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Opinión

Israel debe trabajar para frenar las ambiciones nucleares de Irán

El objetivo de Israel es evitar que Irán produzca suficiente uranio enriquecido para convertirse en un estado con umbral nuclear. Al no haberse fijado un plazo real para las conversaciones de Viena, a los funcionarios israelíes les preocupa que puedan prolongarse durante meses, mientras Irán aprovecha el tiempo para continuar con su programa de enriquecimiento de uranio.

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Agencia AJN.- Editorial publicada en The Jerusalem Post. El objetivo de Israel es impedir que Irán produzca suficiente uranio enriquecido para convertirse en un estado con umbral nuclear.

Al reanudarse el lunes en Viena, tras una pausa de cinco meses, la séptima ronda de conversaciones internacionales entre el Reino Unido, Francia, China, Rusia, Alemania e Irán sobre el programa nuclear de Teherán, funcionarios israelíes se pronunciaron en declaraciones oficiales publicadas por la Oficina de Prensa del Gobierno en inglés. Aunque su objetivo es esencialmente el mismo -detener las ambiciones nucleares de Irán- transmitieron mensajes ligeramente diferentes.

Merece la pena publicarlos para que quede constancia de ellos, empezando por el primer ministro Naftali Bennett, que emitió la siguiente declaración, articulando una política dura que no difiere de la de su predecesor, Benjamín Netanyahu.

«Hoy, Irán llegará a las negociaciones de Viena con un objetivo claro: acabar con las sanciones a cambio de casi nada. Irán no se limitará a mantener su programa nuclear; a partir de hoy, les pagarán por ello. Irán no oculta sus intenciones. Hace apenas un par de días, el alto mando de las Fuerzas Armadas de Irán declaró, y cito: ‘No retrocederemos en la aniquilación de Israel, ni siquiera un milímetro’,», dijo Bennett.

Esta misma semana, el régimen iraní disparó a su propio pueblo en las calles de Isfahan por atreverse a protestar por la falta de agua en su país. Sí, dispararon a sus propios ciudadanos sólo por tener sed. Un régimen tan asesino no debería ser recompensado.

«A pesar de las violaciones y el socavamiento de las inspecciones nucleares por parte de Irán, hay quienes piensan que se merecen que se eliminen las sanciones y que se viertan cientos de miles de millones de dólares en su podrido régimen. Se equivocan’’, aseguró Bennett. Y agregó que «Irán no se merece ninguna recompensa, ningún trato de ganga ni ningún alivio de las sanciones a cambio de su brutalidad. Hago un llamamiento a nuestros aliados de todo el mundo: No cedan al chantaje nuclear de Irán».

El ministro de Defensa de Israel, Benny Gantz, que tiene previsto tratar la cuestión iraní con funcionarios estadounidenses en Washington la próxima semana, se mostró más conciliador, sin oponerse a las negociaciones internacionales con Irán.

«En los últimos días, los equipos israelíes han compartido información de inteligencia con nuestros amigos de todo el mundo que apunta al actual proceso de Irán de precipitarse hacia un arma nuclear, violando descaradamente el acuerdo que está en vigor con Europa. A nuestros socios les insisto: el tiempo que pase debe tener un precio expresado en sanciones o alternativas militares, para que Irán detenga su carrera nuclear y su agresión regional. No nos oponemos a las negociaciones, pero no debemos cooperar con su estancamiento. Reconocemos la labor de la comunidad internacional para alcanzar una solución diplomática con los iraníes, pero debemos seguir manteniendo, como país fuerte e independiente, la capacidad de defendernos», expresó Gantz.

Por otro lado, el ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Yair Lapid, que el martes concluyó un viaje de tres días a Londres y París en el que se reunió con el primer ministro británico, Boris Johnson, y con el presidente francés, Emanuel Macron, fue un paso más allá e instó a Europa a que no se eliminen las sanciones a Irán, manteniendo la amenaza de una acción militar y a que prepare un «plan B» en caso de que se rompan las conversaciones con Teherán.

«Después de muchos años, la posición de Israel está siendo escuchada y la posición de Israel es firme», dijo Lapid a Macron. Las sanciones a Irán no deben ser eliminadas. Las sanciones deben reforzarse. Hay que poner una verdadera amenaza militar ante Irán porque es la única manera de detener su carrera para convertirse en una potencia nuclear», dijo Lapid.

Haciéndose eco de una declaración que hizo tras reunirse con el secretario de Estado estadounidense Antony Blinken en Washington el 13 de octubre, Lapid subrayó la necesidad de desarrollar un plan B efectivo si la República Islámica se niega a volver a las negociaciones sustantivas para salvar el acuerdo nuclear de 2015 conocido como JCPOA.

El objetivo de Israel es evitar que Irán produzca suficiente uranio enriquecido para convertirse en un estado con umbral nuclear. Al no haberse fijado un plazo real para las conversaciones de Viena, a los funcionarios israelíes les preocupa que puedan prolongarse durante meses, mientras Irán aprovecha el tiempo para continuar con su programa de enriquecimiento de uranio.

En este momento es crucial que Israel siga de cerca las conversaciones con Teherán y que los líderes israelíes transmitan un mensaje similar al unísono, claro y eficaz. Israel debe defender su seguridad y trabajar junto a Estados Unidos y sus aliados europeos para frenar las aspiraciones nucleares de Irán, que suponen una amenaza no sólo para Israel, sino para todo el mundo.

Fuente: The Jerusalem Post.

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El plan anti-inflacionario de Israel y la necesidad de la unidad nacional

En la década del 80, el laborismo y el Likud llevaron adelante un plan de estabilización que sentó las bases del estado moderno.

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Por Mariano Caucino*

Acaso como consecuencia de las urgencias de la necesidad, en los años 80 los principales dirigentes políticos de Israel decidieron poner en marcha un plan anti-inflacionario que sentó las bases del estado moderno y pujante de nuestros días.

Corría el año 1984 cuando una elección prácticamente empatada determinó que los dos principales partidos políticos consiguieran un número casi equivalente de asientos en la Knesset (Parlamento) obligando a sus líderes a conformar un gobierno de unidad nacional.

Uniendo lo útil con lo conveniente, el laborismo y el Likud (derecha) decidieron un acuerdo de rotación en el cargo de Primer Ministro. Reservando las carteras clave de Defensa y Relaciones Exteriores para los jefes del partido político que no ocupaba la titularidad del gobierno.

Pero para entonces la economía estaba descontrolada. La inflación anualizada se acercaba a la escandalosa cifra de 400 por ciento. El déficit fiscal alcanzaba el quince por ciento del Producto Bruto y el país se asomaba peligrosamente al default de su deuda pública.

Las exigencias de la política exterior, la necesaria expansión de los gastos de defensa y la crisis energética de los años 70 habían determinado un exponencial aumento del peso del gasto público sobre el PBI.

La hora pondría a Shimon Peres frente a un desafío histórico. En el verano de ese año, el laborista había alcanzado el acuerdo de rotación por el cual serviría como premier durante la primera mitad del mandato de cuatro años y sería sucedido por quien hasta entonces había sido líder de la oposición en el último bienio.

Fue entonces cuando Peres y sus socios encontraron que la necesidad podía brindar una oportunidad de resolver el persistente drama económico del país. Un equipo de economistas liderados por quien sería gobernador del Banco de Israel (Banco Central), Michael Bruno, pondrían en marcha el llamado “Programa Económico de Estabilización”. El mismo contemplaba una drástica reducción del déficit fiscal a través de una decidida reducción de los subsidios, una devaluación de la moneda local (Shekel) de un 20 por ciento y un congelamiento de precios, salarios y la tasa de cambio. Una brusca elevación de la tasa de interés puso en riesgo la posibilidad de hundir al país en una profunda recesión y un aumento del desempleo.

El programa tenía todos los componentes como para ser altamente impopular. Pero Peres era un hábil negociador. Y mediante un acuerdo con la Histadrut (la mayor central obrera) lograría que los salarios se ajustaran de acuerdo con un sistema controlado de incrementos homologado con las metas de inflación.

Peres se garantizaría la asistencia fundamental del gobierno de los Estados Unidos. A la vez que la Administración Reagan firmaría en 1985 el primer acuerdo de libre comercio con Israel y vería con buenos ojos que un grupo de economistas norteamericanos -entre los que se destacaría Stanley Fischer- pasase a asesorar a su gobierno.

El momento decisivo tendría lugar el 1 de julio de 1985, cuando Peres empleó todo su poder de persuasión durante una interminable reunión de gabinete que se extendió durante casi veinte horas hasta lograr que los ministros aprobaran su ambicioso pero controvertido programa anti-inflacionario. Aquel día lograría que los propios ministros del Likud acompañaran su política. Uno de ellos era nada menos que quien sería su sucesor, Yitzhak Shamir, quien entonces ocupaba la cartera de Relaciones Exteriores.

El programa implicaba un paquete de medidas tendientes a recuperar la economía del país y que abrirían las puertas al Israel moderno de nuestros días, a través de un abandono de las rigideces del modelo colectivista cuasi-socialista de los los años 50 y 60. Una política no exenta de dificultades. Al extremo que entrañaba nada menos que adoptar la dolorosa medida de sacrificar el fomento a los tradicionales kibutz.

Un socialista como Peres había comprendido la gravedad de la situación. El alza de los precios se había espiralizado y se deslizaba peligrosamente a la hiperinflación. El déficit del gobierno debía ser reducido drásticamente. Cuatro de los cinco principales bancos del país habían sido nacionalizados y las reservas internacionales se acercaban a cero. El país necesitaba abandonar el intervencionismo estatal y desregular el funcionamiento de su economía.

El programa tendría un éxito extraordinario. En pocos meses la inflación se reduciría al 20 por ciento anual y el desempleo subiría pero en una proporción infinitamente menor a la esperada (poco más de un punto entre 1984 y 1986).

El triunfo de la política anti-inflacionaria terminaría de consolidarse cuando en 1986 Peres fue reemplazado por Shamir, en cumplimiento del acuerdo de rotación en el cargo de Primer Ministro. El líder del Likud había comprendido que la lucha contra la inflación debía tomarse como una política de Estado. En la década siguiente se ubicó por debajo del 10 por ciento. Y nunca más superó el cinco por ciento.

Stanley Fischer -quien luego sería titular del Banco Central israelí- explicó años más tarde que el programa israelí había tenido la audacia de combinar inteligentemente elementos ortodoxos y heterodoxos. Por caso, había reunido políticas fiscales de recortes de gastos con congelamientos de precios.

Casi cuatro décadas después de poner en marcha su programa de estabilización y crecimiento, Israel es hoy uno de los países más pujantes del mundo. Y pese a su reducida población y su difícil contexto geopolítico, se ha elevado entre las naciones más desarrolladas, dinámicas e innovadoras del mundo actual.

Cuando tuve el honor de servir a mi país como embajador en Israel durante el gobierno del Presidente Mauricio Macri pude comprobar el orgullo que la clase dirigente israelí tiene por la capacidad de encontrar acuerdos a pesar de las diferencias. Una habilidad frecuentemente alcanzada en las áreas cruciales del manejo económico y en materia de Defensa.

Mientras tanto, con dolor advierto cómo entre nosotros podemos estar tan lejos de ese espíritu de unidad ante la adversidad. Y cómo no podemos superar el triste espectáculo al que asistimos, en el que peleas y disputas por minúsculas motivaciones nos hunden día a día. A menudo fabricando problemas donde no los hay y atándonos irracionalmente al estancamiento y la postración.

De pronto atrapados por una pasión mal entendida que clausura la búsqueda de fórmulas de entendimiento para superar el dramático presente y revertir el camino de decadencia al que no podemos resignarnos.

*Especialista en relaciones internacionales. Ex embajador en Israel y Costa Rica.

Fuente: Infobae

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¿Planea Hamás hacerse con el control de Cisjordania? – Análisis

Según algunos informes, las fuerzas de seguridad de la AP incautaron de grandes cantidades de armas y explosivos en la localidad de Beitunia, al suroeste de Ramallah, que pertenecían a una célula de Hamás.

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Estudiantes palestinos con banderas de Hamás durante una manifestación en la Universidad de Birzeit, cerca de Ramallah, la semana pasada. (Crédito de la foto: FLASH90)

Agencia AJN.- Hamás está planeando dar un golpe de estado no violento contra la Autoridad Palestina (AP)tomando el control de universidades, sindicatos y otras instituciones en Cisjordania, advirtió Tawfik Tirawi, ex jefe del Servicio General de Inteligencia de la AP.

La advertencia se produjo tras la victoria de Hamás en las recientes elecciones al consejo estudiantil de la Universidad de Bir Zeit, al norte de Ramallah, y en algunos sindicatos profesionales.

También se afirmó que varios miembros de Hamás de la zona de Ramallah planearon llevar a cabo ataques contra instalaciones civiles y de seguridad clave de la AP. Según algunos informes, las fuerzas de seguridad de la AP incautaron grandes cantidades de armas y explosivos en la localidad de Beitunia, al suroeste de Ramallah, que pertenecían a una célula de Hamás.

Hamás negó cualquier relación con las armas.

Un alto funcionario palestino dijo a The Jerusalem Post que la AP informó a Egipto y a otras partes árabes y extranjeras sobre el supuesto golpe de Hamás.

Tirawi expresó su «pesar» por el hecho de que algunos palestinos estén ayudando a Hamás en su esfuerzo por extender el control más allá de la Franja de Gaza.

«Desgraciadamente, Hamás está trabajando con algunos hermanos de la OLP y otras facciones palestinas, a las que respeto», expresó Tirawi, miembro del Comité Central de Fatah, el órgano de decisión de la facción gobernante encabezado por el presidente de la AP, Mahmud Abbas. «Quieren tomar el control de las universidades, los sindicatos, los gremios y los consejos municipales [en Cisjordania]. Quieren controlar todas las instituciones palestinas», agregó.

Tirawi explicó que una vez que Hamás se haga con el control de estos organismos mediante elecciones, será difícil argumentar que la toma de posesión no fue legítima.

«Nadie podrá argumentar que son ilegítimos, ni los estadounidenses ni los árabes ni los palestinos, porque Hamás llegó [al poder] mediante elecciones. Después de que Hamás se haga con el control de estas instituciones, iniciarán huelgas y perturbarán la vida normal. Provocarán el colapso de cualquier gobierno [de la AP]», señaló Tirawi.

Recientemente, la lista del Bloque Islámico, afiliado a Hamás, obtuvo una victoria aplastante en las elecciones al consejo estudiantil de la Universidad de Bir Zeit. La victoria fue vista como una derrota humillante para Fatah.

«Hamás está haciendo un gran esfuerzo para hacerse con el control de muchas instituciones palestinas en Cisjordania, y hasta ahora parece que estos esfuerzos tuvieron éxito», detalló el experimentado funcionario de Al Fatah que anteriormente fue ministro del gobierno de la AP.

A principios de este año, Al Fatah perdió las elecciones al consejo estudiantil de la Universidad de Belén frente al Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), de carácter marxista.

Los partidarios de Hamás y del FPLP también derrotaron a Al Fatah en las elecciones de los sindicatos de farmacéuticos, médicos e ingenieros palestinos. Varios candidatos «independientes» apoyados por Hamás ganaron también en las últimas elecciones municipales, aunque boicoteadas por Hamás.

El mes pasado, estallaron violentos enfrentamientos entre estudiantes de Hamás y Fatah en la Universidad Nacional An-Najah de Nablus. Los guardias de seguridad de la universidad y los agentes de seguridad de la Autoridad Palestina fueron filmados golpeando a estudiantes y miembros de la facultad afiliados a Hamás.

La administración de la Universidad An-Najah se vio obligada posteriormente a dar marcha atrás en su decisión de expulsar a 10 estudiantes afiliados a Hamás que fueron acusados de iniciar la violencia.

Las renovadas conversaciones sobre el ostensible plan de Hamás para dar un golpe de Estado en Cisjordania son una muestra más de la continua tensión entre el movimiento islamista y Al Fatah.

La tensión alcanzó su punto álgido el 15 de junio de 2007, cuando Hamás se hizo con el control de la Franja de Gaza tras derrocar a la AP. Desde entonces se hicieron varios intentos de los países árabes e islámicos de poner fin a la rivalidad entre ambos movimientos.

A principios de esta semana, Abbas y el líder de Hamás, Ismail Haniyeh, se reunieron brevemente en Argelia durante la celebración del Día de la Independencia del país. Fuentes palestinas descartaron la posibilidad de que el encuentro, el primero de este tipo en seis años, condujera a una reconciliación entre Al Fatah y Hamás.

Los responsables de Hamás, por su parte, criticaron duramente a las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina por seguir reprimiendo a los partidarios del grupo en Cisjordania. Además, expresaron que las fuerzas de seguridad de la AP detuvieron a decenas de seguidores de Hamás en las últimas semanas, como parte de un plan para «silenciar e intimidar» a los críticos y opositores políticos de los dirigentes palestinos con sede en Ramallah.

Artículo publicado por Khaled Abu Toameh en The Jerusalem Post.

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