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El heredero: Al-Qaeda se reconvierte de la mano del hijo de Ben Laden

AJN.- El ascenso de Hamza, de 28 años, deja en evidencia los cambios de la red, que estaría intentando sacar ventaja de los problemas de Estado Islámico para recuperar su liderazgo

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WASHINGTON.- Es una voz suave de un joven de 28 años, pero el mensaje es un clásico de Osama ben Laden , dando la orden de salir a matar. Hace dos semanas, cuando la grabación empezó a circular en los sitios web de los jihadistas, fue como si el espectro del líder terrorista muerto hubiese encarnado en su hijo favorito.

“Prepárense con diligencia para infligir terribles pérdidas a los incrédulos”, dice Hamza ben Laden, vástago del cerebro detrás del ataque del 11 de septiembre de 2001, con una voz de barítono que recuerda inquietantemente la de su padre. “Sigan los pasos de quienes los precedieron en el camino del martirio.”

La grabación, difundida el 13 de este mes, forma parte de una seguidilla de recientes pronunciamientos del hombre a quien muchos expertos consideran el heredero de la red global Al-Qaeda . El mensaje incluye un llamado específico a atacar ciudades de Europa y América del Norte para vengar las muertes de chicos durante los ataques aéreos en Siria.

La grabación suministra evidencia fresca de los ominosos cambios que se están produciendo dentro de la asediada organización que le declaró la guerra a Occidente hace casi dos décadas. Al-Qaeda parece haber dado la señal de largada de un nuevo capítulo de violencia en la historia de la organización, con un nuevo Ben Laden a la cabeza, que además ha perjurado vengar la muerte de su padre.

Alentada por los reveses sufridos por Estado Islámico (EI) en Irak y Siria, Al-Qaeda parece buscar ahora la lealtad de los seguidores desafectados de EI y de legiones de simpatizantes en todo el mundo. El ascenso de una joven figura con un apellido icónico parece ser un elemento central del intento de relanzar la marca que también incluye la adopción del estilo terrorista de EI, con ataques contra sus adversarios en todo Medio Oriente, Europa y América del Norte.

“Al-Qaeda está tratando de aprovechar el momento. Con EI asediado, les ofrece una nueva alternativa a los jihadistas”, dice un funcionario de seguridad de Medio Oriente que pidió preservar su anonimato. “¿Y qué más efectivo para eso que un Ben Laden?”

Hamza no es nuevo en el mundo de las milicias islamistas. Su coronación como cabeza visible de Al-Qaeda ya viene al menos desde 2015, cuando otro líder histórico del grupo, Ayman al-Zawahiri, lo presentó en un videomensaje como “un león del cubil” de la red terrorista de su padre. Pero en los últimos meses se ha convertido en la estrella en ascenso de todos los sitios web a favor de Al-Qaeda, donde publica grabaciones en las que urge a los seguidores a perpetrar atentados o comenta hechos de actualidad.

“Hamza es el individuo más carismático y potente de la próxima generación de jihadistas, simplemente por su linaje y por su historia”, dice Bruce Riedel, que pasó 30 años en la CIA y que actualmente dirige el proyecto de inteligencia de la Brookings Institution. “Al mismo tiempo, mientras Al-Zawahiri y Al-Baghdadi parecen opacarse, Hamza asciende como su obvio heredero.”

Pero Hamza ben Laden no aboga por el estilo de jihad de su padre. Osama ben Laden era famoso por ambiciosas y minuciosamente planeadas operaciones terroristas, dirigidas por los generales de Al-Qaeda contra blancos estratégicos. Su hijo, por el contrario, insta a los seguidores a aprovechar cualquier oportunidad de atentar contra intereses judíos, estadounidenses, europeos y hasta de países musulmanes proeuropeos utilizando cualquier arma que encuentren disponible.

“No hace falta que sea una herramienta militar”, dice en su grabación del 13 de mayo. “El que pueda acceder a un arma, mejor; de lo contrario, las opciones son muchas.”

Sorprendentemente para un hombre que aspira a convertirse en la estrella de rock del mundo jihadista, Hamza ben Laden mantiene la mayor parte de su información personal oculta de la opinión pública. Incluso su cara. Se cree que está casado, que tiene al menos dos hijos y que vivió un tiempo en la región tribal del noroeste de Paquistán, aunque se desconoce su paradero.

Lo que se sabe de Hamza proviene de sus numerosas grabaciones, así como de informes de inteligencia y de una gran cantidad de documentos incautados durante la incursión de 2011 de los Navy Seals norteamericanos en el refugio seguro de Osama en Abbottabad, Paquistán.

Los documentos revelan un vínculo especial entre Hamza y su padre, que se mantuvo a pesar de los largos períodos de separación entre ambos. Hamza es el 15° de los alrededor de 20 hijos que tuvo Osama, y es el único nacido de su unión con su tercera esposa, según muchos su favorita, Khairiah Sabar, una saudita proveniente de una familia cuyo linaje se remonta hasta el profeta Mahoma.

Hamza pasó su primera infancia con sus padres, primero en Arabia Saudita y más tarde en Sudán y Afganistán.

“Era un joven muy inteligente, al que le gustaba mucho montar a caballo, como a su padre”, dice un amigo, también simpatizante de la red Al-Qaeda, que pudo ser contactado a través de las redes sociales. “Sus padres querían mantenerlo alejado del campo de batalla, y siempre se peleaban por ese motivo.”

Después llegaron los ataques del 11 de Septiembre. Osama envió a varias de sus esposas e hijos a Irán, confiando en que los líderes de la república islámica les darían protección de los ataques aéreos norteamericanos.

Después de eso, Hamza rara vez vio a su padre, y hasta es posible que no haya vuelto a verlo. Cuando tenía 20 años, seguía viviendo en Irán en una especie de arresto domiciliario, hasta que le escribió una carta a su padre para quejarse sobre su vida “detrás de los barrotes” y expresándole su deseo de sumarse a las filas de su padre como “mujaidín”, o guerrero sagrado.

“Hamza es uno de los mujaidines, y comparte sus ideas y sus preocupaciones”, escribió Osama en una carta escrita a sus colaboradores poco antes de morir. “Y al mismo tiempo, puede interactuar con la nación musulmana.”

Con la muerte de su padre y de su medio hermano Khalid a manos de los comandos norteamericanos, la sensación de destino personal de Hamza no hizo más que profundizarse.

En 2015, cuando Al-Zawahiri le presentó al mundo a Hamza como el “león” de Al-Qaeda, el por entonces joven de 26 años ya tenía la voz de un veterano miliciano islamista, urgiendo a sus seguidos a infligir en “mayor número posible de dolorosos ataques” contra ciudades de Occidente.

Un año después, emitió un mensaje más personal como tributo a la muerte de su padre, al que tituló “Todos somos Osama”.

“La voz de Hamza trae la seguridad de que a pesar de los golpes recibidos por Al-Qaeda en los últimos años la red terrorista sigue en buenas manos, con un joven Ben Laden a la cabeza, en situación ideal de relevar a su padre y encaminar la lucha”, dice Bruce Hoffman, ex asesor de antiterrorismo del gobierno norteamericano y actual director del Centro de Estudios en Seguridad de la Universidad de Georgetown. “Desde muy temprana edad, Hamza quiso seguir los pasos de su padre. Y desde la perspectiva de Al-Qaeda, éste es el momento crucial para que Hamza reemplace a su padre y tome las riendas de la organización.”

Los estilos de Al-Qaeda y EI

Ambas organizaciones tienen como fin proclamar el califato

Los líderes
Al-Qaeda: Surgió en los ochenta, durante la guerra de Afganistán, cuando las tropas soviéticas se retiraron de ese país. Su objetivo es expulsar a los norteamericanos de los lugares sagrados del islam y luego instaurar el califato

Estado Islámico: Los dirigentes de Estado Islámico (EI) pertenecen a una generación más joven que empezó a luchar en Irak y en Siria. Su fuente de financiación depende de actividades ilícitas, como la venta de petróleo

El territorio
Al-Qaeda: De acuerdo con la ideología de Al-Qaeda, el objetivo es la educación de los musulmanes para construir una base para la formación paulatina del califato, que no tiene ningún marco territorial

Estado Islámico: EI optó por otra estrategia: proclamó el califato ya en el momento en que conquistó sus primeros territorios en 2014. Por estas razones EI se involucra en conflictos armados con los gobiernos musulmanes vecinos

El ejército
Al-Qaeda: Al-Qaeda suele operar desde la clandestinidad y no dispone de un ejército propio. Era una organización mucho mas cerrada y muy difícil de predecir. Generalmente opera mediante células

Estado Islámico: Estado Islámico cuenta con un mínimo de 30.000 combatientes procedentes de 90 países, un 10% de ellos europeos. Además es más popular entre los jóvenes al adoptar las redes sociales como medio de reclutamiento

La crueldad
Al-Qaeda: Posiblemente, en el único aspecto en el que convergen es en su desprecio por la vida de sus víctimas, que normalmente eligen de forma indiscriminada y sólo sirven al terrorista para generar el mensaje

Estado Islámico: EI no sólo esclaviza y practica ejecuciones en masa y quema a personas vivas, sino que además difunde las imágenes en sus canales en las redes sociales para aterrorizar a la comunidad internacional y sumar fieles

 

AUTORES: Joby Warrick y S. Mekhennet

FUENTES: The Washington Post y La Nación

Opinión

Análisis. Joe Biden quiere borrar los últimos cuatro años. En Medio Oriente, eso no será fácil

Agencia AJN.- Una nueva realidad política ha amanecido en Washington. En Medio Oriente, israelíes, saudíes, iraníes, palestinos y muchos otros se preparan para un cambio dramático similar en las políticas de Estados Unidos hacia la región, aunque no queda claro cómo actuara la superpotencia. Parte de esa cautela tiene su origen en el imposible acto de malabarismo que supone mantener la alianza militar con Israel e imponer al mismo tiempo una presión significativa sobre la cuestión palestina. Respecto a la amenaza iraní, Biden parece haberse dado cuenta de que la antigua esperanza de Obama de una resolución con un Irán fortalecido y estabilizado ya no es realmente alcanzable, al menos no con Jamenei mandando en Teherán.

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Agencia AJN (por Haviv Rettig Gur, para The Times of Israel).- Hay un nuevo presidente en la Casa Blanca que ya ha demostrado ser un cambio radical con respecto al anterior. En sus primeras horas en el cargo, Joe Biden firmó órdenes ejecutivas que congelan o revierten algunas de las políticas emblemáticas de su predecesor Donald Trump: el muro fronterizo con México, la prohibición de viajar desde varias naciones musulmanas, la retirada estadounidense del acuerdo climático de París, y otros más.

En Medio Oriente, israelíes, saudíes, iraníes, palestinos y muchos otros se preparan para un cambio dramático similar en las políticas de Estados Unidos hacia la región. Las dolorosas sanciones impuestas por Trump a Irán, la congelación por parte de Trump de la ayuda a los palestinos y el reconocimiento de los asentamientos israelíes en Cisjordania, el respaldo a los acuerdos de normalización entre israelíes y árabes y el impulso de la alianza israelí-saudí para contener las ambiciones iraníes en todo el mundo árabe: estas políticas, entre otras, han contribuido a remodelar la geopolítica de la región en los últimos cuatro años, y todas ellas podrían ser ahora objeto de reconsideración por parte de la nueva administración.

Pero no está claro el margen de maniobra que tendrá la administración Biden en la región. Muchas cosas han cambiado en cuatro años, algunas de ellas obra de Trump, pero la mayoría son el resultado de la larga desvinculación estadounidense que comenzó con Barack Obama.

En los últimos cuatro años, el eje chiíta-iraní anclado en Teherán pero que se extiende por el mundo árabe, desde Líbano hasta Yemen, pasando por Irak y Siria, se ha fortalecido y debilitado al mismo tiempo. Es más fuerte en el sentido de que es más explícito y agresivo; las instituciones del régimen iraní están moviendo más visiblemente los hilos entre las milicias chiítas en Irak, se están armando y atrincherando más visiblemente en Siria, y están más directamente involucrados entre los Houthis en Yemen.

Pero es más débil en el sentido de que las milicias y los apoderados iraníes que sostienen el arco de influencia chiíta han destrozado prácticamente las sociedades que han intentado dominar. Se mire por donde se mire, desde Siria hasta Gaza, pasando por Yemen y Líbano, e incluso, por supuesto, hasta el propio Irán, el régimen iraní ha protagonizado un amplio colapso económico y político. La propia economía iraní se ha desmoronado, y eso se debe sólo en parte a las sanciones estadounidenses. También lo han hecho las economías de Líbano, Siria y Yemen. La intervención iraní se está ganando rápidamente una reputación en la región como la forma más eficaz de diezmar una sociedad.

La administración Biden ha enviado señales moderadas y, hay que decirlo, contradictorias sobre su deseo de volver a alguna forma del acuerdo nuclear de 2015. Ha nombrado a altos funcionarios en puestos clave que estaban entre los arquitectos del acuerdo de Obama, y a otros funcionarios en otros puestos clave que están más cerca del punto de vista israelí y saudí y tienen estrechos contactos en los establecimientos de seguridad de Israel y los Estados del Golfo.

La “campaña de máxima presión” de la administración Trump, según el gobierno de Biden, ha empujado a Irán más lejos en el camino hacia el estallido nuclear. No ha funcionado.

Pero la administración todavía está “muy lejos” de volver a entrar en el acuerdo, dijo el martes a los senadores la nueva jefa de inteligencia de Biden, Avril Haines. El presidente Biden “tendrá que examinar los misiles balísticos que ha identificado y las actividades desestabilizadoras que lleva a cabo Irán”, tranquilizó.

Esas palabras fueron repetidas de cerca el miércoles por el candidato de Biden a secretario de Estado, Tony Blinken, quien aseguró a los senadores que Biden estaba “muy lejos” de volver a entrar en el acuerdo, y que no lo haría sin consultar primero con Israel y los aliados de Estados Unidos en el Golfo.

Y lo que es más importante, Blinken dio el primer indicio serio de que Biden considera las sanciones de Trump a Irán no como una aberración trumpiana que hay que dejar de lado, como la prohibición de viajar o el muro fronterizo, sino como una palanca útil que Estados Unidos pretende utilizar en su próximo impulso diplomático.

Haines, Blinken y otros son diplomáticos experimentados y profesionales. Eso significa que puede ser difícil saber cuándo están transmitiendo las verdaderas tendencias políticas de la administración y cuándo las están encubriendo.

Pero parece que los nuevos altos cargos que rodearán a Biden se han dado cuenta de que la antigua visión de Obama de un Irán fortalecido y estabilizado ya no es realmente alcanzable, al menos no con Jamenei mandando en Teherán.

El estancamiento palestino-israelí

En el frente palestino, hay cambios fáciles y rápidos que Biden probablemente hará: restablecer la financiación de la ayuda humanitaria, o reabrir y ampliar un consulado palestino como parte de la embajada de Jerusalem. Pero también en este caso, los responsables políticos estadounidenses descubrirán que las condiciones son ahora más resistentes a la influencia estadounidense que en el pasado.

En sus comentarios en el Senado, Blinken hizo hincapié en que la solución de dos estados era la política de la administración, pero reconoció que sería difícil avanzar. Los comentarios reflejan la cautela de meterse en el conflicto israelí-palestino.

Parte de esa cautela tiene su origen en el imposible acto de malabarismo que supone mantener la alianza militar-inteligencia con Israel e imponer al mismo tiempo una presión significativa sobre la cuestión palestina.

Pero otra parte es más básica y tiene que ver con los propios palestinos. La administración de Biden está dotando rápidamente de personal a sus altos cargos con veteranos de los años de Obama. Hay memoria institucional, incluido el recuerdo de la frustración de Obama por la incapacidad de los palestinos de aprovechar su simpatía por su difícil situación y su voluntad de imponer presión a Israel. El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, se mostró incapaz de acudir a la mesa de negociaciones durante 10 largos meses de congelación de los asentamientos israelíes impuesta por Obama en 2010 -una supuesta medida de fomento de la confianza- y eso le costó a los dirigentes palestinos perder credibilidad ante el ex presidente.

En Washington abundan los defensores y activistas de ambas partes del conflicto. Pero para los responsables políticos, es el propio punto muerto lo que más se vislumbra. En términos prácticos, no simbólicos, no hay un camino obvio para una nueva política estadounidense con respuestas significativas para la política interna de ambas partes.

¿Se puede confiar en unos Estados Unidos distraídos?

En su discurso de investidura del miércoles, Biden dedicó un breve pasaje a la comunidad internacional que observa el cambio de guardia en Washington. “Este es mi mensaje para los que están más allá de nuestras fronteras: Estados Unidos ha sido puesto a prueba y hemos salido fortalecidos por ello. Repararemos nuestras alianzas y nos comprometeremos con el mundo una vez más. No para afrontar los retos de ayer, sino los de hoy y los de mañana. Y lideraremos, no sólo con el ejemplo de nuestro poder, sino con el poder de nuestro ejemplo”, declaró.

El mensaje era claro: Estados Unidos ha vuelto, Estados Unidos es fiable una vez más.

Sólo hay un problema con esa afirmación: no es la confianza en Biden lo que se cuestiona. Estados Unidos ha dado un giro radical a sus políticas en los últimos años. En cuanto a Irán, por ejemplo, Obama lideró una ruptura dramática con respecto a los años de George W. Bush, y Trump una ruptura igualmente dramática con respecto a Obama, y Biden, según temen muchos en Israel y el Golfo, puede presidir otra posible ruptura con el pasado.

Es un camino vertiginoso para la superpotencia preeminente del mundo. La confianza estratégica no puede construirse sobre la base de ciclos electorales estadounidenses de cuatro años. Es difícil que los aliados se alineen con las necesidades de la política estadounidense cuando no está claro que Estados Unidos vaya a plantear las mismas exigencias dentro de tres años.

Esa sensación de latigazo de la polarización política estadounidense no se limita a Israel o a Medio Oriente. Está en el corazón de la nueva apuesta de Europa por la “autonomía estratégica”.

En 2011, el ex asesor de seguridad nacional de Obama, Jim Jones, dijo en la conferencia de Herzliya, en Israel, que su ex jefe consideraba el conflicto palestino-israelí como la cuestión central de Medio Oriente, el “nudo central” de los muchos conflictos de la región. “Soy de la opinión de que si Dios se le hubiera aparecido al presidente Obama en 2009 y le hubiera dicho que si podía hacer una cosa sobre la faz del planeta y una sola cosa, para hacer del mundo un lugar mejor y dar a la gente más esperanza y oportunidades para el futuro, me atrevería a decir que tendría algo que ver con encontrar la solución de dos estados para Medio Oriente”, dijo Jones.

Es difícil encontrar funcionarios de alto nivel en Washington que se aventuren ahora a hacer tal afirmación.

Los funcionarios israelíes y saudíes se están preparando para un cambio de Biden respecto a Irán. También los iraníes. Los palestinos esperan ahora que Estados Unidos restablezca los lazos y el apoyo cortados bajo el mandato de Trump. La región aguarda expectante a la espera de saber qué pretende hacer la nueva administración.

Pero las opciones de Biden son excesivamente limitadas, y por buenas razones. La influencia estadounidense es más difícil de afirmar en una región cada vez más insegura sobre la fiabilidad de Estados Unidos, que tiene adversarios más grandes y preocupaciones geopolíticas más importantes en otros lugares. Y Medio Oriente ofrece ahora menos posibilidades de rentabilizar la inversión de capital político de hace cuatro o doce años.

Biden tendrá problemas para realizar cambios significativos en la política de la región y, según sugieren las primeras declaraciones de su gobierno, parece no estar interesado en invertir demasiados esfuerzos en el intento.

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Opinión

Netanyahu confía en que la vacunación le de el empuje necesario para ganar las elecciones. Por Shalom Yerushalmi*

Agencia AJN.- El primer ministro cree que las vacunas, junto con la sensación de estar finalmente libres del coronavirus, cambiará el estado de ánimo de la economía y de la sociedad. “La gente al final vota de acuerdo a las acciones tomadas, a los resultados, a los logros. A la hora de la verdad, sabrán quién les trajo las vacunas, y quién los está sacando de la crisis”, argumenta a sus confidentes el mandatario.

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Agencia AJN.- Se dice que el primer ministro Benjamin Netanyahu confía en que el programa de inoculación masiva del país contra el coronavirus dará a su partido Likud un impulso ganador de las elecciones en la votación de marzo próximo, y hasta comenta por lo bajo a sus confidentes que cree que podrá sumar más escaños a la facción del Parlamento del Likud, partido que encabeza hace más de una década.

A los visitantes de su oficina, Netanyahu les muestra regularmente dos coloridos gráficos que guarda en su escritorio: uno que muestra las cifras de infección por el virus, el otro el ranking del Likud en las encuestas de opinión, según un informe del miércoles de Zman Yisrael. Los gráficos muestran que después de que el país saliera de su primer cierre la primavera pasada, tras haber logrado reducir las cifras de infección diaria a dos dígitos, se predijo en las encuestas que el Likud ganaría unos 40 escaños en la Knesset (Parlamento), por encima de los 36 que ganó en marzo de 2020.

Sin embargo, a la rápida reducción de las restricciones del cierre le siguió un aumento de las infecciones por virus que condujo a un segundo bloqueo nacional en septiembre, y luego, a partir del domingo de esta semana, el tercer cierre, que continuará por lo menos durante dos semanas.

En los meses siguientes, a medida que la crisis del virus ha ido afectando a la economía, aumentando el desempleo y forzando las restricciones en muchos aspectos de la vida pública, el Likud ha bajado constantemente en las encuestas a un número de escaños, hasta 32 según las propias encuestas del partido.

Eso, dice Netanyahu a los invitados en su oficina, cambiará ahora, ya que el programa de vacunación proporciona el tan esperado alivio. Para el día de las elecciones del 23 de marzo, espera que el Likud haya alcanzado otro pico de popularidad, estimando que el partido ganará entre 38 y 40 escaños.

Netanyahu suele decir a sus invitados que las vacunas, junto con la sensación de estar finalmente libre del coronavirus, cambiará drásticamente el estado de ánimo de la economía y la sociedad. “La gente al final vota de acuerdo a las acciones tomadas, a los resultados, a los logros”, dice Netanyahu. “A la hora de la verdad saben quién les trajo las vacunas, y quién los está sacando de la crisis”, argumenta el mandatario.

El coronavirus tendrá un rol protagónico en los comicios de marzo, y “las elecciones serán sobre eso y nada más”, afirma, con convicción.

El martes, Netanyahu visitó un centro de vacunación, posando con el ciudadano vacunado número 500.000. Se esperan fotos similares con cada cifra de hito en el programa nacional que pretende vacunar a todos los israelíes en los próximos meses.

Netanyahu también descarta la amenaza que presenta el ex miembro Gideon Sa’ar, quien a principios de mes creó el partido Nueva Esperanza para desafiar directamente a Netanyahu por el liderazgo. Tampoco se muestra preocpuado por la deserción del ex ministro Ze’ev Elkin, uno de sus antiguos aliados, quien migró a Nueva Esperanza diciendo que ya no puede apoyar a Netanyahu con la conciencia tranquila. Otros legisladores del Likud también se han unido al partido de Sa’ar.

“Sa’ar es sólo aire – un globo que va a pincharse antes de las elecciones”, dice Netanyahu, catalogando al partido Nueva Esperanza como “amateur”. Además, sostiene que el partido no tiene las raíces políticas, base o tradición para convertirse en un actor influyente.

El experimentado líder nota que, históricamente, aparte del Laborismo, no ha habido ningún otro partido que se haya enfrentado al Likud y haya resistido al paso del tiempo. Encuestas recientes han mostrado que no se predice que el partido laborista, Avodá, pase el umbral necesario para integrar la Knesset. El socio del gobierno de unidad del Likud, el partido Azul y Blanco del ministro de Defensa Benny Gantz, ha caído en picada en las encuestas y se encuentra justo por encima del umbral, a pesar de haber ganado 33 escaños en las últimas elecciones.

Dentro del Likud, Netanyahu está consolidando su posición. Aunque el tribunal interno del partido decidió el domingo que se celebraran elecciones primarias, se espera que su comité legislativo y su secretaría dejen de lado la idea. Al mismo tiempo, Netanyahu está buscando reservar plazas para tres elecciones personales en la lista del partido, eventualmente asegurando las posiciones 5, 26 y 30.

Netanyahu quiere llenar el alto rango del quinto puesto con el embajador saliente de Israel en los Estados Unidos, Ron Dermer, que terminará su mandato con el inicio de la administración entrante de Biden en enero.

Sin embargo, se dice que Dermer no está interesado en los ámbitos políticos o públicos por el momento, y que está más inclinado a unirse a un grupo de intelectuales. También ha rechazado una oferta de Netanyahu para dirigir el Consejo de Seguridad Nacional, informó Zman.

El próximo cambio de administración en los EE.UU. ha sido acompañado por rumores de que el presidente saliente Donald Trump, que cooperó estrechamente con Netanyahu durante su mandato, podría visitar Israel en febrero en lo que podría ser un impulso para el primer ministro. Sin embargo, fuentes cercanas a Netanyahu niegan que se esté planeando una visita.

Una encuesta del Canal 12 publicada el domingo predijo 28 escaños para el Likud, 19 para Nueva Esperanza, 16 para el Yesh Atid-Telem de Yair Lapid, 13 para Yamina, 11 para la Lista Árabe Conjunta, ocho para cada uno de los partidos religiosos Shas y el Judaísmo de la Torá Unida, siete para Yisrael Beytenu y cinco tanto para el Azul y el Blanco como para el Meretz. Avodá no pasaría el umbral para entrar en la Knesset según la encuesta.

Los resultados muestran que ni el Likud ni su rival Nueva Esperanza podrían formar una coalición sin el otro.

Las elecciones, las cuartas en el período de dos años, fueron convocadas la semana pasada después de que el gobierno de poder compartido del Likud y Azul y Blanco no lograra acordar un presupuesto antes del 23 de diciembre. Sin embargo, el primer ministro Netanyahu no parece preocupado: cree que las vacunas le darán el impulso para mantener su cargo una vez más.

*Analista político de Zman Israel, el sitio web de actualidad en hebreo del Times de Israel.

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