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Opinión. Cómo Israel ha fracasado en la batalla contra el coronavirus

Agencia AJN.- Israel pasó de ser el país que todo el mundo consideraba como un modelo a seguir, a uno que todo el mundo considera ahora como un ejemplo de lo que no se debe hacer.

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Agencia AJN.- Israel logró una impresionante y vergonzosa estadística la semana pasada, convirtiéndose en el país líder en infecciones per cápita. Según datos de la Universidad Johns Hopkins, el estado judío tuvo un promedio de 199,3 nuevos casos al día por cada millón de personas durante el período de siete días que terminó el 2 de septiembre. Eso es más alto que cualquier otro país del mundo.

Vaya.

Es asombroso, ya que podemos mirar hacia atrás y escuchar de nuevo el discurso que el Primer Ministro Benjamin Netanyahu dio en mayo cuando declaró que Israel había derrotado al coronavirus.

Es asombroso pensar cómo Israel pasó de ser el país que todos en el mundo miraban como un modelo a seguir, a uno que todos miran ahora como un ejemplo de lo que se supone que no se debe hacer.

Hay muchas respuestas a lo que salió mal. Primero, fue la reapertura de la economía en mayo y junio que fue demasiado rápido. Debería haber sido más gradual. Lo mismo con la reapertura de las escuelas: no había ninguna razón para llevar los grados más grandes a las aulas cerradas. Podrían haber seguido estudiando a distancia. Cuando se reportaron brotes en las escuelas secundarias de todo el país, todos entendimos inmediatamente por qué.

Luego, hubo el fracaso del gobierno en usar el tiempo que la nación estaba en cuarentena para prepararse para el día siguiente. Fue una pérdida de tiempo muy valiosa. Aún hoy, a seis meses de esta pandemia, Israel falla en el rastreo de contactos estrechos, y todavía no tiene suficientes investigadores que puedan cortar rápida y efectivamente la cadena de infección.

Ha aumentado el número de pruebas a un alto número, pero la gente todavía no es capaz de entrar en una clínica y hacerse una prueba del virus, o una prueba serológica para ver si tienen anticuerpos, lo que significa que ya han tenido el virus.

El aeropuerto tampoco fue tratado correctamente. Mientras los cielos se cerraban y El Al se detenía, nadie pensó en usar el tiempo para construir una estación de pruebas para que la gente que iba y venía pudiera ser examinada. La primera estación de este tipo que se abra será en octubre o noviembre.

A todo esto se agrega la politización del virus. La mayoría de los ciudadanos hoy en día parece entender lo que estaba claro desde el principio de la gestión de esta pandemia: que no ha sido combatida por los líderes, sino por los políticos, más interesados en lo que el virus puede hacer por sus carreras políticas y menos interesados en cómo pueden realmente erradicarlo.

Lo que está sucediendo con Uman es un caso clásico en este sentido. No se debería permitir a la gente viajar allí. Y punto. Esa es la posición del ministro de Salud Yuli Edelstein y del comisionado de coronavirus Ronni Gamzu. Esa fue también la posición de Netanyahu, hasta que los partidos ultraortodoxos de su coalición comenzaron a amenazar con derribar el gobierno si no se encontraba una solución. Ahora, ha instruido a sus ministros para llegar a un acuerdo que les permita viajar.

Las acusaciones de los miembros del propio partido de Netanyahu contra Gamzu de que está avivando el antisemitismo y debería renunciar, no ayudan a la lucha. En cambio, todos parecen estar haciendo lo que quieren. Algunas personas respetan las reglas y celebran bodas con menos de 50 personas, mientras otras celebran bodas con cientos de invitados como si no hubiera un virus que se está propagando aquí.

¿Y por qué la gente debería escuchar a Gamzu cuando escuchan cómo los políticos hablan de él? Si los funcionarios electos no hacen caso a sus directrices, ¿por qué debería el ciudadano medio?

Para que esto cambie, el gobierno tiene que empezar a trabajar o quitarse del medio. Ya que el gobierno no funciona, nos incumbe a todos y cada uno de nosotros hacer su parte. Usar una máscara, distancia social, limpiarse las manos, quedarse en casa y alejarse de los eventos públicos y advertir a los demás cuando vean que no se adhieren a las reglas.

Desafortunadamente, los israelíes ya no pueden contar con sus líderes electos para hacer su trabajo y dirigir el país hacia la seguridad. En su ausencia, nos corresponde a nosotros desempeñar el papel, y podemos hacerlo siguiendo las reglas.

Nota editorial publicada por The Jerusalem Post

Opinión

El pacificador ausente. Por David Horovitz*

Agencia AJN.- Los Estados Unidos han invitado repetidamente al líder palestino Mahmoud Abbas a reincorporarse y defender los intereses de su pueblo. ¿No se supone que ese es su propósito?

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Agencia AJN.- ¿Qué pasaba por la cabeza de Mahmoud Abbas, me pregunto, mientras veía la inspiradora ceremonia de normalización en la Casa Blanca el martes, transmitida en vivo por la televisión palestina?

¿Estaba pensando que podría haber sido él, allá arriba en el balcón, haciendo la paz con Israel, si tan sólo hubiera respondido a la extraordinaria y apresurada oferta del primer ministro israelí Ehud Olmert en 2008? ¿Estaba pensando que podría haber sido él, si hubiera aprovechado al máximo el freno de 10 meses a la construcción de los asentamientos impuesta por el presidente estadounidense Obama a Benjamin Netanyahu en 2009-10, en lugar de desperdiciar los primeros nueve meses negándose a negociar?

Abbas declara con toda la razón que no quiere quedar marcado como el líder que vendió la causa palestina, como el líder que traicionó los intereses de su pueblo. Pero eso es precisamente lo que ha hecho en los 16 años desde que sucedió al difunto Yasser Arafat, el engañoso participante en una anterior ceremonia de acuerdos de la Casa Blanca.

A diferencia de Arafat, Abbas no ha orquestado directamente el terrorismo. Pero él y su administración se han manifestado implacablemente contra el estado judío, burlándose de su legitimidad histórica, y sirviendo como un instigador principal de lo que el presidente de EE.UU. Donald Trump, en su discurso, catalogó con precisión como constantes mentiras “que Al-Aqsa estaba bajo ataque”.

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La firma de los Acuerdos de Abraham entre Israel, Emiratos Árabes Unidos y Bahrein en la Casa Blanca el pasado 15 de septiembre.

Estas mentiras, “transmitidas de generación en generación”, dijo Trump, han alimentado “un círculo vicioso de terror y violencia” en esta región y más allá. Y al hacerlo, Abbas ha elegido estratégicamente, tan claramente como lo hizo Arafat, no preparar a su pueblo para los compromisos necesarios para forjar una paz viable con Israel.

Aunque en su mayoría se ha negado a negociar y, al negociar brevemente, ha mantenido posiciones como la insostenible demanda de un “derecho de retorno” a Israel para millones de palestinos, su poder de negociación se ha debilitado. Por un lado, como dijo Jared Kushner al mundo la semana pasada, los asentamientos israelíes han estado avanzando gradualmente sobre “toda la tierra de Cisjordania, y las probabilidades de que alguna vez la cedan son improbables”. Y por otro lado, como se ha demostrado enfáticamente por los notables acontecimientos del martes, crecientes partes del mundo árabe están gradualmente desenredando sus propias prioridades nacionales de las de los intransigentes palestinos.

El rechazo de Abbas está resultando desastroso, no sólo para su pueblo sino también para el nuestro. Es perfectamente sensato alegrarse de la cálida buena voluntad y el compromiso con un mejor futuro compartido que se exhibe en la Casa Blanca, y lamentar al mismo tiempo que el liderazgo de nuestro vecino se encamina más profundamente a las fuerzas oscuras de la región.

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Mahmoud Abbas reunido con Jared Kushner, en 2017.

Su poder se está debilitando, y el tiempo se está acabando personalmente para Abbas, que ya tiene más de 80 años. Pero no es demasiado tarde. Al igual que Obama en 2009, la administración Trump y los Emiratos Árabes Unidos se han combinado para darle otra oportunidad, imponiendo otro tipo de congelación a un reticente Netanyahu: la aplicación de la soberanía israelí al 30 por ciento de Cisjordania asignado a Israel en el plan de paz Trump ha sido suspendida indefinidamente – hasta el 2024, según fuentes bien informadas que hablaron con The Times of Israel en los últimos días.

Los EE.UU. han estado invitando repetidamente a Abbas a volver a comprometerse, para abogar por los intereses de su pueblo. ¿No se supone que ese es su propósito? En la insistente ausencia de Abbas, como Kushner elaboró en su sorprendente informe de la semana pasada, “dibujamos lo que pensamos que era un mapa realista… Jugamos a la pelota mientras él miente, ¿verdad?”

Me pregunto qué pasaba por la cabeza de Mahmoud Abbas el martes. ¿Realmente quiere mezclar a su gente con los terroristas de Gaza (que consideraron oportuno lanzar cohetes a Israel durante y después de la ceremonia), Hezbollah y Teherán? ¿Está esperando que Trump pierda, y si es así, con la esperanza de que un presidente Biden haga algo por él? ¿Qué espera? ¿Tiene algún tipo de estrategia?

¿Estaba siquiera mirando?

*David Horovitz es editor fundador de The Times of Israel.

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Opinión

Opinión. ¿Por qué estoy emocionado? Por Marcelo Kisilevski*

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bibi

Agencia AJN.- Hay quienes minimizan, dicen que la paz con los Emiratos Árabes Unidos firmada hoy, (así como la declaración de principios firmada con Bahrein), no se comparan con la paz con Egipto y Jordania porque no tuvimos con ellos guerras, y por lo tanto es apenas un olvidable “acuerdo de normalización”.

Pero no, o también, porque también es acuerdo de paz. Recordemos que EAU es parte de la Liga Árabe y, como tal, era firmante (o cómplice) de los famosos y nefastos “Tres No de Khartoum”: No paz, no reconocimiento, no negociación con Israel. Eso se acabó oficialmente ayer.

Dicen que el acuerdo traiciona la causa palestina y que perpetúa el conflicto. Yo digo: basta. Si a alguien pueden culpar los palestinos de que cada vez les ofrecen menos, y de que los países árabes han dejado de subsumir sus intereses a los de los necios liderazgos palestinos, es a ellos mismos.

Se subieron a demasiados árboles de los que no pueden bajar aunque quieran, y no quieren. El más alto de todos: el retorno de los refugiados. El del medio: Estado palestino en TODOS los territorios de Cisjordania, rechazando el principio de intercambio de territorios, lo cual implicaría una impracticable evacuación de todos los asentamientos. El árbol más bajo, invención de Obama: cese de la construcción en los territorios como mera condición para volver a la mesa de negociaciones.
Tantos son los árboles a los que se treparon para luego arrojar la escalera al suelo, que ni siquiera ven la posibilidad de una paz con Israel basados en un colchón de cooperación regional amigable como base para la resolución del conflicto en términos viables para todos.

Dicen que “business son business”, porque todo se reduce a un acuerdo entre comerciantes de armas. Pero claro, ¿qué piensan, que todos los demás acuerdos de paz de la historia del mundo fueron para promover el amor y la hermandad, y sólo este es para comerciar con muchas cosas, no solamente con armas, y para beneficiar intereses?

Por ejemplo, el zapato que más les duele a los países del Golfo se llama Irán. Oh casualidad, el mismo que a Israel. Y además, si el interés es sólo armas, ya lo era desde hace por lo menos 30 años. ¿Por qué recién ahora? Conclusión: bajen un cambio en la caja del cinismo.

¿Será que provoca resquemor porque es un logro de Bibi? No lo sé. Todo el mundo sabe que no lo voté, pero estos son puntos para el primer ministro Netanyahu. Porque está cumpliendo, como al pasar, el sueño de Theodor Herzl -un Estado judío y democrático en paz con sus vecinos- y también (sin que nos demos cuenta) el de Shimón Peres, plasmado en su libro “El Nuevo Medio Oriente”.
Si el precio para tener paz con todos nuestros vecinos es que se anoten en el haber de Netanyahu, lo pago con alegría. Y así como Golda Meir recibió con un beso a Menajem Beguin cuando se bajó del avión a su regreso de Camp David en el ’79, después de firmar el histórico acuerdo con Anwar El Saadat de Egipto, yo (no esperen que lo bese, hay Covid) aplaudo hoy de pie a Biniamín Netanyahu.

La paz siempre, siempre, es motivo de celebración. Y hoy, como en 1979 (Camp David), como en 1993 (Oslo) y como en 1994 (Jordania), yo estoy emocionado.

*Kisilevski es periodista, docente y escritor argentino-israelí.

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