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Opinión

Hamás. Otra vez tendrán tiempos terribles. Por Waldo Wolff

¿Cuánto falta para que nuevamente, en Europa, en nombre de quien sabe qué Dios, alguien reedite Lockerbie (volaron un 747 con civiles sobre Escocia) o Bataclan o en Estados Unidos ocurra un nuevo 11 de setiembre? ¿Cuánto? Con el aval político que el mundo le dio a Hamás, es solo cuestión de tiempo.

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Agencia AJN.- Corría el inolvidable julio de 1938 y en la conferencia de Evian que se dio del 6 al 15 (Francia), 32 países se reunían en una famosa conferencia para tratar el “problema judío”. ¿En qué consistía? Tan sencillo como premonitorio: Alemania ya había comenzado institucionalmente con la promulgación de las leyes de Núremberg de 1935 a legislar sobre la quita de derechos a los judíos, comenzaron por cercenarles la ciudadanía por su condición de tales, el mundo se expresaba cerrándole oficialmente las puertas de sus países y terminaron prohibiéndoles vivir. Sí, así como leen, la ejecución de la shoá estuvo a cargo de Alemania, pero la responsabilidad de esa locura fue definitivamente compartida por el mundo.

Haim Weitzman -quién luego sería el primer presidente de Israel diez años después- dijo en ese momento respecto de la conferencia: “El mundo se dividió entre quienes desean echar a los judíos y quienes no quieren recibirlos”. Los hechos se desencadenarían de manera trágicamente vertiginosa:

-El 30 de setiembre de ese año se firmaba el Pacto de Múnich. Las potencias europeas de Francia, Italia e Inglaterra le “permitían” a Alemania la anexión de la región de los Sudetes (Checoslovaquia) y entre los cuatro firmaban ese convenio vergonzoso en que el nazismo mentía afirmando que no invadiría ningún otro país y que fue la vía libre que el mundo le dio para lo que vendría después: la Kristallnacht, el holocausto y la Segunda Guerra Mundial.

-Tras la firma del pacto, Chamberlain volvió a Londres e inmortalizó la famosa frase: “Paz para nuestros tiempos” (peace for our times) en el aeropuerto de Heathrow, Londres, ante una ovación de los ingleses que envejecería ridícula poco tiempo después con el devenir de los acontecimientos que traerían todo lo contrario. Solito, en la cámara de los Lords, Churchill (quien menos de un año después sería elegido primer ministro transformándose en uno de los estadistas más grandes del siglo pasado) predecía el futuro diciendo “pudo elegir entre la deshonra y la guerra. Eligió la deshonra y tendrá la guerra”.

-El 9 de noviembre de ese mismo año las hordas nazis perpetrarían la tristemente célebre “Noche de los cristales rotos (la kristallnacht)” quemando más de mil sinagogas en Alemania y Austria, asesinando centenas de judíos y destruyendo las vidrieras de sus comercios (de ahí el nombre de ese tristemente célebre pogrom). Comenzaba formalmente la shoá, el holocausto judío.

-El 1° de setiembre de 1939, menos de un año después del Pacto de Múnich, las palabras que en soledad había pronunciado Churchill el 30 de setiembre del año anterior sobre la deshonra y la guerra, Alemania invadía Polonia y comenzaba la Segunda guerra mundial.

Este reciente 7 de octubre -en el que el grupo terrorista Hamas asesinó, secuestro y desapareció civiles por su condición de judíos- pudo haber sido el comienzo del punto final al terrorismo. El Mundo libre lo está transformando en un punto de partida a dimensiones desconocidas, o no tanto. Pudo condenar de manera enérgica, colectiva y contundente  a Hamas a ser tratado como criminales de lesa humanidad  y gran parte lo equipara a una democracia establecida entre las naciones donde imperan los derechos universales y el debido proceso: Evian, Múnich, la Kristallnacht, la invasión a Polonia, la Segunda guerra mundial y la shoá se pasean este fin de 2023 todas juntas comentadas por políticos y medios convencionales con una naturalidad nauseabunda que somatiza en las entrañas de muchos de nosotros.

OTRA VEZ VENDRÁN TIEMPOS TERRIBLES.

Pudieron elegir entre la deshonra y la guerra, eligieron justificar los secuestros y asesinatos de civiles por ser judíos y tendrán la guerra que ya vivieron.

A Sir Winston Leonard Spencer Churchill no le llego ni a la suela de los zapatos, pero me atrevo a vaticinar que el 7 de octubre no es el fin. Lamentablemente es solo el comienzo. Mientras pululan Chamberlains que hablan de paz y se vienen Kristallnachts, matanzas de civiles y más guerras.

¿Comprenden que el grupo terrorista Hamas tiene establecido en su estatuto la aniquilación del Estado de Israel y de todos los judíos sobre la faz de la tierra?

¿Vieron las imágenes de civiles de todos los sexos y edades masacrados, violados y secuestrados de sus hogares una apacible mañana de un sábado solo por ser judíos?

¿Cuánto falta para que nuevamente, en Europa, en nombre de quien sabe qué Dios, alguien reedite Lockerbie (volaron un 747 con civiles sobre Escocia) o Bataclan o en Estados Unidos ocurra un nuevo 11 de setiembre? ¿Cuánto?

Con el aval político que el mundo le dio a Hamas, es solo cuestión de tiempo.

Es la tercera vez en este artículo que vaticino que OTRA VEZ VENDRÁN TIEMPOS TERRIBLES.

Deseo equivocarme no sin antes ensayar un final de esta columna con la ilusión de atravesar esos tiempos que ya empezaron con una indispensable épica que garantizará, una vez más, el éxito de la civilización aunque con enormes costos humanos.

Pertenezco a una cultura, la judía, cuna de la civilización occidental, pueblo del libro y madre del ordenamiento institucional a través del simbolismo de las tablas de la ley.

Nunca vi en estos años a tantos tan juntos en la comprensión de este conflicto sin grises, sin medias tintas, sin fisuras. Aquellos que justifican a Hamas ya no tienen lugar entre nosotros, no los queremos, no son parte nuestra, son tan enemigos como ese grupo terrorista. Se ha trazado una línea en la arena y está muy claro quién está de cada lado. Es tan ridículo que ciertos sectores del mundo occidental se pongan del lado de quienes van a atentar contra ellos (y nosotros)  por occidentales, que si no fuese una inexplicable patología autodestructiva signada por una judeofobia atávica pasional sería solo ridícula.

Así como tuve la insoportable obligación de analizar el pasado y dar mi crudo análisis del presente, deseo transmitir que, así y todo, y a pesar del enorme costo humano presente y venidero, sé que seguiremos ganando esta guerra sin fin. No tengo dudas de ello. Sencillamente porque es por nuestra supervivencia, como lo fue a lo largo de la historia.  No podemos darnos el lujo de perderla  porque desapareceríamos.

Y acá estamos los judíos muy tristes, pero aun así, mejor que nunca. Hay un Estado judío entre 197 -el judío de las naciones- garante de nuestra existencia en medio de un mundo tan tibio como el de aquellos años 30 que precedieron los tiempos donde se institucionalizó la suma del mal.

Sepan que no nos olvidaremos de quienes nos acompañan, pero tampoco de los neutros. Hace 85 años íbamos a las cámaras de gas ante el silencio de gran parte del mundo. Apoyando a un Israel que se va defender como un León ratificamos que “nunca más es ahora”. Tantos como yo elegimos estar del lado de la línea de los que defienden su existencia y derecho a defenderse sin peros, y no tenemos nada para hablar de este tema con quienes se paran del otro.

Entiendo que experimento el mismo shock al ver a quienes justifican a Hamas intercambiando rehenes civiles ante el relato neutro de esta aberración por parte de relatores de esta locura con adjetivaciones inocuas como seguramente otros quedaron atónitos ante la pasividad internacional mientras ocurrían la conferencia de Evian y el Pacto de Múnich.

Como decía el escritor Amoz Oz: “Allí donde persigan un judío por su condición de tal, yo me doy por perseguido”.

Que estos TIEMPOS TERRIBLES nos encuentren con la mente lúcida, nuestros valores más nobles como lo hicimos siempre para, le moleste a quien le moleste, sencillamente, seguir viviendo.

Nunca más es ahora.

Opinión

Hamás construyó túneles bajo la casa de mi familia en Gaza. Ahora está en ruinas

Hamás se mueve por una postura ideológica originada en el concepto de aniquilar el Estado de Israel y sustituirlo por uno palestino islámico. En su empeño por hacerlo realidad, normalizó la violencia y la militarización en Gaza, eliminando las posibilidades de un Estado palestino, aunque la perspectiva de que lo hubiera parecía cada vez más lejana por los sucesivos gobiernos israelíes que se opusieron.

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Soldados salen el 7 de enero de 2024 de un túnel que Hamás habría utilizado el 7 de octubre para atacar Israel a través del paso fronterizo de Erez, en el norte de Gaza. Noam Galai-Getty Images

Agencia AJN.- (Por Jehad Al-Saftawi – TIME) Pasaron siete años desde que me escapé de mi asediada ciudad de Gaza y vine a Estados Unidos. El Día de Acción de Gracias, mi madre me envió una foto de un árbol caído de cuatro metros en el sur de la Franja, donde mi familia se refugió estas últimas semanas. Diez de mis familiares están de pie sobre la calle, rodeando el árbol, y uno de ellos está cortando sus ramas. Es imposible conseguir gas para cocinar y este árbol es ahora la leña que les permitirá preparar su próxima comida.

Desde los atroces ataques de Hamás a Israel del 7 de octubre -que dejaron unos 1.200 muertos, la mayor matanza masiva de judíos en un solo día desde el Holocausto-, los sistemas que abastecen de alimentos, agua y medicinas a Gaza están en urgente declive mientras Israel lleva a cabo su continuo bombardeo de la Franja como respuesta. Desde entonces murieron al menos 27.000 palestinos, miles de ellos al parecer combatientes de Hamás, y unos 1,7 millones de los 2,3 millones de habitantes de Gaza se vieron desplazados, junto con decenas de miles de israelíes por el continuo lanzamiento de cohetes de Hezbollah en el sur de Líbano. Gran parte de la Franja quedó reducida a escombros. Pero la sensación de desorden y emergencia que reina hoy en el enclave costero se remonta mucho más atrás en el tiempo.

Desde la violenta toma de Gaza de Hamás en 2007, las concurridas y hermosas calles que yo conocía están dominadas por el caos terrorista. Hamás se mueve por una postura ideológica originada en el concepto de aniquilar el Estado de Israel y sustituirlo por uno palestino islámico. En su empeño por hacerlo realidad, Hamás normalizó la violencia y la militarización en todos los aspectos de la vida pública y privada de la Franja. En el proceso, eliminaron las posibilidades de un Estado palestino próspero junto a Israel, aunque la perspectiva de que lo hubiera parecía cada vez más lejana en medio de sucesivos gobiernos israelíes que trabajaban en contra de ello.

Vivimos en departamento de la familia de mi padre Imad y ahorramos dinero durante casi 18 años hasta que pudimos construir nuestra propia casa en el norte de Gaza. La primera señal de que Hamás estaba construyendo túneles bajo nuestra casa llegó en julio de 2013, mientras se realizaba la construcción. El que pronto sería nuestro nuevo vecino, Um Yazid Salha, se contactó con mi madre Saadia para preguntarle por qué mi hermano Hamza y yo siempre veníamos a la obra después de medianoche.

La obra, de dos plantas, estaba rodeada por un muro y dos puertas. Pero nosotros estábamos todas las noches en el departamento de la familia de mi padre, donde se cierra la puerta con llave a las 10 de la noche. «Nadie entra ni sale después de las 10», le dijo mi madre a Um Yazid.

Al día siguiente fui a la obra con mi madre y Hamza. Tras mirar rápidamente, no encontramos nada raro. Pero cuando examinamos la obra con mayor atención, encontramos varias losas de hormigón abajo de la escalera interior, cada una de unos 2,5 metros de largo. También encontramos una zona con tierra recién removida a la derecha de nuestra casa y del muro que la rodeaba.

Mi hermano Hamza y yo cavamos en esa tierra mientras nuestra madre miraba. Pronto nos encontramos con una puerta de metal cerrada con un candado. No teníamos ni idea de lo que era ni de por qué estaba allí. Hamza y yo volvimos a cubrir rápidamente la zona con tierra y fuimos directamente a la casa de nuestro vecino.

Antes de nuestra visita, Um Yazid nos contó que algunas noches miraba por las ventanas de su edificio de cuatro plantas hacia el muro que rodeaba nuestra casa y veía la llegada de una camioneta. La gente salía del vehículo y colgaba una lona para ocultar lo que estaban haciendo. Um Yazid escuchaba ruidos de carga y descarga y sentía vibraciones de excavación procedentes del terreno vacío que había detrás de nuestra casa. Sospechaba que alguien estaba cavando un túnel.

Al día siguiente de inspeccionar la casa, Um Yazid llamó para decirnos que los hombres habían regresado por la noche. Mi madre no quería que fuera, pero me vestí y fui solo a la casa inacabada. Cuando llegué a la puerta de hierro de la casa, empecé a escuchar el movimiento de las personas que estaban adentro. Toqué la puerta y una persona enmascarada abrió y me pidió que retrocediera un poco. Luego la cerró y me preguntó quién era yo. Desafiante, le dije que era el dueño de la casa. «¿Quién es usted?», le pregunté.

Encontrarnos con hombres enmascarados es algo a lo que estamos acostumbrados en diferentes aspectos de la vida de Gaza. Discutimos. Le dije que mi tío, que era miembro de Hamás y fiscal en su gobierno, les impediría construir un túnel. El hombre de la máscara insistió en que seguirían como querían. Me dijo que no debía tener miedo y que sólo sería una pequeña habitación cerrada que permanecería enterrada bajo tierra. Nadie podría entrar ni salir. Además, me dijo que sólo en el caso de una invasión terrestre israelí en esta zona y el desplazamiento de los residentes se utilizarían estas habitaciones para suministrar armas.

«No queremos vivir encima de un depósito de armas», le dije, justo antes de que me obligara a retirarme.

Las obras continuaron y Um Yazid siguió informándonos de la actividad nocturna. Hamza y yo, que la visitábamos cada pocas semanas, siempre encontrábamos la misma puerta. Nunca estábamos seguros de lo que podíamos hacer o de lo que realmente ocurría detrás de ella. Nuestro tío nos aseguraba que no teníamos nada que temer.

En febrero de 2014 me casé y dejé la casa de mi familia. Ese mismo año, mi madre, Hamza, y mis dos hermanas pequeñas se mudaron a la casa recién terminada. Antes de que lo hicieran, Hamza y yo volvimos a cavar y esta vez no encontramos más que un metro de arena y luego una gran losa de cemento. La cubrimos, creyendo que por fin habían cerrado la «habitación» por insistencia de nuestro tío.

En los años transcurridos desde entonces, mi familia o sus vecinos escuchaban ruidos o movimientos de vez en cuando. A veces se preguntaban si realmente había túneles, si estaban activos. Mi familia tenía demasiado miedo para hablar de esto con alguien, así que era nuestro secreto. Era vergonzoso, aunque sabíamos que nos oponíamos profundamente a lo que Hamás hubiera hecho al otro lado de aquella losa de cemento.

Cuando algo no se dice durante tanto tiempo, empieza a parecer imposible que la verdad llegue a saberse. Siempre esperé que llegara un momento en el que a mi familia y a otras personas como nosotros se les permitiera hablar de esos túneles, de la peligrosa vida que Hamás impuso a los gazatíes. Ahora que estoy decidido a hablar abiertamente de ello, no sé si ni siquiera importa.

Mi familia fue evacuada al sur poco después del 7 de octubre. Meses después, recibimos fotos de nuestra casa y nuestro barrio, ambos en ruinas. Quizá nunca sepa si la casa fue destruida por los ataques israelíes o por los combates entre Hamás e Israel. Pero el resultado es el mismo. Nuestra casa, y demasiadas de nuestra comunidad, fueron arrasadas junto a una historia y unos recuerdos de valor incalculable.

Y este es el legado de Hamás. Empezaron a destruir la casa de mi familia en 2013 cuando construyeron túneles bajo ella. Siguieron amenazando nuestra seguridad durante una década: siempre supimos que podríamos tener que desalojarla en cualquier momento. Siempre temimos la violencia. Los gazatíes merecen un verdadero gobierno palestino que apoye los intereses de sus ciudadanos, no terroristas que lleven a cabo sus propios planes. Hamás no está luchando contra Israel. Están destruyendo Gaza.

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Un encuentro de diálogo y esperanza: la reunión entre el Papa Francisco y Javier Milei

Este encuentro nos recuerda la importancia de la esperanza, el diálogo y la empatía en la construcción de un futuro más inclusivo y compasivo

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Javier Milei y el papa Francisco, ayer en el Vaticano (Foto: agencia EFE)

Agencia AJN.- (Por Eduardo Feinmann – Infobae) En un evento que ha capturado la atención de observadores tanto dentro como fuera de Argentina, el reciente encuentro entre el Papa Francisco y el presidente Javier Milei en el Vaticano se revela como un momento significativo de diálogo intersectorial. Las fuentes gubernamentales y vaticanas han proporcionado detalles que iluminan la naturaleza y el contenido de esta reunión, reflejando un intercambio profundo y constructivo en torno a los desafíos y esperanzas que enfrenta Argentina.

Desde el gobierno, se señala que la conversación giró en torno a la herencia recibida y el programa de gobierno de Milei, con un enfoque particular en la contención social durante este periodo de transición. Lo notable de este encuentro fue el tono recíprocamente afectuoso, un elemento que destaca la capacidad de ambas figuras para encontrar un terreno común más allá de las diferencias ideológicas o de política.

Una fuente de alta jerarquía en el Vaticano comparte que el Papa encontró en Milei a un líder firme en sus convicciones, incluso en el contexto desafiante marcado por la reciente caída de la Ley Ómnibus. La exhortación del Papa a no perder la esperanza resuena no solo como un consejo espiritual, sino también como un llamado a la perseverancia en medio de las adversidades políticas.

El diálogo también abordó la compleja situación socioeconómica de Argentina, enfocándose en las iniciativas del gobierno para colaborar con organizaciones caritativas, tanto católicas como evangélicas. La preocupación del Papa por la cuestión social subraya su constante compromiso con los más vulnerables, un tema que encuentra eco en las políticas propuestas por Milei.

Un gesto de humildad marcó la reunión, con Milei pidiendo disculpas por pasadas expresiones verbales dirigidas hacia el Papa, quien, en un acto de generosidad y comprensión, aceptó estas disculpas. Este intercambio no solo demuestra la disposición al diálogo y la reconciliación por parte de ambas figuras, sino que también subraya la importancia de la empatía y el respeto mutuo en la política y la vida pública.

Los informes desde Roma destacan el “excelente feeling” entre Francisco y Milei, un encuentro caracterizado por la humildad y la espiritualidad, rasgos que sorprendieron gratamente a muchos. La sintonía entre el líder espiritual de millones de católicos en todo el mundo y el presidente argentino, conocido por su estilo directo y sus firmes posturas económicas, sugiere un puente inesperado entre el pensamiento económico y la preocupación social.

La invitación renovada del Papa Francisco a Milei para visitar Argentina, aunque aún sin fecha definida, mantiene la esperanza de una futura colaboración y diálogo continuo. Este encuentro entre el Papa y el presidente argentino no solo simboliza una búsqueda compartida de soluciones a los desafíos actuales, sino que también envía un mensaje poderoso sobre la posibilidad de unir fuerzas a través de las diferencias en beneficio del bien común.

En definitiva, la reunión entre el Papa Francisco y Javier Milei abre un nuevo capítulo en la relación entre el Vaticano y Argentina, marcado por el entendimiento mutuo y la cooperación hacia objetivos comunes. En tiempos de división y polarización, este encuentro nos recuerda la importancia de la esperanza, el diálogo y la empatía en la construcción de un futuro más inclusivo y compasivo.

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