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Argentina. Manifestaciones frente a la embajada de Israel reclaman la liberación de presos políticos palestinos

Agencia AJN.- Grupos de manifestantes se encuentran reclamando frente a la embajada de Israel en Argentina por la liberación de seis presos políticos palestinos en Israel

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Agencia AJN.- Varias agrupaciones de manifestantes, a favor de la autoridad palestina, se encuentran reclamando frente a la embajada de Israel en Argentina por la liberación de seis presos políticos palestinos que se encuentran en Israel.

Se trata de seis prisioneros que han sido recapturados luego de haber escapado de la prisión de máxima seguridad de Gilboa el 6 de septiembre de 2021, la cual es considerada la fuga mas importante en la historia de Israel.

El pasado domingo 19 de septiembre fueron capturados los últimos dos prisioneros que habían fugado de la prisión de Gilboa.

Los prisioneros utilizaron cucharas para realizar un túnel debajo de la prisión y de esta manera poder escapar. Por este motivo los manifestantes adaptaron la cuchara como símbolo de protesta.

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Argentina

Jorge Knoblovits: “El atentado a la AMIA es la deuda más grande y dolorosa de la democracia argentina”

Agencia AJN.- La nueva comisión directiva de la DAIA asumió ayer en un acto llevado a cabo en un importante hotel del centro de Buenos Aires. «Nuestro país no es ajeno al descontento y en la DAIA, una de las instituciones de la sociedad civil más importantes de la Argentina, estamos decididos a trabajar para construir la mejor respuesta posible ante esta crisis de legitimidad que sufrimos quienes lideramos instituciones políticas», expresó el presidente de la institución judía.

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Crédito de la foto: Leonardo Kremenchuzky

Agencia AJN.- La nueva comisión directiva de la DAIA asumió ayer en un acto llevado a cabo en un importante hotel del centro de Buenos Aires, con una alta participación de dirigentes de la comunidad judía.

A continuación, el discurso completo del presidente de la DAIA, Jorge Knoblovits, durante el acto de asunción:

Una ola de desconfianza, bronca y desilusión hacia la dirigencia política, atraviesa a las democracias. Se trata de un fenómeno preocupante que lastima a las instituciones, y en muchos casos, se muestran impotentes para dar respuestas a las demandas de la sociedad y ponen en duda su capacidad de representar a los distintos sectores que la componen.

Un proceso de divorcio parece estar en marcha y las instituciones no encuentran forma de detenerlo.

Esta falta de respuestas de los liderazgos políticos y sociales tradicionales llevó a amplios sectores de la población, marginados del progreso económico y sin posibilidades de ni siquiera soñar con un futuro estable para ellos y sus hijos, a buscar alternativas. Y están encontrando respuestas en los partidos anti políticos o establishment, que detectaron rápidamente lo que estos sectores quieren escuchar. Para eso exacerban sus miedos y prometen soluciones tan rápidas y fáciles como imposibles de cumplir.

En este contexto, es una obligación reaccionar, cada uno desde su lugar.

Nuestro país no es ajeno al descontento y en la DAIA, una de las instituciones de la sociedad civil más importantes de la Argentina, estamos decididos a trabajar para construir la mejor respuesta posible ante esta crisis de legitimidad que sufrimos quienes lideramos instituciones políticas.

Ahora nos damos cuenta, quizás como nunca antes, de lo nocivo que es el enfrentamiento y las descalificaciones que generan divisiones y grietas. Lo que ocurre a nivel político nacional no podría no reflejarse en distintos ámbitos de la sociedad argentina.

En esta situación de polarización extrema que transita nuestra República, la DAIA como organización de la sociedad civil, es impactada inevitablemente por los debates que atraviesan la agenda pública. Atentos a eso, y a la necesidad de escuchar las demandas actuales, tomamos decisiones consensuadas respetando la heterogeneidad de miradas y poniendo en práctica cabalmente las herramientas de la democracia.

Como las crisis son también momentos de fricción social, nos dan la oportunidad de poner a prueba la solidez de las instituciones y su capacidad de reinterpretar nuevas necesidades que, sin duda, son indispensables para darles

forma y contenido a las sociedades. Estamos convencidos de que quizás las organizaciones no gubernamentales serán determinantes para articular políticas públicas con los gobiernos.

Tenemos por delante una agenda de desafíos que debe ser encarada con urgencia. Como quedó demostrado durante la pandemia, es mejor enfrentar las crisis con unidad y buscando consensos. Es en estas circunstancias cuando se revela en toda su magnitud la importancia de trabajar en equipo, de escucharnos, de poder tomar en cuenta qué piensan los otros, en donde el todo sea más que la suma de las partes. Esta es una lección que nos debe quedar grabada para siempre.

De esa manera encaramos, durante estos tres años, situaciones muy sensibles y dolorosas para la sociedad en general y para la comunidad judía en particular. Me refiero al atentado a la DAIA- AMIA.

Como ustedes bien saben, desde el 18 de julio de 1994, la DAIA tiene un objetivo central e irrenunciable: verdad y justicia para las 85 personas asesinadas. Esa búsqueda se ha hecho difícil porque fueron muchos quienes, desde distintos lugares de poder e influencia, intentaron ocultar, encubrir e impedir que conozcamos la verdad.

Pasan los años y lejos de atenuarse, el dolor por el asesinato de 85 personas en la destrucción del edificio donde funcionaban las instituciones centrales de la comunidad judía argentina, se profundiza año tras año. La frustración y la indignación por la falta de justicia, también.

Cuando asumí el primer mandato, dije que la falta de justicia en la causa del atentado a la sede de la AMIA/DAIA, se había transformado en la deuda más grande y dolorosa de la democracia argentina. Hoy, viendo lo que sucedió en los últimos tiempos, tengo que decir que todo está peor.

En diciembre de 2020, el principal acusado de haber facilitado el coche bomba a los terroristas, fue absuelto. Nuevamente la Justicia eligió el camino de la impunidad que resulta insultante para las víctimas y sus familiares, pero también lo es para la sociedad toda y las instituciones de la República. Lo mismo corresponde decir sobre la determinación de los responsables de la muerte del Fiscal Alberto Nisman.

Fue otro año lleno de desilusiones y de indignación, pero nada ni nadie, se los aseguro, nos detendrá en nuestra búsqueda de verdad y justicia.

Si queremos construir una sociedad más plural, diversa, abierta y sobre todo más justa, debemos ser implacables a la hora de reclamar justicia: la impunidad degrada el tejido social.

Sabemos que la “representación política” es un concepto que está en constante transformación, mucho más en estos tiempos complejos, y que sigue siendo materia de debate entre los teóricos y los académicos de las Ciencias Sociales. Y más allá de algunos cuestionamientos que recibimos, en la DAIA nos proponemos ejercer esa representación anteponiendo siempre las necesidades de los miembros de la comunidad judía argentina.

El filósofo Walter Benjamin sostiene que una institución, para hacer honor a su nombre, debe mantener viva su fuerza instituyente. Esto es: no anquilosarse, no quedar apegada a estructuras y dinámicas antiguas que no logran ya decodificar las necesidades del presente.

Tomamos las decisiones siendo muy conscientes de nuestra responsabilidad. Sabemos que lo que hacemos o decimos va a repercutir sobre la vida de nuestros representados. La DAIA tiene bien en claro cuál es su principal rol: actuar para defender la dignidad de los judíos argentinos. Estén o no

institucionalizados: podemos alojarlos, tienen a disposición la hospitalidad y el acompañamiento que guía nuestra misión. NOS ENRIQUECE LA DIVERSIDAD. NOS ENRIQUECE SOSTENER QUE HAY TANTAS FORMAS DE SER JUDÍOS COMO JUDÍOS EXISTEN EN EL UNDO. PARA TODOS VAMOS A TRABAJAR. NO NOS GUSTA EL MUNDO BINARIO, AQUÉL EN EL QUE “NOS GUSTA O NO NOS GUSTA”, NOS DEGRADA.

Ejercemos una representación política democrática, abierta y plural. Podemos decir con orgullo que la DAIA goza de un alto nivel de legitimidad y de aceptación por parte de las instituciones y de los miembros de la comunidad, y de un gran capital simbólico como define el filósofo francés PIERRE BOURDIEU.
Esto quedó demostrado, no sólo en el proceso electoral en el que esta conducción fue ratificada por la gran mayoría de instituciones adheridas, sino también durante nuestra gestión.

Como protagonista de la vida política, social y cultural argentina, nuestra entidad atravesó momentos de gran turbulencia que nos han dejado enseñanzas marcadas a fuego sobre lo importante que es, para quienes pretenden conducir esta institución, prepararse y actuar con extrema sensibilidad y sin que los paralice el miedo o que se enamoren del protagonismo a la hora de defender a quienes sienten sus derechos vulnerados. La DAIA debe ser una institución de altísimo perfil, conducida por dirigentes de bajísimo perfil. Porque lo que importa es la INSTITUCIÓN y no las personas.

Enfrentamos situaciones muy sensibles y lo hacemos siempre buscando el diálogo, escuchando las opiniones de todas nuestras adheridas y de las filiales de todo el país. Y tomamos decisiones difíciles, que son de público conocimiento, en defensa de la dignidad de todos aquellos a quienes representamos.

En la DAIA siempre reflexionamos sobre el rol que nos incumbe como entidad y qué estamos haciendo en nuestro día a día para construir una sociedad en la que el Otro vuelva a ser lo más importante.

En ese sentido, desde que se fundó, la DAIA viene cumpliendo un papel central en la Argentina en materia de lucha contra el antisemitismo. En los últimos años hemos detectado cómo los mensajes de odio y discriminatorios que afectan también a otros colectivos vulnerables, no sólo ganaban espacios en los medios de comunicación y en las redes sociales, sino también en el debate público. No tenemos duda: hoy los mensajes de odio se han transformado en la muestra más perturbadora del desprecio hacia el prójimo porque buscan descalificar y demonizar al diferente. Con palabras o con hechos físicos, la violencia recorre amplios sectores de lo social.

El antisemitismo -una de las formas más arcaicas y arraigadas de tal violencia- no cesa de “aggiornarse” y encontrar nuevos modos de manifestación. Tenemos que estar atentos a tales mutaciones para no dejarnos engañar y articular formas eficaces de prevenir y combatir esos ataques.

En este sentido, durante esta gestión, el Gobierno de la República adoptó como concepto de antisemitismo en el ámbito del sector público nacional, la definición de antisemitismo aprobada por la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA) que homologa el antisionismo con el antisemitismo, propuesta formulada por la DAIA y recibida con beneplácito por el Gobierno.

Esta importante decisión abrió la puerta para que los gobiernos provinciales y los poderes legislativos y judiciales de todos los distritos, y diversas instituciones públicas y privadas del país, adhieran a la utilización de esta definición. Muchos ya lo hicieron y seguiremos trabajando para que todos la adopten.

En la DAIA comprendimos que además de representar con profesionalismo y transparencia a toda la comunidad judía argentina, teníamos la obligación moral de trabajar intensamente y más que nunca para defender a cualquier colectivo que se sienta discriminado.

Uno de los motivos de la crisis de las instituciones es, en muchos casos, la separación
-y hasta oposición- entre la política y la ética. Tal vez la tarea más imperiosa del momento sea volver a unir esos dos ámbitos; sólo así se podrá recuperar credibilidad y representatividad.
Desde nuestro lugar, entendemos que el ejercicio del poder no puede estar desligado de los principios y los valores del judaísmo. La ética de nuestra milenaria tradición debe ser una guía ineludible a la hora de poner en práctica la gestión institucional.

Al tener bien en claro cuáles son los desafíos que se nos presentan, decidimos ampliar nuestra misión y nos constituimos en una organización protectora de los derechos humanos: indivisibles, universales, intransferibles e inalienables.

La DAIA defiende los derechos humanos de todos. Lo estamos haciendo con coherencia,

coraje y convicción. Diariamente asumimos el compromiso por la construcción de una Argentina plural y diversa, donde las identidades individuales y colectivas puedan desarrollarse en un entorno de respeto y multiculturalismo.

Señoras y señores: convencido de la fuerza transformadora del diálogo, del impacto de la verdad, de la contundencia de los proyectos mancomunados: recorramos juntos este camino, sumando a lo ya transitado y para que otros lo continúen en el futuro. Como dejo Rabí Tarfón en el Tratado de Pirkei Avot: “No estás obligado a terminar la tarea, pero tampoco puedes desentenderte completamente de ella”.

MUCHAS GRACIAS

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Argentina

Un argentino dirige el vivero de la zona sur de Israel, donde se producen cien mil plantas por año

La Agencia AJN visitó el vivero de la organización KKL en la zona sur de Israel, ubicado en las cercanías de la ciudad de Beersheva, la capital del desierto del Néguev. Allí dialogó con el argentino Pablo Chercasky, director del vivero Gilat de KKL, que produce alrededor de cien mil plantas por año, en su mayoría árboles, para las estaciones forestales.

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Agencia AJN.- Chercasky emigró a Israel en el año 1986 y es director de vivero desde 1990, desde hace casi 32 años. Viajó a Israel para hacer una maestría, siendo ingeniero agrónomo egresado de la Universidad de Morón, el oeste de Buenos Aires, y finalmente se quedó a vivir, se casó y tuvo una hija.

“Nosotros tenemos un clima mediterráneo, lo cual significa que las lluvias son sólo en el invierno, que es también la época pérdida de agua. Es la época que menos agua hace falta para la planta, y es la única parte del año que hay disponibilidad de agua, que hay lluvia. Entonces las plantas que nosotros criamos, que plantamos en el futuro bosque, se las tienen que arreglar y sobrevivir un periodo de 8 a 10 meses de sequía”, explicó Chercasky a la Agencia AJN.

Esto requiere que la planta tenga cierta particularidad cuando se la fábrica. Por eso se eligen plantas que estén adaptadas a un periodo de calor muy prolongado y de baja disponibilidad de agua, como son parte de las especies de eucaliptus o algunas especies de pino. En este vivero, KKL cría 100 especies de plantas forestales, que en su mayoría son árboles.

Pablo Chercasky, director del vivero Gilat de KKL, junto a Daniel Berliner, director de la Agencia AJN

-El Keren Kayemet tiene 120 años. ¿En 120 años el clima siempre fue el mismo?

-Fue el mismo y está cambiando. Nosotros vemos que hay mucha más incertidumbre a lo que hace a disponibilidad de agua o a lluvias. El año pasado en la zona central y norte del país la cantidad de lluvia fue mayor que el promedio anual. El promedio acá, en el vivero de Gilat es de 240 milímetros anuales. A 8 minutos de acá, en la ciudad de Beersheva, el promedio es de 200. La diferencia, en pocos kilómetros, es muy abrupta.

-¿El Keren Kayemet, generación tras generación, viene realizando el mismo trabajo?

-El trabajo del Keren Kayemet está dividido en tres: forestación, que es donde yo estoy trabajando; preparación de tierras para nuevos asentamientos o nuevas ciudades; y agricultura y manejo de agua. Eso representan los tres colores del Keren Kayemet: el celeste, el verde y el marrón. El marrón es la parte de preparación de suelos, el verde es la forestación, y el celeste o azul es la parte de agua. La captación de agua es uno de los grandes problemas que tenemos en el país, y hoy en día se está convirtiendo en un problema mundial. Israel es pionero en el tema de purificación de aguas y reutilización para riego. Hay muchas plantaciones de cítricos o inclusive de algodón que se hacen en el país, donde el riego se realiza con aguas servidas purificadas. Es decir, el agua se utiliza dos veces: primero en la ciudad para uso doméstico o de fábricas, y luego se purifica y se utiliza una segunda vez para agricultura.

-¿Hay una especie de manual de procedimiento que se utilizó siempre y que permite saber qué va a pasar dentro de 20 años?

-Hay cambios de todo tipo. La tecnología que utilizábamos 20 o 30 años atrás para producir plantas es distinta a la tecnología que usamos hoy, lo cual nos hace producir plantas de mucha mejor calidad en menor tiempo. En definitiva, todo se reduce a mejor calidad de planta en menor tiempo y en menor gasto, porque si la planta está mucho tiempo en el vivero, hay que regarla mucho tiempo, hay que cuidarla mucho tiempo, cuanto menos tiempo está, cuanto más rápido es el proceso para llegar al producto final, significa que tengo que cuidarla menos tiempo, tengo que guardarla menos tiempo, va a estar lista más rápido, y ya la puedo mandar al campo.

-¿Y las políticas son las mismas respecto al objetivo que tiene el Keren Kayemet?

-Los objetivos son varios. Primero y principal, el objetivo del cuidado de las tierras. Creo que Israel es el único Estado en el mundo donde la cantidad de árboles plantados hoy en día son mayores que los que había en el pasado. En la mayoría del mundo lo que se hace es deforestación sin reforestar, sin plantar de nuevo árboles, lo cual produce problemas muy graves de lavado de aguas, de destrucción de suelos. Esos suelos no logran evolucionar o replantarse para hacer agricultura, agricultura que no es sustentable a lo largo del tiempo. Pierden su fertilidad, los abandonan. Dejan un grave problema de erosiones de suelos, de cambio de clima, no sólo en la zona, en todo el mundo porque en el momento en que hay menor cantidad de árboles, nos afecta a todo el mundo.

-¿Hay una unidad de medida que determina una política correcta con lo que tiene que ver con la forestación?

Sí, porque a pesar que las condiciones climáticas y de suelo son muy difíciles en Israel, la gente viene de todo el mundo a aprender ‘cómo logran ustedes hacer de un desierto un vergel’, cómo logramos plantar y que logren crecer en lugares donde no había plantas o solo arbustos o plantas pequeñas, lograr que bosques crezcan. Y no solo la creación de bosques nuevos en lugares donde no hubo bosques, sino la parte de calidad de vida para las poblaciones. La gente en la ciudad de Beersheva no tenía bosques en su cercanía, donde ir a pasear un fin de semana con su familia. Cuando hubo una gran inmigración de Rusia con un millón de nuevos inmigrantes, ellos conocían en sus tradiciones ir el fin de semana a cosechar hongos al bosque. Y ahora es algo que lo pueden hacer también en Israel. Parece una utopía, pero lo pueden seguir haciendo. También Israel es el lugar de paso de todas las aves migratorias de Europa a África, se está hablando de más de 500 millones de aves que el verano lo pasan en Europa, y cuando llegan al otoño pasan por arriba de Israel y siguen. Cuando viajo a Beersheva, viajo a mi casa, veo decenas de cigüeñas paradas arriba de los árboles para dormir, pasar la noche y seguir su vuelo.

-¿Y esto que significa?

-Que si no plantásemos árboles, perdería calidad de vida las personas, calidad de vida la fauna, calidad de vida también las flores. Los árboles también permiten la restauración de especies que estaban en peligro de extinción o prácticamente extinguidas al otorgarle mayor cantidad de humedad. Hay días con neblina a la mañana, y la neblina se concentra en los árboles y gotea. En la zona norte de Chile, en la zona del desierto de Atacama, hace decenas de años que no llueve, y logran cosechar agua con el uso de redes de las neblinas que vienen del mar. El hecho de que haya vegetación también permite salvar la vida de animales que sin la actividad humana no estarían ahí.

Pablo Chercasky está orgulloso de que haya un árbol argentino, el popularmente conocido como «Palo Borracho», en su lugar de trabajo.

-Desde chicos, los niños israelíes ya entienden lo que es el verde. Ahí está la parte política, la decisión de generar espacios verdes…

-Yo tuve la oportunidad de estar en la Argentina en 2019. La Reserva Ecológica que se creó es hermosísima. También están los bosques de Palermo, hay lugares de esparcimiento para la población. Pero están aislados, están en un sector, y acá el verde está más a la mano. Por ejemplo, estuve en Kfar Saba el fin de semana, por una cuestión familiar, y la verdad que estuve caminando bastante, y ocurre que doblas un cuadra adentro y es como un country, un country privado. Se convierte en un lugar lleno de casas bajas, con parque y juegos para los chicos, es un barrio. Es una cuestión de planificación de ciudades. Las ciudades en Argentina, en Sudamérica, son ciudades de 200, 300, 400 años, que las planificaron. Hay manzanas enteras que no tenés un árbol, que no tenés una planta, casa pegada a una casa. Hay casas con su propio jardín en las afueras, pero no en la ciudad, es una cuestión de limitaciones de lugar disponible.

-¿Es irreversible eso?

-No sólo es irreversible, sino que es mucho más crítico por la demanda de lugares, para la población humana que solo crece, el lugar es limitado. En la Argentina creo que no existe lo que acá se llama el “Día del Árbol”. Cuando tuve la oportunidad de estar en México vi que ellos también tienen su día del árbol. Hay que implementarlo para que la gente plante. Tal vez no hacer plantaciones en sus propias casas, pero tal vez hacer lugares públicos, en baldíos.

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