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Le Pen-Melenchon, el posible ballottage de extremistas que aterra a toda la Unión Europea

Inquieta el rápido ascenso del candidato de ultraizquierda; es eurofóbico, como la líder del Frente Nacional; Hollande intervino en la campaña para lanzar una señal de alerta.

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(Por Luisa Corradini, La Nación).- ¿Y si terminara por suceder lo impensable? ¿Si el 23 de abril Francia abandonara el perímetro de la razón y escogiera para la segunda vuelta un duelo entre la candidata de extrema derecha, Marine Le Pen , y el de extrema izquierda, Jean-Luc Melenchon? Entre otros absurdos, dos eurofóbicos en un país donde el 75% de la gente quiere conservar el euro y permanecer en la Unión Europea (UE).

Ése es el escenario que provoca escalofríos a políticos y analistas ante el vertiginoso avance registrado en los últimos días por Melenchon, líder de La Francia Insumisa (LFI). Según un sondeo publicado anteayer por el instituto Ifop, si bien Le Pen y el social-liberal Emmanuel Macron siguen liderando las intenciones de voto, Melenchon (19%) consiguió relegar al cuarto puesto al conservador François Fillon (18%).

Las encuestas también demuestran que la erosión continúa para los dos favoritos que perdieron medio punto en 48 horas: Marine Le Pen, candidata del Frente Nacional (FN), conserva 23,5% de intenciones de voto y el líder de En Marcha, Emmanuel Macron, 22,5%. En las últimas semanas, ambos habían superado el 25%.

La situación parece lo suficientemente dramática como para que el presidente, François Hollande, haya decidido salir de su reserva para lanzar una señal de alarma: “Esta campaña huele mal. Ha despegado de la realidad”, confiesa esta semana en una entrevista concedida al semanario Le Point.

El jefe de Estado deplora que “la emoción” y la dinámica electoral hayan reemplazado a “la razón” y los contenidos “de fondo”: frente a la “moda Melenchon” y al “populismo”, “las simplificaciones que consiguen que uno mire el espectáculo del tribuno en vez del contenido de su texto representan un real peligro”, precisó, en alusión a las remarcables dotes oratorias del líder de LFI. Y aunque se cuidó muy bien de llamar a los franceses a votar por Macron, en filigrana le otorgó sus preferencias: “Creo que la política necesita renovación”, declaró.

A su juicio, también “puede existir en los electores la tentación de abatir al o a los favoritos”, simplemente por frustración. Eso es lo que parece confirmar otro estudio publicado anteayer por el instituto Ipsos, en el cual 67% de los franceses reconocen que esta campaña les provoca frustración, repugnancia e indignación.

Una proporción apenas inferior (64%) afirma que la campaña electoral “no les aportó gran cosa sobre los programas y las personalidades” de los 11 candidatos.

Ese sentimiento generalizado de cólera permite comprender las razones de otro dato fundamental que agrega a la incógnita de la primera vuelta. A saber, el elevado abstencionismo previsto para el 23 de abril: sólo 66% de los franceses tienen intenciones de acudir a votar. Si se confirma esa tendencia, esa cifra pulverizaría el récord de 28% de ausentismo registrado en 2002.

Como siempre sucede, la franja más movilizada corresponde al electorado senior: 73% de los mayores de 65 años están decididos a votar. Los más abstencionistas, en cambio, son los jóvenes de 18-24 años. Solo 45% de ese grupo acudirá a las urnas.

Una encuesta diferente de Ipsos reveló otra tendencia inquietante. Los llamados “primo votantes”, es decir, los jóvenes que acuden a las urnas por primera vez, parecen resueltos a votar en forma masiva por Marine Le Pen: 29% de esa franja, que representa 3,3 millones de electores, confiesa que votará por el FN para “patear la mesa” o “para ver si funcionan las ideas [de Le Pen] que nunca fueron aplicadas” en Francia.

Muchos de esos jóvenes reconocen que su actitud está inspirada en la exasperación y no les importa que Marine Le Pen represente un peligro para la democracia: “No me importa nada”, declaró Rudy Le Blanc a la cadena de noticias BFM TV.

Más que en cualquiera de las elecciones anteriores, en las que siempre hubo un “candidato de la esperanza”, esta vez “los electores parecen resignados a escoger el menos malo”. Una gran parte de la población se considera “no representada” por la clase política y los candidatos a estas elecciones: “¿Votar? ¿Para qué? No creo en nada más […] Las cosas no cambian”, es una de las respuestas más escuchadas por los encuestadores del Centro de la Vida Política Francesa (Cevipof).

En un país con 3 millones de desocupados, según las cifras oficiales, y otros 2 millones de desempleados de larga duración que salieron de las estadísticas, “existe una sensación generalizada de ser víctimas del abandono y el desprecio de la clase dirigente, que no hizo el menor esfuerzo para protegerlos de la crisis y de la erosión del nivel de vida”, afirma el economista Michel Santi, autor del libro Miseria y opulencia.

De los 67,5 millones de habitantes de Francia, quinta potencia económica del planeta, 9,6 millones (14,3% de la población) viven bajo el umbral de pobreza, casi un millón de personas no tienen domicilio fijo, 3 millones carecen de vivienda digna y 4 millones pueden comer gracias a los alimentos distribuidos por las ONG y las asociaciones caritativas.

Ese dramático panorama permite comprender por qué razón, aunque la lógica y las encuestas confirmen las posibilidades de un duelo final entre Le Pen y Macron, es legítimo preguntarse si, esta vez, Francia no será capaz de abandonar el perímetro de la razón.

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La decisión de Gantz fue un acto patriótico. Por Hernán Felman*

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Agencia AJN.- El odio no es un buen consejero para cuestiones políticas. Yair Lapid y Moshe Ya’alon, los socios principales de Gantz en la unión de Azul y Blanco, llevaron adelante una política de odio total. Impulsados por ese odio, llevaron a Gantz a destruir su carrera política, al aceptar construir un gobierno con el partido árabe. Estaba claro que el hecho de tener que ir nuevamente a elecciones en Israel iba a dejarlos totalmente fuera de juego.

Gantz tomó el único camino que le quedaba para rescatar su buen nombre, y para destrabar una situación que comprometía el futuro del país. Es probable que ahora la izquierda de Israel hable de traición. Sin embargo, al ser un hombre de honor que está interesado en el futuro del Estado de Israel, y que no está movilizado sólo por el odio, se puede ver la decisión de Gantz como un acto patriótico que permite formar un gobierno de una vez por todas.

Azul y Blanco era un “supermercado de ideas”, más que un partido político. Pasó lo natural que se suponía que pasaría por tratarse de una construcción que no estaba basada en una ideología: terminó convirtiéndose en un “No a Netanyahu”.

Con esta nueva unidad, vamos a tener uno de los gobiernos más estables en la historia de Israel. Esta alianza va a permitir enfrentar los gravísimos problemas de esta coyuntura, con esta enfermedad que hace estragos. No hay duda alguna de que estamos en un momento en el que es indispensable la unión. Es una lástima que aquellos que se separaron de Gantz no estuvieran a la altura de las circunstancias.

Si bien para muchos la disolución de Azul y Blanco con la partida de Gantz es una sorpresa, es el resultado de conversaciones que no pararon en ningún momento, y que buscaban resolver la crisis política. Por otro lado, las acciones de los ex socios de Gantz, incluyendo la presentación ante la Corte Suprema de Justicia de Israel contra el presidente del Parlamento, fueron actos vergonzosos y antidemocráticos. Estaba claro que estas decisiones en un contexto como éste iban a producir los roces internos dentro del partido, que finalmente desembocaron en la ruptura del bloque.

Este resultado es un triunfo de Netanyahu, de Likud, de Israel y de la razonabilidad. Es el triunfo de un país que está enfrentando una crisis y que prioriza su futuro ante todo. El lema de Gantz en campaña, “Israel por delante”, finalmente se cumplió.

*Presidente del Comité Ejecutivo del Likud

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Opinión. El pueblo quiere un Gobierno, no importa cuál. Por Daniel Gazit*

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(Especial para la Agencia AJN).- Gantz lamenta no haber aceptado las propuestas de Netanyahu antes de las últimas elecciones. Si las hubiera aceptado, sería ahora primer ministro. Por eso no confía más en los consejos de Lapid. Él decidió que el mantra “solamente no a Bibi Netanyahu” no va funcionar en estos tiempos de coronavirus, cuando el pueblo quiere un gobierno, no importa cual, y otras elecciones no son una opción. Si él fuera responsable de otras elecciones, va perder y en grande.

Desde el momento que Orli Levi traicionó a su electorado y los dos miembros de Kajol-Lavan – Hendel y Hauser (más conocidos ahora como Hanzel y Gretel) negaron toda posibilidad de un Gobierno de minoría apoyado por los árabes, no había ni siquiera la posibilidad de amenazar a Bibi con remplazarlo. La única posibilidad serían otras elecciones que, en la situación actual, el pueblo no habría aceptado.

Ahora tendremos que ver si Netanyahu va a cumplir con su palabra y dejar el gobierno después de un año y medio. Mientras tanto, él aceptó de Ganz dar la mitad del gobierno, aunque tiene solamente 15 o 16 miembros del parlamento. Desde el punto de vista de Bibi, es una enorme concesión. Concesión que vale por quedarse con el gobierno.

Yair Lapid va a ser ahora el líder de la oposición y va a tratar de fortificar su posición como el único líder que lucha de verdad en contra de Netanyahu y por la democracia, esperando ser el próximo premier en cuanto Bibi traicione a Gantz.

Lo que más me perturbó políticamente fue el rechazo del Presidente de la Kneset a aceptar un mandato de la Corte Suprema. Esto simboliza más que todo la política de los tiempos de Bibi, que pone en peligro le democracia y el dominio de la ley en Israel.

Finalmente, hay que tomar en cuenta que todo esto pasa en tiempos de coronavirus, cuando de todos lados se grita que los políticos deben dejar sus pequeños y egoístas cálculos y peleas, y dar al pueblo un gobierno estable. Pienso que esto afectó mucho a Gantz a aceptar la única solución viable por el momento de formar un gobierno. Pienso que en otras circunstancias no lo hubiera aceptado.

*Ex embajador de Israel en Buenos Aires

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