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Opinión

¿Por qué no se puede jugar un partido de fútbol en Jerusalem? Por Marcelo Longobardi

Agencia AJN.- Tras la suspensión del partido amistoso entre Argentina e Israel. Editorial de Marcelo Longobardi en Cada Mañana.

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Agencia AJN.- Quisiera introducir la palabra antecedente en el contexto de este debate que hay por la cuestión de la Argentina e Israel.

Ayer, como consecuencia de unas camisetas con tinta roja en España, se suspendió el partido.

Tal vez por ignorancia -pedirle una comprensión del problema a los señores Tapia y Sampaoli parece mucho pedir- pero la convalidación de este argumento ha generado una situación muy complicada porque se ha generado un antecedente hasta ahora nunca antes visto: ¿por qué no se puede jugar un partido de futbol en Jerusalén? ¿De dónde salió eso? ¿Quién es el ignorante que dijo que Jerusalén era una ciudad que está en una zona de conflicto?

Por lo que yo sé, en Jerusalén esta el museo del Holocausto, a Jerusalén van cientos de miles de millones de turistas. En Jerusalén conviven en la ciudad antigua musulmanes, cristianos y judíos, separados por unos barrios históricos bastante alucinantes. A Jerusalén van presidentes de países y van ministros. Es una ciudad normal.

Es cierto que hay una controversia pública muy antigua respecto del papel de los palestinos en la región. Pero hasta ahora no había ocurrido nunca que un evento de relevancia se suspenda bajo el argumento de que es una zona de conflicto.

Probablemente por la ignorancia y la bestialidad de Sampaoli y Tapia, hasta sin querer, han generado un antecedente dramático: que no se puede jugar un evento deportivo.

A partir de ahora, 25 forajidos pueden evitar que bajen los aviones, que las personas vayan a los museos o a visitar los lugares sagrados del cristianismo, que están obviamente en Jerusalén, con el mismo argumento.

Dicho sea de paso, no se me ocurre un lugar más seguro que Jerusalén. No hay una zona de inseguridad para los jugadores. Más bien diría todo lo contrario.

No estoy usando los argumentos que ya dijo ésta mañana nuestro colega Miguel Wiñazki, en Rusia pasan cosas peores o iguales. ¿Qué pasa con el apoyo de Rusia al carnicero Bashar al Assad que masacró a cientos de miles de personas?

O el partido con Islandia, un país que apoyó la invasión a Irak. En todo caso habría argumentos respecto del conflicto en cualquier caso.

Es ridículo el caso. Quería ir más allá y plantear este inconveniente grave de antecedente que ha dejado clavado Argentina al aceptar esta noción de zona de conflicto frente a la cual no se puede ir a Jerusalén. Si aplicamos el mismo criterio para otras actividades, Argentina ha generado un antecedente muy complicado.

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Las otras víctimas, silenciosas, del terrorismo. Por Claudio Epelman*

El terrorismo sacude la vida pacífica y la rutina nos hace cortos de memoria. Perdemos foco en las otras víctimas: los sobrevivientes. Ellos se convierten en una fuente de testimonios que debemos escuchar para tener una real dimensión del flagelo. Nuestro deber, como sociedad, es acompañarlos.

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El 8 de marzo de 2016, David Fremd, de 55 años, estaba en las inmediaciones de su comercio en la ciudad uruguaya de Paysandú, cuando un hombre comenzó a apuñalarlo de sorpresa por la espalda. David fue socorrido por su hijo Gabriel, quien también recibió cortes en su brazo, pero las heridas ya se habían llevado la vida de su padre. El atacante aseguró que había cometido el crimen “por motivos religiosos”, aludiendo a la condición de judío de Fremd.

El 14 de julio de ese mismo año, Carolina Mondino caminaba junto a una amiga y otras 30 mil personas por el “Paseo de los Ingleses” en Niza, celebrando la Fiesta Nacional de Francia. Sin que Carolina pudiera darse cuenta, un camión de 19 toneladas se desvió sobre la gente recorriendo casi un kilómetro, sembrando muerte y causando dolor. Carolina fue impactada por la espada y arrojada contra una palmera. Su amiga murió aplastada por el camión.

Pocos meses más tarde, el 22 de marzo de 2017, el joven Travis Frain caminaba por el puente Westminister de Londres enviando mensajes de texto, cuando de repente escuchó un grito de alerta. “No tuve tiempo de reaccionar. Mi cuerpo no tuvo tiempo para tensarse y fui arrojado casi como un muñeco de trapo sobre el capó”, contó Travis. Esta vez, un auto había empezado recorrer el camino peatonal a toda velocidad.

Bombas, atropellos, puñaladas, destrucción y muerte. Se suceden los hechos terroristas, se realizan análisis geopolíticos, se cuantifican los daños y las víctimas. El terrorismo sacude la vida pacífica y la rutina nos hace cortos de memoria. Lo urgente avasalla lo importante. Perdemos foco en las otras víctimas: los sobrevivientes; en cómo cambian esas vidas, en cómo se reconstituyen esas familias. Enfoquemos. Los sobrevivientes de atentados terroristas se convierten en una fuente de testimonios que debemos escuchar si pretendemos tener una real dimensión de este flagelo, y como sociedad es nuestro deber acompañarlos. El terrorismo deja impregnada una huella de silencio en quien sobrevive, una huella que causa un dolor muy profundo. Es por eso que debemos acompañarlos en el camino a dejar de ser víctimas y convertirse en testigos. Este proceso demanda gran esfuerzo: políticas por parte del Estado y gran sensibilidad por parte de la sociedad.

Para este martes y miércoles, 17 y 18 de julio, ante un nuevo aniversario del atentado contra la mutual judía, el Congreso Judío Latinoamericano organiza un Encuentro de Sobrevivientes de atentados terroristas perpetrados en distintas ciudades del mundo, con el propósito de abordar el impacto del terrorismo desde el aspecto humano de la tragedia.

Sobrevivientes y familiares de atentados terroristas, reunidos en Buenos Aires para compartir sus historias, para algunos de ellos, por primera vez. Carolina, atacada en Niza, Travis, sobreviviente de Londres; el hijo de David de Paysandu, entre los participantes.

Las historias de vida y de muerte citadas anteriormente tienen un final distinto: los atacantes de Londres y de Niza fueron abatidos inmediatamente por la policía. El asesino de David Fremd está preso. En los casos de AMIA y de la Embajada de Israel en Argentina, aún no hay Justicia. Pero lo que todas estas historias tienen en común son las voces de quienes sobrevivieron. Y esas voces piden a gritos ser escuchadas.

*Claudio Epelman es director Ejecutivo del Congreso Judío Latinoamericano.

Fuente: Clarín

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España sigue perdiendo a sus judíos. Por José Antonio Zarzalejos

Se está produciendo un lento declinar de la presencia de comunidades de judíos españoles, apenas compensado por la llegada de otros procedentes de países latinoamericanos como Argentina y Venezuela, un fenómeno atribuible a distintas causas. No a un antisemitismo explícito, pero sí debido a la presión —de nuevo los jóvenes son el colectivo más afectado— que les reclama posicionamientos en torno a las políticas del Estado de Israel.

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No ocurre como en Francia, en donde el antisemitismo es explícito y motiva un auténtico éxodo de judíos hacia Israel y otros países. Pero en España aumentan los nacionales judíos, especialmente jóvenes, que se van a cursar estudios universitarios —cada vez en mayor porcentaje a universidades israelíes— que no regresan. Se establecen allí o en otros países. Este es un cambio de tendencia que confirman fuentes de la comunidad judía madrileña, que calculan el número de judíos entre los 40 y 45.000, sumados los españoles y los residentes. Están establecidos especialmente en Madrid, Barcelona, Melilla y Málaga. En las tres primeras ciudades funcionan colegios judíos —concertados— que, siguiendo el plan educativo general, se encargan de mantener la ‘identidad judía’, que consiste en el estudio de su religión, de la lengua hebrea y de la historia del pueblo judío, que incluye, naturalmente, el Holocausto.

Se está produciendo, en consecuencia, un lento declinar de la presencia de comunidades de judíos españoles, apenas compensado por la llegada de otros procedentes de países latinoamericanos como Argentina y Venezuela, un fenómeno atribuible a distintas causas. No a un antisemitismo explícito, pero sí debido a la presión —de nuevo los jóvenes son el colectivo más afectado— que les reclama posicionamientos en torno a las políticas del Estado de Israel, anatemizado por la extrema izquierda y, concretamente, por la hostilidad antiisraelí de Podemos e Izquierda Unida, que allí donde tienen implantación institucional se encargan de plantear de forma muy frecuente mociones contra Israel. Fuentes consultadas consideran que “nunca antes hubo más ruido contra Israel”, aunque esa especie de clamor no se corresponda con el sentimiento de la opinión pública.

En España, como en otros países, está cobrando fuerza la organización BDS Israel, acrónimo de boicot, desinversiones y sanciones al Estado de Israel, que promueve todo tipo de acciones antiisraelíes a nivel social e institucional. Esta campaña está en contacto con sectores de la extrema izquierda que, sin llegar a negar —como en otros estados europeos— el Holocausto, tienden a relativizarlo o banalizarlo, o aseveran que “Israel hace lo mismo con los palestinos”. Para defenderse de la militancia de BDS Israel, se ha constituido ACOM (Acción y Comunicación sobre Oriente Medio), que defiende al Estado israelí y sus intereses cuando estos son hostigados. Para marzo de 2018, ACOM había obtenido en los tribunales españoles hasta una veintena de sentencias favorables en sus impugnaciones contra mociones municipales que afectaban negativamente a empresas vinculadas con Israel. En la mayoría de los casos, los jueces han estimado la existencia de vulneraciones a los derechos constitucionales. ACOM también se encarga de difundir el mensaje de que el antisionismo es una forma de antisemitismo.

Este contexto político resulta especialmente incómodo a los judíos españoles, que se sienten nacionales de nuestro país pero que defienden el Estado de Israel sin perjuicio de que, en ocasiones, muestren puntualmente reparos a sus acciones y políticas. No entienden, sin embargo, que la mayoría de los medios no estén reflejando el acoso de las organizaciones terroristas palestinas en las zonas fronterizas y que, en general, haya un posicionamiento sistemáticamente crítico con el Estado de Israel.

Al mismo tiempo, estas fuentes constatan los flujos turísticos de israelíes y judíos de muy diversas nacionalidades hacia España. El destino principal es Cataluña, pero no solo. La creación en 1994 de Caminos de Sefarad ha puesto en valor histórico una red de juderías (a la que están adheridas hasta 20 ciudades españolas) y que es considerada una “buena iniciativa” para el turismo cultural en España y muestra así el componente histórico identitario judío de nuestro país. Ha llamado poderosamente la atención, sin embargo, que una de las ciudades que forman parte de esta red, Tudela, haya aprobado una moción para reclamar la ruptura de las relaciones diplomáticas entre España e Israel. Fuentes consultadas advierten de que si se mantiene esta moción, “la iniciativa cultural de Caminos de Sefarad habrá recibido un golpe de muerte”.

Los judíos españoles —como la inmensa mayoría de los judíos de cualquier país— son sionistas, es decir, defienden la existencia del Estado de Israel y, por tanto, el antisionismo implica una repulsa a un elemento definidor del judaísmo actual. Y de ahí proceden los problemas que la comunidad judía en España advierte en la actualidad y que explican el gradual éxodo de jóvenes universitarios hacia Israel. Una realidad silente que la izquierda española —especialmente la moderada, que secunda muchas veces sin demasiada reflexión las propuestas antiisraelíes de Podemos y de Izquierda Unida— debiera tener en cuenta. Porque una de las tragedias históricas de nuestro país ha consistido en la expulsión de los judíos y en la inquina que contra ellos han manifestado distintas instancias, entre ellas la propia Iglesia católica. Conviene recordarlo cuando en Europa, desde la extrema izquierda y desde la extrema derecha, la judeofobia y el antisionismo parecen estar rebrotando.

Fuente: blogs.elconfidencial.com
Agradecemos a Marina Durán Luna por la información.

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