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The Jerusalem Post | Opinión: La muerte de Raisi no tiene importancia para el pueblo iraní

La columna vertebral de la nación se rompió por la calamidad de su gobierno clerical. La República Islámica fue saqueada de forma temeraria, convirtiéndose en un país tercermundista en un estado deplorable, con todos sus logros en descenso. La crisis actual de la sociedad iraní es una crisis política, una crisis del tejido social, de identidad nacional y de autenticidad cultural.

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Agencia AJN.- (Erfan Fard* – The Jerusalem Post) El presidente de la República Islámica de Irán, Ebrahim Raisi, el tirano, el verdugo y opresor manchado de sangre, el notorio carnicero de Teherán, murió.

La estrategia del régimen consistió en revelar gradualmente la noticia de la muerte de Raisi -incluso mientras el ayatolá Alí Khamenei pedía que oren por él- para asegurarse de que las fuerzas de seguridad y militares se desplegaran estratégicamente en las calles en previsión de los festejos de la población por el derrocamiento de uno de los dirigentes más denigrados y letales.

Finalmente, se anunció la muerte de Raisi.

Sin embargo, Irán se escapa. El régimen actual de la República Islámica no se ajusta a las realidades históricas, culturales o sociales del pueblo iraní, no lo representa.

Es más, el pueblo iraní está prisionero dentro de una brutal trampa tendida por la autoridad islámica de los mulás (experto en interpretar las leyes islámicas) chiíes (la segunda rama del islam, en número de seguidores, después del sunismo. Los chiíes se adhieren a las enseñanzas de Mahoma y a la guía religiosa de su familia, a la cual se denomina Ahl al-Bayt, o sus descendientes denominados como Imamíes).

Los guardianes exclusivos del Islam bautizaron el terrorismo islámico como »despertar» islámico, y hoy, los iraníes son las almas olvidadas y sacrificadas del siglo XXI.

Es un deber nacional y humanitario para todo iraní patriota estar al frente de la carga, llevar el estandarte en la lucha. Por lo tanto, los iraníes, que se encuentran en la encrucijada de la vida y la muerte, prestan atención a las palabras de su poeta nacional Ferdowsi, señalando que no es honorable entrar en la arena después del adversario o permanecer en el espectáculo de la desaparición del adversario.

El pueblo de Irán es un creador épico. Salieron a la calle en múltiples ocasiones durante la oscura era del mandato de Raisi, protestando valientemente y pagando con sus vidas. Su vibrante y dinámica juventud, ni indefensa ni débil, se alegra de la eliminación de un obstáculo en su camino hacia la democracia.

 THE ANNOUNCEMENT of Ebrahim Raisi’s death is not significant at all. From the perspective of the Iranian people, his presence or absence makes no difference, the writer asserts. (photo credit: Leonardo Fernandez Viloria/Reuters)

Aunque muchos en la oposición contemplan la muerte de Khamenei, igual que esperaron el final del antiguo ayatolá Ruhollah Jomeini sin ningún plan, la muerte de Raisi no resuelve realmente ninguno de los problemas reales del país.

El régimen envió a miles de jóvenes al matadero porque su misión es la destrucción y la muerte. La República Islámica recuerda a la época safávida (1501-1736), cuando cientos de pensadores, escritores y oradores humillados y atormentados abandonaron Irán para escapar de la clase clerical.

Irán está herido y boqueando.

Existe un estado de emergencia en el país porque es un momento crítico para el barco que se hunde a toda velocidad arrastrado por la tormenta.

Nunca antes la sociedad iraní había sido tan volátil como ahora. La columna vertebral de la nación se rompió por la calamidad de su gobierno clerical. La República Islámica fue saqueada de forma temeraria, convirtiéndose en un país tercermundista en un estado deplorable, con todos sus logros en descenso. La crisis actual de la sociedad iraní es una crisis política, una crisis del tejido social, una crisis de identidad nacional y una crisis de autenticidad cultural. Se trata de una verdadera tragedia para el pueblo iraní.

Los hechos innegables que tenemos ante nuestros ojos revelan que la línea de los mulás y los clérigos homicidas y ladrones se rompió.

El régimen que gobierna hoy en Irán -esos supuestos representantes divinos en la Tierra- es una vergüenza para la historia y la cultura del pueblo iraní y es una pesadilla para la nación hace 45 años. Para ser precisos, durante 16.425 días.

La República Islámica de Irán, abatida por los demonios, el desastre y la devastación, está atravesando la pendiente descendente del colapso. Está al borde de la aniquilación, y su gobierno está decayendo y acercándose al final de su vida. Naturalmente, la realidad perdurable es que el sistema arcaico y bárbaro está condenado al fracaso.

Una sociedad descorazonada, escéptica, desesperanzada y desmoralizada bajo el dominio clerical contempla la posibilidad de un levantamiento nacional. En cualquier momento, millones de personas podrían inundar las calles y poner fin a la situación. De hecho, se están sentando las bases para un levantamiento iraní.

 Sudan - Raisi passes by a ship (credit: Walla)

El declive marcado de Irán busca una solución que ponga fin a la pesadilla de su gobierno. En medio del caos actual, los corazones del apesadumbrado e iracundo pueblo iraní anhelan liberarse del régimen de muerte y terror, aspirando a recuperar su orgullo nacional y su autenticidad cultural anteriores a 1979.

Los iraníes descorazonados, arrepentidos, cansados y sufridos -tanto en su país como en el extranjero- esperan el final de esta noche oscura. El realismo del pueblo iraní aumentó tras los sucesivos desastres, y el país se encuentra en un camino determinado por el destino.

En una evaluación realista, el historial régimen es irrisorio y su trabajo destructivo es conocido por el mundo. Todo el poder de los mulás reside en la exageración. Ahora, las condiciones están maduras para una caída, y naturalmente, en la escena mundial se celebra el comienzo del derrumbe del opresivo y ominoso régimen autoritario.

Hace tiempo que el mundo comprendió que la coexistencia con estos gobernantes no es posible. Durante años, el único sonido que se escuchó de la República Islámica ha sido el grito salvaje del salvajismo.

El pueblo iraní puede tener una oportunidad de victoria

Sin embargo, el pueblo de Irán tiene una importante posibilidad de victoria. Esta nación siempre alberga capacidades latentes con su patriotismo resistente y su desdén por la debilidad. Aunque reconstruir Irán sobre las ruinas de la República Islámica es un largo camino, si un Pahlavi, miembro de la antigua familia gobernante, dirige este barco asolado por la tormenta, la travesía será más suave.

La generación más joven, una generación informada, positiva e intelectual, es responsable de su propio destino, historia y cultura. A pesar del corrupto régimen clerical, esta generación está familiarizada con los buenos pensamientos, palabras y actos, y la clave de cualquier transformación fundamental en Irán, hoy y mañana, está en sus manos.

Esta generación quiere reconstruir Irán tras su colapso. La batalla está predestinada, y los jóvenes deben ser los creadores épicos de la historia iraní de hoy. Los iraníes buscan la justicia y el Estado de derecho, liberados de la salvaje mafia clerical, gobernantes tiránicos, bárbaros y criminales.

El anuncio de la muerte de Raisi no tiene ninguna importancia. Tampoco importa a Khamenei ni al régimen de los mulás chiíes. Desde la perspectiva del pueblo iraní, su presencia o ausencia no supone ninguna diferencia.

 

*: Erfan Fard es un reconocido analista antiterrorista e investigador de estudios sobre Medio Oriente con sede en Washington, especialmente centrado en Irán y los conflictos étnicos de la región.

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Opinión | Pilar Rahola: Las prisiones textiles

El progresismo impide una y otra vez que hablemos del Islam y de los retos que nos plantea. Al contrario, atacan toda voz crítica con acusaciones de islamofobia, extrema derecha y el resto de la parafernalia retórica.

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Dos musulmanas vestidas con el velo integral, en una calle de Lleida. / RAMON GABRIEL / DEFOTO

Agencia AJN.- (Pilar Rahola – El Periódico) Paseo de verbena por Barcelona. Pasamos por una conocida heladería de Enric Granados. Una mujer con nicab, tapada de arriba abajo, hace todo tipo de maniobras para levantar el velo de la boca y lamer un helado. Bajamos hacia el Gòtic. En la calle del Portal Nou, una mujer con burka hace de cajera en una tienda que vende ropa musulmana. Continuamos por las Ramblas: una mujer con nicab, cargada con dos niños pequeños, anda detrás de un hombre que viste con ropa de verano. En menos de una hora de paseo, tres mujeres completamente tapadas, sin posibilidad de identificación, convertidas en espectros cerrados en una prisión textil, normalizan la presencia de la misoginia islámica en plena ciudad de Barcelona. Si la lupa se hace extensiva en un tiempo y espacio más amplios, el número de mujeres que ahora mismo viven en nuestro país, completamente anuladas por una ideología islámica que aprovecha la religión para practicar un dominio violento sobre las mujeres, es enorme, público y, a la vez, invisible.

¿Lo tenemos que normalizar? Es decir, ¿tenemos que considerar aceptable que se vulneren los derechos de las mujeres esforzadamente conquistados, en favor de un buenismo lastimoso que confunde el respeto a la sociedad plural con la importación de leyes medievales? ¿Tenemos que banalizar la ideología totalitaria que late bajo la imposición de este tipo de prisiones textiles que, con la excusa de la religión, intentan cambiar los valores nacidos con la Ilustración y culminados con la Carta de Derechos Humanos? ¿Es decir, tenemos que pervertir los derechos civiles de las democracias liberales, surgidos de la civilización moderna, en favor de un paternalismo etnicista que importa leyes de dominio? Y, más allá, ¿tenemos que callar ante este espectáculo público de misoginia, amparado en una idea enfermiza del multiculturalismo? Misoginia y seguridad, porque también forma parte del código de la democracia la identificación de los ciudadanos, y es evidente que los burkas, nicabs, etcétera, vulneran radicalmente esta lógica de reconocimiento.

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Opinión | The Jerusalem Post: ¿Por qué Israel es incapaz de derrotar a Hamás?

La organización terrorista puebla los túneles, maniobra en ellos, mantiene una cadena de mando, moviliza fuerzas armadas y retiene rehenes bajo tierra.

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El líder de Hamás en Gaza, Yahya Sinwar (izquierda), habla con el dirigente Ismail Haniyeh (centro) en el paso fronterizo de Rafah, en el sur de la Franja de Gaza, en 2017. (Crédito de la foto: IBRAHEEM ABU MUSTAFA/REUTERS)

Agencia AJN.- (Nimrod Koren* – The Jerusalem Post) La frustración pública más extendida en relación con la guerra, tras el fracaso del 7 de octubre, se refiere a la incapacidad de Israel para derrotar a Hamás. Aunque Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) iniciaron su ofensiva terrestre en Gaza, llevando a cabo una maniobra militar masiva casi ilimitada en recursos o tiempo, Hamás sigue en pie. Ni siquiera los cuantiosos daños causados a la infraestructura y los militantes terroristas, ni la supremacía aérea, naval y terrestre que lograron las IDF, provocaron su colapso.

Durante años, Israel se debatió sobre qué hacer con Gaza. Entre las opciones esbozadas por los responsables de seguridad (por ejemplo, el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional -INSS- en 2020), la posibilidad de una ocupación militar figuraba como una de las últimas. Las principales reservas planteadas a la ocupación de la Franja de Gaza se referían al elevado costo de vidas humanas, el caos que se crearía en Gaza y la falta de legitimidad internacional para una operación a gran escala. Sin embargo, no se consideró la posibilidad de que el régimen de Hamás no fuera derrocado.

Al igual que era imposible imaginar la masacre del 7 de octubre antes de que se produjera, también era imposible imaginar que la potencia militar más fuerte de la región, que anteriormente había derrotado a varios ejércitos en seis días, no sería capaz de derrotar a una organización terrorista local cuando se viera obligada a hacerlo.

¿Por qué entonces está invicto Hamás?

La sorprendente respuesta, que estuvo constantemente bajo nuestros ojos, son los túneles, es más, la supremacía subterránea obtenida por Hamás. Todas las demás «ventajas relativas» obtenidas por Hamás ya fueron despojadas; su actividad desde el interior de los centros de población civil -a través de la amplia evacuación, y su método de encontrar refugio en lugares civiles como hospitales, escuelas o mezquitas, negándoles su inmunidad y atacándolos-. A pesar de esto, precisamente la característica premilitar de Hamás, su actividad clandestina, no se vio afectada de forma significativa.

La organización terrorista puebla los túneles, maniobra en ellos, mantiene una cadena de mando, moviliza fuerzas armadas y retiene rehenes bajo tierra. Al mismo tiempo, utiliza los túneles como refugio y sigue excavando nuevos túneles mientras lucha por encima de la tierra. Esta es la fuente de su fuerza y la razón de su supervivencia. Sin los túneles, la guerra probablemente habría terminado ya en octubre. Aunque Israel también opera en los túneles, a una escala significativamente reducida, no está permanentemente en ellos y no se esfuerza por conquistar el medio subterráneo en su conjunto.

Además, las IDF evitan con razón introducir grandes fuerzas en su interior. Sus operaciones subterráneas son similares en alcance relativo a las operaciones llevadas a cabo por Hamás en la superficie: operaciones selectivas y a pequeña escala. Hamás, por su parte, se eleva sobre la superficie, dispara misiles antitanque y se sumerge rápidamente en el túnel, mientras que las IDF descienden bajo la superficie, destruyen al enemigo y la infraestructura, y regresan a la superficie.

La realidad bélica en la Franja de Gaza es menos caótica de lo que parece y, contrariamente a lo que se suele pensar, existe una frontera entre las IDF y las fuerzas de Hamás, sólo que no está donde solía estar, al oeste de los kibutzim (comunas agrícolas), sino que ahora se extiende en la propia superficie del terreno.

La zona sobre el suelo está controlada por Israel, y bajo el suelo está ocupada por Hamás. Durante la entrada terrestre de finales de octubre y la operación masiva de las IDF, las fuerzas de Hamás se retiraron al subsuelo y establecieron allí una línea de defensa. Desde entonces, la mayor parte del tiempo se produjeron operaciones de combate mutuo en la retaguardia del enemigo. Mientras que para Hamás la retaguardia enemiga está ahora en Jabalya o Rafah, para Israel los túneles que hay bajo ella son la retaguardia enemiga.

Las declaraciones que se escuchan en Israel de que el dirigente de Hamás Yahya Sinwar se esconde como un ratón en los túneles no proceden de la falta de respeto que supone buscarlo en las profundas arenas de Gaza, sino principalmente de la frustración y el temor (justificado) de que no sea posible con los medios existentes descender a las profundidades de los túneles y eliminar a los altos cargos de Hamás atrincherados en ellos. Las fuerzas de las IDF que se adentraban en las profundidades de los túneles estaban expuestas a sufrir daños debido al atrapamiento de los pozos y a la falta de protección de las fuerzas.

El Estado judío cuenta con éxitos tecnológicos militares y de seguridad de alto nivel, sin embargo, no estaba significativamente preparado para la guerra subterránea. Tanto en términos de armamento dedicado como de personal entrenado y doctrina de combate, las IDF no disponen de un cuerpo de túneles, de una doctrina de combate integral y de otros recursos necesarios para luchar en el medio principal en el que se encuentra el enemigo de Hamás. La guerra actual nos enseña que al igual que es imposible imaginar una guerra naval eficaz sin acorazados, submarinos y personal naval, tampoco es posible derrotar a una fuerza basada en el subsuelo sin los recursos necesarios.

Para eso, hay que prepararse para cualquier medio de combate (aéreo, naval y terrestre), y para derrotar al enemigo bajo tierra. Si la percepción de que no se puede derrotar al enemigo sin una invasión terrestre es correcta, en el caso de Hamás no se lo puede derrotar sin una invasión subterránea: éste es el territorio del enemigo y allí hay que maniobrar, conquistar y derrotar. Incluso la afirmación relativa a la extensión de los túneles (que alcanza los 500 km.) no proporciona una explicación satisfactoria de por qué no fueron conquistados -hay miles de kilómetros de rutas y decenas de miles de kilómetros de superficie construida en el enclave costero palestino, y sin embargo esto no impidió que fuera conquistado.

En los primeros días de la guerra, junto con la conmoción por la barbarie de los crímenes de Hamás, en Israel y en el mundo se extendió la idea de que Hamás se había suicidado. Muchos asumieron que la masacre llevada a cabo por la organización sellaba su destino y que todo su propósito tras el 7 de octubre era infligir el máximo daño a Israel mientras se derrumbaba y destruía. Parecía como si el «diluvio de al-Aqsa» hubiera puesto fin a la organización que Israel estaba dispuesto a contener mientras su amenaza se limitara a cohetes «goteantes», sesiones de combate una vez cada pocos años y el lanzamiento rutinario de globos explosivos.

Pero la supervivencia de la organización y de sus principales miembros tras una campaña tan poderosa de ocho meses obliga a reexaminar esta suposición sobre el martirio de Hamás. Por lo tanto, cabe plantearse la siguiente pregunta: ¿Pensaba Hamás que Israel le declararía una guerra total? La respuesta, probablemente sea afirmativa. ¿Pensaban sus dirigentes que serían capaces de sobrevivir a este tipo de guerra? También en este caso la respuesta es probablemente afirmativa.

Hamás sabía que contaba con una baza estratégica que había desarrollado a lo largo de dos décadas y que le permitiría sobrevivir incluso en el caso de una ocupación total -terrestre, pero no subterránea- de la Franja de Gaza por parte de Israel. Es posible que esta comprensión de tener en su poder esta tecnología, una cúpula de hierro subterránea, que garantiza una capacidad de supervivencia incluso superior a la de la mayoría de los ejércitos de la región, llevara a Hamás a lanzar el ataque del 7 de octubre y a hacer pleno uso de este activo defensivo, que hasta entonces no había sido cuestionado. Sabiendo que Israel no dispone de medios para superarlo en ese ámbito.

Mientras Israel no disponga de estas capacidades, probablemente no podrá derrotar a Hamás y tendrá que contentarse con asediar y negar su establecimiento en la superficie al grupo terrorista. El reconocimiento de esto también está en el trasfondo del brusco cambio de actitud de la administración Biden, que al principio apoyaba claramente el desmantelamiento de Hamás, pero dejó de hacerlo al darse cuenta de que, desgraciadamente, este objetivo no era práctico con las capacidades existentes.

A pesar de la imagen premoderna, el uso que Hamás fue capaz de hacer de los túneles es pionero, lo que le confiere una supremacía tecnológica en el campo de batalla subterráneo. Al igual que los estadounidenses, Israel también debe contemplar la realidad, más allá de lo frustrante que sea, y esforzarse por conseguir los cambios e intensificaciones pertinentes, pero mientras no disponga de la tecnología y los recursos necesarios para una derrota, debe esforzarse por conseguir un alto el fuego y, sobre todo, un acuerdo para la devolución de los rehenes. Este sigue siendo el orden del día.

 

*: Nimrod Koren es asesor político y miembro del foro de investigadores del Centro Elyashar del Instituto Ben-Zvi de Jerusalem.

 

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