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Opinión

Análisis. Joe Biden quiere borrar los últimos cuatro años. En Medio Oriente, eso no será fácil

Agencia AJN.- Una nueva realidad política ha amanecido en Washington. En Medio Oriente, israelíes, saudíes, iraníes, palestinos y muchos otros se preparan para un cambio dramático similar en las políticas de Estados Unidos hacia la región, aunque no queda claro cómo actuara la superpotencia. Parte de esa cautela tiene su origen en el imposible acto de malabarismo que supone mantener la alianza militar con Israel e imponer al mismo tiempo una presión significativa sobre la cuestión palestina. Respecto a la amenaza iraní, Biden parece haberse dado cuenta de que la antigua esperanza de Obama de una resolución con un Irán fortalecido y estabilizado ya no es realmente alcanzable, al menos no con Jamenei mandando en Teherán.

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Agencia AJN (por Haviv Rettig Gur, para The Times of Israel).- Hay un nuevo presidente en la Casa Blanca que ya ha demostrado ser un cambio radical con respecto al anterior. En sus primeras horas en el cargo, Joe Biden firmó órdenes ejecutivas que congelan o revierten algunas de las políticas emblemáticas de su predecesor Donald Trump: el muro fronterizo con México, la prohibición de viajar desde varias naciones musulmanas, la retirada estadounidense del acuerdo climático de París, y otros más.

En Medio Oriente, israelíes, saudíes, iraníes, palestinos y muchos otros se preparan para un cambio dramático similar en las políticas de Estados Unidos hacia la región. Las dolorosas sanciones impuestas por Trump a Irán, la congelación por parte de Trump de la ayuda a los palestinos y el reconocimiento de los asentamientos israelíes en Cisjordania, el respaldo a los acuerdos de normalización entre israelíes y árabes y el impulso de la alianza israelí-saudí para contener las ambiciones iraníes en todo el mundo árabe: estas políticas, entre otras, han contribuido a remodelar la geopolítica de la región en los últimos cuatro años, y todas ellas podrían ser ahora objeto de reconsideración por parte de la nueva administración.

Pero no está claro el margen de maniobra que tendrá la administración Biden en la región. Muchas cosas han cambiado en cuatro años, algunas de ellas obra de Trump, pero la mayoría son el resultado de la larga desvinculación estadounidense que comenzó con Barack Obama.

En los últimos cuatro años, el eje chiíta-iraní anclado en Teherán pero que se extiende por el mundo árabe, desde Líbano hasta Yemen, pasando por Irak y Siria, se ha fortalecido y debilitado al mismo tiempo. Es más fuerte en el sentido de que es más explícito y agresivo; las instituciones del régimen iraní están moviendo más visiblemente los hilos entre las milicias chiítas en Irak, se están armando y atrincherando más visiblemente en Siria, y están más directamente involucrados entre los Houthis en Yemen.

Pero es más débil en el sentido de que las milicias y los apoderados iraníes que sostienen el arco de influencia chiíta han destrozado prácticamente las sociedades que han intentado dominar. Se mire por donde se mire, desde Siria hasta Gaza, pasando por Yemen y Líbano, e incluso, por supuesto, hasta el propio Irán, el régimen iraní ha protagonizado un amplio colapso económico y político. La propia economía iraní se ha desmoronado, y eso se debe sólo en parte a las sanciones estadounidenses. También lo han hecho las economías de Líbano, Siria y Yemen. La intervención iraní se está ganando rápidamente una reputación en la región como la forma más eficaz de diezmar una sociedad.

La administración Biden ha enviado señales moderadas y, hay que decirlo, contradictorias sobre su deseo de volver a alguna forma del acuerdo nuclear de 2015. Ha nombrado a altos funcionarios en puestos clave que estaban entre los arquitectos del acuerdo de Obama, y a otros funcionarios en otros puestos clave que están más cerca del punto de vista israelí y saudí y tienen estrechos contactos en los establecimientos de seguridad de Israel y los Estados del Golfo.

La “campaña de máxima presión” de la administración Trump, según el gobierno de Biden, ha empujado a Irán más lejos en el camino hacia el estallido nuclear. No ha funcionado.

Pero la administración todavía está “muy lejos” de volver a entrar en el acuerdo, dijo el martes a los senadores la nueva jefa de inteligencia de Biden, Avril Haines. El presidente Biden “tendrá que examinar los misiles balísticos que ha identificado y las actividades desestabilizadoras que lleva a cabo Irán”, tranquilizó.

Esas palabras fueron repetidas de cerca el miércoles por el candidato de Biden a secretario de Estado, Tony Blinken, quien aseguró a los senadores que Biden estaba “muy lejos” de volver a entrar en el acuerdo, y que no lo haría sin consultar primero con Israel y los aliados de Estados Unidos en el Golfo.

Y lo que es más importante, Blinken dio el primer indicio serio de que Biden considera las sanciones de Trump a Irán no como una aberración trumpiana que hay que dejar de lado, como la prohibición de viajar o el muro fronterizo, sino como una palanca útil que Estados Unidos pretende utilizar en su próximo impulso diplomático.

Haines, Blinken y otros son diplomáticos experimentados y profesionales. Eso significa que puede ser difícil saber cuándo están transmitiendo las verdaderas tendencias políticas de la administración y cuándo las están encubriendo.

Pero parece que los nuevos altos cargos que rodearán a Biden se han dado cuenta de que la antigua visión de Obama de un Irán fortalecido y estabilizado ya no es realmente alcanzable, al menos no con Jamenei mandando en Teherán.

El estancamiento palestino-israelí

En el frente palestino, hay cambios fáciles y rápidos que Biden probablemente hará: restablecer la financiación de la ayuda humanitaria, o reabrir y ampliar un consulado palestino como parte de la embajada de Jerusalem. Pero también en este caso, los responsables políticos estadounidenses descubrirán que las condiciones son ahora más resistentes a la influencia estadounidense que en el pasado.

En sus comentarios en el Senado, Blinken hizo hincapié en que la solución de dos estados era la política de la administración, pero reconoció que sería difícil avanzar. Los comentarios reflejan la cautela de meterse en el conflicto israelí-palestino.

Parte de esa cautela tiene su origen en el imposible acto de malabarismo que supone mantener la alianza militar-inteligencia con Israel e imponer al mismo tiempo una presión significativa sobre la cuestión palestina.

Pero otra parte es más básica y tiene que ver con los propios palestinos. La administración de Biden está dotando rápidamente de personal a sus altos cargos con veteranos de los años de Obama. Hay memoria institucional, incluido el recuerdo de la frustración de Obama por la incapacidad de los palestinos de aprovechar su simpatía por su difícil situación y su voluntad de imponer presión a Israel. El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, se mostró incapaz de acudir a la mesa de negociaciones durante 10 largos meses de congelación de los asentamientos israelíes impuesta por Obama en 2010 -una supuesta medida de fomento de la confianza- y eso le costó a los dirigentes palestinos perder credibilidad ante el ex presidente.

En Washington abundan los defensores y activistas de ambas partes del conflicto. Pero para los responsables políticos, es el propio punto muerto lo que más se vislumbra. En términos prácticos, no simbólicos, no hay un camino obvio para una nueva política estadounidense con respuestas significativas para la política interna de ambas partes.

¿Se puede confiar en unos Estados Unidos distraídos?

En su discurso de investidura del miércoles, Biden dedicó un breve pasaje a la comunidad internacional que observa el cambio de guardia en Washington. “Este es mi mensaje para los que están más allá de nuestras fronteras: Estados Unidos ha sido puesto a prueba y hemos salido fortalecidos por ello. Repararemos nuestras alianzas y nos comprometeremos con el mundo una vez más. No para afrontar los retos de ayer, sino los de hoy y los de mañana. Y lideraremos, no sólo con el ejemplo de nuestro poder, sino con el poder de nuestro ejemplo”, declaró.

El mensaje era claro: Estados Unidos ha vuelto, Estados Unidos es fiable una vez más.

Sólo hay un problema con esa afirmación: no es la confianza en Biden lo que se cuestiona. Estados Unidos ha dado un giro radical a sus políticas en los últimos años. En cuanto a Irán, por ejemplo, Obama lideró una ruptura dramática con respecto a los años de George W. Bush, y Trump una ruptura igualmente dramática con respecto a Obama, y Biden, según temen muchos en Israel y el Golfo, puede presidir otra posible ruptura con el pasado.

Es un camino vertiginoso para la superpotencia preeminente del mundo. La confianza estratégica no puede construirse sobre la base de ciclos electorales estadounidenses de cuatro años. Es difícil que los aliados se alineen con las necesidades de la política estadounidense cuando no está claro que Estados Unidos vaya a plantear las mismas exigencias dentro de tres años.

Esa sensación de latigazo de la polarización política estadounidense no se limita a Israel o a Medio Oriente. Está en el corazón de la nueva apuesta de Europa por la “autonomía estratégica”.

En 2011, el ex asesor de seguridad nacional de Obama, Jim Jones, dijo en la conferencia de Herzliya, en Israel, que su ex jefe consideraba el conflicto palestino-israelí como la cuestión central de Medio Oriente, el “nudo central” de los muchos conflictos de la región. “Soy de la opinión de que si Dios se le hubiera aparecido al presidente Obama en 2009 y le hubiera dicho que si podía hacer una cosa sobre la faz del planeta y una sola cosa, para hacer del mundo un lugar mejor y dar a la gente más esperanza y oportunidades para el futuro, me atrevería a decir que tendría algo que ver con encontrar la solución de dos estados para Medio Oriente”, dijo Jones.

Es difícil encontrar funcionarios de alto nivel en Washington que se aventuren ahora a hacer tal afirmación.

Los funcionarios israelíes y saudíes se están preparando para un cambio de Biden respecto a Irán. También los iraníes. Los palestinos esperan ahora que Estados Unidos restablezca los lazos y el apoyo cortados bajo el mandato de Trump. La región aguarda expectante a la espera de saber qué pretende hacer la nueva administración.

Pero las opciones de Biden son excesivamente limitadas, y por buenas razones. La influencia estadounidense es más difícil de afirmar en una región cada vez más insegura sobre la fiabilidad de Estados Unidos, que tiene adversarios más grandes y preocupaciones geopolíticas más importantes en otros lugares. Y Medio Oriente ofrece ahora menos posibilidades de rentabilizar la inversión de capital político de hace cuatro o doce años.

Biden tendrá problemas para realizar cambios significativos en la política de la región y, según sugieren las primeras declaraciones de su gobierno, parece no estar interesado en invertir demasiados esfuerzos en el intento.

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Opinión

Coronavirus. Israel, de líder en vacunación al abrupto estancamiento: un fenómeno que preocupa

Agencia AJN.- Con el abastecimiento de vacunas asegurado y con organizaciones de salud eficientes para administrarlas, Israel podría tener a todo el país ya inoculado con la primera dosis. En cambio, los médicos y las autoridades deben implorar a los pacientes que acudan a inocularse, en medio de una lucha contra la desinformación y las campañas antivacunas.

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Agencia AJN (por David Horovitz, para The Times of Israel).- La campaña de vacunación de Israel, que es la más importante del mundo, ha bajado su ritmo drásticamente. Cualquier israelí mayor de 16 años puede vacunarse desde hace una semana y, según todos los indicios, el Estado judío cuenta con abundantes suministros y personal médico dispuesto a inocular a todos los interesados, un privilegio extraordinario, cuando la mayor parte del resto del mundo no tiene ninguno de los dos.

Las organizaciones de mantenimiento de la salud israelíes dicen que tienen la capacidad combinada de administrar más de 200.000 vacunas al día; el 21 de enero, de hecho, 230.000 israelíes recibieron su primera o segunda dosis, según muestran las estadísticas del Ministerio de Salud.

Pero a medida que se ha ampliado la elegibilidad, la demanda se ha estancado: en los últimos siete días hasta el 10 de febrero se administraron menos de 700.000 vacunas, lo que supone un descenso con respecto a las 850.000 de la semana anterior (hasta el 3 de febrero), que a su vez fue significativamente inferior a los más de 1,25 millones de la semana anterior (hasta el 27 de enero).

Hasta el jueves por la mañana, unos 3,7 millones de los 9,3 millones de israelíes (aproximadamente el 40%) se habían vacunado por primera vez, y 2,3 millones de ellos también se habían vacunado por segunda vez. Estas cifras podrían y deberían haber sido significativamente mayores. De acuerdo a su capacidad, Israel podría estar entrando en la recta final de las primeras dosis para los israelíes que cumplen los requisitos; en cambio, esta semana se registró una media de 50.000 vacunaciones al día.

Las organizaciones de salud dicen que están desconcertadas y que no saben qué hacer al respecto. “No tenemos ninguna explicación de por qué la gente no viene”, dijo el lunes Dganit Barak, del proveedor médico Clalit, mientras las imágenes de televisión mostraban el amplio centro de inoculación Arena de Jerusalem casi desierto. “Enviamos mensajes diciendo a la gente que venga a vacunarse, pero aún así la respuesta es baja”, añadió Barak, con preocupación.

Su colega, la doctora Orly Weinstein, se hizo eco el martes: “Ahora incluso estamos llamando a la gente. Los médicos de cabecera están llamando a sus pacientes para decirles que vayan a vacunarse”.

Dada la demostrable falta de entusiasmo, se podría llegar a la conclusión de que Israel ha superado la pandemia y/o que las vacunas están resultando ineficaces o peligrosas. Pero nada de eso es cierto.

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Alto grado de contagio

Israel ha llegado a tener la tasa de contagio más alta de la OCDE, aunque en los últimos días se ha producido una ligera mejora. El miércoles se registraron “sólo” 5.540 nuevos casos, frente a la media reciente de unos 7.000 contagiosdiarios. Sigue registrando casi 150 nuevos casos graves al día, y cerca de 50 muertes diarias, a pesar del cierre nacional que ha regido durante semanas, con los sectores privado y público en gran parte cerrados en lo que se supone que ha sido un bloqueo particularmente estricto durante parte de ese tiempo.

Mientras tanto, el comienzo temprano de la vacunación significa que Israel presenta la primera investigación del mundo de este tipo que muestra que las vacunas son tan eficaces como los ensayos de Pfizer, y que los efectos secundarios son ampliamente insignificantes. Apenas una cuarta parte de los millones de israelíes vacunados ha informado a sus médicos de algún efecto secundario. Las estadísticas del Ministerio de Salud publicadas el martes, recopiladas sobre la base de unos 4,7 millones de vacunaciones de primera y segunda dosis, mostraron un total de 43 hospitalizaciones, la mayoría de ellas de personas con enfermedades preexistentes, 28 de ellas en el grupo de edad de más de 60 años, y sólo cuatro de ellas entre los menores de 40 años.

El Dr. Tal Brosh, jefe del departamento de enfermedades infecciosas del Hospital Assuta de Ashdod, declaró a Radio Israel el jueves por la mañana que no ha habido ni una sola muerte atribuible a la vacuna desde que Israel empezó a vacunar.

Entonces, si es evidente que no se ha vencido al COVID, y si las vacunas son manifiestamente fundamentales para vencerlo, ¿por qué los israelíes no están acudiendo en masa a los centros de inoculación?

Evidentemente, la demanda ha disminuido a medida que los israelíes de más edad se han vacunado y se ha invitado a los más jóvenes, a quienes ahora hay que implorar que se vacunen. Los más jóvenes, aún soy capaz de recordar, suelen creerse invencibles. Y esa sensación puede haberse visto exacerbada, en lo que respecta al COVID, por los datos que durante meses mostraron que los ancianos y las personas con condiciones médicas preexistentes eran los más expuestos a la pandemia. Sin embargo, últimamente, debido en parte a la variante británica, están aumentando los casos graves entre los israelíes de menor edad.

Además, vacunarse como adulto es una experiencia atípica. La mayoría de las vacunas las recibimos de niños, cuando los padres toman las decisiones por sus hijos. Por supuesto, los viajeros no se lo piensan dos veces a la hora de ponerse las vacunas necesarias para visitar ciertos países, pero esa es una situación en la que prevalece el interés directo y estrecho. Es evidente que la convicción de que existe un interés propio, estrecho y muy personal para vacunarse contra el COVID aún no tiene suficiente eco.

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Alta desconfianza

Y luego hay otros dos factores relacionados, ambos globales pero con aspectos particularmente israelíes: la asombrosa incapacidad en nuestra época de distinguir la verdad de la falsedad, y el inmenso escepticismo del público sobre lo que le dicen las personas con autoridad sobre casi todo.

La ciencia de las vacunas contra el COVID es sólida. Pero es evidente que la fe del público se ha visto socavada en cierta medida por el cúmulo de noticias falsas que afirman que la vacuna es peligrosa, con una avalancha de mensajes en las redes sociales, incluso de “rabinos famosos”, que afirman despreciablemente que la vacuna causa infertilidad, reacciones alérgicas graves e incluso la muerte. Las plataformas de las redes sociales han tardado en desmontar las mentiras, y los medios de comunicación convencionales no siempre han sido eficaces a la hora de poner de relieve los datos científicos.

Por ejemplo, el lunes, en el canal de televisión más visto de Israel, el Canal 12, la organizadora de un grupo de Facebook que publicaba un post en el que se instaba a los israelíes a pedir cita para la vacuna y a no acudir a ella, de modo que las dosis tuvieran que ser desechadas, dispuso de largos minutos para exponer sus argumentos ante una presentadora claramente poco preparada. Su posición luego fue “rebatida” por un experto de modales suaves, cuyas amables réplicas, cuando se le permitía intervenir, no estaban a la altura de la ferocidad de la invitada.

Que los que no se vacunan ponen en riesgo a otros -incluidos los que se han vacunado, ya que las vacunas ofrecen un 95% de protección, no el 100%-, que aumentan la carga y el riesgo para el personal médico si enferman, que desvían los recursos de los servicios sanitarios de otros cuidados vitales… ninguno de estos puntos se expuso en el segmento.

Por el contrario, el miércoles por la mañana, el Dr. Brosh, de Assuta, fue invitado a responder a las preguntas sobre las vacunas y se le concedió mucho tiempo de emisión. Pudo explicar con calma que los efectos secundarios de las vacunas surgen en su mayoría de inmediato y no años después, e invitó a los oyentes que se preguntaban si debían vacunarse a llegar a sus propias conclusiones sobre el equilibrio entre un riesgo teórico y altamente improbable de efectos secundarios en el futuro y el peligro manifiesto del COVID-19 aquí y ahora.

Una encuesta de opinión publicado el martes por la noche por el Canal 11 de Israel, entretanto, subrayó el grado en que la desconfianza de los israelíes en la gestión de esta crisis por parte del gobierno puede estar socavando la confianza pública en la batalla contra el coronavirus. Un 56 por ciento de los encuestados dijo que el juicio por corrupción del primer ministro Benjamin Netanyahu estaba influyendo en su gestión de la pandemia, otro 17 por ciento dijo que no sabía si ese era el caso, y sólo el 27% estaba convencido de que sus políticas en materia de COVID no se veían afectadas por sus problemas legales.

Este alto nivel de desconfianza no explica directamente el menor interés de los israelíes por la vacunación, pero muestra lo turbias que están las aguas: muchos israelíes creen que la política de cierre del primer ministro ha sido moldeada por su confianza en sus socios ultraortodoxos de la coalición, y su necesidad de contar con su apoyo en las elecciones del próximo mes. Por lo tanto, un importante sector cree que todo el país se ha mantenido bajo un cierre porque el mandatario no se atreve a enfadar a su electorado ultraortodoxo, en cuya comunidad muchas escuelas han permanecido abiertas desafiando las leyes y donde el contagio ha sido a menudo desproporcionadamente alto.

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Toda la gestión de la coalición frente al COVID-19 ha estado sesgada por la política, se quejó Moshe Fadlon, el veterano alcalde de Herzliya, en la Radio del Ejército el miércoles por la mañana, al anunciar que junto con otras dos autoridades locales cercanas planeaban desafiar al gobierno nacional y reabrir las escuelas en los próximos días. Los grupos hoteleros también han anunciado sus planes de reapertura, les deje o no el gobierno.

En las últimas semanas, los comercios y restaurantes han desafiado sistemáticamente las restricciones específicas de cierre, protestando porque simplemente no pueden soportar los costes financieros de permanecer cerrados por más tiempo, y quejándose de que es injusto e insostenible que se les aplique una ley que está siendo incumplida de forma tan descarada e indulgente en el sector ultraortodoxo.

Cuando un gobierno desconfía enormemente de su gestión general de una pandemia, y cuando los ciudadanos hasta ahora respetuosos de la ley se sienten obligados a infringir las leyes diseñadas para salvar vidas, no es sorprendente que la confianza y el interés del público en una campaña de vacunación impulsada por el gobierno tampoco sean tan elevados como debieran.

Incentivos para la vacunación

Yuval Steinitz, un ministro de la coalición de Netanyahu, sugirió la semana pasada, en una de las interminables sesiones que pasan por reuniones del gabinete en estos días, que Israel debería hacer obligatoria la vacunación. Se nos dice que fue rápidamente rechazada. Tal medida sería considerada casi con toda seguridad ilegal, pero también está mal concebida.

El incentivo, más que el castigo, es el camino a seguir. Los grupos hoteleros rebeldes están planeando abrir sólo a los huéspedes que han sido vacunados o que tienen pruebas COVID negativas. Los restaurantes están haciendo lo mismo. El gabinete se ve ahora arrastrado en la misma dirección, con la intención de reabrir gimnasios, cafés, eventos culturales y demás, pero sólo a los vacunados y a los que tengan una prueba de coronavirus negativa, al tiempo que se cobra por las pruebas para fomentar aún más la vacunación.

En su comparecencia del lunes en el Canal 12, la mujer que está detrás del grupo de Facebook ya eliminado protestó porque era injusto que se enfrentara a ser tratada “como una ciudadana de segunda clase” al prohibírsele el acceso a los centros comerciales por no querer vacunarse. Con suerte, una reapertura gradual de Israel sólo para aquellos que se han vacunado debería constituir un poderoso incentivo.

Las burlas a los antivacunas también pueden ayudar. El programa de sátira “Eretz Nehederet” (“País maravilloso”) del Canal 12 recicló esta semana un viejo sketch en el que aparecía la madre fundadora de un “grupo anti semáforo”, dedicado a enseñar a los niños a ignorar las señales de paso de peatones al cruzar la calle. “Golpear el parachoques es la opción informada”, declaraba. “¿Quién ha dicho que hay que evitar ser atropellado?”.

Sí. Omitir la vacuna que salva vidas es la elección informada. ¿Quién ha dicho que hay que evitar una pandemia mortal?

Lamentablemente, en cualquier caso, el gran peso de las pruebas directas que demuestran la continua vulnerabilidad a la COVID de quienes no se vacunan acabará poco a poco con todo el escepticismo, salvo el más arraigado. Los extremistas antivacunas seguirán sin ser persuadidos, pero hay que creer que una abrumadora mayoría aún puede obedecer al sentido común para salvar vidas.

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Opinión

Análisis. Biden se desmarca de sus predecesores al tomarse con calma la paz entre israelíes y palestinos

Agencia AJN.- Al igual que Trump, Obama, Bush y Clinton, el presidente de los Estados Unidos dice que el objetivo final es la solución de dos estados. A diferencia de ellos, no está interesado en lanzar una iniciativa de alto riesgo para llegar a ella. Ahora es su turno.

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Agencia AJN (por Jacob Magid, para The Times of Israel).- La administración del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, dio su primera declaración política oficial sobre el conflicto israelí-palestino en una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU el martes, y, siguiendo con la misma línea de las administraciones anteriores, expresó su apoyo a una solución de dos estados para el conflicto israelí-palestino.

Fue ese mismo final el que llevó a los ex presidentes Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama y Donald Trump a probar suerte presentando sus respectivos planes de paz y reuniendo a las partes en negociaciones de alto nivel.

Clinton recibió a Itzjak Rabin y a Yasser Arafat en la Casa Blanca en 1993 y 1995 para firmar los Acuerdos de Oslo y luego invitó a Arafat y al entonces primer ministro israelí Ehud Barak a Camp David para un último intento de reconciliación en 2000.

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Clinton (centro) junto a Rabin (izq.) y Arafat (der.) en la Casa Blanca en 1993.

Por su parte, Bush publicó su Hoja de Ruta para la Paz en 2002 y reunió a representantes palestinos e israelíes en Aqaba al año siguiente.

Obama, en su primer día de mandato en 2009, nombró un enviado especial para el proceso de paz y su secretaria de Estado, Hillary Clinton, dirigió las negociaciones directas en 2010 y 2011, durante las cuales Estados Unidos afirmó que era posible una resolución del conflicto en un año. Tras el fracaso de esas conversaciones, el sucesor de Clinton, John Kerry, se embarcó en su propio esfuerzo, viajando entre Jerusalén y Ramallah en 2013 y 2014 para llevar a cabo negociaciones indirectas que también terminaron sin resultado.

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Barack Obama en una reunión junto al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y al presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas.

Trump entró en el cargo hablando de su deseo de lograr el “acuerdo definitivo”. Su yerno y asesor Jared Kushner elaboró un plan de paz en dos partes que se dio a conocer en 2019 y 2020, pero los palestinos lo rechazaron, y la administración se contentó con buscar acuerdos de normalización entre Israel y los Estados árabes de la región.

Ahora es el turno de Biden.

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El expresidente George Bush junto a Abbas (der.) y al por entonces primer ministro israelí, Ariel Sharon (der.).

Pero en lugar de caer en la ostensible trampa que atrajo a sus predecesores, el nuevo presidente estadounidense tiene una estrategia diferente. En lugar de ir a por todas a la vez, el gobierno de Biden prefiere impulsar pasos graduales que puedan dar ambas partes, al tiempo que desaconseja movimientos unilaterales que disuelvan la confianza que aún queda entre ellos.

El objetivo final sigue siendo el mismo, y el embajador en funciones de Estados Unidos ante la ONU, Richard Mills, lo dejó claro en la primera línea de su discurso del martes: “Bajo la nueva administración, la política de Estados Unidos será apoyar una solución de dos estados mutuamente acordada, en la que Israel viva en paz y seguridad junto a un estado palestino viable”.

La administración de Biden no se limitó a expresar su apoyo a la solución de los dos Estados, sino que en muchos sentidos ha estado redoblando el concepto, indicando que Trump se había limitado a hablar de la idea mientras permitía que la construcción de asentamientos israelíes siguiera sin control en todas las partes de Cisjordania durante los últimos cuatro años. Biden, por su parte, tiene un largo historial de críticas a la construcción de asentamientos y lo hizo varias veces durante la campaña.

Y sin embargo, Mills siguió esa declaración con una importante advertencia, que rara vez fue utilizada por las administraciones anteriores que no estaban dispuestas a aceptar un no por respuesta: “El compromiso diplomático de Estados Unidos partirá de la premisa de que el progreso sostenible debe basarse en la consulta activa con ambas partes y que el éxito final requiere el consentimiento activo de ambas partes”, dijo.

“Desgraciadamente, como creo que hemos escuchado, los respectivos líderes están muy alejados en las cuestiones del estatus final, la política israelí y palestina es tensa y la confianza entre las dos partes está en su punto más bajo”, continuó el enviado estadounidense.

Sin embargo, se trata de reconocer la realidad, no de excusar la inacción.

“Estas realidades no eximen a los Estados miembros de la responsabilidad de intentar preservar la viabilidad de una solución de dos Estados. Tampoco deben desviar la atención del imperativo de mejorar las condiciones sobre el terreno, en particular la crisis humanitaria en Gaza”, dijo Mills.

El mensaje fue casi idéntico al utilizado por Biden y sus ayudantes durante la campaña.

“Esto no es 2009, no es 2014. Las partes están muy lejos de estar preparadas para entablar negociaciones o conversaciones sobre el estatus final”, dijo el posible secretario de Estado de Biden, Antony Blinken, a The Times of Israel un tiempo atrás. El funcionario opinó que una administración de Biden adoptaría inicialmente una postura de “no hacer daño” asegurándose de que “ninguna de las partes tome medidas unilaterales adicionales que alejen aún más la perspectiva de dos estados o la cierren por completo”.

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Netanyahu y Biden.

Pasos en puntas de pie

Eso es exactamente lo que Mills seguiría impulsando el martes.

El enviado hizo tres peticiones a Israel y dos a la Autoridad Palestina que la administración Biden considera necesarias para mantener viva la solución de los dos estados.

Mills pidió a Israel que evite la anexión de Cisjordania, la expansión de los asentamientos y las demoliciones de viviendas palestinas más allá de la Línea Verde. En cuanto a los palestinos, el enviado pidió que detenga la incitación a la violencia y que cese su práctica de pagos mensuales a los prisioneros de seguridad en las cárceles israelíes, incluidos los que tienen las manos manchadas de sangre. “Esperamos que sea posible empezar a trabajar para construir poco a poco la confianza en ambas partes para crear un entorno en el que podamos volver a ayudar a avanzar en una solución”, dijo Mills.

En esa línea, el enviado de la ONU explicó la decisión de “renovar” las relaciones de EE.UU. con los palestinos, que se habían “atrofiado” durante la administración Trump.

Mills se refirió al plan de Biden de reabrir la misión diplomática de la Organización para la Liberación de Palestina en Washington que se cerró en 2018, junto con el consulado estadounidense en Jerusalem que servía de embajada de facto a la AP, pero que se eliminó en 2019. El enviado también dijo que el presidente “restaurará el apoyo financiero para el desarrollo económico y la ayuda humanitaria para el pueblo palestino”.

“No vemos estos pasos como un favor a los líderes palestinos. La asistencia estadounidense beneficia a millones de ciudadanos palestinos y ayuda a preservar un entorno estable que beneficia tanto a ellos como a los israelíes”, explicó Mills.

Pero mientras Washington planea abrazar a los palestinos como medio para que las partes vuelvan a la senda de una solución de dos estados, los funcionarios de Biden han dejado claro rápidamente que esto no se hará a expensas de Israel.

La candidata de Biden para convertirse en embajadora a tiempo completo en la ONU hizo varios gestos hacia Jerusalem durante su audiencia de confirmación el miércoles que indicaban precisamente eso. “Espero estar con Israel, oponiéndome a los ataques injustos contra Israel, a las implacables resoluciones propuestas injustamente”, dijo Linda Thomas-Greenfield ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado.

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Biden junto al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas.

Al igual que Biden y Blinken, también expresó su apoyo a los Acuerdos de Abraham y su interés por “ampliar el círculo de la paz” en torno a Israel. También, al igual que ellos, se pronunció fervientemente contra el movimiento antiisraelí de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), calificando de “inaceptables” las “acciones y el enfoque” de sus partidarios.

A diferencia de Obama, que evitó consultar con Israel mientras negociaba un acuerdo nuclear con Irán, los funcionarios de Biden ya han dejado claro que mantendrán a Jerusalem al tanto de todo. El consejero de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, habló el sábado con su homólogo israelí, Meir Ben-Shabbat, y ambos acordaron iniciar un “diálogo estratégico” sobre el asunto.

Pero los esfuerzos de los Estados Unidos por crear confianza con ambas partes no son sólo un fin en sí mismo. Siguen estando relacionados con el objetivo más amplio de una resolución del conflicto, por muy lejana que sea.

Lo mismo parece ocurrir con el apoyo de la administración a los Acuerdos de Abraham, que según Mills “no es un sustituto de la paz entre israelíes y palestinos”. “La esperanza de Estados Unidos es que la normalización pueda proceder de forma que se abran nuevas posibilidades para avanzar en la solución de los dos estados”, añadió el enviado.

Pero hasta ahí llegó Mills en este asunto. No se mencionó un nuevo plan de paz, ni se fijaron fechas para la primera ronda de negociaciones, ni se prometió un acuerdo para cuando dejara el cargo. A Biden seguramente le gustaría tener éxito donde sus predecesores han fracasado pero, por ahora, se conformará con una política de “no hacer daño”.

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