jóvenes y clase media que se oponían al sha de Persia, Reza Pahlevi, se transformó rápidamente en un gobierno islámico radical que aterrorizó a todo su entorno.
En los últimos días, Netanyahu mencionó muchas veces el nombre Shapour Bakhtiyar, el primer jefe de gobierno (iraní) después de la revuelta y antes de que el ayatollah Khomeini y sus compinches se hiciera cargo de la revolución. Ese escenario, tememos, también pueden darse en Egipto si los Hermanos Musulmanes formaran parte del gobierno o, Dios no lo permita, lo tomaran.
En esta situación, creen altos funcionarios, el primer país que caería en manos de los extremistas sería precisamente Jordania. El gobierno hachemita no resistiría frente a elementos radicalizados alentados por el precedente egipcio. En esa nueva realidad, Israel se encontraría ante un gran frente oriental, desde Pakistán hasta Jordania, sobre el cual Netanyahu advirtió hace mucho tiempo, pero todos se rieron de él. El resultado inmediato sería un congelamiento aún mayor del proceso de paz, sin vínculo alguno con la anunciada dimisión de Saeb Erekat, el titular del equipo negociador palestino. En otras palabras, ingresaríamos al congelador por mucho tiempo.
¿Acaso Obama nos abandonará también?
 
Netanyahu, si entendí bien, rechaza con desprecio, e incluso a los gritos, a quien lo insta a acelerar el proceso político para sacar rápidamente a los palestinos del círculo de hostilidad que se fortalece alrededor. El Netanyahu posterior a la revolución en Egipto es un Netanyahu mucho más cuidadoso y crítico. Cada centímetro de Judea y Samaria previsto para evacuar estará desde ahora bajo la lupa. El Valle del Jordán se examinará palmo a palmo. A la luz de los recientes acontecimientos, la línea de defensa del (río) Jordán y las comunidades del valle, a la cual (el ex primer ministro israelí) Ehud Olmert acordó renunciar, es tan importante para Netanyahu como Jerusalem.
También aumenta nuestra prevención una decepción por el comportamiento del presidente Obama y del gobierno de Estados Unidos. En las últimas dos semanas, Netanyahu y su gente se rompían la cabeza para entender qué llevaba a Obama a desentenderse de Mubarak tan rápidamente.
La explicación común es que unos Estados Unidos democráticos no pueden oponerse a una insurrección popular, siempre y cuando no se dirija contra ellos. En el momento en que los manifestantes de la plaza Tahrir levantaron carteles reclamando libertad -por lo general, en inglés- y no usaron la violencia, los estadounidenses se alinearon junto a ellos. Dicho sea de paso, nuestra élite política tiene la imagen de los países europeos como un “barco de idiotas” en relación con la revolución en Egipto.
¿Acaso Obama también nos abandonará algún día? Ésta es la pregunta que surca el aire en la Oficina del Primer Ministro y otros lugares. La respuesta inequívoca: Obama no podría, aun si lo quisiera. La Unión apoya a Israel y, en tiempos de emergencia para nosotros, Obama no podría enfrentarse al pueblo y la sociedad estadounidenses, ni al Congreso y el Senado. Y ni hablar del lobby judío. Lo que sí, Obama nos agregó más kilos de dudas y sospechas a su respecto. El proceso de paz, que Obama tanto quiere promover, retrocede muy amablemente. Israel siente, tras el antecedente egipcio, que no hay en quién confiar en ese gobierno. Ni en momentos de crisis, ni en tiempos de paz.
 
CGG

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Economía

Amazon comenzó a operar oficialmente en Israel

Agencia AJN.- El gigante de comercio electrónico, Amazon, comenzó oficialmente sus operaciones en Israel el domingo por la noche, ofreciendo entregas locales a clientes de varias marcas israelíes.

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Agencia AJN.- El tan esperado lanzamiento del sitio web, solo en inglés por ahora, proporcionará su programa de entrega local a vendedores profesionales con inventario en Israel que ofrecen envíos estándar de tres a cinco días. Se espera que el sitio web en idioma hebreo se publique en las próximas semanas.

Los consumidores israelíes que inician sesión en el sitio web de Amazon son recibidos por los principales vendedores locales, que ofrecen productos electrónicos, ropa, productos de cocina y otros artículos de consumo. Los compradores también pueden comprar marcas locales a precios indicados en shekels.

Las marcas locales que aprovechan los servicios de entrega local de Amazon incluyen Electra, Adika, SeboCalm, Shomrat Hazorea y 019mobile.

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El lanzamiento coincide con la oportunidad para los consumidores israelíes de comprar regalos para celebrar el Año Nuevo judío.

Para enviar productos a clientes israelíes, Amazon permitirá a los vendedores manejar entregas a través de sus transportistas preferidos.

En 2018, las ventas netas anuales de Amazon aumentaron un 31 por ciento, llegnado a 820,3 mil millones de shekels (232,9 mil millones de dólares), con ingresos por ventas de productos que alcanzaron casi los 500 mil millones de shekels. El mes pasado, la compañía anunció que las ventas netas aumentaron un 20 por ciento en el segundo trimestre, en comparación con el de 2018.

El gigante minorista emplea a casi 650,000 empleados de tiempo completo y de medio tiempo en todo el mundo, además de contratistas independientes y personal temporal.

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Israel

Opinión: ¿Los últimos días de Netanyahu? *Por Shlomo Ben-Ami

Agencia AJN.- Por fin, Israel dio un paso para alejarse del abismo nacionalista‑religioso al que lo estuvo conduciendo el primer ministro Binyamin Netanyahu. En la elección parlamentaria del 17 de septiembre (segunda que se celebra en el país en cinco meses), la “coalición natural” entre el partido Likud de Netanyahu, grupos judíos ortodoxos y facciones protofascistas no consiguió alcanzar el umbral de 61 escaños que hubiera permitido a Netanyahu formar otro gobierno.

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PRIME MINISTER BENJAMIN NETANYAHU

Agencia AJN.- Para Netanyahu, que pasó 13 años en el poder, esta elección sólo tuvo que ver en parte con su proyecto político nacionalista. Su principal objetivo era reproducir la única coalición que podría otorgarle inmunidad parlamentaria contra el juicio político que se cierne sobre él por acusaciones de fraude, soborno e incumplimiento de los deberes de funcionario público.

Netanyahu, luchando literalmente por su libertad, ignoró las normas de conducta jurídicas y éticas para una campaña. En primer lugar, se comprometió imprudentemente a anexar el valle del Jordán (parte de Cisjordania) sin ninguna evaluación estratégica de las consecuencias. Además, propuso un proyecto de ley que hubiera permitido a activistas del Likud colocar cámaras en los centros de votación; fracasada la moción, el Likud aseguró que los partidos de oposición estaban tratando de robarse la elección. En tanto, la página del primer ministro en Facebook advertía a sus partidarios que los árabes israelíes “quieren aniquilarnos a todos”.

Además, Netanyahu llamó a la población a boicotear el canal de televisión más popular de Israel por producir una serie “antisemita” sobre el secuestro y asesinato de un adolescente palestino a manos de extremistas judíos en 2014. En realidad, su propósito era evitar que el canal emitiera filtraciones relacionadas con la investigación penal que se le lleva adelante.

En su desesperación por ser reelecto, Netanyahu también agitó irresponsablemente las tensiones regionales con el objetivo de reforzar su reputación de ser el “Sr. Seguridad”. Los ataques israelíes contra blancos iraníes en Siria e Irak aumentaron exponencialmente de un día para el otro con abundante cobertura mediática (contra el consejo de los militares, que siempre han recomendado mantener la opacidad en estos asuntos).

Para colmo de osadía, Netanyahu consideró posponer todo el proceso electoral iniciando una guerra total contra Hamas en Gaza, algo que siempre había sido renuente a hacer. Felizmente, el jefe del Estado Mayor Conjunto israelí, Aviv Kohavi, y el fiscal general Avichai Mandelblit bloquearon la iniciativa, ya que según sostuvieron, Netanyahu no puede iniciar hostilidades sin seguir el debido proceso legal. En tanto, Netanyahu habló con Trump sobre un tratado de defensa entre Estados Unidos e Israel, una idea absurda, a la que todo el aparato de seguridad siempre se opuso, porque limitaría la libertad de acción de Israel.

Lamentablemente la conflictiva escena política de Israel y su sistema electoral absurdamente proporcional casi nunca producen resultados decisivos, y una vez más el país enfrenta un período de parálisis política. La alianza Azul y Blanco de Benny Gantz (una amalgama reciente de partidos de centroderecha liderada por tres ex jefes del Estado Mayor Conjunto) obtuvo una cantidad similar de escaños en el Likud. Pero no podrá formar una coalición alternativa viable con la disminuida izquierda del Partido Laborista y de la Unión Democrática (que incluye el nuevo partido del ex primer ministro Ehud Barak) y la Lista Unida Árabe.

Incluso si estos partidos fueran mayoría, se necesitaría un acto dramático de coraje político para que tres exgenerales armen gobierno con un partido árabe formado por grupos antisionistas e islamistas. Pero excluir a la Lista Unida del proceso de formación de coalición sería un error imperdonable. Estas facciones parlamentarias árabes representan un deseo genuino dentro de la minoría árabe israelí (que comprende el 20% de la población y en la actualidad pasa por un importante proceso de “israelización”) de formar parte de un proyecto político plenamente israelí basado en la gobernanza democrática y en poner fin a la política de la xenofobia y la incitación.

La cuestión se complica todavía más porque la salida del atasco postelectoral pasa por el partido Yisrael Beitenu de Avigdor Lieberman. Lieberman, un cínico de la política famoso por sus estallidos contra los árabes y por su fervor anexionista (él mismo vive en un asentamiento en Cisjordania), logró casi duplicar la cantidad de escaños obtenidos por su partido. Para ello, prometió que sólo aceptará formar parte de un gran gobierno de unidad nacional con el Likud y Azul y Blanco, pero sin los partidos ortodoxos y la ultraderecha mesiánica. Azul y Blanco terminó secundando la propuesta de Lieberman, pero con una condición crucial: no compartirá el poder con un Netanyahu procesado.

De modo que la batalla política ahora se centrará en la pregunta clave de esta elección: ¿Netanyahu, sí o no? ¿Cumplirá Azul y Blanco su promesa? ¿Hallarán los miembros del Likud el coraje para desbancar a su líder (algo que debería ser más fácil ahora que su hechizo está claramente roto)?

Nunca hay que subestimar el ingenio de los políticos israelíes para eludir los principios que profesan. Una salida del atasco podría ser la gran coalición de Lieberman, pero con rotación del cargo de primer ministro entre Gantz y Netanyahu, por la que el primero encabece el nuevo gobierno durante los primeros dos años del mandato mientras Netanyahu se ocupa de sus problemas con la ley. Pero esta es sólo una de muchas opciones creativas que pueden aparecer en los próximos días.

Es evidente que esta elección no ha sido una victoria para el campo israelí de la paz, ni tampoco para la centroizquierda. Cualquiera sea el gobierno que surja, no resucitará la solución de dos estados, hoy prácticamente muerta, y lo más probable es que lance una campaña militar a gran escala contra Hamas en Gaza (algo en lo que coinciden los dos partidos principales). También es probable que apoye el “acuerdo del siglo” del presidente estadounidense Donald Trump, un plan para fortalecer la economía palestina al que previsiblemente los palestinos no se sumarán.

Sin embargo, el resultado de la elección es un alivio, y está bien sentirlo como un soplo de aire fresco. Los votantes israelíes frenaron el descenso del país hacia una teocracia xenófoba (ojalá no sea sólo en forma temporal). Además, no es logro menor haberle puesto un alto a Netanyahu, con sus modos imperiales y su política divisiva de odio e incitación.

Quizá el poeta nacional israelí Nathan Alterman hubiera descrito el resultado como una “alegría de pobres”, título del que tal vez sea su libro más famoso. Pero en un país otra vez absorto en la negociación política, en medio de un aumento de tensiones regionales, hay que ver cuánto durará la euforia, y si Netanyahu verdaderamente abandonó la escena política.

Por: Sholomo Ben-Ami
Fuente: Project Syndicate
Traducción: Esteban Flamini

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