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Gastronomía

Israel. Una heladería italiana abrió en Tel Aviv en medio de la crisis

Agencia AJN.- Mientras muchos comerciantes luchan por mantener su negocio funcionando ante la crisis del coronavirus, Pinoli aterriza en la ciudad para ofrecer su gelatto italiano.

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Agencia AJN.- Nunca es fácil abrir una nueva heladería en el hiper-competitivo mercado de Tel Aviv. Pero el nuevo emporio de helados, Pinoli, ya emplazado en la Plaza Dizengoff, ha logrado generar revuelo incluso durante la pandemia de COVID-19 con su nuevo sabor: piñón.

Pinoli, que significa piñón en italiano, se dedica a llevar helados al estilo italiano a la Ciudad Blanca, pero no es el primer lugar para hacerlo. Aunque ofrece muchos sabores que han recibido altas calificaciones de los amantes del helado – como el mascarpone, el pistacho y el chocolate belga – la gente habla de su sabor a piñones.

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Y una de esas personas, afortunadamente para los dueños de Pinoli, Golan Dahan y Yoash Amar, es el alcalde de Tel Aviv Ron Huldai, quien elogió la tienda en su página de Facebook no mucho después de que abriera a principios de mayo. “Terminé la semana con un gran helado de una nueva heladería, Pinoli. Lo creas o no, abrió ayer, el momento más difícil para abrir un nuevo negocio en esta ciudad. Los dos socios, Yoash y Golan, son exparacaidistas que cumplieron un sueño, invirtieron todo su dinero en renovaciones, y justo antes de la apertura – el coronavirus llegó e interrumpió los planes… El sabor a piñones es muy recomendable”, escribió Huldai.

Los dueños, que son amigos de la infancia, quedaron sorprendidos y encantados al conseguir este respaldo.

Mientras que el sabor a piñones puede no ser para todo el mundo, parece que está haciendo que la gente entre en la tienda, donde también pueden degustar las variedades de helados más convencionales.

Al parecer, abrir su negocio ahora, cuando la industria de la gastronomía está siendo tan golpeada, puede no haber sido una idea tan descabellada.

Gastronomía

Nueva York. Los alimentos judíos más populares de la pandemia

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Agencia AJN.- Los clientes de Russ and Daughters, la panadería judía de Nueva York, ya no pueden hojear el mostrador, mirar en la panadería o ir a tomar un café y un “rugelach” (dulce judío de origen ashquenazí de Polonia) improvisados. Los neoyorquinos que necesitan urgentemente un “schmear” tienen que hacer sus pedidos por teléfono y esperar fuera hasta que un empleado enmascarado y enguantado les entregue su comida.

Pero aunque el apetitoso ambiente de la tienda puede ser una víctima del coronavirus, algunas cosas nunca cambian. “Estamos haciendo 100 babkas al día, y todo se vende”, dijo la copropietaria de Russ and Daughters, Niki Russ Federman.

Nadie sabe cuándo volverá a Nueva York la cena en restaurantes, pero la incertidumbre no ha impedido que las tiendas de delicatessen de Nueva York dispensen grandes cantidades de comida casera judía. En Russ and Daughters hacen productos de panadería y brunch esenciales como bagels y nova lox, y los clientes ansiosos de abastecerse están comprando en mayores cantidades que antes.

Barney Greengrass está vendiendo mucho pescado, además de “blintzes” de queso y “muchos, muchos [babkas] blancos y negros”. En Sarge’s Deli, son “kits” de sándwiches de pastrami, completos con pepinillos. Katz’s Deli está enviando contenedores congelados de sopa de “matzeballs” a través del país.

“Para aquellos de nosotros que aún podemos trabajar y sacar la comida, el trabajo se siente no sólo esencial sino indispensable”, dijo Russ Federman. “Estamos alimentando a la gente literalmente, pero [también] alimentamos la necesidad emocional de sentirnos seguros, de sentir que algunas cosas permanecen igual”.

Muchos negocios están recibiendo tráfico a través de órdenes de fuera de la ciudad. Andrew Wendover, el dueño de Sarge’s Deli, dijo que el envío se ha duplicado desde el comienzo de la pandemia, y Russ Federman reportó un incremento del cuádruple. El dueño de Katz’s Deli, James Dell, tiene la hipótesis de que muchos clientes están enviando alimentos icónicos para alegrar a familiares que no pueden ver en persona o para conmemorar ocasiones como cumpleaños o graduaciones.

“Para mostrarle a alguien que lo amas, ¿qué lo dice mejor que la comida?” Dell dijo.

Otros pedidos de envío vienen de los neoyorquinos que están soportando la pandemia fuera de la ciudad. El propietario de Barney Greengrass, Gary Greengrass, ha notado un aumento en los pedidos de destinos vacacionales favorecidos por los neoyorquinos acaudalados, como los Hamptons o Martha’s Vineyard.

Por supuesto, un aumento en el envío no compensa la pérdida de clientes en persona. Wendover dijo al medio Forward que el negocio en general estaba “significativamente bajo”.

El problema es que la cadena de suministro se está sumando a las complicaciones y ha hecho que algunos productos básicos escaseen. A principios de mayo, el gerente de Zabar, Scott Goldshine, dijo a West Side Rag que el mercado se había quedado sin hígado picado y no podía obtener más hígados crudos de los proveedores. “Si quieres hígado picado, no lo vas a conseguir”, dijo.

En un correo electrónico al Forward, Goldshine confirmó que desde entonces ha repuesto sus existencias, pero otros están lidiando con problemas similares.

Anticipándose a la escasez, Wendover compró recientemente 150 libras de hígados de pollo (Sarge’s hace su hígado picado en el lugar). Estimó que su suministro durará alrededor de una semana. Pero después de eso, admitió, “no vamos a tener hígado picado hasta que [los proveedores] tengan hígado de pollo de nuevo”.

Pero eso no significa que el panorama para los amantes de la carne de charcutería sea todo pesimismo. Los Delis contactados por el Adelantado confiaban en sus suministros de productos básicos como la carne en conserva y el pastrami. “Esas cosas siempre se mueven, con o sin pandemia”, dijo Wendover.

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Gastronomía

La comida judía de Pesaj seguirá presente pese a la pandemia

Agencia AJN.- Más allá de las dificultades logísticas que puede implicar el movilizarse para comprar los ingredientes o comidas, por no hablar de un eventual desabastecimiento, la gastronomía típica de la festividad seguirá siendo fundamental en la celebración de la Fiesta de la Libertad.

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Agencia AJN.- Este año, los judíos de todo el mundo deberán celebrar Pesaj (la Pascua judía), la Fiesta de la Libertad, encerrados en sus casas, aislados del resto de sus familiares y amigos, en el contexto de cuarentena que impone la pandemia del nuevo COVID-19. Sin embargo, el encierro no tiene por qué verse reflejado en la gastonomía, más allá de las dificultades logísticas que puede implicar el movilizarse para comprar los ingredientes o comidas, por no hablar de un eventual desabastecimiento.

En Pesaj está prohibida la ingesta de alimentos derivados de cereales (trigo, cebada, centeno, avena y espelta) fermentados, llamados en hebreo “jametz”.

En su lugar se acostumbra comer matzá (pan ácimo), ya que según la tradición, los Hijos de Israel salieron de Egipto con mucha prisa y no tuvieron tiempo para dejar leudar el pan para el camino, y cocinar con su harina.

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Un plato de “Matzot”, el símbolo de la festividad de Pesaj.

De hecho, hay un histórico debate sobre si deben comerse alimentos especiales, característicos, que rara vez se ingieren en otro momento del año, como los knéidalaj (bolitas de harina de matzá -mátzemeil, en yíddish- con caldo o salsa), o los mismos de siempre, pero adaptados a la ocasión, como milanesas sin pan rallado, o ni siquiera.

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Sopa de kneidalaj

Otro no menos folclórico es el que se da entre ashkenazim (oriundos de Europa central y occidental) y sefaradim (provenientes de la Península Ibérica, Europa oriental, África y los países árabes) por el arroz y las legumbres, que los primeros no aceptan.

Incluso, ante esta coyuntura global, algunas comunidades o países flexibilizaron las normas de aptitud gastronómica de ciertos productos y en casos de extrema necesidad.

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En los últimos años, el menú se ha diversificado mucho, aunque el pescado (guefilte fish), el pollo con papas y/o algún otro aderezo, los ya mencionados knéidalaj y la compota de manzana siguen en la cima de las preferencias, sobre todo en al menos una cena ritual (Séder).

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