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The Jerusalem Post | Opinión: Las naciones de los Acuerdos de Abraham influyen en Gaza en el plan para el »día después» de Hamás

Ningún plan para un »día después» en Gaza puede formularse, planificarse y acordarse adecuadamente sin conocer los hechos exactos sobre el terreno una vez finalizada la batalla.

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Agencia AJN.- (Bobby Rechnitz* – The Jerusalem Post) A lo largo de la historia, los planes para »el día después» sólo se elaboraron una vez finalizadas las guerras.

El ejemplo relativamente reciente más famoso es el Plan Marshall, una iniciativa estadounidense para ayudar a Europa a recuperarse económicamente tras la Segunda Guerra Mundial.

Se formuló en 1948, tres años después del final de la guerra, y no hace falta mucha imaginación para comprender las implicaciones de la puesta en marcha de un Plan Marshall mientras los nazis seguían luchando, ocupando grandes partes de Europa y asesinando judíos en masa.

Esa es la realidad de la guerra y sus consecuencias.

Primero se lucha hasta que el enemigo se rinde, y sólo después se puede hablar de paz y de soluciones a largo plazo.

Ningún plan para un »día después» en Gaza puede formularse, planificarse y acordarse adecuadamente sin conocer los hechos exactos sobre el terreno cuando la batalla haya terminado.

En primer lugar, da a Hamás la esperanza de que el final está cerca y lo único que tiene que hacer es sobrevivir unos días o semanas más hasta que se imponga una solución política, y no militar, que le permita matar, violar y secuestrar de nuevo.

En segundo lugar, ningún actor interno o externo aceptará formar parte abierta y públicamente del gobierno de la Franja de Gaza, ya que los seguidores e integrantes de Hamás seguirán siendo capaces de impartir su propio tipo de justicia parapolicial, como hicieron durante toda la guerra.

Si no que se lo pregunten al poderoso clan Doghmush de la ciudad de Gaza, cuyo líder fue supuestamente asesinado porque Hamás sospechaba que intentaba cooperar con Israel para dispensar ayuda a la población civil.

La Autoridad Palestina (AP) no puede participar por varias razones. La última vez que la AP gobernó la Franja fue en 2007, sólo dos años después de que Israel entregara Gaza a la AP, cuando Hamás derrocó a sus líderes desde altos edificios con una facilidad pasmosa.

Y lo que es más importante, la AP demostró que no es mucho mejor que Hamás. Sus organizaciones miembros, Fatah y las Brigadas de los Mártires de Al-Aqsa, afirman haber participado en la masacre del 7 de octubre. Sus dirigentes la elogiaron, pidieron que se repitiera y pagan sin dudarlo salarios mensuales a los implicados en el asesinato, violación y secuestro de israelíes.

Cambiar Hamás por Fatah no cambia nada.

La única solución posible, y que sólo debería implicar un acercamiento preliminar por debajo del radar antes de que la guerra haya terminado, es que los Acuerdos de Abraham gobiernen el enclave costero palestino.

Las naciones árabes que firmaron acuerdos de paz y normalización con el Estado judío, y esperemos que haya más en preparación, serían los candidatos ideales para ayudar a gobernar Gaza una vez que Hamás haya sido completamente derrotado.

Estas naciones firmaron la paz con Israel porque comprendieron que es permanente, así como un activo para la paz y la seguridad regionales. También comprendieron que la verdadera amenaza en la región es el »Eje de la Resistencia» dirigido por Irán y que Israel y los pragmáticos Estados árabes suníes tienen un gran interés en sofocar la malévola influencia iraní.

Igual de importante es que comprenden el peligro del islamismo radical y saben cómo combatirlo, infundiendo tolerancia y paz.

Los dirigentes de los EAU, Bahréin y Marruecos, que se enfrentaron a sus propios extremistas con firmeza, tienen tolerancia cero con quienes buscan la violencia y el derramamiento de sangre.

Estos dirigentes también desarrollaron e hicieron progresar sus sistemas educativos hacia la tolerancia, la aceptación de los judíos y la paz.

Es importante destacar que el sistema educativo de Arabia Saudita también realizó avances impresionantes y el año pasado eliminó todas las representaciones negativas de los judíos de los materiales educativos.

Como sabemos, toda una generación palestina necesita una educación diferente, alejada del odio, el antisemitismo y la Yihad Islámica Palestina (YIP).

La AP, por su parte, a pesar de algunas protestas en sentido contrario, siguió incitando el odio contra Israel y los judíos, y esto es parte del problema, no la solución.

Por supuesto que Jerusalem debe mantener la seguridad general de la Franja en un futuro previsible hasta que las semillas del cambio estén bien asentadas.

No obstante, los más capacitados para llevar a cabo este cambio necesario, con la experiencia correcta y la motivación y comprensión adecuadas de las implicaciones regionales, son estas naciones de los Acuerdos de Abraham.

Basta decir que cualquier nación que alcance la paz en un futuro próximo puede y debe asumir un papel en la gobernanza de Gaza.

Sin embargo, ninguna nación como Qatar, que sigue siendo aliada de la República Islámica de Irán, hogar de Hamás y nido de radicalismo, antisemitismo y terrorismo, debería participar de ninguna manera.

Los Acuerdos de Abraham surgieron del entendimiento de que Israel y las naciones árabes suníes moderadas tienen intereses profundos y compartidos, que están mejor unidos que divididos, y que los terroristas palestinos no deberían tener derecho de veto sobre estas relaciones mutuamente beneficiosas.

A esta nueva constelación regional le interesa asegurarse que el enclave costero deje de ser utilizado como otro frente en la batalla iraní por la supremacía regional.

Esto enviaría un mensaje claro a los ayatolás de Teherán y a sus apoderados en el Líbano, Siria, Irak y Yemen de que existe una unidad de propósito contra ellos y que una nueva alianza regional garantizará la caída de la primera ficha de dominó en la ofensiva radical chií por el dominio de Medio Oriente.

Independientemente de las declaraciones públicas, los líderes nacionales suníes moderados quieren que Israel salga victorioso frente a Hamás. Una vez que Hamás haya sido derrotado, podrán decir públicamente lo que ahora sólo se dice a puertas cerradas.

Entonces, y sólo entonces, podrán formar parte de una solución de gobierno sólida y duradera para Gaza, que proporcionaría un futuro mejor al pueblo gazatí y la necesaria seguridad a largo plazo para Israel.

 

*Bobby Rechnitz es un filántropo y promotor inmobiliario radicado en Los Ángeles que preside la Mesa Redonda de los Acuerdos de Abraham y el Comité de la Moneda Conmemorativa Golda Meir en Washington, DC.

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Opinión | Pilar Rahola: Las prisiones textiles

El progresismo impide una y otra vez que hablemos del Islam y de los retos que nos plantea. Al contrario, atacan toda voz crítica con acusaciones de islamofobia, extrema derecha y el resto de la parafernalia retórica.

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Dos musulmanas vestidas con el velo integral, en una calle de Lleida. / RAMON GABRIEL / DEFOTO

Agencia AJN.- (Pilar Rahola – El Periódico) Paseo de verbena por Barcelona. Pasamos por una conocida heladería de Enric Granados. Una mujer con nicab, tapada de arriba abajo, hace todo tipo de maniobras para levantar el velo de la boca y lamer un helado. Bajamos hacia el Gòtic. En la calle del Portal Nou, una mujer con burka hace de cajera en una tienda que vende ropa musulmana. Continuamos por las Ramblas: una mujer con nicab, cargada con dos niños pequeños, anda detrás de un hombre que viste con ropa de verano. En menos de una hora de paseo, tres mujeres completamente tapadas, sin posibilidad de identificación, convertidas en espectros cerrados en una prisión textil, normalizan la presencia de la misoginia islámica en plena ciudad de Barcelona. Si la lupa se hace extensiva en un tiempo y espacio más amplios, el número de mujeres que ahora mismo viven en nuestro país, completamente anuladas por una ideología islámica que aprovecha la religión para practicar un dominio violento sobre las mujeres, es enorme, público y, a la vez, invisible.

¿Lo tenemos que normalizar? Es decir, ¿tenemos que considerar aceptable que se vulneren los derechos de las mujeres esforzadamente conquistados, en favor de un buenismo lastimoso que confunde el respeto a la sociedad plural con la importación de leyes medievales? ¿Tenemos que banalizar la ideología totalitaria que late bajo la imposición de este tipo de prisiones textiles que, con la excusa de la religión, intentan cambiar los valores nacidos con la Ilustración y culminados con la Carta de Derechos Humanos? ¿Es decir, tenemos que pervertir los derechos civiles de las democracias liberales, surgidos de la civilización moderna, en favor de un paternalismo etnicista que importa leyes de dominio? Y, más allá, ¿tenemos que callar ante este espectáculo público de misoginia, amparado en una idea enfermiza del multiculturalismo? Misoginia y seguridad, porque también forma parte del código de la democracia la identificación de los ciudadanos, y es evidente que los burkas, nicabs, etcétera, vulneran radicalmente esta lógica de reconocimiento.

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Opinión | The Jerusalem Post: ¿Por qué Israel es incapaz de derrotar a Hamás?

La organización terrorista puebla los túneles, maniobra en ellos, mantiene una cadena de mando, moviliza fuerzas armadas y retiene rehenes bajo tierra.

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El líder de Hamás en Gaza, Yahya Sinwar (izquierda), habla con el dirigente Ismail Haniyeh (centro) en el paso fronterizo de Rafah, en el sur de la Franja de Gaza, en 2017. (Crédito de la foto: IBRAHEEM ABU MUSTAFA/REUTERS)

Agencia AJN.- (Nimrod Koren* – The Jerusalem Post) La frustración pública más extendida en relación con la guerra, tras el fracaso del 7 de octubre, se refiere a la incapacidad de Israel para derrotar a Hamás. Aunque Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) iniciaron su ofensiva terrestre en Gaza, llevando a cabo una maniobra militar masiva casi ilimitada en recursos o tiempo, Hamás sigue en pie. Ni siquiera los cuantiosos daños causados a la infraestructura y los militantes terroristas, ni la supremacía aérea, naval y terrestre que lograron las IDF, provocaron su colapso.

Durante años, Israel se debatió sobre qué hacer con Gaza. Entre las opciones esbozadas por los responsables de seguridad (por ejemplo, el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional -INSS- en 2020), la posibilidad de una ocupación militar figuraba como una de las últimas. Las principales reservas planteadas a la ocupación de la Franja de Gaza se referían al elevado costo de vidas humanas, el caos que se crearía en Gaza y la falta de legitimidad internacional para una operación a gran escala. Sin embargo, no se consideró la posibilidad de que el régimen de Hamás no fuera derrocado.

Al igual que era imposible imaginar la masacre del 7 de octubre antes de que se produjera, también era imposible imaginar que la potencia militar más fuerte de la región, que anteriormente había derrotado a varios ejércitos en seis días, no sería capaz de derrotar a una organización terrorista local cuando se viera obligada a hacerlo.

¿Por qué entonces está invicto Hamás?

La sorprendente respuesta, que estuvo constantemente bajo nuestros ojos, son los túneles, es más, la supremacía subterránea obtenida por Hamás. Todas las demás «ventajas relativas» obtenidas por Hamás ya fueron despojadas; su actividad desde el interior de los centros de población civil -a través de la amplia evacuación, y su método de encontrar refugio en lugares civiles como hospitales, escuelas o mezquitas, negándoles su inmunidad y atacándolos-. A pesar de esto, precisamente la característica premilitar de Hamás, su actividad clandestina, no se vio afectada de forma significativa.

La organización terrorista puebla los túneles, maniobra en ellos, mantiene una cadena de mando, moviliza fuerzas armadas y retiene rehenes bajo tierra. Al mismo tiempo, utiliza los túneles como refugio y sigue excavando nuevos túneles mientras lucha por encima de la tierra. Esta es la fuente de su fuerza y la razón de su supervivencia. Sin los túneles, la guerra probablemente habría terminado ya en octubre. Aunque Israel también opera en los túneles, a una escala significativamente reducida, no está permanentemente en ellos y no se esfuerza por conquistar el medio subterráneo en su conjunto.

Además, las IDF evitan con razón introducir grandes fuerzas en su interior. Sus operaciones subterráneas son similares en alcance relativo a las operaciones llevadas a cabo por Hamás en la superficie: operaciones selectivas y a pequeña escala. Hamás, por su parte, se eleva sobre la superficie, dispara misiles antitanque y se sumerge rápidamente en el túnel, mientras que las IDF descienden bajo la superficie, destruyen al enemigo y la infraestructura, y regresan a la superficie.

La realidad bélica en la Franja de Gaza es menos caótica de lo que parece y, contrariamente a lo que se suele pensar, existe una frontera entre las IDF y las fuerzas de Hamás, sólo que no está donde solía estar, al oeste de los kibutzim (comunas agrícolas), sino que ahora se extiende en la propia superficie del terreno.

La zona sobre el suelo está controlada por Israel, y bajo el suelo está ocupada por Hamás. Durante la entrada terrestre de finales de octubre y la operación masiva de las IDF, las fuerzas de Hamás se retiraron al subsuelo y establecieron allí una línea de defensa. Desde entonces, la mayor parte del tiempo se produjeron operaciones de combate mutuo en la retaguardia del enemigo. Mientras que para Hamás la retaguardia enemiga está ahora en Jabalya o Rafah, para Israel los túneles que hay bajo ella son la retaguardia enemiga.

Las declaraciones que se escuchan en Israel de que el dirigente de Hamás Yahya Sinwar se esconde como un ratón en los túneles no proceden de la falta de respeto que supone buscarlo en las profundas arenas de Gaza, sino principalmente de la frustración y el temor (justificado) de que no sea posible con los medios existentes descender a las profundidades de los túneles y eliminar a los altos cargos de Hamás atrincherados en ellos. Las fuerzas de las IDF que se adentraban en las profundidades de los túneles estaban expuestas a sufrir daños debido al atrapamiento de los pozos y a la falta de protección de las fuerzas.

El Estado judío cuenta con éxitos tecnológicos militares y de seguridad de alto nivel, sin embargo, no estaba significativamente preparado para la guerra subterránea. Tanto en términos de armamento dedicado como de personal entrenado y doctrina de combate, las IDF no disponen de un cuerpo de túneles, de una doctrina de combate integral y de otros recursos necesarios para luchar en el medio principal en el que se encuentra el enemigo de Hamás. La guerra actual nos enseña que al igual que es imposible imaginar una guerra naval eficaz sin acorazados, submarinos y personal naval, tampoco es posible derrotar a una fuerza basada en el subsuelo sin los recursos necesarios.

Para eso, hay que prepararse para cualquier medio de combate (aéreo, naval y terrestre), y para derrotar al enemigo bajo tierra. Si la percepción de que no se puede derrotar al enemigo sin una invasión terrestre es correcta, en el caso de Hamás no se lo puede derrotar sin una invasión subterránea: éste es el territorio del enemigo y allí hay que maniobrar, conquistar y derrotar. Incluso la afirmación relativa a la extensión de los túneles (que alcanza los 500 km.) no proporciona una explicación satisfactoria de por qué no fueron conquistados -hay miles de kilómetros de rutas y decenas de miles de kilómetros de superficie construida en el enclave costero palestino, y sin embargo esto no impidió que fuera conquistado.

En los primeros días de la guerra, junto con la conmoción por la barbarie de los crímenes de Hamás, en Israel y en el mundo se extendió la idea de que Hamás se había suicidado. Muchos asumieron que la masacre llevada a cabo por la organización sellaba su destino y que todo su propósito tras el 7 de octubre era infligir el máximo daño a Israel mientras se derrumbaba y destruía. Parecía como si el «diluvio de al-Aqsa» hubiera puesto fin a la organización que Israel estaba dispuesto a contener mientras su amenaza se limitara a cohetes «goteantes», sesiones de combate una vez cada pocos años y el lanzamiento rutinario de globos explosivos.

Pero la supervivencia de la organización y de sus principales miembros tras una campaña tan poderosa de ocho meses obliga a reexaminar esta suposición sobre el martirio de Hamás. Por lo tanto, cabe plantearse la siguiente pregunta: ¿Pensaba Hamás que Israel le declararía una guerra total? La respuesta, probablemente sea afirmativa. ¿Pensaban sus dirigentes que serían capaces de sobrevivir a este tipo de guerra? También en este caso la respuesta es probablemente afirmativa.

Hamás sabía que contaba con una baza estratégica que había desarrollado a lo largo de dos décadas y que le permitiría sobrevivir incluso en el caso de una ocupación total -terrestre, pero no subterránea- de la Franja de Gaza por parte de Israel. Es posible que esta comprensión de tener en su poder esta tecnología, una cúpula de hierro subterránea, que garantiza una capacidad de supervivencia incluso superior a la de la mayoría de los ejércitos de la región, llevara a Hamás a lanzar el ataque del 7 de octubre y a hacer pleno uso de este activo defensivo, que hasta entonces no había sido cuestionado. Sabiendo que Israel no dispone de medios para superarlo en ese ámbito.

Mientras Israel no disponga de estas capacidades, probablemente no podrá derrotar a Hamás y tendrá que contentarse con asediar y negar su establecimiento en la superficie al grupo terrorista. El reconocimiento de esto también está en el trasfondo del brusco cambio de actitud de la administración Biden, que al principio apoyaba claramente el desmantelamiento de Hamás, pero dejó de hacerlo al darse cuenta de que, desgraciadamente, este objetivo no era práctico con las capacidades existentes.

A pesar de la imagen premoderna, el uso que Hamás fue capaz de hacer de los túneles es pionero, lo que le confiere una supremacía tecnológica en el campo de batalla subterráneo. Al igual que los estadounidenses, Israel también debe contemplar la realidad, más allá de lo frustrante que sea, y esforzarse por conseguir los cambios e intensificaciones pertinentes, pero mientras no disponga de la tecnología y los recursos necesarios para una derrota, debe esforzarse por conseguir un alto el fuego y, sobre todo, un acuerdo para la devolución de los rehenes. Este sigue siendo el orden del día.

 

*: Nimrod Koren es asesor político y miembro del foro de investigadores del Centro Elyashar del Instituto Ben-Zvi de Jerusalem.

 

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