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Opinión

El sionismo va más allá de Israel

La gente suele atribuir la creación de Israel al Holocausto, lo cual es un error; Israel no existe por el Holocausto. Existe para que no vuelva a producirse un Holocausto. Los ataques antisemitas están aumentando en todo el mundo y los líderes mundiales parecen estar ciegos ante la situación.

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La sinagoga de Texas en la que los rehenes estuvieron retenidos el sábado durante casi 11 horas.

Por Judah Waxelbaum, The Jerusalem Post.

Agencia AJN.- Los ataques antisemitas están aumentando en todo el mundo y los líderes mundiales parecen estar ciegos ante la situación.

A finales de la década de 1920 mi abuelo estudiaba patología en Austria después de terminar su formación médica en la Universidad de Cornell, en Estados Unidos. Los camisas pardas ya habían cobrado protagonismo en la sociedad alemana y el ascenso de Hitler al poder estaba en marcha. Viendo el rumbo de Europa, mi abuelo suplicó a sus profesores y colegas que abandonaran Austria antes de que fuera demasiado tarde, pero, para su consternación, le dijeron que la situación cambiaría pronto. Seguro que las cosas están mal, pero es sólo un movimiento marginal, le dijeron. Mi abuelo pasó lós siguientes veinte años de su vida revisando los manifiestos de los barcos en los periódicos de Nueva York en busca de los nombres de sus profesores y colegas, de los que no volvió a saber nada nunca más.

Esta historia no es única y se ha reproducido en la historia judía muchas veces antes. Por desgracia, no importa cuántas veces ocurra, seguimos escuchando que esto también se terminará algún día.

La gente suele atribuir la creación de Israel al Holocausto, lo cual es un error; Israel no existe por el Holocausto. Existe para que no vuelva a producirse un Holocausto. Los ataques antisemitas están aumentando en todo el mundo y los líderes mundiales parecen estar ciegos ante la situación.

Incuestionablemente, la toma de rehenes en la sinagoga de Colleyville, Texas, fue un ataque contra todos los judíos, pero el FBI actúa como si fuera un establecimiento al azar. No me disculpo por mi apoyo a Israel y mis creencias sionistas. Necesitamos una generación de sionistas y organizaciones judías que se nieguen a callar, que hablen agresivamente cuando se juegue con nuestra existencia como una cuestión de debate. En la escena mundial y en la nacional, Estados Unidos debe ser más claro en su apoyo a Israel y a la lucha judía contra quienes desean aniquilarnos.

La mera vacilación de apoyar a Israel y a la comunidad judía en nuestra situación actual es una señal para el mundo de que el apoyo de Estados Unidos a los judíos está condicionado por el clima político.

Por ejemplo durante el mes de mayo de 2021 Hamás lanzó una lluvia de miles de cohetes y misiles contra Israel mientras gran parte de la comunidad mundial guardaba silencio. Un mensaje común es que la respuesta de Israel no es proporcional. Seamos claros: eso es un código para decir que no han muerto suficientes judíos en este conflicto. No hay equivalencia moral entre una organización terrorista e Israel, por ejemplo, Hamás utiliza escudos humanos y está dispuesta a asesinar a los residentes de Gaza sólo por la oportunidad de matar israelíes.

Nunca en mi vida podría haber imaginado un mundo en el que los Emiratos Árabes Unidos se expresaran con más fuerza en apoyo de Israel que Estados Unidos, pero eso es exactamente lo que ocurrió en mayo de 2021. Mientras Israel es atacado con cohetes, los judíos de todo el mundo son acosados, golpeados y asesinados por tener el valor de existir. El antisionismo es antisemitismo, los dos están fundamentalmente entrelazados y es por eso que seguimos viendo la retórica pro-Hamas fuera de los establecimientos judíos. Cuando alguien dice «del río al mar», se refiere al exterminio del Estado de Israel. Los ataques al Estado judío y al pueblo judío no son acontecimientos separados; es una saga continua de quienes desean ver un mundo sin judíos.

A mis compañeros judíos que tienen miedo de hablar, la historia está de nuestro lado. Cuando nos echaron de las naciones que conocimos, sobrevivimos. Cuando nos enviaron a los hornos y el mundo nos dio la espalda, sobrevivimos. Ya hemos visto esta película y déjenme decirles que sobreviviremos. La pregunta es y siempre ha sido: ¿Lucharemos o nos mentiremos una vez más diciendo que esto también pasará? Es hora de decir al mundo que «nunca más» significa nunca más.

Opinión

Opinión: Fuerte crítica a periódico estudiantil de Harvard por apoyar al BDS

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Editorial publicada en The Jerusalem Post.

Agencia AJN.- Harvard Crimson, el periódico estudiantil de la universidad más elitista de Estados Unidos, publicó una editorial titulada «En apoyo del Boicot, Desinversión, Sanciones (BDS) y una Palestina Libre», en el que aseguró que estaba «orgulloso de prestar finalmente nuestro apoyo tanto a la liberación de Palestina como al BDS – y llamamos a todos a hacer lo mismo».

El problema es que el consejo editorial no parece tener ni idea de lo que significa realmente la «liberación palestina» o el BDS. Si lo supieran, es difícil creer que lo apoyen realmente, porque tanto la liberación palestina como el BDS sólo significan una cosa: ningún Estado judío.

Todo lo que tuvo que hacer cualquier miembro del consejo editorial del Crimson fue buscar en Google el nombre del fundador del BDS, Omar Barghouti, para encontrar un amplio repertorio de citas que apoyan la afirmación anterior. Un ejemplo: «Definitivamente nos oponemos a un Estado judío en cualquier parte de Palestina. Ningún palestino, un palestino racional, no un palestino vendido, aceptaría jamás un Estado judío en Palestina».

¿Es eso lo que defienden los editores estudiantiles? Justo un día después del Día del Recuerdo del Holocausto, ¿realmente querían pedir un mundo sin un Estado judío?

El hecho de que hayan hecho eso demuestra tanto la propia ingenuidad y credulidad de la junta editorial como la forma en que el movimiento BDS logró engañar a tantas personas inteligente.

En cuanto a la ingenuidad del periódico, se debe analizar estre fragmento esto del editorial: «Incluso para los periodistas, condenar abiertamente las políticas del Estado [Israel] supone un riesgo profesional objetivo…. Atrévete a cuestionar las políticas de Israel o a respaldar la libertad de los palestinos y serás expulsado de la redacción, sin importar los logros pasados o los argumentos legítimos».

¿Hablan en serio? ¿Acaso los miembros del consejo editorial del Crimson nunca leyeron un ejemplar de The New York Times o de The Guardian? ¿Nunca vieron a la MSNBC o la BBC? Ya fue suficiente aquello de que, de alguna manera, criticar a Israel es un acto de gran valor personal. Se podría argumentar exactamente lo contrario: que defender a Israel hoy en día en ciertos círculos, incluso en Harvard, es lo que requiere valor.

¿Son necesarios más ejemplos de ingenuidad? Considere lo siguiente: El editorial decía que existe un «abrumador desequilibrio de poder que define el debate actual». Esta marcada diferencia de poder se extiende mucho más allá del ámbito de la libertad de expresión, pasando de lo retórico a lo letal sobre el terreno en Palestina, donde los soldados israelíes mataron a casi 50 palestinos, entre ellos ocho niños, sólo este año».

El diario no da ningún contexto sobre cómo fueron asesinados esos palestinos, creando la impresión de que los soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) simplemente asesinan al azar a palestinos inocentes, y no que la mayoría estaban disparando a civiles, apuñalando a soldados o lanzando piedras o cócteles molotov a los autos que pasaban.

Lo que está incrustado en la protesta del periódico contra un «desequilibrio de poder abrumador» es la noción de que débil significa correcto, fuerte significa incorrecto. Es una forma mediocre de ver el mundo. Desde este punto de vista, Al Qaeda debería recibir simpatía en su batalla contra Estados Unidos porque es innegablemente la parte «más débil» en esa lucha.

Podríamos dar al Crimson el beneficio de la duda y decir que no quiere anular el Estado judío, y que sólo se opone a la «ocupación». Si ese es realmente el caso, entonces lo que el BDS consiguió, como dijo recientemente al Post el destacado filósofo político estadounidense de izquierdas Michael Walzer, fue crear una «organización de fachada a la antigua» extremadamente eficaz que oculta sus verdaderas motivaciones.

«La mayoría de los chicos que apoyan el BDS en el campus piensan que se oponen a la ocupación», dijo Walzer, aunque el BDS como organización internacional «está comprometido con la destrucción del Estado de Israel».

Lo que hay que hacer, por tanto, es arrancar la máscara de la organización, exponer sus verdaderos colores y revelar lo que se esconde detrás de términos como «liberación palestina» y «BDS». Para ello, cada vez más estadounidenses -tanto los no judíos como los judíos, incluidos los que critican diversas políticas israelíes- deben levantarse y explicar enérgicamente por qué se estremecen al pensar en un mundo en el que no hay lugar para Israel.

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Opinión

El recuerdo de la Shoá, frente a los discursos de odio y las guerras desatadas

A más de setenta y seis años del fin del nazismo debemos seguir con la guardia en alto. Las ideologías perversas se ocultan muchas veces bajo discursos y máscaras de modernidad.

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Yad Vashem, Museo del Holocausto, en recordación de las víctimas del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. Gentileza Prensa

Artículo publicado por Jorge Knoblovits en Diario Clarín

Agencia AJN.- El asesinato de 6 millones de judíos fue un crimen excepcional. La Shoá y las fuerzas que diseñaron, ejecutaron, alentaron y justificaron la industrialización de la muerte destrozaron los paradigmas de la humanidad, para siempre. Por eso, nunca debemos naturalizar las aspiraciones totalitarias.

Es inaceptable la indiferencia frente al mal, la neutralidad ante los crímenes y la violación de los derechos humanos. No podemos callarnos más y debemos denunciar al antisemitismo, la discriminación y el terrorismo.

Hoy seguimos viviendo situaciones de violencia extrema surgidas de la omnipotencia, de las ambiciones desenfrenadas y del desprecio hacia el Otro. Discursos, palabras, gestos que se diseminan por todo el mundo gestan masacres y generan espectáculos desgarradores.

Son muchos los regímenes que hoy en día buscan debilitar a las democracias a través de mensajes falsos y simplistas.

A más de setenta y seis años del fin del nazismo debemos seguir con la guardia en alto. Las ideologías perversas se ocultan muchas veces bajo discursos y máscaras de modernidad.

En pleno siglo XXI estamos siendo testigos, nuevamente de otro capítulo siniestro de esta trama. En el corazón de Europa se están viviendo momentos de horror extremo con justificaciones manipuladoras de “desnazificación”.

La banalización de la Shoá llevada al extremo creó las condiciones para los crímenes de guerra que se están cometiendo.

Como escribió el filósofo francés Henry Levy en un artículo reciente, todos los judíos del mundo sabemos mejor que nadie adónde puede conducir la voluntad de aniquilar a un pueblo y a un Estado. Hay un único imperativo categórico: negarse a ser chantajeado; resistir las supuestas limitaciones de la realpolitik miope; y, al apoyar a los ucranianos mientras son bombardeados, muertos de hambre y masacrados, permanecer fieles a una antigua vocación humana.

Lamentablemente en nuestro país la banalización se ha convertido en parte del discurso público, que contribuye a perpetuar la polarización y la grieta y horada desde adentro al sistema democrático. El diálogo respetuoso, el debate de ideas y el consenso son las únicas herramientas de un país civilizado y la única vía para avanzar en la construcción de una sociedad inclusiva, igualitaria y plural.

Es el legado que nos dejaron aquellos hombres y mujeres que, en el Gueto de Varsovia, resistieron los incesantes intentos de los nazis de doblegar su condición humana antes de ser deportados a los campos de exterminio.Es nuestro deber y nuestro compromiso reforzar las posturas más dialoguistas, para que el sueño de un mundo mejor no se desvanezca definitivamente en medio de los discursos de odio que siempre terminan en violencia.

Jorge Knoblovits es presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA).

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