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Medio Oriente

Israel recibió información previo al asesinato por parte de Estados Unidos del líder de ISIS

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Agencia AJN.- Israel fue actualizada previo a la operación norteamericana que acabara en Siria con la vida del líder de Daesh (ISIS), Abu Ibrahim al-Hashimi al-Qurayshi, señaló a la televisión estatal israelí (KAN) una fuente involucrada en el operativo.

En el pasado, al-Qurayshi fue el responsable del «asunto Israel» en la organización que lideraba. En tanto, desde Jerusalén evitaron formular declaraciopnes.

El asesinato del líder de Daesh por parte de Estados Unidos se dio después de fuertes críticas en Medio Oriente, por parte de Israel, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y otros países por las políticas de Washington.

Entre otras, por las retiradas en Afganistán y la falta de respuesta al aparente ataque, al menos atribuido, por parte de Irán a una base estadounidense en a-Tanf, meses atrás. El asesinato del líder de ISIS podría interpretarse como que Washington aun sigue presente en la región.

La operación llevó varios meses de preparación. Los servicios secretos de Estados Unidos habían detectado que uno de los hombres más buscados del mundo estaba ubicado en el tercer piso de un edificio en una ciudad del noreste de Siria.

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Cuando la orden llegó, comandos especiales de Estados Unidos descendieron rápidamente desde helicópteros e ingresaron a la vivienda, donde se desató un feroz tiroteo con varios muertos, incluidos niños. El objetivo, el líder de la organización terrorista ISIS, finalmente se inmoló junto a varios miembros de su familia al verse acorralado, anunció este viernes el presidente Joe Biden.

Abu Ibrahim al-Hashimi al-Qurayshi había asumido la conducción de la milicia el 31 de octubre de 2019, días después de que líder Abu Bakr al-Baghdadi también se explotara durante otra incursión de Estados Unidos en la misma zona.

Biden anunció el operativo desde la Casa Blanca y dio detalles de cómo había sido. Dijo que al-Qurayshi murió de la misma manera que al-Baghdadi, al detonar él mismo una bomba que además mató a miembros de su familia, entre ellos mujeres y niños, cuando se acercaban las fuerzas de Estados Unidos. Se le conocía también como Amir Muhammad Sa’id Abdal-Rahman al-Mawla.

“Anoche, bajo mis órdenes, las fuerzas militares estadounidenses eliminaron exitosamente una gran amenaza terrorista para el mundo: el líder global del ISIS”, anunció Biden exultante. “Gracias a la valentía de nuestras tropas, este líder terrorista horrible ha dejado de existir”.

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El mensaje

ISIS ha intentado resurgir y ha realizado una serie de ataques en la región, entre ellos un asalto de 10 días a fines del mes pasado para tomar una prisión. Se estima que lideraba comandos en Siria, Irak y Líbano.

Pero la organización ya no tiene el poderío del pasado. ISIS ya no controla grandes porciones en esos países y su poder de convocatoria a jihadistas ha mermado, estiman los expertos. Tampoco han logrado cometer atentados fuera de la región como los de París de 2015 y ciertamente Al Qurayshi, de bajo perfil, no tenía la estatura de su predecesor.

Pero había cierta preocupación en meses recientes de que el grupo estaba tratando de reconstruirse con emboscadas y ataques en la zona, particularmente con la toma de la prisión. Biden dijo que al-Qurayshi era responsable del ataque a la cárcel, así como del genocidio del pueblo yazidi en Irak en 2014.

La incursión de las fuerzas estadounidenses le da un respiro a Biden, que buscaba un éxito militar para Estados Unidos luego del revés en Afganistán, donde la caótica salida de sus tropas fue considerada un grave error de su administración y un mazazo para su popularidad. Además, el fiasco de Afganistán había sembrado dudas en aliados y adversarios sobre el verdadero poder global estadounidense.

Altos funcionarios del gobierno contaron a la prensa detalles de cómo fue la operación, aunque no quisieron confirmar el número de muertos, que según rescatistas de los Cascos Blancos y Unicef fueron 13, entre ellos 6 menores.

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Imagen del departamento de Defensa de la casa donde se encontraba el líder del ISIS. Foto AP

La planificación de la operación duró «meses», dijeron, ya que Biden fue informado por primera vez al respecto en diciembre, cuando su equipo de inteligencia confirmó que era Al Qurayshi quien se escondía en ese edificio.

Luego le advirtieron a Biden sobre la “gran complejidad” de un operativo porque había un gran número de niños en la zona y familias en el primer piso. Y en ese escenario le dieron al presidente diversas opciones.

En su discurso en la Casa Blanca, Biden explicó que tomó la decisión de llevar a cabo “una redada de fuerzas especiales, algo mucho más arriesgado” para las tropas de EE.UU., en lugar de lanzar un ataque aéreo, para minimizar el número de víctimas.

Dio la luz verde el martes por la noche y el miércoles por la noche supervisó la operación desde la Sala de Situación de ña casa Blanca con la vice Kamala Harris y sus altos mandos militares. “Hubo una tensión enorme, dado el número de niños que sabíamos que estaban en la vivienda, en el primer piso”, agregó la fuente, que pidió el anonimato.

Las fuerzas estadounidenses descendieron de helicópteros y entraron al edificio y pidieron a todos que salieran, dijeron los funcionarios y la advertencia fue confirmada por testigos en el lugar. Una familia que vivía en el primer piso «salió y fue trasladada a un lugar seguro», indicó la fuente.

En total, hubo ocho niños que salieron del edificio y se salvaron, entre ellos cuatro que estaban en el segundo piso, donde las fuerzas estadounidenses mataron a otro terrorista de ISIS y a su esposa, según el funcionario.

Al Qurayshi se encontraba en el tercer piso y, poco después de comenzar la operación, “decidió volarse a sí mismo por los aires”, al detonar un explosivo que mató “a varios miembros de su familia”, explicó Biden en su discurso. La portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, dijo luego que la inmolación mato a una mujer y a tres niños.

La escena fue espeluznante, describió el funcionario: “La explosión fue tan fuerte en el tercer piso que expulsó cuerpos fuera de la casa y hasta las zonas circundantes”. Un periodista de The Associated Press y varios residentes contaron que vieron partes de cadáveres esparcidas alrededor del lugar de la incursión.

Las fuerzas estadounidenses recogieron muestras de ADN que confirmaron la muerte de al-Qurayshi.

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Continúan las protestas en Irán: alumnas de escuelas superiores se quitaron el velo

Agencia AJN.- Desde la muerte de Mahsa Amini, una serie de protestas se desató en todo el país y la cifra de muertos en manos de las fuerzas policiales asciende a 154.

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Agencia AJN.- Alumnas de escuelas superiores en varias ciudades de Irán se quitaron el velo en público como protesta por la muerte de Mahsa Amini, la joven de 22 años que falleció el 6 de septiembre luego de haber sido detenida por la policía moral.

Desde la muerte de la joven, una serie de protestas se desató en todo el país y la cifra de muertos en manos de las fuerzas policiales asciende a 154.

Videos publicados en las redes sociales muestran a decenas de alumnas sin velo en una escuela, luego de la visita de un burócrata iraní que intentaba calmarlas.

Otras manifestaciones de alumnas que desafiaron la ley quitándose el velo obligatorio en público se produjeron entre en Saqez, Sanandaj, Karaj y Teherán.

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Medio Oriente

Opinión: El engaño de la solución de dos Estados entre israelíes y palestinos

La idea de que los Estados judío y árabe coexistirán pacíficamente está muy extendida en los círculos académicos y políticos contemporáneos, pero ignora la realidad sobre el terreno.

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Una foto de 1999 con Ehud Barak, Bill Clinton y Yasser Arafat: El rechazo palestino se impuso cada vez que una partición concreta estaba en la agenda, como la ofrecida por Barak en 2000, dice el escritor del artículo. (Crédito de la foto: WIN MCNAMEE/REUTERS)

Artículo publicado por Efraim Inbar en The Jerusalem Post.- El primer ministro Yair Lapid anunció hace dos semanas en la ONU su visión para resolver el conflicto israelí-palestino: la solución de los dos estados (2SS).

Aunque muchos países alabaron a Lapid, incluido Estados Unidos, una recomendación política basada en una ilusión tiene pocas probabilidades de éxito. La idea de que los Estados judío y árabe coexistirán pacíficamente está muy extendida en los círculos académicos y políticos contemporáneos, pero ignora la realidad sobre el terreno.

Desgraciadamente, por dos razones, es poco probable que surja pronto un resultado estable y pacífico según el paradigma de los 2SS: Los movimientos nacionales árabe palestino y sionista no están cerca de alcanzar un compromiso histórico, y los palestinos demostraron ser incapaces de construir un Estado.

Para la matoría de los israelíes, los acuerdos provisionales de Oslo en la década de 1990 supusieron el inicio de la separación de los palestinos, un proceso que acabaría conduciendo a la partición. Se suponía que la Autoridad Palestina (AP) se haría cargo de los territorios evacuados por el ejército israelí y las aspiraciones nacionales de los palestinos, proporcionaría la ley y el orden y evitaría el terrorismo contra Israel. También se esperaba que la AP negociara un acuerdo permanente con Israel, logrando un compromiso histórico entre los dos movimientos nacionales.

Sin embargo, a pesar de los repetidos esfuerzos, principalmente de Estados Unidos, este proceso de paz previsto no logró alcanzar un acuerdo global.

Las actitudes de los protagonistas en las cuestiones fundamentales de Jerusalem -los refugiados y las fronteras están demasiado alejadas-, y salvar las diferencias parece imposible. Las posiciones de Israel se endurecieron desde el estallido de la Segunda Intifada en 2000 y la percepción de la amenaza aumentó, lo que provocó un notable descenso del apoyo israelí a las concesiones a los palestinos. Encuestas recientes indican que sólo un tercio de los israelíes judíos apoyan el paradigma de los 2SS.

Con el terrorismo palestino intermitente desde Cisjordania desde el 2000 y Gaza convertida en una plataforma de lanzamiento de miles de misiles dirigidos a civiles israelíes después desde el 2007, la mayoría de los israelíes dejaron de creer que los palestinos son un socio para la paz.

En esta coyuntura, la sociedad palestina, bajo el hechizo de un ethos nacionalista e islámico, es incapaz de alcanzar un compromiso con el movimiento sionista. Encuestas recientes (marzo de 2022) muestran que dos tercios de los palestinos dicen que Israel es un Estado de apartheid, y el 73% cree que el Corán contiene una profecía sobre la desaparición del Estado de Israel.

La proposición de que la condición de Estado produce inevitablemente un comportamiento responsable es dudosa, teniendo en cuenta el número de líderes que llevaron a sus Estados al abismo. El actual sistema educativo palestino y los medios de comunicación oficiales incitan al odio hacia los judíos, a los que se culpa de todas las desgracias palestinas.

Además, desde el año 2000, el modelo a seguir para los jóvenes palestinos es el «shahid» (mártir) que se inmola entre los judíos. El nivel de apoyo de los palestinos a los actos de violencia contra objetivos israelíes es asombroso.

De hecho, el rechazo palestino se impuso siempre que se planteó una partición concreta, como la ofrecida por el ex primer ministro israelí Ehud Barak en 2000 o la propuesta por el ex primer ministro del Estado judío Ehud Olmert en 2007. Incluso el líder palestino «moderado» Mahmud Abbas rechaza la idea de que Israel sea un Estado judío. Cualquier Estado palestino estará en desacuerdo con sus fronteras e intentará utilizar la fuerza para alcanzar sus objetivos.

Slain Israeli Prime Minister Rabin with former US President Bill Clinton and former PLO President Yasser Arafat after signing the Oslo Accords at the White House on September 13, 1993. (credit: REUTERS)

El asesinado primer ministro israelí Rabin con el ex presidente de EE.UU. Bill Clinton y el ex presidente de la OLP Yasser Arafat tras firmar los Acuerdos de Oslo en la Casa Blanca el 13 de septiembre de 1993. (Crédito: REUTERS).

Además, el mayor peso político de Hamás, que considera la mera existencia de Israel como un sacrilegio religioso, socava cualquier posibilidad -si es que alguna vez la hubo- de llegar a un compromiso. Como deja claro el asunto de Gaza, hay pocas razones para creer que dar poder a los islamistas radicales conducirá a la moderación. De hecho, los continuos ataques a Israel desde la Gaza gobernada por Hamás indican que el «fin de la ocupación» y la «eliminación de los asentamientos» son condiciones insuficientes para poner fin al conflicto.

Por último, las dos sociedades en duelo todavía tienen energía para luchar y, lo que es más importante, para absorber la angustia necesaria para alcanzar sus respectivos objetivos políticos. El nacionalismo inspira a la gente a soportar el dolor y las dificultades durante las guerras nacionales. En ocasiones, el agotamiento de la sociedad -en lugar de una oportunidad para un compromiso óptimo- pone fin a un conflicto étnico prolongado. Si el dolor es el factor más influyente en la curva de aprendizaje de las sociedades, parece que israelíes y palestinos no sufrieron lo suficiente para llegar a un acuerdo.

La sobria constatación de que un Estado palestino no vivirá pacíficamente junto a Israel refuta el primer supuesto del paradigma de los 2SS.

¿Por qué los palestinos no pueden construir un Estado?

La segunda suposición de los 2SS postula que el movimiento nacional palestino lograría este objetivo, si tuviese la oportunidad de construir un Estado. Esta suposición también está alejada de la realidad política actual.

No todos los grupos étnicos tienen capacidad para construir un Estado. Cuando tuvo la oportunidad de autogobernarse, el antiguo líder palestino Yasser Arafat estableció un sistema político corrupto, ineficiente, sin ley y autoritario. La AP de Arafat era un sistema bizantino en el que gobernaba mediante tácticas de «divide y vencerás». Al permitir la competencia entre líderes, agencias e incluso milicias, se convirtió en el árbitro y dispensador definitivo de puestos de trabajo y remuneraciones. Este sistema descentralizado acabó degenerando en el caos.

El principal fracaso del sistema residía en el área más crítica para la construcción del Estado: el monopolio del uso de la fuerza. La plétora de milicias armadas desafía a la autoridad central y preserva una comunidad palestina ya fracturada, formada por familias y clanes enfrentados.

En gran medida, la AP es un Estado fallido, que se define por la falta de monopolio del uso de la fuerza, la prestación de una justicia y unos servicios limitados a la población y la incapacidad de mantener un clima jurídico y normativo adecuado a una economía moderna.

Abbas, elegido en enero de 2005 para dirigir la AP, no pudo superar el legado político de Arafat. Abbas evitó enfrentarse a las bandas armadas y no consiguió centralizar los servicios de seguridad. De hecho, la AP perdió el control de Gaza a manos de Hamás y tiene continuas dificultades para desmantelar las milicias en el territorio bajo su control formal. Cabe destacar que ni siquiera Hamás consiguió adquirir el monopolio del uso de la fuerza en Gaza, permitiendo la existencia de organizaciones y clanes armados.

La comprensión de que la AP no es una entidad política que funcione penetró gradualmente en la conciencia de la comunidad internacional. Incluso los medios de comunicación mundiales, en su mayoría pro-palestinos, cuestionan cada vez más la viabilidad de la fórmula de los dos Estados. Del mismo modo, el actual discurso diplomático internacional reconoce la incapacidad de la AP para servir de socio de paz para Israel, abogando por el apoyo internacional a la construcción del Estado.

Las expectativas de que los palestinos construyan pronto un Estado moderno, incluso con ayuda occidental, son ingenuas. En Europa se tardó siglos en construir estados-nación. Salvo en el caso de Egipto, una entidad histórica que posee un nivel de cohesión política, los intentos de construcción de un Estado en Medio Oriente sólo tuvieron un éxito parcial. Irak, Líbano, Libia, Somalia y Yemen son ejemplos de entidades políticas que se enfrentan al problema de establecer una autoridad central y la modernidad.

Desgraciadamente, no todos los conflictos prolongados tienen una solución inmediata. A falta de un acuerdo negociado, la gestión del conflicto es la estrategia adecuada para tratar la disputa árabe israelí-palestina.

Dicha estrategia pretende minimizar el coste del conflicto armado y preservar la libertad de maniobra política. Su objetivo es también ganar tiempo, con la esperanza de que el futuro traiga mejores alternativas. La falta de un objetivo final claro no es inspiradora, pero puede ser la mejor manera de abordar una situación compleja.

 

Efraim Inbar es el presidente del Instituto de Estrategia y Seguridad de Jerusalem.

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