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Opinión

Opinión. La Unesco declara Hebrón como patrimonio mundial palestino y provoca el enfado de Israel. Por Sal Emergui*

AJN.- Nueva batalla entre la Unesco e Israel en el marco de la guerra diplomática internacional entre israelíes y palestinos. Si hace unos meses el motivo de la disputa era Jerusalén, ahora le toca el turno a Hebrón en Cisjordania.

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Hebrón

Reunido en la ciudad polaca de Cracovia, el Comité del patrimonio mundial de la agencia de Educación, Ciencia y Cultura de la ONU ha votado a favor de una propuesta palestina según la cual el casco histórico de Hebrón – incluyendo lo que para los judíos es la «Tumba de los Patriarcas» y para los musulmanes la «Mezquita de Ibrahim» – es patrimonio mundial de Palestina y «zona protegida con un valor universal excepcional». De esta forma, ingresa en la lista de sitios en peligro según la Unesco.

El casco antiguo de Hebrón se convierte en el tercer sitio de patrimonio mundial registrado como Palestina por la Unesco desde que este organismo la reconoció como Estado hace seis años.Los otros dos son la Iglesia de la natividad de Belén y Batir.

La resolución, que ha contado con 12 votos a favor, seis abstenciones y tres en contra, establece que los lugares citados son islámicos negando su relación con el judaísmo. Los judíos consideran la Tumba de los Patriarcas de Hebrón como el segundo lugar más sagrado de su religión. Las tradiciones judias y coránicas sitúan allí los restos de Abraham, su esposa Sarah y su hijo Isaac, entre otros.

En el casco antiguo de la ciudad situada en la zona ocupada por Israel en la guerra del 67 hoy viven alrededor de 200.000 palestinos y varios centenares de colonos israelíes.

Los intentos de Israel y EEUU de evitar la votación que definieron como «política» han caído en saco roto en el foro formado por 21 países: Túnez, Angola, Turquía, Azerbaiyán, Burkina Faso, Croacia, Cuba, Finlandia, Indonesia, Jamaica, Kazajistán, Kuwait, Líbano, Perú, Filipinas, Polonia, Portugal, Corea del Sur, Tanzania, Zimbabwe y Vietnam.

Según la prensa israelí, el embajador de Israel ante la Unesco, Carmel Shama HaCohen, denunció al alcalde de Hebrón, Tayseer Abu Sneineh, elegido hace dos meses y presente en la votación en Cracovia: «Es un terrorista que cumplió una condena en la cárcel en los años 80 por el asesinato de israelíes».

Enfado israelí y aplauso palestino

El liderazgo palestino ha aplaudido el resultado de la votación de Unesco mientras en Israel el monumental enfado une a la coalición y oposición.

Aunque el ministerio de Exteriores ha intentado restar importancia («falsea la historia y es una decisión irrelevante más de un organismo cada vez más irrelevante»), las reacciones en Israel han sido numerosas y llenas de malestar.

«La decisión de Unesco es vergonzosa. La relación del pueblo judío con Hebrón existe desde hace miles de años. El lugar donde descansan nuestros ancestros. Es decepcionante ver cómo una y otra vez la Unesco niega la historia sirviendo de forma consciente a aquellos que desean hacer desaparecer el Estado judío del mapa», replicó el ministro de Educación, Naftali Bennett que añadió: «Israel no volverá a colaborar con la Unesco siempre y cuando siga siendo un órgano meramente político y parcial».

El ministro de Seguridad Interna, Gilad Erdan, denuncia que «mientras Daesh (IS) destruye sitios de herencia histórica en Siria e Iraq, la Unesco prefiere centrarse en Hebrón y la Tumba de los Patriarcas que no estuvo y no estará en peligro siempre y cuando Israel exista».

La resolución de Unesco ha irritado también en la oposición. El líder centrista Yair Lapid – según los sondeos, el principal rival del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu – ha sido rotunda: «Es una despreciable falsificación de la historia. Es una decisión que, en el mejor de los casos proviene de la ignorancia absoluta y, en el peor de los casos, de la hipocresía y el antisemitismo».

«La relación del pueblo judío con Hebrón existe desde hace miles de años» Naftali Bennett, Ministro de Educación israelí.

A finales del 2016, el Gobierno israelí suspendió su cooperación con la Unesco en protesta por una resolución que condenaba las acciones de Israel como «potencia ocupante» en Jerusalén y desvinculaba cualquier relación con «Har Bayit» (Monte del Templo) para los judíos o «Haram al Sharif» (Explanada de las mezquitas) para los musulmanes.

El Gobierno palestino, por su parte, señala que la resolución de este viernes es fruto de la campaña internacional que lidera contra la ocupación. «La Unesco desbarata los argumentos falsos y demandas israelíes de incluir ese lugar como herencia judía», afirma.

El ministro palestino de Exteriores, Riad Malki, elogió la «victoria de la diplomacia palestina para abortar la presión israelí y estadounidense a los países miembros. Israel quiso manipular los hechos pero Hebrón es una ciudad palestina».

El ministerio de Turismo y Arqueología de la Autoridad Nacional Palestina, señaló que «Al Jalil (nombre en árabe de Hebrón) necesita de forma urgente una protección ante los ataques israelíes que dañan su excepcional valor internacional». «Hebrón y su histórica mezquita pertenecen por historia al pueblo palestino», ha señalado la ministra Rula Maayah.

A nivel práctico la resolución de la Unesco seguramente no cambiará la situación en uno de los lugares que más simbolizan el conflicto territorial, político y religioso desde hace cien años.

Lo que sí ha hecho la Unesco este viernes es consolidar el mensaje de los líderes de ambos pueblos. El presidente palestino, Abu Mazen, podrá decir a los suyos que «es una victoria más de la exitosa campaña diplomática internacional frente a la ocupación en Cisjordania y Al Quds (Jerusalén)».

Netanyahu podrá denunciar ante los suyos «otra decisión alucinante de la Unesco». «¿No es judio el lugar donde están enterrados Abraham, Isaac y Jacob, Sarah, Rebecca y Lea? ¡Nuestros padres y madres! ¿Está en peligro? Sólo en lugares donde está Israel, se garantiza la libertad de culto para todos», ha afirmado esta tarde.

*Por Sal Emergui para El Mundo

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Israel

Opinión: ¿Los últimos días de Netanyahu? *Por Shlomo Ben-Ami

Agencia AJN.- Por fin, Israel dio un paso para alejarse del abismo nacionalista‑religioso al que lo estuvo conduciendo el primer ministro Binyamin Netanyahu. En la elección parlamentaria del 17 de septiembre (segunda que se celebra en el país en cinco meses), la “coalición natural” entre el partido Likud de Netanyahu, grupos judíos ortodoxos y facciones protofascistas no consiguió alcanzar el umbral de 61 escaños que hubiera permitido a Netanyahu formar otro gobierno.

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PRIME MINISTER BENJAMIN NETANYAHU

Agencia AJN.- Para Netanyahu, que pasó 13 años en el poder, esta elección sólo tuvo que ver en parte con su proyecto político nacionalista. Su principal objetivo era reproducir la única coalición que podría otorgarle inmunidad parlamentaria contra el juicio político que se cierne sobre él por acusaciones de fraude, soborno e incumplimiento de los deberes de funcionario público.

Netanyahu, luchando literalmente por su libertad, ignoró las normas de conducta jurídicas y éticas para una campaña. En primer lugar, se comprometió imprudentemente a anexar el valle del Jordán (parte de Cisjordania) sin ninguna evaluación estratégica de las consecuencias. Además, propuso un proyecto de ley que hubiera permitido a activistas del Likud colocar cámaras en los centros de votación; fracasada la moción, el Likud aseguró que los partidos de oposición estaban tratando de robarse la elección. En tanto, la página del primer ministro en Facebook advertía a sus partidarios que los árabes israelíes “quieren aniquilarnos a todos”.

Además, Netanyahu llamó a la población a boicotear el canal de televisión más popular de Israel por producir una serie “antisemita” sobre el secuestro y asesinato de un adolescente palestino a manos de extremistas judíos en 2014. En realidad, su propósito era evitar que el canal emitiera filtraciones relacionadas con la investigación penal que se le lleva adelante.

En su desesperación por ser reelecto, Netanyahu también agitó irresponsablemente las tensiones regionales con el objetivo de reforzar su reputación de ser el “Sr. Seguridad”. Los ataques israelíes contra blancos iraníes en Siria e Irak aumentaron exponencialmente de un día para el otro con abundante cobertura mediática (contra el consejo de los militares, que siempre han recomendado mantener la opacidad en estos asuntos).

Para colmo de osadía, Netanyahu consideró posponer todo el proceso electoral iniciando una guerra total contra Hamas en Gaza, algo que siempre había sido renuente a hacer. Felizmente, el jefe del Estado Mayor Conjunto israelí, Aviv Kohavi, y el fiscal general Avichai Mandelblit bloquearon la iniciativa, ya que según sostuvieron, Netanyahu no puede iniciar hostilidades sin seguir el debido proceso legal. En tanto, Netanyahu habló con Trump sobre un tratado de defensa entre Estados Unidos e Israel, una idea absurda, a la que todo el aparato de seguridad siempre se opuso, porque limitaría la libertad de acción de Israel.

Lamentablemente la conflictiva escena política de Israel y su sistema electoral absurdamente proporcional casi nunca producen resultados decisivos, y una vez más el país enfrenta un período de parálisis política. La alianza Azul y Blanco de Benny Gantz (una amalgama reciente de partidos de centroderecha liderada por tres ex jefes del Estado Mayor Conjunto) obtuvo una cantidad similar de escaños en el Likud. Pero no podrá formar una coalición alternativa viable con la disminuida izquierda del Partido Laborista y de la Unión Democrática (que incluye el nuevo partido del ex primer ministro Ehud Barak) y la Lista Unida Árabe.

Incluso si estos partidos fueran mayoría, se necesitaría un acto dramático de coraje político para que tres exgenerales armen gobierno con un partido árabe formado por grupos antisionistas e islamistas. Pero excluir a la Lista Unida del proceso de formación de coalición sería un error imperdonable. Estas facciones parlamentarias árabes representan un deseo genuino dentro de la minoría árabe israelí (que comprende el 20% de la población y en la actualidad pasa por un importante proceso de “israelización”) de formar parte de un proyecto político plenamente israelí basado en la gobernanza democrática y en poner fin a la política de la xenofobia y la incitación.

La cuestión se complica todavía más porque la salida del atasco postelectoral pasa por el partido Yisrael Beitenu de Avigdor Lieberman. Lieberman, un cínico de la política famoso por sus estallidos contra los árabes y por su fervor anexionista (él mismo vive en un asentamiento en Cisjordania), logró casi duplicar la cantidad de escaños obtenidos por su partido. Para ello, prometió que sólo aceptará formar parte de un gran gobierno de unidad nacional con el Likud y Azul y Blanco, pero sin los partidos ortodoxos y la ultraderecha mesiánica. Azul y Blanco terminó secundando la propuesta de Lieberman, pero con una condición crucial: no compartirá el poder con un Netanyahu procesado.

De modo que la batalla política ahora se centrará en la pregunta clave de esta elección: ¿Netanyahu, sí o no? ¿Cumplirá Azul y Blanco su promesa? ¿Hallarán los miembros del Likud el coraje para desbancar a su líder (algo que debería ser más fácil ahora que su hechizo está claramente roto)?

Nunca hay que subestimar el ingenio de los políticos israelíes para eludir los principios que profesan. Una salida del atasco podría ser la gran coalición de Lieberman, pero con rotación del cargo de primer ministro entre Gantz y Netanyahu, por la que el primero encabece el nuevo gobierno durante los primeros dos años del mandato mientras Netanyahu se ocupa de sus problemas con la ley. Pero esta es sólo una de muchas opciones creativas que pueden aparecer en los próximos días.

Es evidente que esta elección no ha sido una victoria para el campo israelí de la paz, ni tampoco para la centroizquierda. Cualquiera sea el gobierno que surja, no resucitará la solución de dos estados, hoy prácticamente muerta, y lo más probable es que lance una campaña militar a gran escala contra Hamas en Gaza (algo en lo que coinciden los dos partidos principales). También es probable que apoye el “acuerdo del siglo” del presidente estadounidense Donald Trump, un plan para fortalecer la economía palestina al que previsiblemente los palestinos no se sumarán.

Sin embargo, el resultado de la elección es un alivio, y está bien sentirlo como un soplo de aire fresco. Los votantes israelíes frenaron el descenso del país hacia una teocracia xenófoba (ojalá no sea sólo en forma temporal). Además, no es logro menor haberle puesto un alto a Netanyahu, con sus modos imperiales y su política divisiva de odio e incitación.

Quizá el poeta nacional israelí Nathan Alterman hubiera descrito el resultado como una “alegría de pobres”, título del que tal vez sea su libro más famoso. Pero en un país otra vez absorto en la negociación política, en medio de un aumento de tensiones regionales, hay que ver cuánto durará la euforia, y si Netanyahu verdaderamente abandonó la escena política.

Por: Sholomo Ben-Ami
Fuente: Project Syndicate
Traducción: Esteban Flamini

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Israel

Una mirada sobre las elecciones en Israel. Por Shraga Wilk*

Agencia AJN.- En Israel, el escenario actual complica la posibilidad de hacer coaliciones. Los partidos tienen la tarea de tratar de redondear un cuadrado. Se intentan incluir diversos ejes en una sola idea de gobierno. Así, las coaliciones no terminan siendo claras o naturales, convirtiéndose en alianzas muy frágiles.

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Agencia AJN.- Los desafíos a los cuales la sociedad israelí se enfrenta en estas elecciones abarcan distintos ejes. No es como en Argentina, donde principalmente están el eje social y el económico. O como en España, que además del social y económico, está el referido a Cataluña. En Israel tenemos cuatro ejes: el conflicto árabe-israelí, la economía de izquierda-derecha, el eje religioso-laico y la integración de los árabes como ciudadanos plenos o no.

Cada partido tiene en su ideología una referencia a cada uno de los ejes, que implican muchas combinaciones. Uno puede ser de izquierda desde el punto de vista del conflicto árabe-israelí y de derecha económicamente hablando. También podría ser de derecha en cuanto a lo religioso, pero de izquierda en cuanto a lo civil. La divergencia es muy grande y eso genera que haya una gran diversidad de partidos.

Este escenario complica la posibilidad de hacer coaliciones. Los partidos tienen la tarea de tratar de redondear un cuadrado. Se intentan incluir todos los ejes en una sola idea de gobierno. Por eso, la situación es difícil y los sectores están tan segmentados. Las coaliciones no terminan siendo claras o naturales. Hay contradicciones y acuerdos dependiendo de los ejes, convirtiendo a las coaliciones en alianzas muy frágiles.

Dentro de los ejes, hay algunos que la población considera más importantes, porque no existe ningún partido que acople exactamente las ideas de cada ciudadano.

El Gobierno de Benjamín Netanyahu tuvo muchos éxitos en algunos aspectos y en otros no. Pero también, la crítica está dirigida a la cantidad de tiempo que lleva el mismo primer ministro en un país democrático. Se cree que hay que renovar y darle oportunidad a nuevas figuras, nuevos pensamientos. Por lo cual, se crea un quinto eje: Netanyahu sí o no.

¿Por qué Israel no ha podido crear dirigentes superadores a Netanyahu?
Dicen que la democracia es el mejor sistema entre los peores. Es decir, no es un sistema perfecto. Y en los últimos tiempos, la democracia llevó a que absolutamente todo se elija. Los partidos escogen dentro de sus miembros a los que los dirigen. Cuando los partidos tenían un sistema con una comisión que designaba a sus integrantes, reclutaban opinióna personas de la academia o egresados del ejército. Pero hoy en día, mucha gente muy capaz se retiró de los partidos, por sus incapacidades de poder hacer campañas populares. Hoy en día, los dirigentes no son aquellos más capaces, si no los más habilidosos para hacer campaña política. Así se bajó el nivel de los dirigentes y se creó una generación en dónde falta compromiso real.

No por ello se pierden las esperanzas de que poco a poco se pueda lograr un equilibrio, entre los dirigentes de antes y los de ahora. Una generación de líderes que puedan combinar ambas cosas: hacer campañas populares, pero también ser capaces.

*Shraga Wilk es representante para América Latina de la Organización Sionista Mundial

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