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Opinión | El mundo nunca volverá a ser el mismo

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Por Thomas L. Friedman – The New York Times*

Las ocho palabras más peligrosas del periodismo son: “El mundo nunca volverá a ser el mismo”. En más de cuatro décadas como periodista, rara vez me he atrevido a usar esa frase. Pero ahora, tras la invasión de Vladimir Putin a Ucrania, la utilizaré.

Nuestro mundo nunca volverá a ser el mismo porque esta guerra no tiene ningún paralelo histórico. Es una descarnada toma territorial, estilo siglo XVIII, por parte de una superpotencia, pero en un mundo globalizado del siglo XXI. Esta es la primera guerra que será cubierta en TikTok por personas increíblemente empoderadas, armadas solo con teléfonos inteligentes, por lo que los actos de brutalidad se documentarán y transmitirán por todo el mundo sin editores ni filtros. El primer día de la guerra, vimos cómo los tanques rusos invasores quedaban expuestos de forma inesperada por Google Maps, porque Google quiso alertar a los usuarios conductores que los vehículos blindados rusos estaban provocando atascos de tráfico.

Nunca hemos visto algo como esto.

Sí, el intento ruso de apoderarse de Ucrania recuerda a siglos anteriores —antes de las revoluciones democráticas en Estados Unidos y Francia—, cuando un monarca europeo o un zar ruso simplemente podía decidir que quería más territorio, que había llegado el momento de apoderarse de él, y lo hacía. Y todos en la región sabían que devoraría todo lo que pudiera y que no había una comunidad internacional que lo detuviera.

Sin embargo, al actuar de esta manera ahora, Putin no solo se ha dispuesto a reescribir de forma unilateral las reglas del sistema internacional que han estado vigentes desde la Segunda Guerra Mundial —es decir, que ninguna nación puede solo devorar a la nación vecina—, sino que también está tratando de alterar el equilibrio de poder que siente que se le impuso a Rusia después de la Guerra Fría.

Ese equilibrio —o desequilibrio, según Putin— fue el humillante equivalente a las imposiciones del Tratado de Versalles sobre Alemania tras la Primera Guerra Mundial. En el caso de Rusia, significó que Moscú tuviera que tolerar la expansión de la OTAN no solo para incluir a los antiguos países de Europa del Este que habían sido parte de la esfera de influencia de la Unión Soviética, como Polonia, sino incluso, en principio, Estados que formaban parte de la propia Unión Soviética, como Ucrania.

Veo a muchas personas citar el excelente libro de Robert Kagan The Jungle Grows Back como una manera de abreviar el regreso a este estilo cruel y brutal de geopolítica que se manifiesta en la invasión de Putin. Pero esa imagen está incompleta. No estamos en 1945 o 1989. Puede que estemos de regreso en la jungla, pero esa jungla en la actualidad está interconectada de forma más íntima que nunca por las telecomunicaciones, los satélites, el comercio, internet, las redes viales, ferroviarias y aéreas, los mercados financieros y las cadenas de suministro. Así que, si bien el drama de la guerra se está desarrollando dentro de las fronteras de Ucrania, los riesgos y repercusiones de la invasión de Putin se están sintiendo en todo el mundo, incluso en China, que tiene buenos motivos para preocuparse por su amigo en el Kremlin.

Bienvenidos a la Interconectada Guerra Mundial: la primera guerra en un mundo totalmente interconectado. Algo así como si los cosacos se mezclaran con la red informática mundial. Como dije antes, nunca hemos visto algo como esto.

“Han pasado menos de 24 horas desde que Rusia invadió Ucrania, pero ya tenemos más información sobre lo que está pasando allí de lo que tuvimos en una semana durante la guerra de Irak”, escribió en Slate Daniel Johnson, quien fue oficial de infantería y periodista con el ejército de Estados Unidos en Irak, el jueves 24 de febrero por la tarde. “Lo que está saliendo de Ucrania es simplemente imposible de producir a tal escala sin que los ciudadanos y soldados de todo el país tengan fácil acceso a teléfonos móviles, internet y, por extensión, aplicaciones de redes sociales. Una guerra moderna a gran escala se transmitirá en directo, minuto a minuto, batalla por batalla, muerte por muerte, al mundo. Lo que está ocurriendo ya es horrible, según la información publicada tan solo en el primer día”.

¿Putin será derribado por un exceso de ambición imperial? Es demasiado pronto para decirlo. Pero estos días recuerdo la reflexión de otro líder retorcido que decidió devorar a sus vecinos en Europa. Su nombre era Adolf Hitler, y dijo: “El comienzo de cada guerra es como abrir la puerta a un cuarto oscuro. Uno nunca sabe lo que está escondido en la oscuridad”.

En el caso de Putin, me pregunto: ¿sabe lo que se esconde a plena vista y no solo en la oscuridad? ¿Conoce no solo las fortalezas de Rusia en el nuevo mundo de hoy, sino también sus debilidades? Permítanme enumerarlas.

Rusia está en proceso de apoderarse por la fuerza de un país libre con una población de 44 millones de personas, que es un poco menos de un tercio del tamaño de la población de Rusia. Y la mayoría de estos ucranianos han estado luchando por ser parte del Occidente democrático y de libre mercado durante 30 años y ya han forjado innumerables lazos comerciales, culturales y digitales con empresas, instituciones y medios de comunicación de la Unión Europea.

Sabemos que Putin ha mejorado mucho las fuerzas armadas de Rusia. Les ha agregado de todo, desde misiles hipersónicos hasta herramientas avanzadas para ataques cibernéticos. Tiene la potencia de fuego necesaria para doblegar a Ucrania. Pero en esta era moderna nunca hemos visto a un país no libre, Rusia, tratar de reescribir las reglas del sistema internacional y apoderarse de un país libre tan grande como Ucrania, en especial cuando el país no libre, Rusia, tiene una economía más pequeña que la de Texas.

Luego, pensemos en esto: gracias a la globalización vertiginosa, la UE ya es el mayor socio comercial de Ucrania, no Rusia. En 2012, Rusia era el destino del 25,7 por ciento de las exportaciones ucranianas, en comparación con el 24,9 por ciento destinado a la UE. Solo seis años después, tras la brutal toma de Crimea por Rusia y el apoyo a los rebeldes separatistas en el este de Ucrania, y la creación de vínculos económicos y políticos más estrechos de Ucrania con la UE, “el porcentaje de Rusia en las exportaciones ucranianas ha caído a solo el 7,7 por ciento mientras que el porcentaje de la Unión Europea se disparó al 42,6 por ciento”, según un análisis reciente publicado por Bruegel.org.

Si Putin no desenreda esos lazos, Ucrania seguirá acercándose a los brazos de Occidente. Si los logra desenredar, estrangulará la economía de Ucrania. Y si la UE boicotea a una Ucrania controlada por Rusia, Putin tendrá que usar dinero ruso para mantener a flote la economía de Ucrania.

¿Incluyó eso en sus planes de guerra? Pareciera que no. O como me escribió por correo electrónico un diplomático ruso retirado en Moscú: “¿que cómo termina esta guerra? Por desgracia, no hay nadie en ningún lugar a quién preguntarle”.

Pero todos en Rusia podrán verlo. A medida que esta guerra se desarrolle en TikTok, Facebook, YouTube y Twitter, Putin no podrá aislar a la población rusa —y mucho menos al resto del mundo— de las horribles imágenes que se produzcan en esta guerra cuando entre en su fase urbana. Tan solo en el primer día de la guerra, más de 1300 manifestantes en toda Rusia —muchos de quienes coreaban “¡no a la guerra!”— fueron detenidos, según informó The New York Times, citando a un grupo de derechos humanos. Esa no es una cantidad pequeña en un país donde Putin tolera muy poca disidencia.

Y quién sabe cómo afectarán esas imágenes a Polonia, particularmente cuando esté desbordada por refugiados ucranianos. Menciono particularmente a Polonia porque es el puente terrestre clave de Rusia hacia Alemania y el resto de Europa Occidental. Como señaló el estratega Edward Luttwak en Twitter, si Polonia simplemente detiene el tráfico de camiones y trenes de Rusia a Alemania, “como debería”, crearía un caos inmediato para la economía de Rusia, porque las rutas alternativas son complicadas y tendrían que pasar por una Ucrania recientemente muy peligrosa.

¿Alguien dijo huelga de camioneros anti-Putin que evite que los productos rusos pasen por Europa Occidental a través de Polonia? Vigilemos ese espacio. Algunos ciudadanos polacos superempoderados con unos cuantos controles de caminos, camionetas y cargados con celulares podrían asfixiar a toda la economía de Rusia en este mundo interconectado.

Esta guerra sin paralelo histórico no será una prueba de resistencia solo para Estados Unidos y sus aliados europeos. También lo será para China. En esencia, Putin ha retado a Pekín: “¿vas a apoyar a quienes quieren derrocar el orden liderado por Estados Unidos o vas a unirte a la pandilla del alguacil de Estados Unidos?”.

No debería ser —pero lo es— una pregunta complicada para Pekín. “Los intereses de China y Rusia no son idénticos en este momento”, me dijo Nader Mousavizadeh, fundador y director ejecutivo de la consultora global Macro Advisory Partners. “China quiere competir con Estados Unidos en el Super Bowl de la economía, la innovación y la tecnología, y cree que puede ganar. Putin está listo para incendiar el estadio y matar a todos los que estén allí con tal de satisfacer sus agravios”.

El dilema para los chinos, agregó Mousavizadeh, “es que su preferencia por el tipo de orden, estabilidad y globalización que ha permitido su milagro económico está en fuerte tensión con su autoritarismo renaciente en casa y su ambición de suplantar a Estados Unidos —ya sea por la fuerza de China o la debilidad de Estados Unidos— como la superpotencia dominante del mundo y el impositor de reglas”.

Tengo pocas dudas de que, en el fondo, el presidente de China, Xi Jinping, espera que Putin se salga con la suya y logre secuestrar a Ucrania y humillar a Estados Unidos, pues eso ablandaría al mundo ante su deseo de apoderarse de Taiwán y fusionarla de nuevo a China.

Pero Xi no es ningún tonto. He aquí un par de datos interesantes sobre el mundo interconectado: en primer lugar, la economía de China depende más de Ucrania que de Rusia. Según Reuters, “China superó a Rusia para convertirse en el mayor socio comercial individual de Ucrania en 2019, con un comercio total de 18.980 millones de dólares el año pasado, un aumento de casi el 80 por ciento con respecto a 2013. […] China se convirtió en el mayor importador de cebada ucraniana en el año comercial 2020-2021”, y alrededor del 30 por ciento de todas las importaciones de maíz de China el año pasado provinieron de granjas en Ucrania.

En segundo lugar, China superó a Estados Unidos como el mayor socio comercial de la Unión Europea en 2020, y Pekín no puede permitirse que la UE se vea envuelta en un conflicto con una Rusia cada vez más agresiva y un Putin cada vez más inestable. La estabilidad de China —así como la legitimidad del Partido Comunista gobernante— depende de la capacidad de Xi de sostener y hacer crecer su ya inmensa clase media. Y eso depende de una economía mundial estable y en crecimiento.

No creo que China le imponga sanciones a Rusia, y mucho menos que suministre armas para los ucranianos, como Estados Unidos y la Unión Europea. Lo único que Pekín ha hecho hasta el momento es refunfuñar que la invasión de Putin “no fue lo que esperábamos ver”, y casi de inmediato dejar implícito que Washington había sido el “culpable” por “avivar las llamas” con la expansión de la OTAN y sus recientes advertencias de una inminente invasión rusa.

Entonces queda claro que China está indecisa, pero, de las tres superpotencias clave con armas nucleares —Estados Unidos, China y Rusia— China, con su postura, tiene un enorme voto decisivo sobre si Putin podrá salirse con la suya en Ucrania o no.

Liderar equivale a tomar decisiones, y si China pretende suplantar a Estados Unidos como líder mundial, tendrá que hacer algo más que hablar entre dientes.

Finalmente, hay algo más que Putin encontrará escondido a plena vista. En el mundo interconectado de hoy, la “esfera de influencia” de un líder ya no es un derecho automático que da la historia y la geografía, sino algo que debe ganarse y volver a ganarse todos los días al inspirar y no obligar a otros a seguirlo.

La cantante y actriz Selena Gomez tiene el doble de seguidores en Instagram (más de 298 millones) que ciudadanos de Rusia. Sí, Vladimir, puedo oír cómo te ríes desde aquí y recordar la broma de Stalin sobre el papa: “¿cuántas divisiones de ejército tiene Selena Gómez?”.

No tiene ninguna. Pero ella es una persona influyente con seguidores, y hay miles y miles de Selenas en internet, incluidas celebridades rusas que publican en Instagram sobre su oposición a la guerra. Y si bien no pueden hacer retroceder tus tanques, sí pueden hacer que todos los líderes de Occidente extiendan la alfombra roja para que tú y sus compinches nunca puedan viajar a sus países. Ahora eres oficialmente un paria global. Espero que te guste la comida china y norcoreana.

Por todas estas razones, en esta etapa temprana, me aventuraré a dar solo una predicción sobre Putin: Vladimir, el primer día de esta guerra fue el mejor día del resto de tu vida. No tengo duda alguna de que, en el corto plazo, tus fuerzas militares prevalecerán. Pero, a la larga, a los líderes que tratan de enterrar el futuro con el pasado no les va bien. Con el tiempo, tu nombre terminará viviendo en la infamia.

Ya sé, Vladimir, ya sé: no te importa, no más de lo que te importó comenzar esta guerra en medio de una pandemia virulenta. Y tengo que admitir que eso es lo que más miedo da de esta Interconectada Guerra Mundial. El largo plazo puede ser muy lejano y el resto de nosotros no estamos aislados de tu locura. Es decir, desearía poder predecir alegremente que Ucrania será el Waterloo de Putin, un desastre solo para él. Pero no puedo, porque en nuestro mundo interconectado, lo que pasa en Waterloo no se queda en Waterloo.

De hecho, si me preguntas cuál es el aspecto más peligroso del mundo actual, diría que es el hecho de que Putin tiene más poder sin controles que cualquier otro líder ruso desde Stalin. Y Xi tiene más poder sin controles que cualquier otro líder chino desde Mao. Pero en la época de Stalin, sus excesos se limitaron en gran medida a Rusia y las fronteras que controlaba. Y en la época de Mao, China estaba tan aislada que sus excesos afectaron solo al pueblo chino.

Ya no, el mundo actual se basa en dos extremos simultáneos: los líderes de dos de las tres naciones nucleares más poderosas, Putin y Xi, nunca han tenido más poder sin controles y nunca se ha conectado a más personas de un extremo del mundo al otro al tiempo que cada vez tienen menos amortiguadores. Así que lo que esos dos líderes decidan hacer con su poder sin límites nos tocará prácticamente a todos, directa o indirectamente.

La invasión de Putin a Ucrania es nuestra primera muestra real de lo delirante e inestable que puede llegar a ser este tipo de mundo interconectado. No será el último.

*Thomas L. Friedman es columnista de Opinión sobre temas internacionales. Se incorporó al periódico The New York Times en 1981 y ha ganado tres premios Pulitzer. Es autor de siete libros, incluido From Beirut to Jerusalem, que ganó el National Book Award.

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Editorial: El terror sigue aquí, Israel necesita un gobierno seguro para detenerlo

Artículo publicado en The Jerusalem Post. Después de 75 años de Estado empañado por guerras y atentados terroristas, no hay que buscar excusas de por qué los terroristas árabes quieren intentar matar a los judíos israelíes.

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Policía y personal de seguridad en el lugar de un ataque terrorista en Jerusalem, el 23 de noviembre de 2022. (Crédito de la foto: OLIVIER FITOUSSI/FLASH90)

Agencia AJN.- Los atentados terroristas del miércoles por la mañana en Jerusalem fueron un duro recordatorio de que existen verdaderos retos y amenazas a los que Israel debe enfrentarse tras las elecciones de este mes.

En una espantosa escena que conocemos muy bien -a través de décadas de terrorismo palestino, pero en particular durante la Segunda Intifada-, una persona murió y 19 resultaron heridas en dos explosiones en paradas de colectivos en distintas entradas de Jerusalem, en lo que la policía está tratando como un doble ataque terrorista coordinado.

La víctima mortal fue identificada como Aryeh Shechopek, de 16 años, que se dirigía a una yeshiva (escuela religiosa) en una comunidad cercana cuando se produjo la explosión. El ciudadano canadiense israelí vivía en el barrio Har Nof de la capital.

Mientras los titulares de las últimas semanas se centraron en gran medida en qué cartera obtendrá Bezalel Smotrich (Sionismo Religioso) y qué legislación será necesaria para garantizar que el presidente de Shas (partido árabe), Arye Deri, pueda ejercer como ministro, las explosiones que sacudieron la entrada de Jerusalem fueron un recordatorio de que el terrorismo palestino sigue asomando la cabeza. Está aquí, es real y es mortal.

Los ataques fueron mucho más sofisticados que el tipo de terrorismo al que Israel se acostumbró en los últimos años. No se trató de un atacante solitario con un cuchillo, un rifle de asalto o un auto que se embarcó en un ataque terrorista como los que se vieron con demasiada frecuencia en las últimas semanas.

Los atentados perpetrados por atacantes solitarios suelen ser más difíciles de frustrar. Pueden ser perpetrados por personas que se levantan una mañana y deciden intentar matar a algunos judíos sin ningún aviso previo. Un atentado como el que tuvo lugar el miércoles es otra cosa.

Fue un atentado que requirió la participación de varias personas: para preparar las bombas y obtener los ingredientes necesarios, introducir las bombas de contrabando en Israel y colocarlas junto a sus objetivos.

Esto ya es lo que se llama «infraestructura terrorista», del tipo que probablemente esté afiliado a una organización conocida, que debería haber estado en la lista de vigilancia de la comunidad de inteligencia israelí.

Lo que esto demuestra también es la necesidad de centrarse ahora en el establecimiento de un gobierno. Cuanto antes haya un gobierno estable en Jerusalem, antes podrá Israel crear una estrategia clara para detener la ola terrorista que no desaparece.

Las peleas por los ministerios pueden interesar a los políticos que se supone que ocupan esos cargos, pero no interesan realmente a los israelíes, que quieren ver calles seguras y saber que sus hijos -como Shechopek- están a salvo cuando están en una parada de colectivos esperando para ir a la escuela.

Comentarios como el realizado por un reportero de la Radio del Ejército el miércoles -que el ataque estaba relacionado con el nombramiento pendiente de Itamar Ben-Gvir (extrema derecha) como próximo ministro de Seguridad Pública- no sirven de nada. Tampoco las apariciones en el lugar de los hechos, poco después del crimen, de Ben-Gvir, que prometió, como presunto ministro de Seguridad Interior, aplicar la mano dura contra el terrorismo.

Después de 75 años de Estado empañado por guerras y atentados terroristas, no hay que buscar excusas de por qué los terroristas árabes quieren intentar matar a los judíos israelíes. Esto formó parte de la historia de Israel desde que se creó como Estado independiente y, por desgracia, probablemente continuará mientras algunos de nuestros vecinos se nieguen a aceptar nuestra existencia aquí.

Hubo terrorismo cuando había gobiernos de izquierda en el poder y hubo terrorismo cuando había gobiernos de derecha. Los israelíes no olvidaron, por ejemplo, cómo Benjamín Netanyahu prometió derrocar a Hamás en la Franja de Gaza durante una campaña electoral en 2009 y cómo a lo largo de 12 años consecutivos como primer ministro se abstuvo de ordenar a las Fuerzas de Defensa de Israel que lo hicieran.

Netanyahu se apresuró a responder al atentado del miércoles, afirmando que su administración volvería a dar seguridad al país. Lo que los israelíes necesitan ahora es seguridad, no presumir de cómo el gobierno entrante va a hacer las cosas de forma diferente. Esperemos que puedan convertir sus palabras en acciones reales.

 

 

Artículo publicado por The Jerusalem Post (traducción a cargo de Martín Solzi).

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¿Llegó el momento de que Italia traslade su embajada a Jerusalem?

El traslado de la embajada italiana a Jerusalem -una de las pocas ciudades del mundo que realmente rivaliza con la antigua Roma- puede tener más implicaciones de las que se ven a simple vista.

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La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, llega a la cumbre del G20 en Bali, el martes. El traslado de la embajada italiana en Israel disiparía cualquier malestar persistente sobre la asociación pasada del partido político de Meloni con elementos antisemitas, dice el escritor. (Foto: KEVIN LAMARQUE/REUTERS)

Agencia AJN.- Roma y Jerusalem: tal vez no haya otra pareja de capitales que evoque más historia, grandeza, conflicto, apocalipsis y simple emoción. El mundo occidental moderno no existiría como lo conocemos hoy sin el encuentro y el choque de las respectivas sociedades y culturas de estas dos capitales.

El resultado sería la formación y el ascenso del cristianismo y la cristiandad, los valores «judeocristianos», la inspiración y las aspiraciones bíblicas, la historia y el orden político de Europa (ya que todas sus principales casas reales reclamarían la descendencia, y por extensión la legitimidad, de la Casa de David) y mucho más.

Jerusalem y Roma también sirven en última instancia como ejemplo de reconciliación, asociación y respeto mutuo.

Por eso, la Italia actual, más que ningún otro país del mundo, salvo Irak (como iteración geográfica moderna de lo que fue el Reino no árabe de Babilonia y, finalmente, el Imperio Babilónico), tiene una responsabilidad histórica particular de trasladar su embajada a la capital de la Nación de Israel, de 3.000 años de antigüedad.

Italia y su pueblo se consideran tradicionalmente herederos de la antigua Roma, y hoy, como en la antigüedad, la capital de una Italia unida se encuentra en la misma ciudad de la que la República y el Imperio romanos tomaron su nombre.

Esa responsabilidad histórica es un legado perdurable de la conquista y ocupación de la Tierra de Israel por parte del Imperio Romano. Después de más de un siglo de ocupación y dominio imperial romano, tanto directamente como por medio de apoderados colaboracionistas, en el año 66 de la era cristiana estalló una rebelión masiva de la nación de Israel, una guerra a gran escala.

Jerusalem no sólo había sido brutalmente subyugada, saqueada y profanada en los años anteriores al 66 d.C., sino que el clímax de la guerra en el 70 d.C. vería el asedio de la ciudad -después de haber sido liberada por las fuerzas de Judea al principio del conflicto- y finalmente su destrucción junto con el Segundo Templo en su corazón.

 Leader of Brothers of Italy Giorgia Meloni holds a sign at the party's election night headquarters, in Rome, Italy September 26, 2022. (credit: REUTERS/GUGLIELMO MANGIAPANE)

La líder de Hermanos de Italia, Giorgia Meloni, sostiene un cartel en la sede electoral del partido, en Roma, Italia, el 26 de septiembre de 2022. (Crédito: REUTERS/GUGLIELMO MANGIAPANE).

Los tesoros, los registros y los vasos sagrados del Templo que no fueron directamente destruidos fueron saqueados y enviados a Roma junto con un sinnúmero de nuestros antepasados esclavizados.

Parte de los tesoros saqueados, junto con la sangre y el sudor de los esclavizados, se utilizaría para financiar y construir el símbolo mismo de Roma hasta el día de hoy: el Coliseo (junto con otros numerosos monumentos de la ciudad).

Aquellas vasijas y tesoros del Templo que no fueron fundidos y utilizados por su valor monetario, serían expuestos como reliquias de una gran y renombrada nación subyugada y destinada a desaparecer por el Imperio Romano, en un edificio construido a propósito, llamado sardónica e irónicamente el Templo de la Paz, financiado de nuevo con el saqueo de esa misma nación – Israel.

En dos grandes guerras posteriores entre el Imperio Romano y la Nación de Israel -junto con innumerables revueltas de menor escala a lo largo del período de ocupación de Roma en la Tierra de Israel y la región circundante- muchos más serían exiliados, esclavizados y asesinados por Roma.

Al final de la tercera y última guerra, más conocida como la Guerra de Bar-Kochba, una que vio a Roma amenazada con una derrota como no se había visto desde su transformación en imperio, el emperador Adriano implementaría políticas persecutorias adicionales contra la Nación de Israel.

Jerusalem sería rebautizada oficialmente en su honor como Aelia Capitolina, toda la Tierra de Israel sería rebautizada como Siria-Palaestina, y a los judíos se les prohibiría incluso entrar en Jerusalem. El intento de cortar incluso los lazos más innatos entre la nación y la tierra tendría efectos devastadores en la nación de Israel a partir de ese momento, y todavía afecta al paisaje geopolítico del Medio Oriente moderno.

Por lo tanto, sería la máxima expresión de justicia y verdad históricas que la República Italiana trasladara su embajada en Israel a nuestra capital eterna, Jerusalem..

A la inversa, también sería un reflejo de la intimidad, el respeto mutuo y la productividad de las modernas relaciones entre Israel e Italia, no sólo en el plano de Estado a Estado, sino en el de pueblo a pueblo.

 THE REMAINS of the massive Temple of Peace in Rome, built by Emperor Vespasian, where the Herodian Temple vessels were housed for 400 years. (credit: HARRY MOSKOFF)

LOS RESTOS del enorme Templo de la Paz en Roma, construido por el emperador Vespasiano, donde se alojaron los vasos del Templo Herodiano durante 400 años. (crédito: HARRY MOSKOFF).

Los israelíes adoran Italia, la comida, la cultura, los diversos lugares del país y es uno de los principales destinos turísticos para los israelíes. Las marcas italianas, desde Alfa Romeo hasta Gucci, son muy populares en Israel.

Cada vez son más los italianos que visitan Israel no sólo para hacer una peregrinación religiosa, sino para explorar la cultura del país, su vida nocturna y, ahora, su cocina de primera clase; una nación mediterránea que utiliza muchos ingredientes similares de forma tan diferente.

Ambas naciones, en casa y en nuestras respectivas diásporas (que a menudo se concentran en las mismas ciudades e incluso barrios, especialmente en Estados Unidos), son muy conscientes de que la familia, la identidad étnica y la fe desempeñan papeles igualmente importantes en nuestra vida cotidiana. En consecuencia, es fácil que nuestras naciones se identifiquen y se sientan cómodas entre sí.

En el plano estatal, las proezas militares, de inteligencia y tecnológicas de Israel son cada vez más importantes para las estrategias y políticas de defensa y seguridad nacional de Italia.

La cooperación en todos esos campos, y más recientemente el potencial de cooperación en el sector energético, con los descubrimientos de gas natural de Israel, sirven para reforzar la relación bilateral de Estado a Estado.

Ahora también hay un nuevo gobierno italiano, dirigido por la primera ministra Giorgia Meloni, que está compuesto por muchos partidarios y defensores de Israel. La primera ministra expresó su interés en profundizar los lazos con Israel, al que describió como la única «democracia de pleno derecho» de Medio Oriente, y cuya existencia, dejó claro, es vital.

Como líder de derechas con una ideología conservadora, Meloni, junto con sus socios de coalición afines, prioriza la soberanía nacional y la preservación y el fortalecimiento del modelo de Estado-nación como parte fundamental del orden mundial.

La defensa del patrimonio nacional y el refuerzo de la identidad nacional frente al multiculturalismo y la política de identidad que se extiende por toda la izquierda occidental forman parte de estos esfuerzos.

Meloni y sus socios, como el viceprimer ministro Matteo Salvini, ven a Israel como un ejemplo de Estado-nación occidental orgulloso, con una identidad clara y fuerte, que ejerce su soberanía e independencia en un mundo occidental dominado por paradigmas posmodernos y posnacionalistas. Israel es, por lo tanto, un modelo a seguir a sus ojos, y una nación a la que respetar y admirar.

Benjamín Netanyahu, del que se espera que pronto vuelva a estar al frente del gobierno de Israel, reconoció este fenómeno entre los gobiernos de Occidente dirigidos por la derecha, y en concreto la coincidencia entre los intereses y la visión del mundo de la derecha europea y los intereses fundamentales y la posición del Estado de Israel en el escenario geopolítico mundial.

Un gobierno dirigido por Netanyahu que trabaje directamente con el gobierno de Meloni haría aún más posible un posible traslado de la embajada. El traslado de la embajada italiana también serviría para disipar, quizá definitivamente, cualquier malestar persistente entre algunos sobre la asociación pasada del partido político del primer ministro Meloni, los Hermanos de Italia, con ciertos elementos antisemitas.

Con la historia que hay que rectificar y hacer, y la visión del mundo del actual gobierno italiano ostensiblemente en sintonía con tal movimiento, se debería aprovechar el momento y trasladar la Embajada de Italia en Israel a donde siempre perteneció: a la ciudad conocida por el Imperio Romano ya en su tiempo como la antigua capital de la Nación de Israel, Jerusalem.

 

 

Artículo publicado por Ilan Pomeranc (un empresario israelí de alta tecnología y miembro del Foro de Liderazgo de Israel) en The Jerusalem Post.

 

 

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