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Hoy en la historia judía / Se publica Mundo Israelita, el primer diario en castellano destinado a la comunidad judía argentina

 AJN.- En el diario escribieron figuras como Alberto Gerchunoff, César Tiempo, Moshé Korin, Arturo Capdevila, Jaime Barylko, Victoria Ocampo, Mark Turkov, Samuel Tarnopolsky, Bernardo Kliksberg y Manuel Tenenbaum, entre otros.

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 En junio de 1923, hace 90 años, se publica la primera edición del periódico Mundo Israelita, el primer semanario en castellano destinado a la comunidad judía que vivía en la Argentina.


Sus editores y responsables eran dos prestigiosos intelectuales, Salvador Kibrick y Samuel Resnick, quienes impulsaron la iniciativa con la intención de que en sus páginas se reflejara tanto el acontecer social y cultural de la vida judía que se llevaba a cabo en las innumerables instituciones existentes como también lo que ocurría en la lejana Europa, el norte de África, Turquía, Líbano y Siria, como también el desarrollo de la colonización judía que se estaba llevando a cabo en Eretz Israel (la tierra de Israel) movilizado por el Movimiento Sionista.


Tanto Kibrick como Resnick decidieron editar Mundo Israelita convencidos de que los jóvenes miembros de la comunidad necesitaban un medio periodístico local en el idioma que hablaban en sus lugares de trabajo, en la universidad y en los centros de reunión en los que interactuaban socialmente.


Su intención no fue reemplazar a los medios que se publicaban en idish, como los diarios Di Idishe Zaitun (El diario Israelita) y Di Presse (La Prensa), sino llegar a un sector de la comunidad que diariamente utilizaba el castellano como medio de expresión y también a los jóvenes de origen sefaradí y del Cercano Oriente cuyas familias habían emigrado a la Argentina buscando un mejor nivel de vida.


El momento elegido no era, quizás, el mejor pues la estructura comunitaria se estaba estableciendo y debía enfrentar prejuicios antisemitas que habían tenido su eclosión hacía cuatro años y medio, durante la Semana Trágica, a lo que se le sumaba la acusación de que los judíos, a quienes popularmente las masas populares denominaban “rusos” o despectivamente “rusitos”, eran todos partidarios de la revolución bolchevique.


Con el paso de los años, Mundo Israelita se convirtió en el difusor de las manifestaciones culturales judías que se llevaban cabo en el país: las obras de teatro, los conciertos, la producción literaria, etc., a la vez que pasó a ser un medio que permanentemente enfrentaba todo tipo de discriminación que se intentaba establecer en el país.


Fue el medio en que en forma constante se denunció las leyes racistas antijudías del nazismo y su implementación en Alemania, los intentos de sus seguidores locales para establecer un régimen similar en la Argentina, y a partir del inicio de la Segunda Guerra Mundial, de las persecuciones que los nazis llevaban a cabo contra la población judía de los países que militarmente dominaban.


Asimismo, el periódico difundía el accionar del Movimiento Sionista en Eretz Israel y los esfuerzos denodados de las diversas comunidades judías del orbe destinados a salvar judíos de la muerte en los campos de exterminio.


Concluida la conflagración mundial, sus páginas se convirtieron en defensoras de la tarea en pos del establecimiento de un Estado judío, sin dejar por ello de ocuparse de la realidad comunitaria local y a partir de la instauración del Estado de Israel, fue un vínculo constante en el que se podía seguir semanalmente lo que allí estaba sucediendo; tarea que continúa hasta la actualidad.
A lo largo de sus 90 años de vida publicaron notas y comentarios destacados intelectuales judíos y no judíos, contándose entre ellos: Alberto Gerchunoff, César Tiempo, Samuel Rollansky, Lázaro Schallman, Máximo Yagupsky, Lázaro Liacho, Moisés Goldman, Marcos Aguinis, Carlos Grumberg, Ricardo Feierstein, Moshé Korin, Egon Friedler, Ariel Ploshchuk, Marcos Diskin, Simja Sneh, Bernardo Ezequiel Koremblit, Samuel Eichelbaum, Ricardo Rojas, Arturo Capdevila, Jaime Barylko, Victoria Ocampo, Alejandra Pizarnik, León Dujovne, Mark Turkov, Samuel Tarnopolsky, Bernardo Kliksberg y Manuel Tenenbaum, entre otros.

 

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Israel

Los callejones de Jerusalem no estaban tan vacíos desde la Peste Negra

Agencia AJN.- Los barrios de la ciudad milenaria se encuentran calmos por la pandemia del COVID-19, marcando un hito del que se hablará con el correr de los siglos, tal como sucedió con la trágica enfermedad del siglo XIV.

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Captura de pantalla 2020-03-29 a las 11.05.17 p.m.

Agencia AJN.- Adeeb Joudeh, parado frente a la ahora cerrada Iglesia del Santo Sepulcro en la Ciudad Vieja de Jerusalem, tuvo una respuesta bastante específica cuando se le preguntó cuándo fue la última vez que la iglesia cerró al público de esta manera: “Era el año 1349, en la época de la Peste Negra”, dijo, sosteniendo la llave que había cerrado las puertas de la Iglesia un día antes, tal como había sucedido en el siglo XIV.

El tiempo transcurre más lento en la región central de una de las ciudades más antiguas del mundo, el núcleo de las tres religiones principales, lleno de disputas y espiritualmente intenso. Sin embargo, toma una eternidad recordar la última vez que los cristianos, judíos y musulmanes, cada uno reclamando varios barrios superpuestos de la Ciudad Vieja, se mantuvieron alejados de sus rondas eternas.

Pero el coronavirus, al igual que la pandemia medieval anterior, casi ha silenciado este bullicioso punto caliente de Tierra Santa. Las murallas construidas por el Rey Herodes, los Cruzados y otros (ayudados por las luces intermitentes de los coches de policía en las puertas) mantienen alejadas a las multitudes de turistas y peregrinos que normalmente pasarían por este sitio, Patrimonio Mundial de la UNESCO, especialmente en las semanas previas a las Pascuas y el Ramadán.

Las empinadas y estrechas calles están vacías, a excepción de las patrullas de policía y los relativamente pocos residentes que tiene la Ciudad Vieja. Los lugares de culto de todo tipo están cerrados, incluyendo la Iglesia del Santo Sepulcro, construida en el lugar donde se cree que fue enterado Jesús; el Muro de los Lamentos, el lugar de oración más sagrado para los judíos; y la Mezquita Al-Aqsa, el tercer lugar más sagrado del Islam.

“Ver la santa iglesia cerrada es muy, muy, muy triste para mí”, dijo Joudeh, un día después de recibir órdenes de los funcionarios de salud israelíes de cerrar las puertas indefinidamente. “Todas las iglesias, las mezquitas, las sinagogas de Jerusalem están cerradas, pero entendemos la situación. Todos estamos rezando”, agregó.

Joudeh, que es musulmán, es parte de una línea familiar ininterrumpida a la que se le han confiado las llaves de la iglesia durante más de ocho siglos. Según la tradición, las luchas internas entre varias agrupaciones cristianas hicieron necesario que la custodia de la llave de hierro se entregara a dos familias no cristianas, una para tener la llave, otra para venir cada mañana a abrir las puertas y cada tarde para cerrarlas.

Sólo han roto el programa unas pocas veces en la historia: Entre ellas, en los peores días de lucha en las guerras de 1948 y 1967, y durante 48 horas en 2018 para protestar por una propuesta de aumento del impuesto sobre la propiedad de las iglesias. Pero, según la historia de la familia Joudeh, desde el brote de la peste bubónica la iglesia no ha cerrado indefinidamente, como lo hizo esta semana.

“Se reabrirá, lo sabemos”, dijo, de pie en la usualmente concurrida plaza, ahora tranquila excepto por el sonido de las palomas y, desde algún lugar del imparable corazón espiritual de Jerusalén, el canto de los monjes. “Heredé la llave de mi padre y se la daré a uno de mis hijos. Gracias a Dios tengo tres”.

El propio Joudeh está privado ahora de rezar en la dorada Cúpula de la Roca, un santuario que comparte espacio con la Mezquita al-Aqsa, que a su vez, en las interminables capas de posesión e identidad de Jerusalem, está construida en el sitio de los dos antiguos templos judíos.

La plaza que rodea las mezquitas atrae a decenas de miles de palestinos musulmanes todos los viernes y es frecuentemente foco de violencia del conflicto israelí-palestino. Cuando el consejo religioso jordano que administra los sitios ordenó su cierre, fue un inmenso alivio para los funcionarios israelíes, que vieron con alarma cómo se reunían las multitudes incluso cuando el virus se propagaba.

Pero el cierre de la Ciudad Vieja es menos bienvenido para los comerciantes que viven de las multitudes socialmente no distantes que normalmente se amontonan, hombro con hombro, todos los días. “El negocio está paralizado”, dijo Sabri Zgeir, cuya tienda de frutas y verduras cerca de la Puerta del Estiércol había visto sólo tres clientes en un día. Su abuelo abrió la tienda en 1948, y nadie de su familia ha visto algo así. “Ni siquiera las guerras fueron así”, aseguró Zgeir, parado frente a cajas sin vender. “Este es un lugar turístico; podríamos estar arruinados”, se lamentó.

A unas pocas cuadras de distancia, mirando más allá de las tiendas de recuerdos cerradas y de los iconos religiosos, Shimon Klein estaba teniendo una larga y piadosa visión de la pandemia. El neoyorquino Klein, de 77 años, caminaba con su hijo menor, de 7 años, cerca del apartamento de la Ciudad Vieja, cerca del Muro Occidental, donde ha vivido durante 21 años. Comparó el abrumador vacío con Berlín en 1945. “Nada volverá a ser lo mismo”, dijo.

“Este es el comienzo de una nueva era de existencia”, dijo. “Esto está más allá de la comprensión de cualquiera de nosotros. Vamos al futuro ahora.”

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Coronavirus

Coronavirus. El gobierno israelí evalúa cerrar los distritos ultraortodoxos por la elevada tasa de contagios

Agencia AJN.- El sábado por la noche, en el barrio Bnei Brak hubo un funeral al que asistieron más de 300 personas que violaron la cuarentena. El líder del mundo ultra ortodoxo, el rabino Chaim Kanievsky, finalmente instruye a la comunidad a no rezar juntos.

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Captura de pantalla 2020-03-29 a las 9.08.39 p.m.

Agencia AJN.- El director general del Ministerio de Finanzas de Israel, Shai Babad, dijo el domingo por la mañana que el gobierno está considerando imponer una cuarentena total en las ciudades “haredim” (ultra ortodoxas) como Bnei Brak, donde las tasas de infección de coronavirus son especialmente altas.

Hablando en una audiencia del comité del Parlamento para enfrentar la epidemia de coronavirus, Babad señaló que el cumplimiento de las órdenes de distanciamiento social en el sector ultra ortodoxo ha sido difícil. “Tenemos bastantes problemas con la sociedad ultraortodoxa, en lugares como Bnei Brak”, dijo. “Parte de la discusión es acerca de cómo podemos tener éxito en imponer un cierre y una cuarentena total en esos lugares”, añadió.

Tras la publicación de datos durante el fin de semana, que muestran altos índices de infección por coronavirus en estas ciudades, el líder rabínico de mayor rango del sector ultraortodoxo, el rabino Chaim Kanievsky, dio la orden a la comunidad de dejar de rezar con el mínimo de al menos diez hombres, como es costumbre.

Más temprano el domingo, el Ministro de Seguridad Pública Gilad Erdan mostró su preocupación ante la celebración de un funeral masivo ultraortodoxo en Bnei Brak, una pequeña comunidad dentro de Jerusalem con mayoría de población religiosa, el sábado por la noche. Erdan dijo que se trató de “un incidente extremadamente grave que pone en peligro la vida y perjudica al público”.

Además, informó que se va a organizar una “reunión urgente” con altos funcionarios de la policía para discutir la aplicación de las órdenes del Ministerio de Salud en estas regiones. “Exijo a la Policía de Israel una aplicación determinada y equitativa de las instrucciones del Ministerio de Salud en todas las partes del país, sin excepción”, escribió Erdan en Twitter, y agregó que “la policía debe hacer lo necesario” para evitar que los elementos extremistas del público ultraortodoxo pongan en peligro la vida del público en general.

El evento imprudente tuvo lugar con motivo del funeral del rabino Tzvi Shinker, un rabino de alto rango asociado con la Facción extremista de Jerusalem que se agrupa dentro del público ultraortodoxo. Shinker, que tenía 80 años cuando murió, era el jefe de la Yeshivá Beit David.

La reunión masiva fue una violación directa de las directivas del Ministerio de Salud, que prohíbe reuniones de más de 10 personas – incluyendo rezos, bodas y funerales – en un intento de detener la propagación del coronavirus. Había policías en el funeral, pero el medio Walla informó que no se intentó multar a los asistentes ni detener el evento. Según trascendió, la policía trató de llegar a un acuerdo con los líderes de la comunidad, pero no logró hacer nada.

El Ministerio de Salud está imprimiendo la información sobre los reglamentos en “yiddish”, el idioma utilizado principalmente en las comunidades ortodoxas, lo que permite que más personas tengan acceso al conocimiento de las directrices. Sin embargo, quiere que el documento impreso no indique que es un documento del gobierno para garantizar que no sea rechazado por las comunidades más estrictas.

El domingo por la mañana, la policía encontró unos 30 hombres ultra ortodoxos rezando en una sinagoga perteneciente a la Facción extremista de Jerusalem, en la ciudad ultra ortodoxa de Modiin Ilit. Según la policía, los guardias de la sinagoga llamaron varias veces a los hombres para que se dispersaran, pero los fieles los ignoraron, por lo que actuaron para dispersar el servicio de oración ellos mismos, arrestando a siete de los hombres en el proceso.

En una declaración a la prensa, la policía dijo que si el “diálogo” con el liderazgo de los elementos extremistas del sector ultraortodoxo no tiene éxito, “la aplicación de la ley será estricta y menos tolerante”.

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