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Opinión

No debe haber una segunda Nakba

El pueblo judío debería ser especialmente sensible a los comentarios racistas. Las personas que conocen de primera mano el resultado del racismo extremo deberían ser las primeras en gritar cuando presencian o escuchan una forma de racismo institucionalizado.

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Estudiantes árabes israelíes en la Universidad de Tel Aviv en el Día de la Nakba, el 14 de mayo de 2018. (Foto: YOSSI ZELIGER/FLASH90)

Agencia AJN.- Editorial publicada por The Jerusalem Post. El periodista israelí Itamar Fleischman sugirió que la mejor manera de lidiar con el sentimiento nacionalista palestino en Israel era hacerlos vivir con miedo.

Itamar Fleischman, un experimentado periodista que participaba en la conversación sobre los disturbios civiles que tuvieron lugar durante la Operación Guardián de los Muros en mayo, sugirió que la mejor manera de tratar el sentimiento nacionalista palestino entre los árabes israelíes era hacerlos vivir con miedo.

«La conclusión es que tenemos una situación en la que los árabes han olvidado la Nakba», dijo Fleischman. «Y la solución es recordarles la Nakba. Debemos decirles cuanto antes que si no empiezan a entrar en razón, y si siguen intentando asesinar a nuestros hijos, su próxima parada será más allá del río Jordán o en el campo [de refugiados] de al-Yarmuk, en Siria».

La Nakba es un concepto en árabe que se traduce como “catástrofe” y los palestinos recuerdan este día para reafirmar el derecho al retorno a sus tierras que ahora forman parte de Israel. Los palestinos consideran a la Nakba la fecha más triste del calendario.

Cuando sus compañeros de panel le preguntaron quién en este gobierno actual es lo suficientemente audaz como para «recordar» a los árabes de Israel esta noción, respondió: «Si las cosas continúan, sucederá. Los cargaremos en camiones y los arrojaremos más allá de la frontera. Y así es como terminará».

Pero Fleischman no es el único que lo piensa. El jueves, el presentador de la radio 103FM Yinon Magal dijo al comentarista árabe Afif Abu-Much que «si seguís matando judíos» -como si todos los árabes fueran asesinos- «los exiliaremos de nuevo».

Es importante señalar que Fleishman y Magal no proceden de grupos de extrema derecha. Fleischman es un antiguo periodista de Yediot Aharonot que también fue asesor de Naftali Bennett. Magal, presentador de una emisora de radio sin afiliación política concreta, era un diputado del partido Bayit Yehudi, considerado el más moderado entre los partidos religiosos – sionistas.

Que personas influyentes se sientan cómodas haciendo tales comentarios es un problema grave, pero no es algo sin precedentes.

En medio de las conversaciones de coalición en abril, el líder del Likud, Benjamín Netanyahu, presionó al diputado Bezalel Smotrich y a su partido para que se unieran a un gobierno apoyado por Ra’am (la Lista Árabe Unida). Smotrich explicó en una conferencia de prensa que eso nunca sucederá.

No se trata de un lapsus. Durante una acalorada sesión de la Knesset (el parlamento israelí) en octubre, Smotrich se dirigió a los diputados árabes y les dijo: «No voy a mantener ninguna conversación con ustedes, anti sionistas. Son partidarios del terror, enemigos. Están aquí por un error, porque Ben Gurión no terminó el trabajo y no los echó en 1948».

Cuando este tipo de personas piden una limpieza étnica en voz alta en los medios de comunicación convencionales, es necesario levantar una bandera roja brillante.

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Los palestinos participan en una protesta para conmemorar el 71º aniversario de la «Nakba» (la «catástrofe» que, según ellos, supuso la creación de Israel en 1948) en la valla fronteriza entre Israel y Gaza el 15 de mayo (crédito: MOHAMMED SALEM/ REUTERS)

El pueblo judío debería ser especialmente sensible a esos comentarios racistas. Las personas que conocen de primera mano el resultado del racismo extremo deberían ser las primeras en gritar cuando presencian o escuchan una forma de racismo institucionalizado.
Los árabes de Israel no deberían vivir con el temor de una posible expulsión. No son terroristas, y la gran mayoría de ellos son ciudadanos normales y corrientes que respetan la ley y odian la violencia.

Sí, existe un conflicto permanente entre los judíos israelíes y el pueblo palestino. Y eso a menudo se traslada a Israel y crea tensiones entre los árabes israelíes y los judíos. Sin embargo, la solución debería aplicarse mediante la aplicación de la ley y el sistema jurídico, no mediante la amenaza de expulsión. Eso llevará a los árabes israelíes a sentirse aún más como ciudadanos de segunda clase.

¿Queremos que Salman Zarqa, el encargado del manejo de la pandemia de coronavirus en Israel, se sienta inferior? ¿Queremos que el juez del Tribunal Supremo George Karra piense que es un ciudadano de segunda clase?

Los árabes de Israel han recorrido un largo camino desde la abolición de la Ley Marcial en 1966. Desde entonces, se han asimilado a casi todas las esferas de la sociedad, y este año hemos sido testigos de uno de los acontecimientos más importantes de la historia de Israel: por primera vez, un partido árabe se unió a la coalición que gobierna.

Para algunos, esto no es historia en fase de formación, sino una oportunidad para ganar puntos políticos baratos y aumentar la incitación contra los ciudadanos árabes. No les importa el futuro de Israel como Estado democrático. Quieren ver caer al gobierno actual, sin importar el precio.

Este es el momento de decirles que se detengan.

La mejor manera de sofocar el nacionalismo palestino dentro de Israel es hacer que los ciudadanos árabes sientan que pertenecen a Israel.

Estamos en el camino correcto. No nos descarrilemos.

Opinión

El sionismo va más allá de Israel

La gente suele atribuir la creación de Israel al Holocausto, lo cual es un error; Israel no existe por el Holocausto. Existe para que no vuelva a producirse un Holocausto. Los ataques antisemitas están aumentando en todo el mundo y los líderes mundiales parecen estar ciegos ante la situación.

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La sinagoga de Texas en la que los rehenes estuvieron retenidos el sábado durante casi 11 horas.

Por Judah Waxelbaum, The Jerusalem Post.

Agencia AJN.- Los ataques antisemitas están aumentando en todo el mundo y los líderes mundiales parecen estar ciegos ante la situación.

A finales de la década de 1920 mi abuelo estudiaba patología en Austria después de terminar su formación médica en la Universidad de Cornell, en Estados Unidos. Los camisas pardas ya habían cobrado protagonismo en la sociedad alemana y el ascenso de Hitler al poder estaba en marcha. Viendo el rumbo de Europa, mi abuelo suplicó a sus profesores y colegas que abandonaran Austria antes de que fuera demasiado tarde, pero, para su consternación, le dijeron que la situación cambiaría pronto. Seguro que las cosas están mal, pero es sólo un movimiento marginal, le dijeron. Mi abuelo pasó lós siguientes veinte años de su vida revisando los manifiestos de los barcos en los periódicos de Nueva York en busca de los nombres de sus profesores y colegas, de los que no volvió a saber nada nunca más.

Esta historia no es única y se ha reproducido en la historia judía muchas veces antes. Por desgracia, no importa cuántas veces ocurra, seguimos escuchando que esto también se terminará algún día.

La gente suele atribuir la creación de Israel al Holocausto, lo cual es un error; Israel no existe por el Holocausto. Existe para que no vuelva a producirse un Holocausto. Los ataques antisemitas están aumentando en todo el mundo y los líderes mundiales parecen estar ciegos ante la situación.

Incuestionablemente, la toma de rehenes en la sinagoga de Colleyville, Texas, fue un ataque contra todos los judíos, pero el FBI actúa como si fuera un establecimiento al azar. No me disculpo por mi apoyo a Israel y mis creencias sionistas. Necesitamos una generación de sionistas y organizaciones judías que se nieguen a callar, que hablen agresivamente cuando se juegue con nuestra existencia como una cuestión de debate. En la escena mundial y en la nacional, Estados Unidos debe ser más claro en su apoyo a Israel y a la lucha judía contra quienes desean aniquilarnos.

La mera vacilación de apoyar a Israel y a la comunidad judía en nuestra situación actual es una señal para el mundo de que el apoyo de Estados Unidos a los judíos está condicionado por el clima político.

Por ejemplo durante el mes de mayo de 2021 Hamás lanzó una lluvia de miles de cohetes y misiles contra Israel mientras gran parte de la comunidad mundial guardaba silencio. Un mensaje común es que la respuesta de Israel no es proporcional. Seamos claros: eso es un código para decir que no han muerto suficientes judíos en este conflicto. No hay equivalencia moral entre una organización terrorista e Israel, por ejemplo, Hamás utiliza escudos humanos y está dispuesta a asesinar a los residentes de Gaza sólo por la oportunidad de matar israelíes.

Nunca en mi vida podría haber imaginado un mundo en el que los Emiratos Árabes Unidos se expresaran con más fuerza en apoyo de Israel que Estados Unidos, pero eso es exactamente lo que ocurrió en mayo de 2021. Mientras Israel es atacado con cohetes, los judíos de todo el mundo son acosados, golpeados y asesinados por tener el valor de existir. El antisionismo es antisemitismo, los dos están fundamentalmente entrelazados y es por eso que seguimos viendo la retórica pro-Hamas fuera de los establecimientos judíos. Cuando alguien dice «del río al mar», se refiere al exterminio del Estado de Israel. Los ataques al Estado judío y al pueblo judío no son acontecimientos separados; es una saga continua de quienes desean ver un mundo sin judíos.

A mis compañeros judíos que tienen miedo de hablar, la historia está de nuestro lado. Cuando nos echaron de las naciones que conocimos, sobrevivimos. Cuando nos enviaron a los hornos y el mundo nos dio la espalda, sobrevivimos. Ya hemos visto esta película y déjenme decirles que sobreviviremos. La pregunta es y siempre ha sido: ¿Lucharemos o nos mentiremos una vez más diciendo que esto también pasará? Es hora de decir al mundo que «nunca más» significa nunca más.

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Opinión

Por Emily Schrader: El 2021 demostró que el antisemitismo se manifiesta como antisionismo

Si un sirio llevara el emblema del ejército sirio por las calles de Estados Unidos, nadie le daría una paliza ni le acusaría de apoyar a «esos musulmanes», en nombre de los derechos humanos o de cualquier otra cosa. ¿Y si lo hicieran? Ciertamente no verías (y no deberías) a la gente excusándose con: «Bueno, el ejército sirio comete crímenes de guerra».

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Agencia AJN.- Editorial publicada por Emily Schrader (@emilykschrader) en The Jerusalem Post. El año 2021 demostró sin lugar a dudas que el antisemitismo moderno se manifiesta en reiteradas ocasiones en el anti sionismo y el odio antiisraelí.

Hace dos semanas en Brooklyn, un hombre estadounidense de origen judío sufrió un violento ataque porque llevaba una camiseta de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Sin embargo, en lugar de reconocer la realidad, los judíos de extrema izquierda y los activistas antiisraelíes tratan de excusar estos incidentes antisemitas, incluso cuando los incidentes implican violencia.

El 26 de diciembre, Blake Zavadsky e Ilan Kaganovich fueron abordados por dos asaltantes en Brooklyn y les preguntaron si apoyaban a «esos sucios judíos», en referencia a la remera de las FDI que llevaba Zavadsky. Cuando Zavadsky se negó a quitarse la camiseta, los asaltantes lo agredieron violentamente y le arrojaron café helado sobre la ropa.

En respuesta, ha surgido una campaña en las redes sociales en apoyo de Zavadsky y Kaganovich, con judíos y simpatizantes de Israel de todo el mundo que comparten fotos de sí mismos con camisetas de las FDI, en solidaridad. La concejala de Nueva York Inna Vernikov también ayudó a organizar una manifestación de apoyo contra los incidentes antisemitas, que han aumentado allí y en otros lugares.

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Blake Zavadsky con su buzo con capucha de las Fuerzas de Defensa de Israel tras ser atacado. (Crédito: CORTESÍA DE BLAKE ZAVADSKY)

Pero no todo el mundo está de acuerdo.

Inmediatamente después del ataque, la extremista antiisraelí Nerdeen Kiswani, fundadora de Within Our Lifetime, volvió a publicar un vídeo en el que intentaba prender fuego a una remera de las FDI de un hombre, llamándolo el «desafío original de la camiseta de las FDI». En su post también animaba a cometer más ataques, afirmando que destruir la propiedad sionista «no es ilegal». Varias horas más tarde borró el posteo.

Kiswani es una conocida extremista que el año pasado lideró las controvertidas concentraciones antiisraelíes tituladas «Globalizar la Intifada», en las que fue filmada protestando ante instituciones judías estadounidenses y afirmando «no queremos dos estados, lo queremos todo».

Aunque la mayoría de las personas que se enteraron del atentado fueron capaces de reconocer la naturaleza antisemita inherente al mismo, en las redes sociales no faltaron tontos dispuestos a transmitir su fanatismo al mundo.

El rapero Soul Khan, alias Noah Weston, cuyos tuits antiisraelíes parecen tener mucho más éxito que cualquier otra cosa que tuitee, grabó un vídeo de sí mismo a «sus compañeros judíos» argumentando que la violencia no era antisemita, porque las sudaderas de las FDI son «sudaderas genocidas». En respuesta a que los atacantes llamaron a la víctima «sucio judío», Soul Khan culpó a Israel, por supuesto.

En el Twitter de Khan no faltan contenidos sobre cómo «Israel no tiene derecho a existir», pero no mucho sobre ser judío, excepto cuando se trata de atacar al único estado judío, atacar al sionismo o atacar a cualquiera que adopte un punto de vista pro Israel. Es curioso cómo funciona eso.

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Emily Schrader, la escritora del artículo, lleva un buzo de las FDI en solidaridad con Blake Zavadsky e Ilan Kaganovich.

La realidad es que, independientemente de la opinión que uno tenga sobre Israel, golpear físicamente a alguien después de preguntarle si es un «sucio judío» es innegablemente antisemita, independientemente de lo que haya hecho el Estado de Israel o las FDI.

Si no ves el problema, imagina el escenario con cualquier otro grupo. Si un sirio llevara el emblema del ejército sirio por las calles de Estados Unidos, nadie le daría una paliza ni le acusaría de apoyar a «esos musulmanes», en nombre de los derechos humanos o de cualquier otra cosa. ¿Y si lo hicieran? Ciertamente no verías (y no deberías) a la gente excusándose con: «Bueno, el ejército sirio comete crímenes de guerra».

Esto no quiere decir que las FDI sean ni remotamente similares al ejército sirio, porque no lo son. Más bien, es una ilustración de la absurda hipocresía que se aplica a los incidentes antisemitas, y la gimnasia mental que requiere la extrema izquierda para excusar la violencia – pero sólo cuando se dirige a los judíos.

El ataque de la semana pasada demuestra, una vez más, que el odio contra Israel es el antisemitismo moderno. También demuestra que nos queda un largo camino por recorrer en la lucha contra la minoría de extremistas ruidosos que harán cualquier cosa, incluso excusar la violencia descarada, para promover su absurda agenda política.

Incluso se puede estar en contra de la política israelí y seguir reconociendo la naturaleza antisemita de la violencia contra los judíos en todo el mundo. El hecho de que tantos activistas antiisraelíes no lo hagan sólo proporciona más pruebas de que el anti sionismo actual tiene sus raíces en ideas antisemitas.

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