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Opinión

Opinión. El pueblo quiere un Gobierno, no importa cuál. Por Daniel Gazit*

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(Especial para la Agencia AJN).- Gantz lamenta no haber aceptado las propuestas de Netanyahu antes de las últimas elecciones. Si las hubiera aceptado, sería ahora primer ministro. Por eso no confía más en los consejos de Lapid. Él decidió que el mantra “solamente no a Bibi Netanyahu” no va funcionar en estos tiempos de coronavirus, cuando el pueblo quiere un gobierno, no importa cual, y otras elecciones no son una opción. Si él fuera responsable de otras elecciones, va perder y en grande.

Desde el momento que Orli Levi traicionó a su electorado y los dos miembros de Kajol-Lavan – Hendel y Hauser (más conocidos ahora como Hanzel y Gretel) negaron toda posibilidad de un Gobierno de minoría apoyado por los árabes, no había ni siquiera la posibilidad de amenazar a Bibi con remplazarlo. La única posibilidad serían otras elecciones que, en la situación actual, el pueblo no habría aceptado.

Ahora tendremos que ver si Netanyahu va a cumplir con su palabra y dejar el gobierno después de un año y medio. Mientras tanto, él aceptó de Ganz dar la mitad del gobierno, aunque tiene solamente 15 o 16 miembros del parlamento. Desde el punto de vista de Bibi, es una enorme concesión. Concesión que vale por quedarse con el gobierno.

Yair Lapid va a ser ahora el líder de la oposición y va a tratar de fortificar su posición como el único líder que lucha de verdad en contra de Netanyahu y por la democracia, esperando ser el próximo premier en cuanto Bibi traicione a Gantz.

Lo que más me perturbó políticamente fue el rechazo del Presidente de la Kneset a aceptar un mandato de la Corte Suprema. Esto simboliza más que todo la política de los tiempos de Bibi, que pone en peligro le democracia y el dominio de la ley en Israel.

Finalmente, hay que tomar en cuenta que todo esto pasa en tiempos de coronavirus, cuando de todos lados se grita que los políticos deben dejar sus pequeños y egoístas cálculos y peleas, y dar al pueblo un gobierno estable. Pienso que esto afectó mucho a Gantz a aceptar la única solución viable por el momento de formar un gobierno. Pienso que en otras circunstancias no lo hubiera aceptado.

*Ex embajador de Israel en Buenos Aires

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La decisión de Gantz fue un acto patriótico. Por Hernán Felman*

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Agencia AJN.- El odio no es un buen consejero para cuestiones políticas. Yair Lapid y Moshe Ya’alon, los socios principales de Gantz en la unión de Azul y Blanco, llevaron adelante una política de odio total. Impulsados por ese odio, llevaron a Gantz a destruir su carrera política, al aceptar construir un gobierno con el partido árabe. Estaba claro que el hecho de tener que ir nuevamente a elecciones en Israel iba a dejarlos totalmente fuera de juego.

Gantz tomó el único camino que le quedaba para rescatar su buen nombre, y para destrabar una situación que comprometía el futuro del país. Es probable que ahora la izquierda de Israel hable de traición. Sin embargo, al ser un hombre de honor que está interesado en el futuro del Estado de Israel, y que no está movilizado sólo por el odio, se puede ver la decisión de Gantz como un acto patriótico que permite formar un gobierno de una vez por todas.

Azul y Blanco era un “supermercado de ideas”, más que un partido político. Pasó lo natural que se suponía que pasaría por tratarse de una construcción que no estaba basada en una ideología: terminó convirtiéndose en un “No a Netanyahu”.

Con esta nueva unidad, vamos a tener uno de los gobiernos más estables en la historia de Israel. Esta alianza va a permitir enfrentar los gravísimos problemas de esta coyuntura, con esta enfermedad que hace estragos. No hay duda alguna de que estamos en un momento en el que es indispensable la unión. Es una lástima que aquellos que se separaron de Gantz no estuvieran a la altura de las circunstancias.

Si bien para muchos la disolución de Azul y Blanco con la partida de Gantz es una sorpresa, es el resultado de conversaciones que no pararon en ningún momento, y que buscaban resolver la crisis política. Por otro lado, las acciones de los ex socios de Gantz, incluyendo la presentación ante la Corte Suprema de Justicia de Israel contra el presidente del Parlamento, fueron actos vergonzosos y antidemocráticos. Estaba claro que estas decisiones en un contexto como éste iban a producir los roces internos dentro del partido, que finalmente desembocaron en la ruptura del bloque.

Este resultado es un triunfo de Netanyahu, de Likud, de Israel y de la razonabilidad. Es el triunfo de un país que está enfrentando una crisis y que prioriza su futuro ante todo. El lema de Gantz en campaña, “Israel por delante”, finalmente se cumplió.

*Presidente del Comité Ejecutivo del Likud

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Opinión

Israel contra Estados Unidos: la crisis del coronavirus muestra la importancia del sistema de Salud pública

Agencia AJN.- La idea de que las personas sospechosas de tener el coronavirus deben pagar por las pruebas y cualquier tratamiento es casi inconcebible para los israelíes, pero eso es lo que enfrentan los estadounidenses.

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Agencia AJN.- Si alguien necesitara una prueba adicional de que un sistema público es la mejor manera de proporcionar atención médica a los israelíes, podrían encontrarla en la propagación global del nuevo coronavirus. El contraste entre la disfunción del sistema de salud norteamericano y la respuesta relativamente rápida del sistema público de Israel es sorprendente.

Los Estados Unidos, que cuentan con muchos de los mejores epidemiólogos y médicos del mundo, no pudieron identificar, prevenir y detener la epidemia. Sólo se despertó después de que las comunidades se infectaron por personas que no pueden rastrear.

La idea de que las personas sospechosas de estar infectadas por la corona tendrían que pagar las pruebas y el tratamiento de su propio bolsillo es prácticamente inconcebible para los israelíes, pero esa es la realidad en los Estados Unidos, al menos en las primeras semanas del brote. En Israel, la atención de la salud se considera un derecho básico, no un bien de consumo, y el gobierno se considera responsable de la salud de sus ciudadanos.

Dado que el sistema de atención de la salud de Israel está centralizado, las decisiones pueden adoptarse y aplicarse rápidamente. Un ejemplo de ello fue el establecimiento por el servicio médico de emergencia del Magen David Adom de una línea telefónica dedicada a responder a las preguntas sobre el nuevo coronavirus y, de ser necesario, enviar paramédicos a los hogares de los pacientes para hacer pruebas de detección del virus. Ese servicio puede ayudar a frenar la propagación del virus manteniendo a los posibles portadores alejados de los hospitales y consultorios médicos.

Como resultado de la doctrina fundamental que es la atención sanitaria universal – que se expresa en la Ley del Seguro Nacional de Salud de 1995, una de las legislaciones con más consciencia social en las leyes – el número de personas en Israel que no están aseguradas o que han caído por las grietas del sistema es insignificante. Son las mismas personas que en otros países se perderían en la barajadura durante una epidemia.

En los Estados Unidos, decenas de millones de personas simplemente no tienen acceso a una atención médica decente, incluidas las pruebas para detectar el coronavirus. En el caso de una epidemia tan altamente contagiosa, el problema no es sólo del individuo. Se convierte en el problema de toda una nación.

Pero Israel no puede dormirse en sus laureles. El sistema es eficiente y efectivo, pero está siendo estirado hasta sus límites tanto en términos de recursos humanos como de infraestructura física. A la etapa de detener la propagación de la enfermedad le seguirá la etapa de tratamiento. Esa fase supone el mayor desafío.

Nota de Ronny Linder, para Haaretz

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