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Historias

Argentina. Descubren la lápida de un jerarca nazi escondida en una casa en la provincia de Buenos Aires

Agencia AJN.- Ocurrió en Mar del Sur, una localidad balnearia de la costa atlántica, en una casa alejada del pueblo, donde también se encontraron libros en alemán. La investigación reveló que el nombre grabado era de un hombre miembro de las altas esferas del Partido Nazi argentino.

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Agencia AJN (por Facundo Di Genova, para La Nación).- Verano de 1960. Un Volkswagen Escarabajo ingresa por los caminos de tierra a El Remanso, una despoblada zona de campo en Mar del Sur, provincia de Buenos Aires.

El vehículo alemán se detiene en el frente de una casita solitaria de una planta y dos ambientes, la única construcción a la vista entre tanta desolación, situada a poco más de 100 metros del mar y lejos del pueblo.

Del «auto del pueblo alemán» desciende una familia que, como todos los veranos, llega a descansar, a encontrarse con otros alte kameraden y a seguir realizando mejoras en esa enigmática vivienda con paredes tan gruesas y un sótano de hormigón tan robusto que parece un refugio antiaéreo de la Segunda Guerra Mundial.

Después de unas horas, una de las mujeres sale caminando rumbo al mar, cruza un médano y, cuando llega a la orilla, se desnuda por completo y se zambulle en las heladas aguas de la costa atlántica bonaerense. Los paisanos que frecuentan la zona le dicen «la alemana» y se deleitan observando desde lejos su blanca piel y su esbelta figura.

Seis décadas después, el hallazgo de una lápida con dos nombres tallados en alemán, que fue descubierta bajo los cimientos de esa misma casa de El Remanso, Mar del Sur, impulsó a un grupo de investigadores a reconstruir la historia de la enigmática vivienda y a preguntarse quiénes fueron Clara Probst (1877-1952) y Richard Schmidt (1886-1973), los dos nombres alemanes inmortalizados en el granito.

Una casa en refacción, una lápida y un miembro del Partido Nazi

La lápida (60 cm de alto, 89 cm de ancho y de 12 cm de grueso) fue descubierta recostada, con los nombres mirando hacia el cielo, unos 30 centímetros bajo el suelo, junto al borde de la vieja casa que comenzó a ser refaccionada por el nuevo propietario.

Durante la obra, un albañil había comenzado a realizar un pozo para instalar un baño y se encontró con «algo muy duro» que le era imposible de penetrar con su taladro convencional.

El dueño, que había comprado la pequeña propiedad a tres viejos hermanos alemanes una década atrás, quienes a su vez habían comprado el terreno a otro alemán en los años 50, no conoce, hasta el día de hoy, qué relación tuvo Richard Schmidt, uno de los nombres tallados en la lápida, con la casita construida hace más de 60 años entre las dunas, a 15 kilómetros al sur de Miramar.

Lo que sí pudo comprobar, de acuerdo con el trabajo de los investigadores, es que el nombre que figura en la lápida es del mismo Richard Schmidt que fue número dos del área de finanzas del Partido Nazi en la Argentina (NASDAP), un cuadro de la elite dirigente que representaba en Buenos Aires al movimiento nacional fascista liderado por Adolf Hitler en Alemania.

Schmidt, como se supo después, en poco tiempo escalaría posiciones dentro de la estructura jerárquica del partido bajo el ala de un poderoso y multifacético nazi: Heinrich Volberg, tenaz recaudador del Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei en su versión rioplatense.

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Los rastros de la presencia nazi en Mar del Sur

El propietario pide a LA NACIÓN, durante un diálogo personal que se sucede en Mar del Sud, a pocas cuadras del viejo hotel Boulevard Atlantic, no revelar su nombre ni la ubicación exacta de la casita a cambio de contar la historia completa.

Cuenta que este hallazgo primaveral de 2020 comienza, sin embargo, con uno anterior, ocurrido en el mismo sitio, en el invierno de 2019, y que el primero en conocer la noticia fue el investigador Laureano Clavero.

El propietario había contactado a Clavero para compartirle que, en la vieja y abandonada construcción de El Remanso que había comprado hace muchos años, había descubierto un sótano oculto en el piso del living, al que se accedía por una escotilla, que entre botellas y cajones abandonados escondía libros escritos en alemán.

«Yo sabía lo del sótano, que estaba oculto debajo de una mesa en el living, y lo de los libros. Cuando el propietario me avisó del hallazgo de la lápida, se confirmaron todas mis presunciones. La lápida estaba enterrada, como si quienes la colocaron allí la hubieran querido esconder para siempre», recuerda Clavero, que es documentalista, vivió en Mar del Sud durante su adolescencia y sigue la pista de los nazis en este pueblo marítimo del sudeste bonaerense desde hace muchos años.

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El lugar exacto donde se halló la lápida. Foto: La Nación

Tanto es así que Clavero, que actualmente reside en Barcelona, es autor de un relato documental sobre las andanzas del espía alemán Gustav Eickenberg que publicó en su libro Segunda Guerra Mundial, 10 historias apasionantes. Eickenberg fue el dueño de la estancia marsureña El Porvenir y protagonista de un plan de desembarco de oficiales SS en estas solitarias playas, luego de que los refugiados alemanes hubieran escapado a bordo de sumergibles U-Boats tras la capitulación del Reich.

Pero la noticia con el hallazgo de la lápida en una casa abandonada en el campo le pondría un nuevo capítulo a la saga nazi en Mar del Sud.

Richard Schmidt, de Breslavia a Mar del Sur, con escala en Belgrano

Apenas Clavero se enteró de la noticia de la lápida oculta se contactó con el escritor Julio B. Mutti, una de las personas que más conoce sobre nazis en la Argentina. Juntos comenzaron una investigación que duró meses y que confiaron a este medio mientras aparecían las primeras conexiones en las listas secretas del Partido Nazi Argentino, que fueron microfilmadas por Estados Unidos durante la ocupación de Berlín por parte de los aliados, después de la rendición del régimen en mayo de 1945.

«¿Qué hacía una lápida enterrada, oculta en una casa perdida en el campo, muy cerca del mar y lejos del pueblo de Mar del Sud? ¿Quiénes eran los dos nombres que aparecían en esa lápida? Para eso contacté con una de las personas que más sabe sobre nazis en el país, Julio Mutti», subraya Clavero.

«Richard Schmidt aparece en tres listados nazis. Primero, en el archivo del Partido Nazi NASDAP argentino, donde figura como afiliado desde el 1 de julio de 1932; la fecha denota que fue uno de los primeros 200 afiliados de una organización que llegaría a poco más de 2000 selectos miembros, cuatro años después», explica Mutti, que tiene varios libros publicados sobre nazismo en la Argentina y es el autor del blog U-Boat Argentina, un sitio de referencia donde se publicó el listado completo de los afiliados al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán en América del Sur.

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Richard Schmidt figura en la única lista con todos los miembros del Partido Nazi en la Argentina que fue hallada en Berlín hacia el final de la Segunda Guerra Mundial. Foto: La Nación.

«Schmidt también aparece como vocal de la Sociedad Alemana de Gimnasia de Vicente López, una asociación intermedia fuertemente penetrada por el partido nazi», agrega Mutti.

Del cotejo de ambos listados con su nombre, fecha y lugar de nacimiento, se desprende que Schmidt nació en 1886 en Breslavia, región alemana en disputa con Polonia, y donde el antisemitismo de entreguerras caló hondo.

De hecho, Breslavia fue el último bastión de Hitler en la región oriental de Silesia: la ciudad fue sede tanto de campos para el exterminio de residentes judíos como de sanguinarios combates entre alemanes y aliados durante el asedio soviético sobre el final de la Segunda Guerra.

Schmidt, el mismo hombre cuyos restos estarían sepultados bajo la losa de una casa, y quien se afilió al Partido Nazi con el número 1228541 como «trabajador de la construcción» cuando tenía 46 años, figura además en un tercer listado.

«El mismo Schmidt aparece además en un documento manuscrito, elaborado por la Comisión Investigadora de Actividades Antiargentinas de 1941, donde figura como importante miembro del Partido Nazi en el área de finanzas, detrás del poderoso Heinrich Volberg», completa Mutti.

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Cantidad de integrantes del Partido Nazi en la Argentina año tras año. Richard Schmidt fue uno de los primeros en ingresar a sus filas. Foto: La Nación

Heinrich Volberg, el primer nazi expulsado de la Argentina

Heinrich Volberg había nacido en Köln-Mülheim (Alemania) en 1905 y, durante el período de entreguerras, se había radicado en Belgrano, Ciudad de Buenos Aires. Vivía a pocas cuadras del domicilio de residencia que había fijado Richard Schmidt, la calle Palpa 2870.

Volberg figura como afiliado al partido nazi con el número 1757918, de oficio «comerciante», a partir de enero de 1933. «Fue un nazi multifacético. Se dedicaba a recaudar fondos para el partido entre las empresas germanas, a las que presionaba para despedir empleados judíos. Estuvo involucrado en muchas otras actividades y fue uno de los pocos nazis expulsados del país en 1941. Era un nazi pesado», dice Mutti a LA NACIÓN.

Schmidt creció a la sombra de Volberg, quien «no dirigió el partido pero era de la mesa chica», y luego de la expulsión de este, alcanzó más poder entre los cuadros dirigentes del Partido Obrero Nacional Socialista Alemán de la Argentina, cuyos miembros tenían terminantemente prohibido involucrarse en la política interna local.

«Antes del golpe del 43 y el ascenso del peronismo, a los nazis en la Argentina se los persiguió mucho y el listado de sus miembros nunca se encontró, hasta que fue hallada una copia en Berlín, en la sede de la Sección Exterior del partido, que quedó en poder de los estadounidenses, fue microfilmado y se hizo un informe para el Congreso de los Estados Unidos, donde quedaron identificados todos los miembros del Partido Nazi en el continente americano», reseña Mutti.

En resumidas cuentas, según pudieron determinar Clavero y Mutti tras varios meses de estudio, el miembro de la elite del Partido Nazi Argentino, Richard Schmidt, es el mismo Richard Schmidt que figura en la pesada lápida sepulcral que fue hallada oculta bajo el contrapiso de una pequeña casa en el El Remanso, Mar del Sud.

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Una reunión del Partido Nazi Argentino (NASDAP) durante sus años de franco crecimiento, a mediados de la década del 30.

El dueño del terreno de El Remanso también era un «nazi con papeles»

Cuando Laureano Clavero confirmó con Julio Mutti que Richard Schmidt era un nazi de relevancia en la Argentina, le pidió al propietario si podía compartirle, bajo estricta reserva, los documentos de la compra que había hecho a los tres hermanos alemanes para profundizar la investigación.

Tras un largo tiempo de espera, el resultado también los sorprendió. Uno de los dueños del terreno donde se construyó la propiedad hacia finales de 1950 era también un nazi con papeles: Juan Jorge Leopoldo Augusto Erico Erdmann.

Erdmann fue miembro de la Unión Alemana de Gremios (UAG) o DAF en alemán, desde el 1 de febrero de 1938, el momento de mayor auge del nazismo en la Argentina.

«El DAF en la Argentina era el sindicato único nazi, pero se le cambió el nombre en 1938 por UAG, después del decreto del presidente Roberto Ortiz que mandaba a disolver a las organizaciones extranjeras. Era una organización cien por ciento nazi, cuya cabeza reportaba al embajador alemán en la Argentina, Edmund Von Thermann. Tenía casi 12 mil miembros de entre 250 mil residentes alemanes en el país (la tercera comunidad inmigrante, después de Italia y España) y era mucho más amplia que el partido nazi local», explica Mutti, quien también ha publicado el listado completo del sindicato único nazi en su blog.

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En El Remanso Mar del Sud hay pocas casas cerca del mar y lejos del pueblo.

Parientes del fundador del Partido Nazi en Paraguay visitaron la casita de Mar del Sur

Pero entre los documentos que el propietario le acercó a Laureano Clavero había mucho más.

Como los últimos dueños alemanes del terreno, que también fueron quienes construyeron la casa, no tenían escritura si no un boleto de compra venta realizado en la inmobiliaria de Roberto J. W. Vinelli, antes de vender debieron demostrar que eran los verdaderos poseedores del lote con una serie de pruebas que quedaron documentadas en una carpeta.

En esa carpeta, como en una fotonovela demasiado perfecta para ser ficticia, figuran una serie de 40 fotografías tomadas entre los años 1960 y 1970 que dan cuenta de la presencia de al menos tres familias distintas, todas de origen alemán, visitando la casita de El Remanso en distintas ocasiones.

Las fotos retratan diferentes secuencias a lo largo de los años, desde que se construyen los gruesos cimientos de la solitaria vivienda entre el campo y las dunas hasta que bajan a la playa, mucho tiempo después, con amigos jóvenes y matrimonios.

Curioso detalle: en muchas de esas fotos se ve a un Volkswagen Escarabajo, el «vehículo del pueblo alemán».

Entre las familias que figuran en los epígrafes manuscritos de las fotos aparecen los apellidos Klein, Schulz, Becker y Ratzlaff. Este último apellido llamó la atención de Mutti, por lo poco frecuente del nombre, quien le siguió la pista.

«Karl Ratzlaff, nacido en 1886, fue miembro del partido nazi desde 1937. Cuando vino era soltero, por lo que sus hijas nacieron acá y es muy probable que una de ellas esté en las fotos. Max Ratzlaff (1883), el hermano de Karl, fue uno de los fundadores del partido nazi de Paraguay, en 1929. Conclusión: los Ratzlaff son unos de los primeros nazis del continente americano, de hecho fueron los que trajeron el nazismo a América del Sur», remarcó Mutti en una conversación con este cronista.

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Cuando Laureano Clavero confirmó con Julio Mutti que Richard Schmidt era un nazi de relevancia en la Argentina, le pidió al propietario si podía compartirle, bajo estricta reserva, los documetos de la compra que había hecho a los tres hermanos alemanes.

Diálogo con el hombre que halló la lápida de un nazi enterrada en su casa de Mar del Sur

Durante el encuentro en Mar del Sud, el propietario muestra la casa de El Remanso, de la cual ya no quedan rastros, ni de la vieja edificación ni del agujero donde extrajeron la lápida.

«La casa estaba abandonada, tenía 60 años desde que se construyó y no tenía una sola filtración de humedad, a pesar de estar tan cerca del mar y con tan poco reparo», dice el propietario.

En ese momento, vuelve a resonar en la cabeza de este cronista la lista de enrolamiento de Richard Schmidt al Partido Nazi, donde se lo ficha como «construction worker».

El propietario muestra, además, los viejos muebles que sacó de allí, una cama de metal plegable, un vajillero rústico y una caja de madera pintada de celeste con tela de mosquitero donde se ponían los quesos y los fiambres.

También acerca una caja con una veintena de viejos libros escritos en alemán, encontrados en julio de 2019. Ninguna publicación toca temas del nazismo, son solo novelas de la época que estaban dentro de la casa cuando la compró, entre el polvo y las arañas.

La página legal de tres libros distintos señala la procedencia y la fecha de impresión: Berlín, 1935, pleno auge del nazismo en Alemania.

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En la casa, que estuvo durante muchos años abandonada, se encontraron libros escritos en alemán, publicados en Berlín en 1935, durante la consolidación de nazismo en Alemania.

Cuando le pregunto al propietario por la lápida, me dice que «está bien guardada».

— ¿Y no siguieron excavando para ver qué había más abajo? Si había una lápida lo más probable es que hubiera también una tumba.

— No quise seguir buscando; y si así fuera, que en paz descansen.

Cuando le pregunto si no le da «miedo» vivir en una casa donde posiblemente hay una persona, o tal vez dos, enterradas muy cerca de los cimientos, como Clara Probst y Richard Schmidt, dice que no: «Para nada».

Entonces, le pregunto qué va a hacer con la lápida: la va a donar.

— ¿Al Museo de Miramar?

— No, al Museo de Mar del Sud.

— Pero el Museo de Mar del Sud no existe.

— Todavía.

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Kristallnacht. Para el sobreviviente Pedro Schmoller, «lo acontecido debe quedar grabado en la memoria de la humanidad»

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Agencia AJN/Itongadol.- Se cumple hoy un nuevo aniversario de la «Noche de los Cristales Rotos» y recordamos el diálogo mantenido en 2013 con Pedro Schmoller, sobreviviente del pogrom denominado «Kristallnacht», quien aseguró: «Agradezco su interés y su espacio. Con mis 93 años encima, es bueno saber que mis recuerdos no desaparecerán cuando no esté más presente en este mundo, y solo así, a través de la memoria mantendrán su vida por algún tiempo más».

La Kristallnacht dio inicio al Holocausto, diez meses antes de la Segunda Guerra Mundial. Schmoller contó en 2013 que él y su familia lograron salvarse de aquella trágica noche gracias a la secretaria de su padre que les ofreció refugio en su casa. «Nos escondimos en el pequeño departamento de la secretaria de mi padre, que era de fe protestante. Ella arriesgó su vida al darnos albergue ya que convivir con judíos era castigado con la pena de muerte», contó.

«Nos quedamos allí unos días hasta que volvió una relativa calma», relató y agregó: «Permanecimos encerrados en un ambiente muy chico, y en constante tensión. Llegué a fumar hasta 60 cigarrillos por día. Desde ese entonces no probé cigarrillo», añadió a modo de quiebre con su pasado oscuro. «Solo un mes y medio después pudimos escapar con destino Argentina», agregó.

El sobreviviente recordó que en su infancia vivió en «Berlín en un barrio de clase media alta y que actualmente sigue existiendo, Charlottenburg». «Recuerdo que en la planta baja de la casa de departamentos donde vivíamos había una librería que pertenecía a una familia judía, la misma fue totalmente destruida por una horda organizada. En la Kristallnacht, solo en Berlín, fueron incendiados una veintena de templos, y seguramente una centena en todo el país, junto con unos centenares de rollos de la Torá. En el caso de nuestro templo, el Friedenstempel, había más de 10 rollos, cada una con sus hermosos adornos artesanales», recordó.

Siempre en diálogo con la Agencia AJN, Schmoller expresó su deseo de contar una historia gratificante ante tanto horror, «se trata del arribo al templo NCI Emanu El de un rollo de la Torá, el mismo fue reconstruido y salvado en algún lugar de Europa». «Resulta que en uno de mis viajes a Londres, por casualidad me enteré de que existía un Comité de Reconstrucción de Torot (plural de Torá), donde escribas profesionales se dedicaban a reescribir las partes dañadas, para que puedan ser nuevamente usadas y enviados a países del tercer mundo a nuevos templos que carecían de rollos, o donde había pocos». Schmoller contó que «para solventar los gastos del Comité, buscaron donantes por sumas-no tan pequeñas- que tenían el privilegio de elegir el lugar, donde las Torot podían ser nuevamente usadas». Fue así que «juntando los ahorros de mi padre, mi hermano y los míos, pudimos donar la suma necesaria, y así llegó, por vía diplomática, una Torá a la Embajada de Israel en Argentina, y de allí partió al templo de Emanu El». «En un solemne servicio religioso, llevado por mi padre, y franqueado por mi hermano y por mí, la Torá fue introducida a su nuevo destino y hoy sigue estando en el templo de la calle Arcos, en la Ciudad de Buenos Aires».

En su relato, Schmoller no quiso dejar de mencionar a su padre quien, como muchos otros judíos alemanes, combatió durante la Primera Guerra Mundial en el ejército alemán y pese a haber sido condecorado con la Cruz de Hierro, años más tarde sería considerado un enemigo por el mismo país que le había reconocido su valor en el combate.

Respecto al negacionismo del Holocausto, Schmoller opinó: «Sólo un malvado, lleno de odio y resentimiento puede ignorar o negar lo ocurrido. Existen un sinfín de pruebas, fotos, películas y testimonios de sobrevivientes que no dejan duda alguna». Tras contar que en una visita a Berlín pudo ubicar la tumba de su bisabuelo en un cementerio, Schmoller expresó: «Los que niegan a la Shoá (Holocausto) son unos necios mentirosos. Es gente llena de un odio enfermizo». «Lo acontecido debe quedar grabado en la memoria de la humanidad, para que nunca vuelva a acontecer», dijo con un fuerte acento alemán.

Consultado sobre el genocida fallecido, Erich Priebke, el sobreviviente opinó que «debe dejarse de hablar de él». «Que no quede recuerdo alguno de sus hazañas criminales. Que quede totalmente olvidado. Que haya un total silencio. Como si nunca hubiera existido», puntualizó.

En la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938, hordas nazis llevaron a cabo, con la anuencia de las autoridades alemanas y austríacas y ante la total inacción policial, el pogrom denominado “Kristallnacht”. Sobre esos días, Schmoller reflexionó: «Cada año hay menos gente que lo haya vivenciado en forma consciente».

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Por Mario Sinay. El Tranvía del Gueto de Varsovia fue completamente restaurado para convertirse en un objeto central del nuevo Museo

Montados con una estrella de David sobre la cabina del conductor en lugar de la línea de la ruta, la vista de estos vagones rodando por las calles llenas de gente se convirtió en uno de los recuerdos perdurables del Gueto.

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Agencia AJN.- “Trato de imaginar a las personas por las que este tranvía habría pasado alguna vez en el gueto y simplemente no puedo. Todos los días, este tranvía fue testigo de un enorme sufrimiento y una inmensa tragedia”.

Reconocido como el único de su tipo en el mundo, el tranvía de antes de la guerra que alguna vez recorrió el Gueto de Varsovia ha sido completamente restaurado y actuará como uno de los elementos centrales del futuro Museo del Gueto de Varsovia.

Se cree que el tranvía, data de 1907, construido en Alemania, se construyó originalmente en un momento en que Varsovia dependía de los tranvías tirados por caballos.

La introducción de este tranvía en la ciudad se produciría después de que Varsovia electrificara su transporte público.

Sin embargo, fue el tiempo de guerra lo que finalmente elevaría la importancia de este modelo de tranvía Tipo A.

Aunque la población judía de Varsovia se encontró encerrada en el Gueto en noviembre de 1940, la inmensidad del área exigía que fuera atendida por sus propias líneas de tranvía.

Montados con una estrella de David sobre la cabina del conductor en lugar de la línea de la ruta, la vista de estos vagones rodando por las calles llenas de gente se convirtió en uno de los recuerdos perdurables del Gueto.

Partiendo desde la plaza Muranowska, sus paradas programadas cubrían Muranowska, Dzika, Dzielna, Karmelicka, Leszno, Żelazna y Chłodna.

Sin embargo, la brutalidad de la represión del Levantamiento del Ghetto, junto con su posterior destrucción metódica, significó que pocos de estos vehículos sobrevivieran; de hecho, solo se sabe que uno ha sobrevivido hasta el día de hoy.

Indiscutible en su valor histórico, los historiadores creen que la última vez que este tranvía habría funcionado habría sido en julio de 1942; lo más probable, habría sido utilizado para transportar judíos a la Umschlagplatz mientras esperaban la deportación a las cámaras de gas de Treblinka.

Después de la guerra, los historiadores han teorizado que se utilizó para almacenar materiales necesarios para la reparación de tranvías. En años posteriores, quedó simplemente abandonado en medio de una maleza enmarañada.

Ahora que recibe una segunda vida, el trabajo de restauración se llevó a cabo por primera vez el año pasado. El proyecto, que involucró a 100 personas y costó 250.000 Zlotys, se llevó a cabo siguiendo una documentación de diseño que data de más de un siglo.

Además, los ingenieros que trabajaron en el chasis utilizaron las mismas técnicas que habrían estado disponibles para los trabajadores en ese período.

Llevado a cabo en la planta de reparación T3 de Varsovia, el óxido se eliminó minuciosamente mientras que los elementos faltantes se reemplazaron utilizando exactamente el mismo tipo de materiales que se habrían utilizado anteriormente.

Además, el tranvía se pintó de rojo y se adornó con una bocina de Varsovia en su exterior.

Financiado por el Ayuntamiento de Varsovia y la autoridad local de tranvías, el tranvía se colocará frente al Museo del Gueto de Varsovia una vez que se inaugure.

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