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Opinión

¿Por qué romper el silencio? Por Amos Oz*

Agencia AJN.- En la nación judía siempre ha habido muchos valientes dispuestos a denunciar las distorsiones sociales y las injusticias.

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Simon Peres Ariel Sharon

Agencia AJN.- A menudo me pregunto por qué organizaciones [israelíes] como Romper el Silencio, B’Tselem y Paz Ahora suscitan sentimientos de miedo, rabia y hostilidad en tantas personas. No solo gente de extrema derecha, sino también otros que se consideran en el centro del espectro político. Esa hostilidad no puede explicarse solo diciendo que todos los que se oponen a Romper el Silencio son racistas. Ni que están intentando callar nuestras voces; la gran mayoría de nuestros adversarios no lo hace. Ni siquiera podemos decir que todos nuestros oponentes odian a los árabes, porque, en su mayor parte, no es así.

¿Cuál es el problema entonces? Muy sencillo: la gente quiere sentirse a gusto consigo misma, y Romper el Silencio se lo impide. La gente quiere que el Estado de Israel tenga una buena imagen y, a su juicio, Romper el Silencio y B’Tselem hacen que la tenga mala. Es algo completamente humano. No tenemos por qué despreciar la necesidad natural del ser humano de sentirse bien.

Es muy comprensible que la mayoría de los israelíes sienta bochorno e incomodidad cuando el Estado de Israel no tiene una buena imagen.

Creen, equivocadamente, que los que promueven esa mala imagen son los que denuncian las distorsiones morales del país, del Gobierno y del Ejército. Les cuesta aceptar que el Estado de Israel, a veces, da muy mala imagen, no por culpa de los que denuncian esas distorsiones morales, sino por culpa de los que incurren en ellas.

Una de las maravillas secretas de la tradición judía, una de las razones de que el pueblo judío no haya sido erradicado después de miles de años, mientras que otras naciones más grandes han desaparecido, es que en la nación judía siempre ha habido muchos valientes dispuestos a romper el silencio y a luchar para curar la degeneración moral y denunciar las distorsiones sociales y las injusticias.

Amo Israel por su larga tradición de acalorados debates internos y búsqueda de la justicia

Podemos empezar por hablar del profeta Natán, el ejemplo por antonomasia de lo que es romper el silencio, y de cómo ensució la fama del rey David, el autor de los salmos, el antepasado del futuro Mesías. Aquel pequeño profeta se alzó y dijo al mundo —y a las futuras generaciones— que David había asesinado mediante artimañas y engaños a un hombre inocente, solo porque quería acostarse con su mujer.

El profeta Jeremías, el profeta Amos y otros profetas también censuraron sin piedad a la familia real, a los ministros, a los grandes de su época, y muchas veces al pueblo en general, a toda la nación: mancillaron nuestro país, sin la menor duda.

No tuvieron miedo de llamar a la injusticia, injusticia, y al derramamiento de sangre inocente, derramamiento de sangre inocente. Nunca se detuvieron a preguntarse si estaban proporcionando excusas a los que odiaban a Israel.

En sus poemas, Hayim Nahman Bialik arrojó fuego y azufre sobre los dirigentes, los funcionarios y toda la nación judía. También Nathan Alterman y S. Yizhar rompieron el silencio y nunca vacilaron a la hora de condenar la injusticia y los asesinatos cometidos por los soldados de las Fuerzas Armadas israelíes, ni siquiera durante las celebraciones y la euforia que siguieron a la gran victoria en la guerra de los Seis Días. Lo mismo que A. B. Yehoshua, Hanoch Levin, David Grossman, Yitzhak Laor, Meir Shalev y una larga lista.

Todos los que odian a Romper el Silencio deberían reflexionar sobre una cosa, al menos por un instante: que la fortaleza moral no es un lujo ni un mero adorno.

La fortaleza moral es necesaria para la supervivencia de una nación, una sociedad y una persona.

La fortaleza moral no es una especie de joya que guardamos en la caja fuerte y que nos ponemos solo en los días buenos para tener un aspecto mejor. La fortaleza moral no es una mercancía producida para la exportación, que se guarda en un cajón, por lo menos hasta que termine la guerra, hasta que vuelva la normalidad y el país viva 40 años de paz, de forma que solo entonces podremos blandir nuestra reluciente grandeza moral, exhibirla en el pecho y revelar al mundo lo maravillosos que somos.

No. La fortaleza moral, especialmente en tiempos de guerra, es tan urgente como los primeros auxilios en un campo de batalla. El papel del acusador, a veces, es similar al del médico o el enfermero: su labor es como la del médico que abre un absceso y extrae el pus, para que no se extienda ni contamine todo el cuerpo.

No debemos menospreciar a quienes desean sentirse bien. Pero quizá convendría familiarizarlos con algo que sabe casi el mundo entero, salvo los que quieren acallar la crítica aquí, en Israel: que una de las pocas razones por las que los israelíes pueden seguir sintiéndose un poco bien consigo mismos y ante otros países es que tenemos Romper el Silencio, B’Tselem y Paz Ahora, que hay una lucha permanente para alcanzar la justicia social y que seguimos teniendo una prensa más o menos libre o, por lo menos, seguimos peleando para mantenerla. Y sigue habiendo libertad de expresión, cada vez más amenazada, pero sigue habiéndola. Estas son las cosas que dan una buena imagen de Israel. Estas son las cosas que permiten que Israel siga teniendo defensores en todo el mundo, gente que todavía nos mira con esperanza e incluso admiración.

A pesar de la fealdad y de la injusticia, a pesar de la ocupación y la explotación de los pobres y desfavorecidos de la sociedad israelí, yo sigo amando Israel. Lo amo incluso en los momentos en los que no puedo soportarlo. Lo amo por su larga tradición de acalorados debates internos y búsqueda de la justicia. Es una tradición que ahora está en peligro, es cierto, pero que se mantiene viva.

Cuánta gente dice: “Muy bien, pero ¿por qué no podemos resolver nuestras diferencias discretamente? ¿Por qué tenemos que hacerlo ante los ojos de todo ese mundo hostil?”. Pues bien, porque los tiempos han cambiado, y los “ojos del mundo” ya no lo son. Atrás quedan los días en los que uno podía susurrar algo en la cocina sin que todo el mundo se enterara de todo al día siguiente. Al contrario: cualquier esfuerzo por enterrar la vergüenza, disimular el crimen u ocultar la injusticia acabará acumulando pus, tarde o temprano, y estallará en la cara de los ocultadores con el doble o el triple de intensidad.

Es beneficioso abrir las heridas lo antes posible, delante de la nación y delante del mundo, no solo por las víctimas, sino por el bien de todos. Por el bien de la sociedad israelí. Incluso por el bien de la imagen de Israel en la comunidad internacional.

A veces —no siempre, pero a veces—, en la historia, algunos a los que la mayoría de su pueblo calificaba de traidores acabaron, con el paso de los años, siendo considerados maestros. No siempre; no todo el que alguna vez ha sido llamado traidor puede estar seguro de que al cabo de uno o dos siglos le van a dar las gracias y a aplaudir. Pero ha habido ocasiones en las que las futuras generaciones se pusieron de parte de los acusadores y de quienes rompían el silencio.

Se pusieron de parte del profeta Jeremías, que dijo a los hijos de Jerusalén, ya fueran reyes o plebeyos: “No creáis que vuestro eterno aliado es verdaderamente vuestro eterno aliado, porque de pronto puede no ser de fiar. Cuidaos y no os emborrachéis de poder”.

Los contemporáneos de Jeremías le despreciaban. Le llamaron “izquierdista” y “traidor”, y las autoridades lo arrojaron a un pozo. Sin embargo, hoy, el pueblo de Israel recuerda con afecto a Jeremías, no a sus acusadores.

La historia de la aventura sionista empieza con Benjamin Ze’ev ­Herzl, el visionario que concibió el Estado judío, el hombre al que incluso el movimiento de extrema derecha Im Tirtzu —cuyos miembros critican a los de Romper el Silencio— honró, al utilizar unas famosas palabras suyas como nombre (Im Tirtzu significa “si lo quieres”). Quizá se olvidan de que fue Herzl quien, en determinado momento, desesperado, pensó en Uganda como alternativa a Israel para acoger la patria judía, y soportó que muchos de sus contemporáneos le llamaran traidor por ello.

David Ben-Gurión, el fundador del Estado judío, el hombre que, aunque apretando los dientes, estuvo de acuerdo con dividir la tierra de Israel entre dos naciones y crear dos Estados, fue un traidor para algunos.

Menahem Begin, que se retiró del Sinaí a cambio de que hubiera paz, fue un traidor para los miembros de su movimiento, que le acusaron de traicionar las ideas del partido y las del propio sionismo.

Simon Peres e Isaac Rabin, que le dieron la mano a Yasir Arafat e intentaron lograr un acuerdo para acabar con el conflicto entre Israel y los palestinos, fueron calificados de traidores por muchos. Los pintaron llevando kufiya [pañuelo palestino], dieron permiso para derramar su sangre, decretaron el asesinato de Rabin y santificaron ese asesinato.

Por su parte, también Anuar el Sadat, que fue a Jerusalén, habló ante la Knesset y firmó la paz con Israel, fue y es considerado un traidor por millones de árabes, y también él fue asesinado solo por haberse atrevido a romper el consenso de aquel momento.

A Ariel Sharon, cuyas excavadoras arrasaron los asentamientos judíos de Gaza que él mismo había aprobado, también le representaron con una kufiya y le llamaron traidor.

La lista de personas calificadas de traidoras por su propio pueblo es interminable. Si la comparamos con la lista de los políticos, líderes e intelectuales a quienes nunca llamaron traidores los suyos, no hay la menor duda de que es más respetable la primera que la segunda.

Es evidente que los ciudadanos tienen una deuda mucho mayor con aquellos que rompieron el silencio que con todos los que callaron, que mantuvieron en la línea oficial y echaron perfume por encima.

Romper el silencio no es necesariamente un asunto de izquierdas o de derechas. Al contrario. También en la izquierda israelí sigue habiendo silencios que deberían romperse de una vez por todas.

Casi cualquier afirmación nueva y desafiante es una forma de romper el silencio. El legado judío, desde la época de los profetas, ha pasado de generación en generación sobre los hombros de los valientes que se atrevieron a romper el silencio. Los judíos tenemos una larga tradición que nos ha enseñado que todo el mundo tiene el derecho e incluso el deber de censurar al pueblo y a sus dirigentes, a los ricos y a los sacerdotes, y a todos los que derraman sangre inocente.

Nuestra tradición nos permite incluso despotricar contra Dios. Existen acusaciones contra Dios desde los tiempos de la Biblia.

¿Y entonces? ¿El Ejército israelí es el único que tiene inmunidad eterna y absoluta? ¿Acaso es más sagrado que Dios? ¿Qué nos ha pasado?

No estoy diciendo que, un día, la historia vea a los activistas de Romper el Silencio como descendientes de los profetas: puede que sí y puede que no. El tiempo dirá. Pero lo que sí podemos asegurar en estos momentos es que quienes arrojan piedras son descendientes de quienes tiraron piedras contra los profetas de Israel.

*Amos Oz (Jerusalén, 1939) es escritor israelí, autor de ‘Una historia de amor y oscuridad’ y ‘Queridos fanáticos’ (ambos en Siruela), entre otras obras.

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Opinión

Violencia de género: la visión de Israel por el Lic. Alberto Meschiany

Agencia AJN.- El director del servicio de Psicología de la Universidad de Tel Aviv dialogó con la Agencia AJN acerca del abordaje que le da Israel a esta problemática. “Las universidades y empresas tienen un veedor que se encarga de las denuncias. A nivel estatal, hay una línea de denuncias para mujeres, hombres y niños”, sintetizó.

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Meschiany

Agencia AJN.- Ante los casos de violencia de género y acoso conocidos en los últimos días, la Agencia AJN entrevisto a Alberto Meschiany, director del servicio de Psicología de la Universidad de Tel Aviv, quien se refirió al abordaje que se de la a esta problemática desde el Estado y las Instituciones públicas y privadas de Israel.

El especialista de origen Argentino explicó cómo se trabaja en oficinas públicas y empresas privadas de Israel para hacer frente a los casos de abuso: las universidades y empresas tienen que tener un veedor que se encarga de las denuncias. Ellos se ocupan de dar tratamiento psicológico al acosador y a los acosados.

También hay una línea de denuncias para mujeres, hombres y niños que sufrieron abusos. Otra costumbre israelí es que los políticos no se besan, se dan la mano. También está prohibido que los psicólogos besen a sus pacientes. “La sociedad israelí es muy severa con este tema a tal punto que un presidente de Israel fue preso por acoso sexual”, afirmó.

Los organismos estatales y las grandes empresas frente a los casos de abuso y violaciones se adscriben a una ley que las obliga tener una persona encargada de recibir quejas de empleadas o empleados que se sienta acosados e incluso, la norma exige cumplir con un curso para ingresar como empleado.

“En las universidades hay casos de abuso como pasa en todo el mundo. Con o sin mala intención se desarrollan relaciones entre un profesor y un estudiante, pero los reglamentos de las universidades no permiten este tipo de relaciones, ya que se trata de una relación donde rige una jerarquía que puede dar fruto al abuso de poder”, explicó. “Someter y violar, todo junto, muestra una actitud de otra época”, enfatizó Meschiany, quien justificó la decisión que todas las universidades tengan una psicóloga para atender estos cosos.

El psicólogo también sostuvo que “la multiplicidad de culturas que se da en Israel hace que haya gente más cálida que otra y esto genera algún tipo de efusividad. Es por eso que en la sociedad israelí existe sin duda el darse la mano a la hora de saludarse para no generar cuestiones que puedan permitir otras situaciones”. “En la Argentina, los psicólogos puede saludar con un beso en la mejilla a sus pacientes. Acá eso está absolutamente prohibido”, afirmó. También se da esta situación entre los políticos israelíes que no se saludan con un beso, sino que se dan la mano.

Lo cierto es que Israel abrió oficinas destinada a atender los casos de violaciones con atención a mujeres, hombres y especial énfasis en niños. “La justicia tiene que tener leyes absolutamente claras respecto a esto porque el hombre es un depredador con actitudes prehistóricas”, dijo y agregó: “es indispensable que las denuncias puedan superar el color político de un partido o de otro. El éxito de estas denuncias reside en que superen las banderas”.

El directivo también recalcó que hay situaciones que son de otro momento de la historia y que no se las debe analizar desde la actualidad. “Por ejemplo, se está haciendo un reclamo por una canción de navidad donde la mujer le insinúa algo al hombre que molestaría al colectivo de las mujeres en la actualidad, pero esa canción fue escrita y representaba las costumbres de otro momento histórico. Hay cosas que son de otra época y hay que dejarlas donde están”, afirmó.

El debate en las calles

Israel se vio sacudida en los últimos días por los casos de violencia doméstica que obligó a las mujeres a salir a las calles para reclamar una respuesta del Estado frente a los 25 asesinatos que se registraron durante este año.

Meschiany destacó la aparición del movimiento de mujeres contra la violencia de género, que en Israel paralizó varias ciudades de ese país, aunque no se muestra entusiasta con una posible reacción política a la riestra de reclamos de este colectivo que se replica por todo el mundo.

Meschiany definió el fenómeno de la violencia, los cambios en las tendencias de las denuncias por abuso y violaciones y dejó encendida la luz de alarma psicológica frente a la escalada de violencia con los palestinos.

“El uso de la fuerza tiene que ver con instintos humanos muy primitivos y tiene que ver con el no desarrollo de la capacidad de contenerse y la capacidad cuando no se desarrolla puede producir la violencia”, sintetiza Meschiany, en un momento que Israel se ve cruzado en forma trasversal por la protesta callejera contra la violencia doméstica y la tensión creciente con sus vecinos palestinos y libaneses.

Siendo Medio Oriente un escenario de violencia casi cotidiana en las últimas semanas, ¿qué sucede con ese instinto primitivo?, le pregunta AJN al profesional de la Universidad de Tel Aviv. “Creo que se acentúa ese instinto. La sociedad de Israel es muy proclive a reaccionar con poca paciencia. En las canchas de fútbol, la hinchada alienta como si los jugadores fuesen a la guerra”, señala, aunque enseguida concede que el deporte más popular del mundo suele despertar esa pasión casi enfermiza.

Pero cómo influye la actual situación de inseguridad que vive hoy el israelí que puede ser baleado en una carretera y cómo afecta en la actualidad emocional de los estudiantes israelíes, pregunta AJN. “En este momento, por ahora, lo que está pasando no va a escalar, todo está igual que siempre. Pero si llega a haber un conflicto y comienzan a convocar las reservas, ahí sí de nuevo vamos a ver una ola de consultas porque es difícil concentrarse cuando hay grandes conflictos”, explica.

La violencia doméstica fue tapa de los diarios israelíes, con movilizaciones en las principales ciudades como Tel Aviv y al respecto Meschiany señala que estos casos “están mucho más en los titulares que antes, hay mucho más conciencia y más cuidado”.

“Este año hubo 25 asesinatos de mujeres por cónyuge, pareja o un familiar, lo que es un número muy grande para un país como Israel”, apunta el psicólogo para dar el marco del clima de reclamo y protesta que llevan adelante las mujeres y que obligó a las autoridades municipales a permitir a sus trabajadoras a que se sumen a la huelga y salgan a las calles.

Meschiany comenta que este es un movimiento mundial contra la violencia de género que llegó a Israel y que provocó que haya “más denuncias por abusos y acosos que habían permanecido escondidos durante tiempo. Presentar una denuncia en otro tiempo era distinto como así también su tratamiento”.

¿La sociedad israelí tiene una característica particular frente a estos casos de abuso o violencia doméstica?, le pregunta AJN. “La violencia como el abuso no escapa a ninguna sociedad. Habrá más en una que en otra porque se publican más o menos, pero existe abusos en todos los ámbitos en gente culta o profesionales y los que no lo son”, contesta.

Ante la consulta sobre los efectos que tendrá la protesta contra la violencia doméstica, Meschiany responde: “En lo personal, lamentablemente, no soy optimista porque cuando se llevó a votar una proyecto de ley para destinar presupuesto para refugios mujeres maltratas, las legisladoras votaron con rigidez partidaria. Están de acuerdo con la ley pero porque están en el partido del gobierno y no pueden votar una ley de la oposición”.

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El resurgimiento del neonazismo

Agencia AJN.- (Por Bernardo Kliksberg* – Especial desde New York). Entró en la Sinagoga de Pittsburg, USA, el sábado a la mañana, el día de mayor concurrencia, Robert Bowers llevaba un rifle de un modelo muy avanzado AR-15 Style, y varias pistolas. Comenzó a gritar consignas antisemitas y a disparar indiscriminadamente.

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Agencia AJN.- (Por Bernardo Kliksberg* – Especial desde New York). Entró en la Sinagoga de Pittsburg, USA, el sábado a la mañana, el día de mayor concurrencia, Robert Bowers llevaba un rifle de un modelo muy avanzado AR-15 Style, y varias pistolas. Comenzó a gritar consignas antisemitas y a disparar indiscriminadamente. Mató en pocos minutos a once personas, entre ellas una anciana de 94 años, e hirió a otras seis. Tenía una larga historia de expresiones de odio antijudío, en medios sociales acogedores de voces de ultraderecha.

Racista, xenófobo, antisemita, desgraciadamente es la expresión extrema de un resurgir de estas tendencias que pasea por el mundo.

En Hungría, el dictatorial gobierno de Urban, del que forma parte un Partido neonazi, que exigió la publicación de todos los nombres de judíos en funciones públicas, como en la vieja época, empapeló toda la capital con una fotografía de George Soros, prominente empresario y filántropo judío nacido en Hungría, sobreviviente del Holocausto. Para Urban, Soros es el culpable de todos los males del país.

En Alemania suben los votantes de una nueva corriente política de ultraderecha, Alternativa para Alemania que proclama la repulsa a los inmigrantes, y abandonar definitivamente, el recuerdo y la autocrítica de su pasado nazi. El líder del Partido Gauland declaró que la era nazi era como “la caída de excrementos de un pajarito en más de 1000 años de historia alemana exitosa”. Otro de los líderes cuestionó la culpabilidad alemana en el Holocausto y dijo que debía haber “un giro de 180 grados en nuestra visión de la historia. Somos el único pueblo en el mundo que plantó un vergonzoso monumento en el corazón de nuestra capital’, refiriéndose al dedicado al Holocausto en Berlín.

Desarrollos similares se están produciendo en Italia, Francia, y diversos países de Europa Oriental.

La relectura del nazismo que suponen, junto a los lenguajes racistas, homofóbicos, de ataque a las minorías de color, antigay, proliferantes, implican nuevas formas de negación del Holocausto, y sus aprendizajes.

No hay nada que revisar y todavía queda muchísimo por recordar. Se cumplen 70 años, del día en que los nazis llevaron a cabo “La noche de cristal”. Atacaron salvajemente todas las formas de judaísmo. En una noche, destruyeron 1754 sinagogas, muchos cementerios, 7000 tiendas judías, quemaron en una hoguera gigantesca libros de judíos entre ellos los de Freud, y Einstein. Asesinaron más de 50 judíos, Encima cobraron a la comunidad una multa de 1000 millones de marcos por su culpabilidad en los daños causados.

El prolegómeno de los 6 millones de judíos que “eliminaron” en los años siguientes. El genocidio no se perpetró sólo contra los judíos. A través del proyecto T4 se propusieron asesinar a los discapacitados. Se estima que mataron 300.000 personas, con discapacidad, y a 200.000 con retraso. También mataron entre el 25 y el 50 por ciento de todos los gitanos de Europa. Y exterminaron miles y miles de homosexuales.

Esta es la historia que se propone revisar “sin culpa”. Estos los vocables que invocan las nuevas ultraderechas cuando vocean” fuera los judíos, los inmigrantes, y los refugiados, abajo los de color, la mujer un ser inferior, los gays deben ser aplastados, hay que terminar con las formalidades democráticas.

Las balas que segaron las vidas de jóvenes y ancianos judíos en Pittsburgh estaban cargadas de estos mensajes. No deben ser subestimados, en el mundo de las falsas noticias, donde llueven las páginas dedicadas a negar el Holocausto. Todo hombre y mujer libres deben enfrentarlos.

*Doctor Honoris Causa de la Universidad Hebrea de Jerusalem y de la Universidad Nacional de Buenos Aires.

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