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Opinión

La decisión de Gantz fue un acto patriótico. Por Hernán Felman*

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Agencia AJN.- El odio no es un buen consejero para cuestiones políticas. Yair Lapid y Moshe Ya’alon, los socios principales de Gantz en la unión de Azul y Blanco, llevaron adelante una política de odio total. Impulsados por ese odio, llevaron a Gantz a destruir su carrera política, al aceptar construir un gobierno con el partido árabe. Estaba claro que el hecho de tener que ir nuevamente a elecciones en Israel iba a dejarlos totalmente fuera de juego.

Gantz tomó el único camino que le quedaba para rescatar su buen nombre, y para destrabar una situación que comprometía el futuro del país. Es probable que ahora la izquierda de Israel hable de traición. Sin embargo, al ser un hombre de honor que está interesado en el futuro del Estado de Israel, y que no está movilizado sólo por el odio, se puede ver la decisión de Gantz como un acto patriótico que permite formar un gobierno de una vez por todas.

Azul y Blanco era un “supermercado de ideas”, más que un partido político. Pasó lo natural que se suponía que pasaría por tratarse de una construcción que no estaba basada en una ideología: terminó convirtiéndose en un “No a Netanyahu”.

Con esta nueva unidad, vamos a tener uno de los gobiernos más estables en la historia de Israel. Esta alianza va a permitir enfrentar los gravísimos problemas de esta coyuntura, con esta enfermedad que hace estragos. No hay duda alguna de que estamos en un momento en el que es indispensable la unión. Es una lástima que aquellos que se separaron de Gantz no estuvieran a la altura de las circunstancias.

Si bien para muchos la disolución de Azul y Blanco con la partida de Gantz es una sorpresa, es el resultado de conversaciones que no pararon en ningún momento, y que buscaban resolver la crisis política. Por otro lado, las acciones de los ex socios de Gantz, incluyendo la presentación ante la Corte Suprema de Justicia de Israel contra el presidente del Parlamento, fueron actos vergonzosos y antidemocráticos. Estaba claro que estas decisiones en un contexto como éste iban a producir los roces internos dentro del partido, que finalmente desembocaron en la ruptura del bloque.

Este resultado es un triunfo de Netanyahu, de Likud, de Israel y de la razonabilidad. Es el triunfo de un país que está enfrentando una crisis y que prioriza su futuro ante todo. El lema de Gantz en campaña, “Israel por delante”, finalmente se cumplió.

*Presidente del Comité Ejecutivo del Likud

Opinión

Opinión: ¿La proliferación del coronavirus en Israel es culpa de los judíos ultraortodoxos?

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Por WALTER BINGHAM*

Mi trabajo como periodista es mencionar y discutir preguntas que a los israelíes les interesan. Por lo tanto, he elegido saltar al fondo y examinar uno de los temas más controvertidos de la actualidad.

Nunca en mi larga memoria se han escrito tantas columnas en nuestros periódicos, y múltiples segmentos dedicados en nuestros canales de radio y televisión, al estilo de vida de los miembros ultraortodoxos de nuestra población. Los medios han comentado sobre las familias numerosas, la higiene, los estudios extensos de la Torá en yeshivot (escuelas), sus lugares de culto y las rutinas generales. Eso no debería sorprendernos. Después de todo, vivimos en un Estado judío.

Sin embargo, todo eso no se presenta como una historia educativa de interés humano, sino más bien como una oportunidad para burlarse del 12% de la población de Israel por aquellos que, aunque también son judíos, están en diversos grados eliminados de la observancia práctica regular. En realidad, los judíos ultraortodoxos podrían criticar de manera similar a sus denunciantes, si no fuera por la prohibición de la Torá de hablar en vano.

Entonces, ¿por qué este aparente desprecio por los judíos con abrigos negros y sombreros?

Es lamentable que la generalización del público asalte a todos los judíos de saco y sombrero negro del mismo modo, acusándolos de burlar las instrucciones del Ministerio de Salud de quedarse en casa, cerrar lugares de culto y baños rituales para hombres, mantener distanciamiento social y restringir funerales y circuncisiones a 10 personas.

La aparición repentina y la rápida propagación del coronavirus y su peligro para la vida nos ha puesto a todos en un estado de ansiedad. Los expertos están buscando su origen. Los ultraortodoxos lo atribuyen a una falta general de observancia de la Torá.

Según la Oficina Central de Estadísticas, el número de judíos ultraortodoxos en Israel en 2019 se estimó en aproximadamente un millón. Se sabe que solo varias sectas pequeñas y muy unidas, si puede usarse ese término, están evadiendo las instrucciones.

Es por eso que entre los judíos debemos ampliar la definición de “nosotros” y reducir la definición de “ellos”.

*Sobreviviente del nazismo y veterano de la Segunda Guerra Mundial. Publicado en Jerusalem Post.

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Opinión

El modelo sueco, el centro del debate para adaptarse a la pandemia. Por Thomas Friedman*

Agencia AJN.- La principal pregunta que debemos responder ante el fin de los confinamientos es esta: ¿Vamos a adaptarnos al coronavirus, por diseño, como intenta hacerlo Suecia, o vamos a avanzar en el mismo sentido que Suecia, por default desordenado, o simplemente vamos a decir “al diablo con el confinamiento” y cada cuál hará lo que quiera?

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Agencia AJN (Por Thomas Friedman, para The New York Times).- El presidente norteamericano Donald Trump suele describir la pandemia como nuestra “guerra” contra un “enemigo invisible”, el coronavirus . Esa metáfora de guerra es equivocada y conduce al error.

Las guerras las pelean y ganan los humanos. Así fue que los norteamericanos movilizamos más tropas que los nazis y los japoneses para ganar la Segunda Guerra Mundial, y que invertimos e innovamos más que los soviéticos para ganar la Guerra Fría. Pero cuando uno enfrenta un desafío de la Madre Naturaleza -como un virus o el cambio climático-, el objetivo no es vencerla. Nadie puede, porque la naturaleza es química, biología y física, nada más. Así que el objetivo es adaptarse .

La Madre Naturaleza no recompensa ni a los más fuertes ni a los más inteligentes, sino a las especies que mejor se adaptan y que evolucionan modificando su química, su biología y su física, para prosperar sin importar los peligros que la naturaleza les ponga enfrente.

Por eso creo que la principal pregunta que debemos responder ante el fin de los confinamientos es esta: ¿Vamos a adaptarnos al coronavirus, por diseño, como intenta hacerlo Suecia, o vamos a avanzar en el mismo sentido que Suecia, por default desordenado, o simplemente vamos a decir “al carajo con el confinamiento” y cada cuál hará lo que quiera?

En caso de que no se hayan enterado, Suecia abordó la pandemia con un enfoque drásticamente distinto al resto: básicamente, optó por la estrategia de la “inmunidad de rebaño” a través de la exposición al virus.

Según esa estrategia, la mayoría de las personas menores de 65 años que se infectan -y si no tienen graves enfermedades preexistentes-, atravesarán la enfermedad como una gripe común o sin síntoma alguno, confiando en que los que se enfermen y necesiten ser hospitalizados o internados en terapia intensiva sean menos que el número de camas disponibles.

Así que después de haber hecho todo lo posible por proteger y confinar a los mayores de 65 años y a quienes tenían enfermedades preexistentes -sobre todo cardiopatías, diabetes y problemas pulmonares- y de dejar que el resto de la población circule, se exponga al contagio y quede inmunizada de manera natural, cuando el 60% de la población haya pasado por eso, se habrá conseguido la inmunidad de rebaño y la transmisión del virus habrá quedado bloqueada . Esta hipótesis presume, al igual que la mayoría de los expertos, que exponerse al virus nos inmuniza durante cierto período.

Después de todo, podría decirse que el objetivo siempre es la inmunidad de rebaño, ya sea por vacunación o por inmunización natural de una parte suficiente de la población. Y esas son las únicas maneras de lograrla.

La ventaja de la estrategia de Suecia -si sale bien- es que la economía no queda tan golpeada por la cuarentena . Es diferente de la estrategia de contención del virus que se aplica en este momento en muchas ciudades de Estados Unidos y del mundo, donde la mayoría de la población, cuando acabe la cuarentena, no habrá desarrollado inmunidad y casi todos seguirán siendo vulnerables al virus y a la segunda ola de contagios, cuando pase el verano y llegue el otoño en el hemisferio norte.

Piensen en el problema que habría sido para Nueva York . Los hospitales habrían quedado desbordados por el aluvión de pacientes, así que el confinamiento de millones de personas seguramente salvó muchas vidas. Pero fue a costa del derrumbe económico y la pérdida de empleos, con poco avance hacia la inmunidad de rebaño, y con la perspectiva de que el virus regrese ferozmente no bien se levanten las cuarentenas, a menos que el nivel de testeos, rastreos y confinamiento de los infectados se cumpla a niveles chinos. E incluso así podría fallar.

Ahora piensen en Estocolmo. Anders Tegnell, epidemiólogo en jefe de la Agencia de Salud Pública de Suecia -máximo funcionario del país en materia de infectocontagiosas y arquitecto de la respuesta sueca ante el virus- dijo en una entrevista publicada el martes en USA Today : “Creemos que hasta un 25% de la población de Estocolmo estuvo expuesto al virus y ahora son posiblemente inmunes. Un reciente sondeo en un hospital de Estocolmo reveló que el 27% de su personal de salud ya es inmune . Creemos que la mayoría de ellos se inmunizó por transmisión social, y no en el lugar de trabajo. En cuestión de semanas podríamos alcanzar la inmunidad de rebaño en Estocolmo “.

Tegnell explica que Suecia no está permitiendo alegremente que todos los suecos se contagien para lograr inmunidad, sino que sigue una estrategia planificada, como la forma más sustentable de atravesar la pandemia . Así que las universidades y escuelas secundarias están cerradas, pero los jardines de infantes y escuelas primarias siguen abiertos, al igual que muchos restaurantes, negocios y empresas.

Pero el gobierno también recomendó medidas de distanciamiento social, que la gente está cumpliendo, alentó el teletrabajo y desalentó cualquier viaje no esencial. Lo que es más importante aún, el gobierno sueco instó a los mayores de 70 a no salir de sus casas y prohibió las reuniones de mas de 50 personas y las visitas a los geriátricos .

El resultado hasta el momento, dice Tegnell, fue el lento desarrollo de la inmunidad de rebaño entre los menos vulnerables, evitando al mismo tiempo el desempleo masivo y la sobrecarga del sistema sanitario.

El costo, sin embargo, fue altísimo. Como señala USA Today : “Suecia tiene 10 millones de habitantes, casi el doble que sus vecinos escandinavos cercanos. Hasta el 28 de abril, el número de muertos por Covid-19 en Suecia eran 2274, el quíntuple que Dinamarca y 11 veces más que Noruega . Y los ancianos muertos en geriátricos representan más de un tercio del total de fallecidos.

En cuanto a los expertos que advierten que no hay pruebas concluyentes de que la presencia de anticuerpos en quienes ya tuvieron Covid-19 les confiera inmunidad ante el recontagio, Tegnell dijo que esa idea, por lo tanto, desautorizaría el argumento sobre la necesidad de desarrollar una vacuna. “Si no es posible inmunizar a la población, ¿por qué pensar que una vacuna nos va a proteger?”

Y concluyó diciendo: “Ahora muchos países están empezando a entender el método de Suecia. Abren las escuelas, tratan de encontrar una estrategia de reapertura. Es una cuestión de sustentabilidad. Tenemos que aplicar medidas que sean sostenibles a largo plazo, y no durante un par de semanas o meses.”

La cruda verdad es la siguiente: hay diversas y endiabladas maneras de adaptarse a la pandemia y de salvar vidas y fuentes de sustento al mismo tiempo. Comento el caso de Suecia no porque piense que encontraron un mágico equilibrio -es demasiado pronto para saberlo-, sino porque pienso que deberíamos debatir las distintas maneras y costos de adaptarnos y desarrollar inmunidad.

*periodista y escritor estadounidense, tres veces ganador del Premio Pulitzer.

Nota original: The New York Times
Traducción: La Nación, Jaime Arrambide

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