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Opinión

Editorial: Israel votó a Netanyahu y Ben Gvir. Hay que dejarlos gobernar

Sólo se trata de reconocer que en una democracia debe respetarse la voluntad del pueblo, y los resultados de las elecciones dieron a conocer inequívocamente los deseos de este país.

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Israel Elections

Agencia AJN.- Israel acudió a las urnas el martes y, de forma poco habitual, tomó una decisión clara: Benjamín Netanyahu. Esta vez no hubo jurado popular, ni empate, ni vacilación: El país quiere que Netanyahu vuelva a ser el jefe de un gobierno muy derechista y religioso. La nación habló y ahora es el momento de cumplir su decisión.

¿Qué significa eso? Significa dejar que Netanyahu forme una coalición de derecha y muy religiosa. Eso es lo que el pueblo quiere, eso es lo que el pueblo votó.

Y esto no significa decirle al país, como un padre podría decirle a un niño que se porta mal: «Hiciste tu cama, ahora acostate». Más bien se trata de reconocer que en una democracia debe respetarse la voluntad del pueblo, y los resultados electorales dieron a conocer inequívocamente los deseos de este país.

Cuando comience la construcción de la coalición, habrá llamamientos para incorporar a otros partidos -como la Unidad Nacional de Benny Gantz o incluso Yesh Atid de Yair Lapid- a la coalición para formar un gobierno de unidad nacional. Y aunque siempre hay algo reconfortante en los llamamientos a la unidad -y algunos dirán que es necesaria para «moderar» lo que se perfila como el gobierno más derechista de la historia del país-, eso no es lo que votó la nación.

No votó a Gantz como ministro de Defensa ni a Lapid como ministro de Asuntos Exteriores. Votó por Netanyahu, e Itamar Ben-Gvir, y Bezalel Smotrich, y Arye Deri y Yitzhak Goldknopf. Recibieron un mandato claro; hay que darles las riendas. Si, más adelante, Gantz o Lapid o algunos de sus partidos optan por unirse al gobierno, que así sea. Pero es hora de honrar la elección del pueblo y darle lo que votó.

Cuando no se le da al pueblo lo que votó, cuando se le da algo que no negoció, se está invitando a los problemas. Sólo hay que preguntar al ex primer ministro Naftali Bennett y al «gobierno del cambio» saliente.

Sea lo que sea lo que el país decidió en las urnas en las elecciones de marzo de 2021, no dijo que quería ver a Bennett, líder de un partido que sólo obtuvo siete escaños, como primer ministro. Sin embargo, eso es lo que obtuvo el país, y por eso Bennett fue perseguido durante su corto mandato por cuestiones de legitimidad.

¿Qué derecho tienes, se le preguntó repetidamente, a dirigir el país cuando tan poca gente te votó?

No es una pregunta que pueda hacerse al gobierno entrante de Netanyahu, que recibió un claro mandato para gobernar.

Sin embargo, ese mandato decisivo conlleva una responsabilidad, y parte de esa responsabilidad es la necesidad de tranquilizar rápidamente a los votantes que se despertaron el miércoles por la mañana con la sensación de que su país se les escapaba de las manos.

La primera tarea de Netanyahu, así como la de sus posibles socios, debe ser reconocer los temores y las preocupaciones de muchos ciudadanos árabes, mujeres, miembros de la comunidad LGBTQ+ y ciudadanos seculares del país, y disipar esos temores.

Los socios de la coalición -dirigida por un hombre que dirigirá el país por tercera vez, algo sin precedentes (Ben-Gurión, Shamir y Peres volvieron una vez cada uno)- deben dejar claro que los sectores preocupados no tienen nada que temer, que éste también es su país y que se respetará su forma de vida y se protegerán sus derechos.

Algunos pueden argumentar que esto se da por hecho y que no hay razón para decirlo. Es un error. Con razón o sin ella, muchos temen que el país esté a punto de dar un giro de 180 grados en todo lo que tiene que ver con los derechos democráticos y de las minorías. Netanyahu debe transmitir claramente -y lo antes posible- que esto no va a suceder.

Ya empezó a hacerlo, al decir en su discurso de victoria la madrugada del miércoles que, aunque dirigirá un gobierno de derechas, pretende ser el primer ministro de todos los israelíes: «De la derecha y de la izquierda, de los judíos y de los no judíos».

Es necesario enviar un mensaje tranquilizador similar a los amigos de Israel en todo el mundo, algunos de los cuales están preocupados por el ascenso de la extrema derecha. A esto también se refirió brevemente durante su discurso, diciendo que «no se embarcará en aventuras innecesarias».

Las palabras de Netanyahu indican que comprende los enormes desafíos internos y externos que le esperan como consecuencia directa del resultado de la votación del martes. Esperamos sinceramente que sus actos reflejen el mensaje tranquilizador de sus primeras palabras.\

 

Artículo publicado en The Jerusalem Post.

Opinión

Editorial: El terror sigue aquí, Israel necesita un gobierno seguro para detenerlo

Artículo publicado en The Jerusalem Post. Después de 75 años de Estado empañado por guerras y atentados terroristas, no hay que buscar excusas de por qué los terroristas árabes quieren intentar matar a los judíos israelíes.

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Policía y personal de seguridad en el lugar de un ataque terrorista en Jerusalem, el 23 de noviembre de 2022. (Crédito de la foto: OLIVIER FITOUSSI/FLASH90)

Agencia AJN.- Los atentados terroristas del miércoles por la mañana en Jerusalem fueron un duro recordatorio de que existen verdaderos retos y amenazas a los que Israel debe enfrentarse tras las elecciones de este mes.

En una espantosa escena que conocemos muy bien -a través de décadas de terrorismo palestino, pero en particular durante la Segunda Intifada-, una persona murió y 19 resultaron heridas en dos explosiones en paradas de colectivos en distintas entradas de Jerusalem, en lo que la policía está tratando como un doble ataque terrorista coordinado.

La víctima mortal fue identificada como Aryeh Shechopek, de 16 años, que se dirigía a una yeshiva (escuela religiosa) en una comunidad cercana cuando se produjo la explosión. El ciudadano canadiense israelí vivía en el barrio Har Nof de la capital.

Mientras los titulares de las últimas semanas se centraron en gran medida en qué cartera obtendrá Bezalel Smotrich (Sionismo Religioso) y qué legislación será necesaria para garantizar que el presidente de Shas (partido árabe), Arye Deri, pueda ejercer como ministro, las explosiones que sacudieron la entrada de Jerusalem fueron un recordatorio de que el terrorismo palestino sigue asomando la cabeza. Está aquí, es real y es mortal.

Los ataques fueron mucho más sofisticados que el tipo de terrorismo al que Israel se acostumbró en los últimos años. No se trató de un atacante solitario con un cuchillo, un rifle de asalto o un auto que se embarcó en un ataque terrorista como los que se vieron con demasiada frecuencia en las últimas semanas.

Los atentados perpetrados por atacantes solitarios suelen ser más difíciles de frustrar. Pueden ser perpetrados por personas que se levantan una mañana y deciden intentar matar a algunos judíos sin ningún aviso previo. Un atentado como el que tuvo lugar el miércoles es otra cosa.

Fue un atentado que requirió la participación de varias personas: para preparar las bombas y obtener los ingredientes necesarios, introducir las bombas de contrabando en Israel y colocarlas junto a sus objetivos.

Esto ya es lo que se llama «infraestructura terrorista», del tipo que probablemente esté afiliado a una organización conocida, que debería haber estado en la lista de vigilancia de la comunidad de inteligencia israelí.

Lo que esto demuestra también es la necesidad de centrarse ahora en el establecimiento de un gobierno. Cuanto antes haya un gobierno estable en Jerusalem, antes podrá Israel crear una estrategia clara para detener la ola terrorista que no desaparece.

Las peleas por los ministerios pueden interesar a los políticos que se supone que ocupan esos cargos, pero no interesan realmente a los israelíes, que quieren ver calles seguras y saber que sus hijos -como Shechopek- están a salvo cuando están en una parada de colectivos esperando para ir a la escuela.

Comentarios como el realizado por un reportero de la Radio del Ejército el miércoles -que el ataque estaba relacionado con el nombramiento pendiente de Itamar Ben-Gvir (extrema derecha) como próximo ministro de Seguridad Pública- no sirven de nada. Tampoco las apariciones en el lugar de los hechos, poco después del crimen, de Ben-Gvir, que prometió, como presunto ministro de Seguridad Interior, aplicar la mano dura contra el terrorismo.

Después de 75 años de Estado empañado por guerras y atentados terroristas, no hay que buscar excusas de por qué los terroristas árabes quieren intentar matar a los judíos israelíes. Esto formó parte de la historia de Israel desde que se creó como Estado independiente y, por desgracia, probablemente continuará mientras algunos de nuestros vecinos se nieguen a aceptar nuestra existencia aquí.

Hubo terrorismo cuando había gobiernos de izquierda en el poder y hubo terrorismo cuando había gobiernos de derecha. Los israelíes no olvidaron, por ejemplo, cómo Benjamín Netanyahu prometió derrocar a Hamás en la Franja de Gaza durante una campaña electoral en 2009 y cómo a lo largo de 12 años consecutivos como primer ministro se abstuvo de ordenar a las Fuerzas de Defensa de Israel que lo hicieran.

Netanyahu se apresuró a responder al atentado del miércoles, afirmando que su administración volvería a dar seguridad al país. Lo que los israelíes necesitan ahora es seguridad, no presumir de cómo el gobierno entrante va a hacer las cosas de forma diferente. Esperemos que puedan convertir sus palabras en acciones reales.

 

 

Artículo publicado por The Jerusalem Post (traducción a cargo de Martín Solzi).

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Opinión

¿Llegó el momento de que Italia traslade su embajada a Jerusalem?

El traslado de la embajada italiana a Jerusalem -una de las pocas ciudades del mundo que realmente rivaliza con la antigua Roma- puede tener más implicaciones de las que se ven a simple vista.

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La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, llega a la cumbre del G20 en Bali, el martes. El traslado de la embajada italiana en Israel disiparía cualquier malestar persistente sobre la asociación pasada del partido político de Meloni con elementos antisemitas, dice el escritor. (Foto: KEVIN LAMARQUE/REUTERS)

Agencia AJN.- Roma y Jerusalem: tal vez no haya otra pareja de capitales que evoque más historia, grandeza, conflicto, apocalipsis y simple emoción. El mundo occidental moderno no existiría como lo conocemos hoy sin el encuentro y el choque de las respectivas sociedades y culturas de estas dos capitales.

El resultado sería la formación y el ascenso del cristianismo y la cristiandad, los valores «judeocristianos», la inspiración y las aspiraciones bíblicas, la historia y el orden político de Europa (ya que todas sus principales casas reales reclamarían la descendencia, y por extensión la legitimidad, de la Casa de David) y mucho más.

Jerusalem y Roma también sirven en última instancia como ejemplo de reconciliación, asociación y respeto mutuo.

Por eso, la Italia actual, más que ningún otro país del mundo, salvo Irak (como iteración geográfica moderna de lo que fue el Reino no árabe de Babilonia y, finalmente, el Imperio Babilónico), tiene una responsabilidad histórica particular de trasladar su embajada a la capital de la Nación de Israel, de 3.000 años de antigüedad.

Italia y su pueblo se consideran tradicionalmente herederos de la antigua Roma, y hoy, como en la antigüedad, la capital de una Italia unida se encuentra en la misma ciudad de la que la República y el Imperio romanos tomaron su nombre.

Esa responsabilidad histórica es un legado perdurable de la conquista y ocupación de la Tierra de Israel por parte del Imperio Romano. Después de más de un siglo de ocupación y dominio imperial romano, tanto directamente como por medio de apoderados colaboracionistas, en el año 66 de la era cristiana estalló una rebelión masiva de la nación de Israel, una guerra a gran escala.

Jerusalem no sólo había sido brutalmente subyugada, saqueada y profanada en los años anteriores al 66 d.C., sino que el clímax de la guerra en el 70 d.C. vería el asedio de la ciudad -después de haber sido liberada por las fuerzas de Judea al principio del conflicto- y finalmente su destrucción junto con el Segundo Templo en su corazón.

 Leader of Brothers of Italy Giorgia Meloni holds a sign at the party's election night headquarters, in Rome, Italy September 26, 2022. (credit: REUTERS/GUGLIELMO MANGIAPANE)

La líder de Hermanos de Italia, Giorgia Meloni, sostiene un cartel en la sede electoral del partido, en Roma, Italia, el 26 de septiembre de 2022. (Crédito: REUTERS/GUGLIELMO MANGIAPANE).

Los tesoros, los registros y los vasos sagrados del Templo que no fueron directamente destruidos fueron saqueados y enviados a Roma junto con un sinnúmero de nuestros antepasados esclavizados.

Parte de los tesoros saqueados, junto con la sangre y el sudor de los esclavizados, se utilizaría para financiar y construir el símbolo mismo de Roma hasta el día de hoy: el Coliseo (junto con otros numerosos monumentos de la ciudad).

Aquellas vasijas y tesoros del Templo que no fueron fundidos y utilizados por su valor monetario, serían expuestos como reliquias de una gran y renombrada nación subyugada y destinada a desaparecer por el Imperio Romano, en un edificio construido a propósito, llamado sardónica e irónicamente el Templo de la Paz, financiado de nuevo con el saqueo de esa misma nación – Israel.

En dos grandes guerras posteriores entre el Imperio Romano y la Nación de Israel -junto con innumerables revueltas de menor escala a lo largo del período de ocupación de Roma en la Tierra de Israel y la región circundante- muchos más serían exiliados, esclavizados y asesinados por Roma.

Al final de la tercera y última guerra, más conocida como la Guerra de Bar-Kochba, una que vio a Roma amenazada con una derrota como no se había visto desde su transformación en imperio, el emperador Adriano implementaría políticas persecutorias adicionales contra la Nación de Israel.

Jerusalem sería rebautizada oficialmente en su honor como Aelia Capitolina, toda la Tierra de Israel sería rebautizada como Siria-Palaestina, y a los judíos se les prohibiría incluso entrar en Jerusalem. El intento de cortar incluso los lazos más innatos entre la nación y la tierra tendría efectos devastadores en la nación de Israel a partir de ese momento, y todavía afecta al paisaje geopolítico del Medio Oriente moderno.

Por lo tanto, sería la máxima expresión de justicia y verdad históricas que la República Italiana trasladara su embajada en Israel a nuestra capital eterna, Jerusalem..

A la inversa, también sería un reflejo de la intimidad, el respeto mutuo y la productividad de las modernas relaciones entre Israel e Italia, no sólo en el plano de Estado a Estado, sino en el de pueblo a pueblo.

 THE REMAINS of the massive Temple of Peace in Rome, built by Emperor Vespasian, where the Herodian Temple vessels were housed for 400 years. (credit: HARRY MOSKOFF)

LOS RESTOS del enorme Templo de la Paz en Roma, construido por el emperador Vespasiano, donde se alojaron los vasos del Templo Herodiano durante 400 años. (crédito: HARRY MOSKOFF).

Los israelíes adoran Italia, la comida, la cultura, los diversos lugares del país y es uno de los principales destinos turísticos para los israelíes. Las marcas italianas, desde Alfa Romeo hasta Gucci, son muy populares en Israel.

Cada vez son más los italianos que visitan Israel no sólo para hacer una peregrinación religiosa, sino para explorar la cultura del país, su vida nocturna y, ahora, su cocina de primera clase; una nación mediterránea que utiliza muchos ingredientes similares de forma tan diferente.

Ambas naciones, en casa y en nuestras respectivas diásporas (que a menudo se concentran en las mismas ciudades e incluso barrios, especialmente en Estados Unidos), son muy conscientes de que la familia, la identidad étnica y la fe desempeñan papeles igualmente importantes en nuestra vida cotidiana. En consecuencia, es fácil que nuestras naciones se identifiquen y se sientan cómodas entre sí.

En el plano estatal, las proezas militares, de inteligencia y tecnológicas de Israel son cada vez más importantes para las estrategias y políticas de defensa y seguridad nacional de Italia.

La cooperación en todos esos campos, y más recientemente el potencial de cooperación en el sector energético, con los descubrimientos de gas natural de Israel, sirven para reforzar la relación bilateral de Estado a Estado.

Ahora también hay un nuevo gobierno italiano, dirigido por la primera ministra Giorgia Meloni, que está compuesto por muchos partidarios y defensores de Israel. La primera ministra expresó su interés en profundizar los lazos con Israel, al que describió como la única «democracia de pleno derecho» de Medio Oriente, y cuya existencia, dejó claro, es vital.

Como líder de derechas con una ideología conservadora, Meloni, junto con sus socios de coalición afines, prioriza la soberanía nacional y la preservación y el fortalecimiento del modelo de Estado-nación como parte fundamental del orden mundial.

La defensa del patrimonio nacional y el refuerzo de la identidad nacional frente al multiculturalismo y la política de identidad que se extiende por toda la izquierda occidental forman parte de estos esfuerzos.

Meloni y sus socios, como el viceprimer ministro Matteo Salvini, ven a Israel como un ejemplo de Estado-nación occidental orgulloso, con una identidad clara y fuerte, que ejerce su soberanía e independencia en un mundo occidental dominado por paradigmas posmodernos y posnacionalistas. Israel es, por lo tanto, un modelo a seguir a sus ojos, y una nación a la que respetar y admirar.

Benjamín Netanyahu, del que se espera que pronto vuelva a estar al frente del gobierno de Israel, reconoció este fenómeno entre los gobiernos de Occidente dirigidos por la derecha, y en concreto la coincidencia entre los intereses y la visión del mundo de la derecha europea y los intereses fundamentales y la posición del Estado de Israel en el escenario geopolítico mundial.

Un gobierno dirigido por Netanyahu que trabaje directamente con el gobierno de Meloni haría aún más posible un posible traslado de la embajada. El traslado de la embajada italiana también serviría para disipar, quizá definitivamente, cualquier malestar persistente entre algunos sobre la asociación pasada del partido político del primer ministro Meloni, los Hermanos de Italia, con ciertos elementos antisemitas.

Con la historia que hay que rectificar y hacer, y la visión del mundo del actual gobierno italiano ostensiblemente en sintonía con tal movimiento, se debería aprovechar el momento y trasladar la Embajada de Italia en Israel a donde siempre perteneció: a la ciudad conocida por el Imperio Romano ya en su tiempo como la antigua capital de la Nación de Israel, Jerusalem.

 

 

Artículo publicado por Ilan Pomeranc (un empresario israelí de alta tecnología y miembro del Foro de Liderazgo de Israel) en The Jerusalem Post.

 

 

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